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Portada - Comentarios - Ciudadanos de segunda y proteccionismo lingüístico

02/05/2007 - Albert Esplugas Boter

Ciudadanos de segunda y proteccionismo lingüístico

El reportaje Ciudadanos de Segunda emitido por Telemadrid el pasado mes de abril relata la discriminación de que son objeto los castellano-hablantes en Cataluña por parte de la administración autonómica, desde padres que no pueden escolarizar a sus hijos en castellano a comerciantes multados por rotular solo en ese idioma. En su denuncia de las injusticias el documental es muy acertado, pero su tono excesivamente dramático y su desconexión con las verdaderas inquietudes de quienes apoyan esta discriminación no lo hacen apto para una audiencia catalana.

En Cataluña no se vive un conflicto lingüístico en la calle, la gente practica el bilingüismo con naturalidad. La insinuación de que existe un tenso conflicto social entre castellano-hablantes y catalano-parlantes sería interpretada por una audiencia catalana como una distorsión de la realidad y vendría a alimentar las suspicacias sobre las intenciones de "los de Madrid". Como señala Antonio Robles: "[El documental] expone una realidad que es incontestable (menos para los nacionalistas), pero deja de exponer otra que falsifica el conjunto. La exclusión de los derechos de los ciudadanos castellanohablantes se circunscribe a los organismos oficiales de la administración de la Generalitat de Cataluña (...) pero la sociedad civil en general no vive estos avatares con exclusión y mucho menos con angustia."

Por otro lado, la mayoría de partidarios de la normalización lingüística no quiere desterrar el castellano ni finiquitar el bilingüismo, sino proteger una lengua y una cultura que perciben amenazada. Sin duda algunos albergarán el deseo oculto (o no tan oculto) de catalanizarlo todo, pero por lo común las políticas lingüísticas son vistas como una ayuda a la lengua débil, una lengua que sin la protección del Estado temen que podría desaparecer. Si se tiene por finalidad convencer a los catalanes que no están convencidos es preciso dar respuesta a sus argumentos y a sus temores, en lugar de pasarlos por alto o atribuirles razones e intenciones que les son ajenas.

La idea de que el catalán compite en inferioridad de condiciones con el castellano está arraigada en Cataluña, y en mi opinión no es ningún disparate. La mitad de la población catalana es castellano-hablante, en los medios predomina el castellano con diferencia, en el cine, en la empresa, en la literatura o entre la comunidad inmigrante. Los catalano-hablantes suelen adoptar de forma automática el castellano cuando se dirigen a desconocidos o cuando algún miembro del grupo es castellano-hablante. Pocas veces sucede lo contrario, aunque los catalano-hablantes sean mayoría en el grupo, y esta situación tiende a multiplicar las interacciones en castellano. Yo mismo soy catalano-hablante y hablo en castellano con gente catalano-hablante porque cuando nos conocimos nos dirigimos mutuamente en castellano. Es raro encontrar ejemplos de castellano-hablantes que hablan entre ellos en catalán. En última instancia el castellano tiene una ventaja evidente sobre el catalán: es más útil.

El lenguaje posee lo que se denomina "efectos red": la utilidad que asigna un individuo a una determinada lengua depende del número de individuos que hacen uso de ella, y la incorporación de nuevos hablantes añade valor a la misma. De este modo, cuanto más individuos hablan una lengua, más atractivo resulta para los demás sumarse a ésta, y en la medida en que se incorporan nuevos hablantes, aún más atractivo es para el resto adherirse, y así sucesivamente en un flujo de retroalimentaciones positivas que a menudo fortalecen la posición de las lenguas más extendidas y debilitan la posición de las que lo están menos.

Es en este contexto en el que se enmarca la defensa de la discriminación positiva en favor del catalán. Albert Bastardas, por ejemplo, sostiene en su artículo De la normalització a la diversitat lingüística que "la tentación de los grandes grupos lingüísticos de ocupar el máximo de funciones y de dificultar el uso de las lenguas de los grupos menores o medios (...) crecerá y aumentará con fuerza. Es aquí donde el papel de los Estados (...) deviene crucial. En lugar de tener una relación de ignorancia o bien de hostilidad, deberán pasar a una de solidaridad y manifiesta ayuda (...) [Es necesaria] una actuación de carácter compensatorio y equilibrador favorable a los grupos lingüísticos proporcionalmente más débiles".

