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Portada - Comentarios - Las diez consecuencias de ilegalizar la prostitución

22/05/2008 - Juan Morillo Bentué

Las diez consecuencias de ilegalizar la prostitución

Si de algo nos advirtió el gran Frédéric Bastiat fue de la necesidad de tener en cuenta las consecuencias no previstas de las acciones humanas y en particular de las políticas. La experiencia de la ilegalización de la prostitución es instructiva porque muestra claramente los resultados desastrosos de tratar de suprimir una actividad pacífica y voluntaria mediante una ley coactiva (e ilegítima).

1) Abandono institucional: las deja sin derechos ni protección

Éste es el punto más importante. En el anterior artículo comentamos que la prostitución no dejaba de ser una profesión como cualquier otra en la que dos personas efectúan una transacción voluntaria. Ahora habría que añadir que sin instituciones adecuadas una verdadera economía de mercado no es posible (Coase). Lo cual significa que sin el apoyo del Estado de Derecho, la prostitución no puede ejercerse sin inseguridad jurídica y social.

La ilegalización hace que dejen de ser sujetos éticos. No están regulados ni sus derechos ni sus obligaciones. Las prostitutas están desprotegidas y se les puede maltratar. Se les puede secuestrar, pegar, violar, robar y forzar a prostituirse. Están en una situación discriminada y sin derechos. Se ha demostrado que las prohibiciones no acaban con el problema sino que lo único que hacen es empeorar las condiciones de trabajo de las mujeres que seguirán ejerciendo. Trabajan en malas condiciones de seguridad, limpieza, higiene y tranquilidad.

Sabemos que no vivimos en un mundo ideal y que siempre se seguirán produciendo injusticias y abusos aunque se legalice la profesión. Sobre todo conociendo la nula eficacia e ineptitud de quién tiene que protegernos (véase Papá Estado). Pero lo que se debe buscar es lo siguiente: garantizar los derechos a aquellas mujeres que deciden trabajar en la prostitución y limitar los abusos que hoy ejercen sobre ellas en los burdeles.

Una vez legalizada la prostitución, las que quieran continuar en la clandestinidad (para no pagar impuestos) lo harán voluntariamente y bajo su responsabilidad. Deberán asumir los riesgos.

2) La ley no funciona, no consigue lo que se propone (reducir la prostitución)

Es bien conocido que la prostitución es tan antigua como la humanidad. Y todo parece indicar que la humanidad no está para muchos cambios, porque la prostitución sigue siendo demandada enormemente pese a su ilegalización. Atendiendo a la gran cantidad de dinero que mueve, podemos asegurar que el mercado más antiguo de la historia no parece que vaya a desaparecer. Y sin embargo, pese a no violar los derechos de nadie, está ilegalizada.

¿Cómo puede el Estado decidir si se tiene que reducir una determinar profesión? ¿En base a qué? ¿En base a que a los políticos les parece una actividad denigrante? ¿Intrínsecamente perversa? ¿Deshumanizante? Quizá debieran entonces reflexionar un poco sobre su propia profesión.

El objetivo que hay que proponerse no es reducir la prostitución, sino reducir las víctimas del tráfico de blancas y personas. Y eso se consigue legalizando la profesión para establecer claramente la distinción entre prostitución voluntaria (decisión propia) y prostitución coactiva (esclavitud), y persiguiendo fuertemente la segunda.

3) Convierten a gente honesta y pacífica en criminales

La ilegalización produce la estigmatización social y persecución de una trabajadora honesta y pacífica. Muchas veces los bancos son reticentes a concederles préstamos y las aseguradoras prefieren evitarlas. Sufren el menosprecio y la discriminación que todos conocemos.

4) Crea "mercados" en donde la competencia es violenta y no pacífica como en los legales

No están basados en el contrato y la cooperación. Aumenta la violencia y la inseguridad ciudadana.

