Modelos de educación
La asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC) se ha constituido en la polémica más importante del sistema educativo español desde que el Gobierno socialista de Felipe González aprobara la LOGSE en 1990. No sólo ha conseguido que se manifiesten cientos de miles de personas contrarias a su implantación, sino que ha movilizado a la sociedad civil hasta el punto de que se han creado innumerables organizaciones que luchan activamente por su desaparición y cientos de padres se han acogido al derecho a la objeción para sus hijos. Algunos tribunales les han dado la razón y el conflicto entre sociedad civil y poder político no ha hecho más que empezar.
Pero EpC es una consecuencia lógica del sistema educativo que sufrimos en España, de cualquier sistema educativo público. La instrumentalización de la educación para conseguir determinados fines políticos es una tentación demasiado fuerte como para que los gobiernos no la usen de manera interesada. En España, hay que unir a la EpC las políticas educativas de los gobiernos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco y de las coaliciones socialistas-nacionalistas en Galicia y las Islas Baleares. En todos ellos la educación en la lengua de la región (y no en castellano) se ha convertido, no en una opción, sino en una obligación para los residentes. Incluso en comunidades autónomas como la valenciana, gobernada por un PP que en teoría es contrario a este proceso, la educación pública en valenciano tiene un peso considerable.
La educación pública es, como vemos, un difusor del credo socialista, ecologista o nacionalista y olvida su labor docente. Poco importan los resultados si al final de la edad académica los jóvenes han aprendido los principios básicos del régimen. No importa que las pruebas que periódicamente se realizan para evaluar los conocimientos de los alumnos arrojen resultados cada vez más lamentables. Una ley que baje el listón de los conocimientos básicos o que permita la posibilidad de pasar de curso o incluso acabar todo el proceso con varios suspensos, resuelve en términos estadísticos el problema. La propaganda hace el resto.
La descentralización se ha convertido en un proceso nefasto para la educación española, pero no por su naturaleza policéntrica, sino por el carácter de las instituciones que compiten entre sí. De hecho, estamos ante una competencia entre estamentos públicos, que nada tiene que ver con la competencia entre empresas y particulares en un sistema de libre mercado. Los conflictos con y entre ellos se resuelven mediante el enfrentamiento directo y la coacción, no con la captación de los clientes de la competencia, y los gobernantes legitiman en las urnas políticas liberticidas, mientras que los ciudadanos tienen pocas opciones para revertirlas, salvo la protesta o largos y complicados procesos en los tribunales.
Como hemos visto, no importa la suavidad o la dureza del régimen, su legitimidad o su carácter ilícito, el sistema público es susceptible de corrupción en todos los casos, y su eficiencia está limitada por su propia naturaleza. La educación privada es la única opción razonable ante los desastres que aquejan a la pública, pues en ella confluye la actividad empresarial, la competencia por un servicio mejor y la voluntariedad de todas las partes. El problema es que para que cale esta idea hay que refutar uno a uno todos los tópicos que recaen sobre la educación privada.
Opinión de los lectores
Alberto, un muy buen artículo y contundentemente claro.
Pero no te engañes, el problema no son los tópicos que recaen en contra de la educación privada sino en los mitos laudatorios e igualatorios de los que goza la educación pública.
Hay mucha gente que piensa que la educación si no es pública es elitista mientras que si todos vamos a la pública todos tendremos las mismas oportunidades.
Y eso, y lo digo como conocedor del tema en el día a día, no es así.
Y no es así porque es una imposibilidad metafísica incluso que todos tengamos el mismo ambiente escolar, el mismo profesorado, la misma motivación, los mismos medios didácticos y materiales… es imposible. Y, sobre todo, es imposible por parte del factor humano. Del factor humano tanto del alumno como del docente.
En un régimen educativo en el que unos no entienden la teoría del esfuerzo con vistas a un futuro en el que no pueden pensar “al tener los ojos llenos de pan”, como se decía antaño, no pueden comprender la realidad y la importancia del momento en el que se encuentran. Esforzarse es muy esforzado. Y los otros, los docentes, y se acaban de hacer las oposiciones a profesores de secundaria, sólo acaban pensando, una mayoría aunque hay mucho esforzado honesto, en que una vez acabado el curso, si han tenido pocos problemas con los papás porque su hijo no haya suspendido demasiado aunque no hayan aprendido nada, lo que les ocupa es que lleguen las vacaciones y a disfrutar del generoso sueldo que sale del erario público.