El problema es que Bastardas se refiere a estas fluctuaciones como si sucedieran al margen de las acciones y las preferencias de los individuos. Alude a la "tentación" de los grandes grupos lingüísticos de ocupar más funciones y dificultar el uso de las otras lenguas, pero son los individuos de las otras lenguas los que realmente se ven tentados, en razón de los efectos red mencionados, a incorporarse a los grandes grupos lingüísticos. En un escenario no-intervenido, el grupo lingüístico mayor sólo desplaza a las otras lenguas porque los hablantes de éstas últimas se trasladan voluntariamente al primero para beneficiarse de su mayor alcance. Bastardas y el resto de proponentes de las políticas lingüísticas, al invocar una actuación compensatoria y equilibradora por parte del Estado, están abogando por "compensar" y "equilibrar" las elecciones de los individuos. Están, y ese es el problema, apelando al Estado para imponer sus preferencias a todos.

La lengua debe emanciparse del Estado para que evolucione espontáneamente, hacia donde quieran llevarla sus hablantes. Para ello no basta con que el Estado sea "neutral" dentro de la Administración y los servicios públicos. Lo mismo que la religión sólo puede separarse del Estado si las iglesias son privadas, el Estado sólo puede separarse completamente de la cultura y la lengua si devuelve los espacios y servicios públicos a la sociedad civil. En el ínterin lo mejor será permitir la diversidad y libertad de elección en los espacios públicos (por ejemplo en la enseñanza), ajustándose al máximo a las preferencias de los contribuyentes intentando reproducir así el resultado que tendría lugar en el mercado.

Sinceramente, no sé si el catalán, sin la "protección" del Estado, tenderá a quedar arrinconado y acabará por extinguirse en el largo plazo. Es posible, y no es una visión que me agrade, pero si ocurriera sería porque sus hablantes no lo han promovido con el ímpetu necesario y han preferido adherirse a otras lenguas. Nada de esto justifica convertir a los hablantes de una u otra lengua en ciudadanos de segunda.

 

Opinión de los lectores

agolmar

Si el catalán sobrevivió al franquismo a pesar de ser una lengua de segunda, no entiendo por qué hay que proteger ese idioma ahora. La gente se las arregló para conservarlo sin inervención del Estado. Piensa en ello, porque tal vez resuelva algunos de tus interrogantes.
También te recomiendo que indagues en la diferencia entre bilingüismo y disglosia, que es lo que los nacionalistas catalanes quieren crear en la la región.
Una de las cosas que no deja de asombrarme en Cataluña es oír a niños responder en castellano lo que los padres les dicen en catalán. ¿Será que el niño percibe esa ustilidad de forma especialmente acertada?

seneca

El cheque escolar permitiría que tanto catalanes como castellano hablantes, en Madrid o en Cataluña , puedan escoger libremente estimado Albert.

Roberto Suárez

Me quedo con tu último párrafo.

Y por ello no obviemos que lo que ocurre en Cataluña es que el estado coacciona en una dirección, por mucho que se quiera adornar.

Fede

Seneca, si solo fuera en la educación la opresión nacionalista sobre la lengua, ahora mismo firmaría, pero olvidas que no solo en ese ámbito radica dicha opresión sino que se extiende a numerosos ámbitos e invade cada vez más parcelas tanto dentro del ámbito privado como público, solo a modo de recordatorio te recuerdo la invasión dentro del ámbito judicial con el fin de conseguir una “justicia catalana”, en el ámbito universitario, en la rotulación de comercios, en el etiquetado de productos, en la señalización, y como no en el propio parlamento.

El nacionalismo como el socialismo al anteponer la nación y su colorario (historia, lengua y territorio), delante del ideal de libertad individual no es más que otra forma de socialismo basado en la quimera romanticista e historicista en vez del espejismo igualitarista y positivista de la “justicia social” de la izquierda, por eso a veces me cuesta oír eso del nacionalismo liberal, porque me suena tan melódico como lo del socialismo liberal, solo falta que nos lo cantara “loquillo”.