5) El precio del servicio es mucho mayor en un mercado negro que en un mercado legal competitivo

Todo producto en un mercado negro tiene un precio más alto porque la falta de oferta y falta de competencia provocan la escasez de los servicios que la gente considera indispensables. Llega al mercado una menor cantidad que la demandada. Existe más demanda que oferta y los clientes están dispuestos a pagar un precio más alto por el servicio que se les prohíbe. Además hay que pagar al intermediario clandestino.

6) Los servicios en los mercados ilegales son de una calidad menor que en los mercados legales competitivos

La falta de competencia y de legalidad hace que no haya ni el control ni las exigencias que se darían en un mercado legal.

7) Provoca una delincuencia asociada

Los enormes beneficios del mercado negro incentivan que los criminales violentos entren. Provoca una delincuencia asociada, a menudo muy violenta. Existe un submundo ilegal en el que se da inmigración ilegal, extorsión, tráfico de drogas, falsificación de documentos y delitos económicos que aumentan la delincuencia y la violencia. La legalización ayudaría a luchar contra el resto de actividades.

8) Hace que el sistema de justicia sea más corrupto

La legalización acabaría con un foco importante de corrupción que aumenta en todos los niveles del Estado debido a la gran cantidad de policías, jueces y demás autoridades que han sido comprados, sobornados o extorsionados por las mafias, creando un gran ambiente de desconfianza por parte de la población hacia el sector público en general.

9) El Estado convierte actividades pacíficas en criminales

Este punto es importante. Hay que derogar el artículo 188 del Código Penal, que prohíbe el proxenetismo, es decir, el dedicarse a la prostitución como empresario. Prohíbe que se establezcan relaciones laborales entre prostitutas y empresarios. Impide al empresario establecer tratos comerciales entre la prostituta y otra persona, aun con el consentimiento de las mismas. Hay que derogarlo porque hay que reconocer a la prostitución como profesión. Debe tener los mismos derechos laborales que las demás profesiones.

La prostitución se tendría que poder ejercer de forma autónoma o en contrato con algún empresario. Tienen que tener la posibilidad de establecer sus propios negocios.

10) Provoca un aumento de poder y gasto estatal

Supone un gran recorte de libertades (impuestos, intervenciones, vigilancia) porque una enorme cantidad de recursos van destinados a prohibir y perseguir actividades pacíficas consensuadas en vez de perseguir a los verdaderos criminales y delincuentes.

Hay gente que defiende la legalización sólo por los elevados impuestos que recaudaría el Estado. A mí me parece que ésta sería precisamente una gran razón para no legalizarla. Además está demostrado que incentiva el que muchas prostitutas que ejercen por decisión propia lo hagan en la clandestinidad para no pagar impuestos.

 

Opinión de los lectores

Israelem

Chapó por el artículo, que sea moralmente reprobable no significa que se ilegalice, ya que lo único que hace es empeorar la situación.

agolmar

John Stuart Mill se opuso a los censos de prostitutas que propugnaban los moralistas aunque el negocio no le gustaba, pero pensaba que el daño sería mucho menor sin controlar que prohibido por el Estado.

Juan Morillo Bentué

Israelem y aglomar,

Efectivamente, una vez más se demuestra que, allí donde los gobiernos deciden intervenir para imponer sus juicios de valor arbitrarios y marcar nuestros fines, empeoran la situación. En este caso intervienen no legalizándola, aunque tampoco se prohíbe. Está despenalizada, es decir, se considera que es una actividad no delictiva.

Gracias por los comentarios. Saludos!

Eduardo Garcia Criado

Como mi hermana, mi madre y mi novia están sin trabajo les voy a decir que se hagan prostitutas ya que como dice Juan Morrillo en su artículo una prostituta es una "trabajadora honesta y pacífica." Aunque no creo que les guste la idea.

Juan Morillo Bentué

Eduardo,

Sí, si no saben hacer nada más lo mejor es que se prostituyan las tres. Así harán algo en la vida, ofrecerán algo que la gente quiera y no pedirán el subsidio de paro. Serán unas trabajadoras honestas, y no unas parásitas.


Yanyiprester United

Eduardo, al contrario que la prostitución, hay muchos trabajos que sí me parecen inmorales.

