2005 Instituto Juan de Mariana
El Instituto Juan de Mariana gana el Fisher Venture Grant, un programa para apoyar los think tanks jóvenes
Instituto Juan de Mariana
Reducir tamaño de letra Aumentar tamaño de letra

Comentarios

Portada - Comentarios - Unidad de mercado y nacionalismo

02/07/2009 - Joaquín Santiago Rubio

Unidad de mercado y nacionalismo

Uno de los puntos más susceptibles de controversia en la visión liberal del nacionalismo es el de si la proliferación de estados nacionales favorece o no a la extensión de la apertura comercial. Recientemente Juan Morillo trató el tema estableciendo un criterio mediante el cual enjuiciar cuándo un nacionalismo es aceptable y cuándo no para quien esté por la mayor libertad comercial. Pero surgen dos cuestiones adicionales que deben ser tratadas también.

Un nacionalismo partidario del mayor desarme arancelario sería económicamente aceptable. Si, además, se dice, reconoce el derecho a la diferencia e, incluso, a la secesión de partes integrantes de su nación, se debe aplaudir con fuerza. Si bien el primer principio es inatacable, la segunda proposición presenta problemas. La cuestión estriba, profundizando en esta formulación prescriptiva, en si se puede definir qué modelos de nación son más proclives a la liberalización de los mercados.

En un esbozo teórico, la propensión de un gobierno, surgido de una secesión o de una integración, a maximizar la ventaja comparativa de su nación tiene que ver con cuatro elementos: tamaño, tipo de ventaja, descubrimiento de esa ventaja y equilibrio interno de poder. Si un estado posee un recurso o sector económico en determinada abundancia o nivel tiende a ser proteccionista respecto del mismo. Un mayor tamaño aumenta las probabilidades de poseer ese recurso. La posibilidad de que el Gobierno descubra esa ventaja depende de la permeabilidad que tenga a los intereses vinculados a ese recurso o ramo industrial. Por último, abrirse o cerrase a los mercados internacionales depende de la existencia de intereses creados que sostengan al Gobierno.

De esa manera, los pequeños estados, en un entorno de estados grandes que sean proteccionistas en diversos grados, no poseen otra ventaja comparativa que la simple apertura comercial y financiera. Convertirse en paraísos fiscales y proteger el secreto de las finanzas privadas es su recurso. Pero, ¿sería así igualmente de darse un mundo de pequeñas entidades políticas, en un mundo que reedite las antiguas polis? En ese caso no existiría, pienso, una propensión necesaria hacia el libre mercado. Los microgobiernos que descubrieran, sin riesgo para la estabilidad de su poder, ventajas comparativas en la teoría de las ventajas comparativas sí abrirían sus mercados. Los que lo hicieran con algún recurso que ellos poseyeran en mayor grado, tenderían, por el contrario, a protegerlo. El triunfo de los primeros sobre éstos no es, tampoco, necesario y depende de factores políticos más que de éxito económico. La belicosidad inherente a todo estado proteccionista tendería a desarrollar naciones depredadoras y, progresivamente, más extensas.

Según lo dicho, no es posible definir qué tamaño de nación sea el adecuado. Ilustrativamente podemos añadir que, a lo largo del siglo XIX, el libre comercio fue la doctrina dominante en un entorno de formación de estados nacionales en Europa y América. El factor determinante fue Gran Bretaña que, siendo la primera en industrializarse fue también la primera en descubrir el laissez-faire merced a un vigoroso movimiento intelectual y popular favorable a él protagonizado, entre otros, por la Escuela de Manchester y la oposición popular contra las últimas barreras mercantilistas relevantes en 1846. Como reacción al proteccionismo propio de las monarquías absolutas, los regímenes que combinaron nacionalismo con industria aplicaron con más o menos fervor el librecambismo británico. Pero todo acabó en el periodo previo a 1914 cuando las naciones que desarrollaron sus industrias apostaron por la protección y por el imperio militar. Desde entonces, en la generalización de los estados-nación se han conocido muy breves periodos de apertura comercial.