Por otra parte hay que decir, que lo que dice Albert es tremendamente cierto cualquier reportaje hecho por “Madrid” es visto como un ataque a la nación ya que no hay que olvidar que la sociedad civil catalana ha quedado sedada por el nacionalismo corporativista de Pujol (solo hay que ver el famoso acto en el IESE para pedir un aeropuerto del Prat catalán, en vez de pedir la supresión de AENA y la privatización total de los aeropuertos españoles, pero no, prefieren el consorcio donde se juntan lo mejor de ese empresariado auspiciado por el “govern”, y los burócratas insaciables e ignorantes que dicen defender los intereses de país) y sino solo hay que comprobar como grandes e ilustres liberales catalanes como Salvador Millet i Bel (q.p.d) presidente de la Caixa y secretario personal de Cambó, como en el final de su vida y en sus escritos resumidos en su libro “Estado de quiebra” fue hostigado por el nacionalismo radical o moderado según algunos.

Desconozco si en un régimen absoluto de libertad el catalán desaparecería, cosa que a mi me desagradaría profundamente al igual que Albert como catalano-hablante, pero sigo inclinándome en que eso no sería así, ya que no solo la utilidad, es lo que define el resultado, al igual que no solo el utilitarismo y el economicismo, es la guía del actuar económico, como bien señala Jesus Huerta de Soto, al dejar claro que el hombre al actuar no solo se guía por el beneficio económico sino por el beneficio subjetivo que engloba no solo la parte económica de la transacción sino otros beneficios percibidos por el actor. Por otra parte ya Mario Vargas Llosa, escribió sobre la excepción cultural francesa y su estrepitoso fracaso y es que al final la intervención por parte del estado como todos sabemos acaba produciendo los efectos contrarios que propugna, bien por hastío o bien por que acaba con la inspiración individual al quedar todo absorto por la subvención y el favor político que trae irremediablemente consigo la pobreza intelectual. Los mismo cabe decir del cine español y de las políticas de nuestra insensata ministra de cultura, ahora escribiendo estas líneas recuerdo la entrevista de ayer a Carmen Alborch, que desde luego no tiene desperdicio.

Saludos y felicidades a Albert por el articulo en cuestión.

Albert Esplugas

Antonio, que el catalán sobreviviera a un acoso de 40 años/una generación (sobrevivió, pero también quedó tocado) no significa que, a largo plazo (con el paso de varias generaciones) su status de "lengua débil" no la vaya a ir minorizando progresivamente. Quizás no suceda, pero es una posibilidad más probable de lo que asumen algunos que ven la realidad catalana desde fuera (y que, por ejemplo, consideran que la lengua débil es realmente el castellano o que éste se encuentra en peligro de extinción o cosas así).

Estoy de acuerdo con lo de la diglosia, más que finiquitar el bilingüismo lo que buscan muchos (la mayoría?) de políticos y nacionalistas es dotar de prestigio y privilegio a una de las dos lenguas. Que la gente no pierda el castellano, pero que la "lengua propia de Cataluña" sea el catalán.

Un saludo

eduard

El què es parlava a Catalunya durant el franquisme era un català residual i ple de castellanismes, un català de segona divisió, per no dir regional.
El català és prou important per a mi i per a molts milers de milers de catalans. El català dels anys 40 i següentes era una llengua maltractada i prohibida. A les escoles tan sols podies estudiar en castellà. I no parlem del medis escrits i radiofònics (no hi havia TV)
Ara l'hem posat una mica al seu lloc, però encara n'hi ha un bron troç fins a arribar al que cal. I el que cal és l'esforç de l'Administració i el nostre particular

eduard

Jo vaig voler publicar un fascicle (unes 12 planes 20x30) en català. Va ser imposible. Tan sols ho va permetre la censura, si ho publicava com a suplement del "full parroquial". Vet aqui el què passava. Allò si era imposició.

Fede

Eduard, te escribo en castellano para que los demás participantes del debate puedan entender las diferentes opiniones, estoy de acuerdo contigo en que el franquismo persiguió el idioma catalán y que este quedo maltrecho después de la dictadura, también estoy de acuerdo que dentro del ámbito privado es menester de cada catalán que sienta que debe de hacerse algo, lo haga y de hecho nadie prohibirá ningún acto de ese tipo pues simplemente merece admiración, el problema radica cuando dices que es la administración que debe de ponerlo en su sitio, que por cierto no se sabe donde esta este sitio, pues según preguntemos a cada uno seguramente tendremos tantas opiniones y por lo tanto metas como personas hallamos preguntado.