Y eso me lleva a la última reflexión. ¿Uds. creen que por mucho que se empeñen en proponer una asignatura, que, por cierto, cuyos contenidos están diseminados por muchas de las demás asignaturas, que pretenda “formar el espíritu social” de los futuros ciudadanos va a tener con esos mimbres alguna garantía de éxito? Yo, sinceramente creo que no. Y lo creo así porque los contenidos en muchas ocasiones son lelos, pero sobre todo porque no existe un modelo ejemplificador en el sistema ni un concepto de autoridad evidente que haga impregnar del contenido a los alumnos. Y más si muchos de los profesores encuentran dicha asignatura como una tontería.
¿Cómo podemos ayudar a desmitificar lo público, la prestación de servicios por medio de “lo público”? Háganse y hagan a todo el que encuentren la siguiente pregunta: ¿Por qué si un albañil que hace una casa, un panadero que hace el pan o un zapatero que hace zapatos no es funcionario, porqué un médico o un maestro sí tiene que serlo para realizar una labor que tiene que estar sometido al mismo escrutinio que la de todo profesional?
Muy bien, claro, a volver a la época feudal. Una asignatura que enseña a los niños a respetar a todos y A TODAS, Y LES INCULCA QUE HOMBRES Y MUJERES SON IGUALES EN DERECHO, ES UNA BAZOFIA, ¿NO? . ¿Por qué será que la mayoría de los detractores de esta asignatura son hombres?
La asignatura no explica eso, Ruth. Lo que explica es cómo deben ser mujeres y hombres y qué deben creer para ser prefectos progresistas. De hecho, justifica la desigualdad ante la ley, en forma de discriminación positiva, es decir, de discriminación.
Si quieres tener una discusión provechosa, deberías procurar analizar y entender los argumentos. Me da que tu forma de defender tus ideas consiste en descalificar personalmente a quien se opone a ellas. Eso, me temo, lo único que describe es tu pobreza argumental.
Ruth, eso de todos y todas es, aparte de un pleonasmo ridículo que demuestra escasa formación gramatical, un indicador clarísimo de que a una le puede la pulsión liberticida y de querer instalar por narices en la conciencia de los demás (los obligadamente contribuyentes) lo que nosotros pensemos por encima incluso de cualquier conocimiento académico sobre la materia.
A mis alumnos les quitan horas de Lengua para poder dar este lavado de cerebros adoctrinatorio de cabo a rabo (menosmal que yo contraataco lo que puedo). Si luego no saben escribir, encima nos echarán las culpas a los profesores.
Yo no creo que haga falta ninguna asignatura para saber que las señoras debemos ser iguales ante la ley a los hombres. Para lo que utilizan este engendro es, precisamente, para convencernos de que somos tan idiotas que debemos ser superiores. Yo no sé tú, pero a mí no me hace falta que ningún machito progre me de permiso para ezstar en los sitios. Y, mucho menos, que anden por ahí zahiriendo la gramática con el supuesto fin de halagarme. Vamos, que estas estupideces si algo me dan es vergüenza ajena.
Por cierto, que va siendo hora ya de mover la objeción de conciencia también de los profesores. Oiga, que médicos y matronas de la sanidad pública la tienen respecto al aborto. ¿Por qué nosotros no?
Los ideólogos del adoctrinamiento educativo proclaman que la enseñanza es el medio y la educación es el fin. El desastre formativo de los jóvenes españoles proviene del baldío intento de la Ley de 1990 de procurar la ecualización de oportunidades educativas para la ciudadanía de los educandos. Más no la de los educados; quienes utópicamente alcanzarían el mismo grado de desarrollo competencial. Dichos ideólogos se justificaron con la metafísica hegeliana , según la cual calidad y cantidad eran la misma cosa. Vistos los devastadores resultados en el sistema de enseñanza instaurado por el PSOE, se aferran ahora como un clavo ardiendo a una asignatura tan "maría" como antes lo fue la "formación del espíritu nacional" con el vamo intento paliar su estrepitoso fracaso en todas las demás materias. Fracaso que parece mayor en tanto dichas materias tengan menor contenido ideológico y mayor contenido científico.