Así pues, parece que los elementos o fuerzas que impiden la extensión de un estatus librecambista tienen mucho que ver con la escasa popularidad de las ideas que lo propugnan, las cuales tiene mucho que ver con la escasa popularidad de las ideas individualistas y de soberanía económica del individuo. No es posible aún, en rigor, mantener qué tipo de entidad estatal será más proclive a generalizar un mundo librecambista. Como mucho podemos decir que la existencia de crisis económicas cíclicas adereza nuevos impulsos proteccionistas. Es en la extensión de la ética individualista y en la política económica donde la batalla se presenta más decisiva.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Absolutamente de acuerdo.

En muchas ocasiones se ha defendido el que la secesión es la mejor manera de conseguir que haya mayores cotas de libertad dentro de los estados al ser estos mas pequeños y depender en mayor medida de las buenas relaciones con los demás para obtener mejores productos… y eso es complicado de aceptar habiendo estados como Corea del Norte o Cuba, y recordando Albania.

Lo cierto, sin embargo, es que la libertad no es algo que se obtiene por una conjunción astral favorable ni será defendida por un estatuto perfecto, inamovible en el tiempo. La libertad es algo que se obtiene y se logra día a día en la medida en que el ciudadano medio, la gran mayoría de los ciudadanos, quieren defender la libertad individual y de esta manera logran que se realicen políticas encaminadas a tal fin. Esto se puede hacer mediante la divulgación de las idea liberales, por supuesto y este Instituto está haciendo una tarea loable en ese camino, pero si no hay ninguna posibilidad de llevar al Parlamento esas iniciativas difícilmente se puede lograr el que de manera política se avance en mayores cotas de libertad.

Lamentablemente otra de las ideas, a mi entender, erróneas es la de identificar al Estado con el mal. El Estado no es en sí el mal, ya que éste en sí no existe, sino quienes ocupan el Estado quienes hacen políticas contrarias a la libertad. Y eso ocurre porque les puede parecer inadecuado, precisamente porque piensan que el Estado es el mal, pensar que desde el Estado se pueden hacer de igual manera políticas proclives a la libertad. Establecer cotas al propio poder del Estado es igualmente una tarea política, basada en el ideario político y defendido efectivamente mediante la política y apoyado en la mayoría del pueblo.

Y es que no hay alternativa posible. La democracia es el único camino. Ya lo han aprendido los socialistas que abusan de ella para limitar la libertad. Algo posible desde el Estado. Pero ¿a que sería impensable una dictadura liberal? y es que no hay mas camino que la democracia. No se puede imponer la libertad.

Albert Esplugas

Hola Joaquín,

Discrepo en varios puntos.

De esa manera, los pequeños estados, en un entorno de estados grandes que sean proteccionistas en diversos grados, no poseen otra ventaja comparativa que la simple apertura comercial y financiera. Convertirse en paraísos fiscales y proteger el secreto de las finazas privadas es su recurso. Pero, ¿sería así igualmente de darse un mundo de pequeñas entidades políticas, en un mundo que reedite las antiguas polis? En ese caso no existiría, pienso, una propensión necesaria hacia el libre mercado. Los microgobiernos que descubrieran, sin riesgo para la estabilidad de su poder, ventajas comparativas en la teoría de las ventajas comparativas sí abrirían sus mercados. Los que lo hicieran con algún recurso que ellos poseyeran en mayor grado, tenderían, por el contrario, a protegerlo.

Desde el punto de vista del micro-estado es irrelevante si el resto del mundo es un solo Estado o 20.000. La cuestión sigue siendo que el micro-estado es mucho más dependiente del exterior que si fuera un Estado grande (en el sentido de abarcar una gran extensión). Su población, si quiere mantener un nivel de vida alto, necesita comerciar con el exterior mucho más. Si, en cambio, se trata de China, Estados Unidos o la Unión Europea, pueden permitirse un mayor grado de autarquía.

Puedes llevar el argumento al extremo para verlo más claro: si practicas la autarquía/proteccionismo en tu casa o en tu comunidad probablemente pases hambre y vivas en la miseria absoluta. Si la autarquía se practica a nivel municipal o regional, también habrá escasez pero no será tan virulenta etc.

Así pues, parece que los elementos o fuerzas que impiden la extensión de un estatus librecambista tienen mucho que ver con la escasa popularidad de las ideas que lo propugnan, las cuales tiene mucho que ver con la escasa popularidad de las ideas individualistas y de soberanía económica del individuo.