De todas formas el problema radica en este punto, porque los que defendemos la democracia liberal, la intervención del estado no puede nunca invadir esferas privadas y por lo tanto estaríamos usando la coacción institucional para poner la lengua en lugar que tu indicas pero que no se sabe cuál es.

Se argumenta que la voluntad de la mayoría, como es manifiestamente nacionalista tiene el respaldo popular suficiente y por lo tanto es legal. Sin entrar en temas estrictamente jurídicos, es importante resaltar la forma curiosa de entender la democracia como voluntad de la mayoría y no como respeto de la minoría y como salvaguarda de la libertad individual. La administración puede promover, divulgar, difundir y hacer respetar el derecho de cualquier catalán de utilizar la lengua, pero lo que no debe a mi entender es obligar mediante coacción a rotular a etiquetar o imponer en cualquier esfera el uso de una determinada lengua. La lengua como hecho evolutivo y vivo es circunstancial a la persona, no define al sujeto ni define su pensamiento pues caeríamos en el polilogismo según el cuál en función de nuestra pertenencia a un territorio o en función de nuestra lengua tendríamos diferentes formas de sentir y actuar lo cuál nos llevaría al imposibilidad lógica de razonamiento mínimo. El intervencionismo económico y el positivismo jurídico, las dos caras de la misma moneda social demócrata o socialista son totalmente opuestas a la libertad y aunque esto daría para otros muchos debates, puedes en estas mismas páginas indagar el resultado de todo ello.

Juan Ramón Rallo

Eduard,

Me parece genial que el catalán sea muy importante para ti y para muchos miles más de catalanes. Y eso podéis demostrarlo dedicando VUESTROS ingentes esfuerzos para lograr, contra viento y marea, que no desaparezca.

El problema comienza cuando no sólo queréis implicaros a vosotros, sino que nos metéis en el fango a todos los demás; cuando no queréis esforzaros lo suficiente o no os creéis capaces de lograr que el catalán se difunda sin recurrir a la violencia.

Si la cosa es muy sencilla. A mí el catalán me importa bien poco, no porque le tenga especial tirria, sino porque su utilidad distintiva como lengua es muy escasa. ¿Tengo la obligación de que me importe? ¿Tenéis que reprimirme y hacer cambiar mis preferencias para que los señoritos catalanes que tienen el capricho de usar un determinado código lingüístico se sientan más agusto?

Dices que aun falta un buen trozo para llegar al óptimo. Pues ya sabes, invierte miles de euros de TU bolsillo para hacer campañas en televisión, prensa, centros culturales, etc.

A mí no me metas. No gastes el dinero que YO he ganado en proyectos que considero inútiles ni me hagas comulgar con ruedas de molino lingüísticas. Yo no me voy a esforzar lo más mínimo en difundir el catalán. Prefiero mejorar el inglés o el alemán. Mi tiempo es escaso, lo siento. No me lo malgastes.

Pedro U.

Estimado Albert:
He leído con atención e interés tu artículo y considero muy acertadas muchas de las reflexiones que hay en él, pero compruebo que, en el fondo, el problema que abordas va mucho más allá. De hecho, yo me referí a él hace algún tiempo en esta misma página y fui larga y cumplidamente insultado. El verdadero problema es el siguiente: ¿Cómo puede un catalán o un vasco ser hoy liberal consecuente en un Estado como este (subrayo lo de Estado) donde el liberalismo político ha sido secuestrado por el nacionalismo español? Ya sólo plantear esta pregunta les lleva a algunos a soñar con pelotones de fusilamiento. Históricamente, el presunto liberalismo vasco es una buena muestra de ese fraude histórico, político y moral: en el País Vasco, en los años 30, buena parte del sustrato económico liberal (con nobles excepciones, sin duda alguna) no tuvo el más mínimo empacho en potenciar y financiar la Falange cuando lo creyó oportuno. Para ese liberalismo de cartón piedra Cataluña es una realidad incómoda. En Euskadi es claro que la promoción del euskera es una realidad, en buena parte, artificialmente creada, pero todo conocedor de Cataluña sabe positivamente que si va a vivir allí un mínimo interés económico y social le impondría conocer el catalán para no permanecer recluido en un gueto cultural. Eso es lo que algunos, literalmente, no pueden soportar, que la preeminencia de la cultura catalana no sea una imposición del poder público sino una evidencia social, algo así como la castellana en Valladolid, vamos, y esa evidencia, que no les molesta en Roma, Frankfurt o Londres (o Valladolid), les resulta intolerable en Barcelona.
Lo que no le hace falta al liberalismo político ni económico es que determinados individuos lo utilicen en favor de sus patrias, de sus visiones comunitarias y de sus unidades de destino en lo universal. Ciudadanos libres y menos rollos nacionalistas.