Por ejemplo, ser inspector de Hacienda creo que es de lo más inmoral. Significa pertenecer al brazo ejecutor ladrón del Estado. Eso sí que no me gustaría recomendárselo a ningún familiar. Yo, personalmente no podría dormir bien.

La prostitución, como muy bien dice Juan Morillo, es una actividad libre, pacífica y voluntaria, y por tanto tiene de inmoral lo que yo de torero.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con Juan en su defensa de la legalización, porque ello supone el sometimiento obligatorio de los trabajadores del sexo a las expoliadoras leyes fiscales estatales, y creo que todos deberíamos apoyar el sumergimiento de cualquier actividad ante dicha expoliación forzosa.

A mi juicio, para evitar las 10 consecuencias que indicas, bastaría con despenalizarla totalmente. Ni que decir tiene que no está en absoluto despenalizada, y, como indicas en tu comentario, es muy importante conseguir la derogación del artículo 188 del Código Penal, que criminaliza cualquier actividad empresarial en la que se utilicen trabajadores del sexo como fuerza laboral, algo a todas luces antidemocrático e inconstitucional (inculso en para una Constitución tan sociata como la que tenemos).

Juan Morillo Bentué

Yanyiprester United,

Dices: “Sin embargo, no estoy de acuerdo con Juan en su defensa de la legalización, porque ello supone el sometimiento obligatorio de los trabajadores del sexo a las expoliadoras leyes fiscales estatales, y creo que todos deberíamos apoyar el sumergimiento de cualquier actividad ante dicha expoliación forzosa.”

Entiendo tu idea. Y la comparto. Pero la legalización no excluye la posibilidad de ejercerla “ilegalmente” como hacen algunas prostitutas en Holanda. Por eso digo en el artículo que “una vez legalizada la prostitución, las que quieran continuar en la clandestinidad (para no pagar impuestos) lo harán voluntariamente y bajo su responsabilidad. Deberán asumir los riesgos.”

De momento hay que reconocer la prostitución como trabajo y dar la cobertura legal a aquellas prostitutas que lo deseen. Y la reforma del Estado del Bienestar la tenemos que dejar para otro artículo ;-)

Saludos!

José A.

Me ha gustado mucho como has expuesto el tema. He estado pensando que un acto entre personas adultas, consientes de su repercución y sin que en ningún momento suponga una umillación para cualquiera de los dos debiera ser ilegalizado. Personalmente no comprendo como las religiones que nos conciben como algo hecho con el "amor" divino tiene que ser ocultado y su disfrute castigado como un conducta infame.

Eduardo

Juan, en contrareplica a tu respuesta tengo que decirte que me parece muy naive pensar que por el solo hecho de ser prostituta se es ya honesta y pacífica, creo que has caído en la odiosa corrección política. En el gremio de las prostitutas habrá de todo como en el de los articulistas liberales, digo yo?

Juan Morillo Bentué

Eduardo,

No acabas de entenderlo muy bien. Y creo que tampoco es tan difícil. Vamos a ver. Yo no estoy defendiendo que la gente se prostituya ni que la prostitución sea la mejor profesión del mundo. De ninguna manera. Yo lo que digo es que la prostitución, por sí misma, es una actividad igual de pacífica y honesta que cualquier otro trabajo. Una prostituta y su cliente no me agreden ni violan mis derechos individuales en ningún sentido. Y por eso tengo que respetarlos. El que haya prostitutas que cometan delitos o fraudes no tiene absolutamente nada que ver con el tema que tratamos, ya que en todos los trabajos se pueden dar (y de hecho se dan) actos delictivos.

Que tú consideres inmoral, asquerosa o repugnante una determinada profesión no justifica que se prohíba. Tus gustos no son el criterio por el que se establece lo que es legítimo o no, sino la violación o agresión de los derechos individuales de terceros.

Probablemente el mundo y la gente no son como tú quisieras que fueran. Lo siento. Madura un poquito y déjanos en paz a los demás. ¿O acaso te decimos los demás como debes enfocar tu vida?


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