Siendo cierto lo que dices, no es un argumento en contra de la tesis de que "a igualdad de circunstancias, una unidad política pequeña es más favorable al libre comercio que una unidad política grande". Es decir, la comparación no es entre una unidad política grande donde las ideas liberales son populares y una unidad política pequeña donde no lo son, sino entre unidades políticas donde las ideas liberales son igual de populares (y otros factores son también similares).

Un saludo

Joaquín Santiago

Hola Albert:
Mi tesis es que no existen, que se sepa aún, formas políticas que, mecánicamente, lleven a un proceso de más libertad o de menos impedimentos a la misma. Las únicas opciones actuales de defensa de la libertad y de lucha contra el Estado se centran en la extensión de la ideología individualista, de cooperación voluntaria con fundamentos éticos, con sus corolarios de librecambismo y no agresión internacional (aislacionismo). Los argumentos utilitaristas referidos a formas políticas suelen pecar de olvidarse del contexto y de la compleja decantación histórica. No niego que podamos descubrir formas políticas globales favorables, pero estamos muy lejos de lograrlo aún y la tesis de los microestados, quizá más. Comento algo de lo tuyo.
Dices:
1. ”Desde el punto de vista del micro-estado es irrelevante si el resto del mundo es un solo Estado o 20.000”
Considero que no es irrelevante. El comportamiento de un estado pequeño en un entorno de estados grandes ve penalizada con más fuerza toda actitud proteccionista (penalizada en una guerra arancelaria, en una guerra diplomática y en una guerra militar). Por tanto le resulta más rentable la apertura comercial, bien bilateral (o plurilateral) con el entorno de estados grandes al que puede temer, o bien mundial como compensación a la falta comparativa de recursos propios. Los matices de esta situación dependen mucho de la percepción y formación de las élites del microestado.

2. “La cuestión sigue siendo que el micro-estado es mucho más dependiente del exterior que si fuera un Estado grande (en el sentido de abarcar una gran extensión)”.
Sin duda es lo que mantengo. Pero de eso no puede deducirse que, necesariamente, todos los incentivos, ni siquiera los más intensos, del microestado hacia el exterior hayan de ser de tipo librecambista. La confederación de microestados cercanos, cerrada en sí misma y proteccionista, es una opción más tentadora por ser más fácilmente alcanzable. La depredación de los vecinos es otra opción. La combinación de la federación, confederación y depredación es la que más visos tiene de resultar exitosa pues aúna las ventajas de fuerza y rapidez de logro.

3. “Su población, si quiere mantener un nivel de vida alto, necesita comerciar con el exterior mucho más. Si, en cambio, se trata de China, Estados Unidos o la Unión Europea, pueden permitirse un mayor grado de autarquía”.
¿Quién dice que las élites del microestado quieran mantener un mayor nivel de vida a su población? ¿Quién dice que la legitimidad de esas élites no pueda basarse en un sistema de dominio autárquico eficaz en un microestado? Por otro lado, las posibilidades autárquicas de un macroestado no dependen de su tamaño sino del grado de prosperidad de los macroestados del entorno. Si su poder se ve minorado por la superioridad económica y tecnológica de otros macroestados, tenderá a incorporarse a la corriente de apertura comercial, financiera y tecnológica. Si no, no. En el caso de que todo fueran microestados, esta misma lógica que afecta a los macroestados, sería la relevante en los microestados. El tamaño diferenciado afecta al comportamiento de los actuales microestados. No se puede abstraer su comportamiento actual del contexto que les presiona a actuar así. Afirmo, además, que la actual dinámica de los macroestados a acabar con los paraísos fiscales (ventajas comparativas explotables por los micros frente a los macros) tenderá a reducir su soberanía y a producir que los pequeños se integren de diversas formas como adminículos de los grandes.

Mario

Apreciado Albert. Con todo respeto le digo que creo que las dos siguientes afirmaciones suyas son contradictorias:

1. "si practicas la autarquía/proteccionismo en tu casa o en tu comunidad probablemente pases hambre y vivas en la miseria absoluta. Si la autarquía se practica a nivel municipal o regional, también habrá escasez pero no será tan virulenta etc."