Genaro

Ya estamos con la tía Paqui que se siente maltratada. Menudos estos ANCAPS de conveniencia. Me pregunto yo: ¿que pasa si se extingue una lengua? ¿pero cuál es el problema? La gente, en su diario transitar por este páramo que es la vida, escoge un idioma y punto. El tema es que lo hace porque quiere y eso jode, jode mogollón. Podemos optar por elegantes explicaciones como la de Albert, ese rollo de las redes será cierto, no digo yo que no, pero ello no destapa la verdadera premisa que es que la gente habla lo que le parece y si no le entiende o no entiende es su problema.
Todos los -ismos están inspirados es argumentos sentimenales, pobre la clase obrera explotada, pobres los catalanes que no pueden hablar su "lengua madre", es decir empanadas ideológicas que esconden la libertad de elección individual como corolario último. Es que molesta que la gente escoja esa es la realidad, que la libertad jode,y jode mucho. Ahora bien si entramos en el debate de mayorías que votan y escogen a sus representantes, no nos olvidemos que los representantes de los pueblos no deben meterse donde no les llaman y si las lenguas de este ente abstracto y conceptual que es España (o os gusta más "las españas, que es muy enragé) son varias, pues PEOR PARA LOS QUE LAS USAN, el tema de la torre de Babel, ya sabéis.
España tiene la enorme ventaja de tener un idioma vehicular que es (con el tiempo lo será seguro) herramienta de uso para muchos millones de personas. En nuestra mano está el decidir si vamos a tardar más (subvencinondo al español o al catalán o al gallego, o al vascuence) o vamos a tardar menos en disfrutar de esa herramienta. Ese es el verdadero debate.

Libertino

El latín, gran lengua donde las haya habido y de la que muchas otras han surgido, desapareció (aunque se hable en el Vaticano puede considerarse una lengua muerta), y no por ello pasa absolutamente nada. Los idiomas evolucionan (se incorporan palabras, expresiones,… de otros idiomas), desaparecen o derivan en otros idiomas; mientras lo hagan libre y espontáneamente, ¿qué problema hay?. Cada persona tiene sus razones para decidir hablar en un determinado idioma: unos los hacen por tradición familiar, otros por aumentar su ego nacionalista, otros por motivos prácticos, otros por cultura general, y otros porque les da por ahí (por llevar la contraria, sentirse “especiales” o “diferentes”, o simplemente por moda).

Lo importante es que cada uno, por los motivos que sean, pueda elegir el idioma en el que desee estudiar (¡¡¡cheque escolar ya!!!). Al fin y al cabo, el idioma es un mecanismo de comunicación al servicio de las persona, no las personas tienen que servir al idioma (salvo por decisión libre propia). De la misma manera, si tú vas a Cataluña, no puedes obligar a los catalán-parlantes a que te hablen en castellano, por lo menos en el sector privado. Tampoco te puede parecer mal o una “injusticia”, al fin al cabo estás en su tierra.

Bastiat

La cuestión de la lengua, el idioma, tiene en realidad varios aspectos que parece que algunos de los comentaristas no quieren ver, desde los que defienden la imposición, Eduard, o los que defienden todo lo contrario en un alarde libertario de la no imposición.

La lengua es lo primero de todo un vehículo, un medio, un código que los humanos usamos para transmitirnos ideas, emociones,... eso creo que nadie lo duda, pero sobre todo, la lengua es un elemento vivo. Tan es así que dentro de un mismo idioma hay multitud de palabras que tienen un uso en determinadas regiones o poblaciones y en otras simplemente ni existen. Palabras, giros... a la cabeza me viene el caso de la palabra “cocreta” que a los puristas de la lengua castellana nos suena a patada en el hígado pero que en determinadas comarcas es de uso común para el mismo objeto, la humilde y sabrosa, sobre todo las de mi madre, croqueta.