2. "...la comparación no es entre una unidad política grande donde las ideas liberales son populares y una unidad política pequeña donde no lo son, sino entre unidades políticas donde las ideas liberales son igual de populares (y otros factores son también similares)."

Albert Esplugas

Joaquín,

Insisto en la condición "ceteris paribus" de la tesis que criticas. En tu punto 3) te olvidas de esa condición objetando que la población quizás no quiere un nivel de vida alto etc. Nota también la tensión entre el punto 1) y el 3) (los Estados grandes del entorno presionan al Estado pequeño para que se abra al comercio, pero también presionan al Estado pequeño para que suba impuestos, acabe con el secretismo bancario etc., ¿es el balance positivo para la libertad?). En el punto 2) estás huyendo de la hipótesis que planteamos, pues al hablar de confederación de micro-estados volvemos, de facto, al escenario con Estados grandes (otra cosa es que digas que ese proceso es inevitable, pero no estoy convencido de que lo sea necesariamente y en cualquier caso no refuta la tesis de que una unidad política menor tiende -a igualdad de circunstancias- a abrirse más al libre comercio).

De todas maneras en este artículo solo estás considerando uno de los supuestos aspectos positivos que tiene la secesión/la proliferación de unidades políticas pequeñas (el comercio exterior). No estás considerando la ventaja principal de esa proliferación: una mayor competencia entre Estados/más voto con los pies por parte de ciudadanos y empresas.

Resumo la tesis (y fantaseo un poco sobre su aplicación en España) en este artículo: La Unidad de España Reconsiderada. También este otro contra la UE en Libertad Digital: Abstente contra la Unión Europea (el debate continuó en mi blog: La UE, la secesión de España y la competencia entre Estados).

Un saludo

Joaquín

Albert:
Ceteris paribus: ¿A igual nivel de preferencia por la libertad individual de la población mundial el incentivo hacia la apertura comercial mundial es mayor si todo son microestados que en el contexto actual? Pues no creo que afirmarlo sea consistente. Sólo puede decirse, con mínima solvencia lógica (y que mantenga una relación mínima con la realidad, no estamos en lógica pura, ni tú ni yo), que, dada esa igualdad, el incentivo de los estados pequeños no es hacia la apertura comercial mundial, sino regional, es decir, hasta lograr el punto crítico necesario de integración económica con los vecinos que dé la percepción de supremacía o de satisfacción relativa y subjetiva. No ves que eso invalida tu tesis porque ésta es demasiado gruesa. No distingues entre apertura regional y apertura global. Si crees que hay una línea de continuidad entre una y otra pienso que estás equivocado. El punto óptimo de apertura es decidido en función de la percepción de poder sobre los vecinos. Aquí la preferencia temporal induce a la depredación llegado cierto punto (hay ejemplos históricos que corroboran esto aunque la tesis no se deduce de la Historia). Hablar de microestados como garantes de la libertad es no querer incorporar la dinámica de los estados a maximizar su poder.
Todas mis referencias a las preferencias de las élites y de las poblaciones indican que, para mí, son lo determinante, además del nivel tecnológico que convierte a la vecindad en un concepto no exclusivamente geográfico. Es el factor que dejamos igual el que es determinante.
De otra manera: Si sólo cambiamos la preferencia popular y de las élites por la libertad, la propensión hacia el libre comercio variará en su misma medida independientemente de lo demás.
Un saludo.

Albert Esplugas

Joaquín,

Perdona que haya tardado en responder.

De acuerdo con tu matiz de que entre el proteccionismo y la apertura global hay grados intermedios de apertura regional, y que los micro-estados pueden confederarse (¿volver a formar Estados grandes?) y aplicar medidas proteccionistas a una escala análoga al escenario actual.

Pero no me parece que hayas demostrado una tendencia a la confederación o integración de micro-estados (en mi opinión obedece a un conjunto de factores que no producen necesariamente una tendencia u otra), y aún en el caso de que así fuera, esa tendencia (sujeta a la condición "ceteris paribus") también podría alterarse cambiando alguna de las variables (por ejemplo, fuerte sentimiento localista o preferencia por la descentralización como sucede con los suizos).