Si ir mas lejos, en avanzando el imperio romano ya hacia su final ocurría que una cosa era el latín clásico, el que hablaban los eruditos, pero, sobre todo, el que usaba el Estado Romano para transmitir sus ordenes o llevar la administración, y otro, cada día mas distinto, el que hablaban, el que usaban los ciudadanos en las distintas comarcas. En China ocurre otro tanto, facilitado allí por el hecho de que su grafía es simbólica, estando los conceptos representados por símbolos pero su lectura, la traducción en sonidos, palabras habladas, es distinta en cada región. Incluso son incapaces de entenderse de manera oral los de unos lugares con los de otros.

Por tanto la lengua, el idioma es algo vivo.

Pero sin embargo, como he dicho en el caso romano o en el chino, el Estado tiene un idioma oficial por el cual se dirige a sus ciudadanos. En el caso español se da la circunstancia de que en algunas regiones no es un solo idioma sino dos. Pero eso, como todo lo que sea cuestión del Estado, está regulado por la ley.

Y este es el problema. Si la ley fundamental dice que en determinadas regiones hay dos idiomas oficiales, la obligatoriedad de esas regiones es el usar dichos idiomas. Si la Constitución dice que se debe fomentar ambas lenguas porque todos tenemos, tienen, el derecho y el deber de conocer, lo que debe hacer cada administración es cumplir la ley. Mas allá de todo esto no puede entendieres que determinadas administraciones entiendan que tienen el derecho de fomentar el uso de una determinada, sólo, y perseguir el uso y el aprendizaje de la otra por considerar a esa otra como invasora, y, sobre todo, que perjudica a la identidad nacional.

Por tanto el asunto no es tanto como una cuestión de derechos, que en el fondo, diga lo que diga el Estado, la lengua seguirá estando viva, sino por un lado de la comunicación del Estado con sus súbditos, regulado por ley, y la acción de otras partes del Estado atentando contra los “derechos” y deberes recogidos en la ley a la que están ignorado.

Pero, esto mismo nos lleva a la conclusión de que lo verdaderamente importante no es en sí la lengua sino el uso que de esa diferenciación cultural se hace para lograr la imposición de una idea de nación separada, rota, escindida de otra que la engloba. Es decir, en el momento en el que la diferencia se exacerba para conseguir los fines políticos separatistas. Ni la democracia puede atentar contra los derechos individuales, ni se puede alterar el curso de la democracia ignorando el cumplimiento de las leyes que democráticamente se han establecido. He ahí el problema.

Guillermo S

Pedro, no es que "algunos no puedan soportar que la cultura catalana sea una evidencia social". Es que muchos no quieren verse envueltos en esa evidencia social. Es muy típico estar hablando en un grupo de gente, y que de pronto dos catalanes se pongan a hablar entre si en catalán. No es grave, pero es de mala educación. Por eso hay mucha gente de provincias que a la hora de buscar un buen trabajo prefiere irse a Madrid que a Barcelona, y con la importancia que se le da hoy en día al capital humano, creo que ya sabes por dónde voy.
Por no hablar de las empresas que tienen que elegir sede en España, y tienen que decantarse por Madrid o Barcelona. Me imagino que todo eso del bilinguismo, con el gasto que conlleva, no ayuda a que elijan Cataluña.

Resumiendo: creo que la "evidencia social" de la que hablas le ha hecho más mal que bien a la economía catalana.

Antonio Serrano

Por mi trabajo, aunque soy andaluz, tengo que desplazarme con frcuencia y mantener relaciones con empresas situadas en Cataluña. En general y salvo algún caso excepciomal de algún radical que me ha llegado incluso a insultar por mi procedencia y tener que buscar ayuda cuando he querido realizar alguna gestión oficial o burocrática por no entender la documentación en catalán, no he tenido mayor problema; es más, considero que salvo excepciones de radicales extremistas, el pueblo llano, es decir el ciudadano de a pie catalán no tiene ningún tipo de problema ni animadversión hacia el resto de los españoles. Otra cosa diferente es oír a algunos de sus dirigentes políticos: lamentablemente no están a la altura de ese ciudadano de a pie. Lo triste de todo esto es que cuando ves ese tipo situaciones, aunque sean como he dicho antes esporádicas te planteas si debes seguir manteniendo esas mismas buenas relaciones, o plantearte trabajar con otras empresas situadas en lugares de nuestra geografía nacional con un comportamiento menos "hostil" hacia el resto de los habitatntes de la piel de toro.

Pau

la sociedad civil catalana ha quedado sedada por el nacionalismo corporativista de Pujol

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