Dicho esto, un micro-estado, para mantener un nivel de vida alto, depende mucho más del comercio exterior que un Estado grande. El micro-estado puede decantarse por la apertura regional (y erigir aranceles más allá de esa región), pero también puede decantarse por la apertura global. Lo importante es que su condición de micro-estado lo empuja hacia "la apertura", y puede llevar el principio hasta sus últimas consecuencias si no encuentra razones para ser selectivo en esa apertura y discriminar en base a países y regiones. Eso explicaría por qué hoy los Estados pequeños son tan librecambistas cuando en realidad podrían asociarse a otro bloques proteccionistas regionales.

Argumentas que en el contexto actual los micro-estados son librecambistas porque ésa es su ventaja comparativa, pero creo que estás confundiendo cosas. La ventaja comparativa de los micro-estados (relacionada con el argumento de la competencia entre unidades políticas y el voto con los pies) es la baja fiscalidad, la ausencia de regulación, el secretismo bancario etc. El libre comercio es una política que beneficia a la población del micro-estado en la medida en que se practica, pero no supone una ventaja comparativa con respecto a otros Estados (las empresas, ciudadanos con capital etc. se establecen en el micro-estado porque tributan menos, no porque no haya aranceles).

Míralo desde otro ángulo: en defensa del libre comercio los liberales solemos reducir al absurdo los argumentos proteccionistas, describiendo la autarquía en el ámbito familiar, vecinal etc. El desmembramiento de un Estado grande en cien micro-estados ilustra ese mismo argumento, es la reducción al absurdo de la tesis proteccionista en el mundo real. En otras palabras, el error intelectual del proteccionismo queda más expuesto porque los ciudadanos del micro-estado ven más claramente que antes que necesitan comerciar más con el exterior.

Un saludo

Joaquín

Hola, Albert:

Esta será mi última respuesta pues me voy de periplo y desconecto. Gracias por contraargumentarme. Resumo:

1. Cierto que no he demostrado una tendencia (necesaria) de los microestados a confederarse, pero sí señalo que uno de los incentivos es el de que a sus coactivos dirigentes tienen una ventaja de incremento de su poder en la unión con otros. Ese incentivo actúa en contra del incentivo a la apertura comercial. Precisamente acudes al argumento de que puede haber un sentimiento político de la población porque, como digo en el artículo es precisamente el componente ideológico más activo y determinante en una población (a largo plazo) y en sus líderes (a corto) lo que es decisivo independientemente del tamaño del estado.

2. Cierto también que hay que separar librecambismo de competencia fiscal. El librecambismo, matizando mi afirmación, es tanto una ventaja comparativa como una “igualación comparativa” con los estados grandes vecinos más prósperos. Pero eso ocurre siempre que sea percibido así por la población y por las élites. La auténtica ventaja comparativa es la de la competencia fiscal. Sobre eso, cuestiono también la tesis de que los microestados son mejor que los macro debido a que tienden necesariamente a la disparidad fiscal y, por tanto a permitir una competencia a la baja con posibilidad de voto con los pies (aplicable al actual estado de las autonomías). Entre los incentivos de la confederación regional está precisamente el de que con la armonización fiscal, con el intervencionismo protector y con el belicismo logran incrementar su poder enormemente y en un plazo más visiblemente breve.

3. Todo ello tiene que ver con la naturaleza coactiva de los estados (micro incluidos). Si su fundamento es la coacción, ésta tiende a perpetuarse (vía ampliación del ámbito de poder hacia adentro y /o hacia afuera) sin que haya aspectos formales que, por sí mismos, les frene. Incidir en el tamaño del estado como mecanismo es, creo, un error, que sólo introduce confusión. Pedir, por ejemplo, que se descentralicen los impuestos en España es, como poco, irrelevante frente a una ofensiva ideológica a favor de su reducción drástica de los mismos en el ámbito que sea. El debate de la descentralización exige entrar a solapar los derechos del individuo con los de los territorios (que, por definición, no los tienen) y con los de las culturas (que tampoco). En el artículo “Barra libre contra el contribuyente”, Rallo toca esto y, de todo ello, me quedo con su crítica al gasto y al endeudamiento.
Un saludo

Joaquín

Estimado Albert:
No tomes lo anterior como un corte de la charla. Si quieres, podemos continuarla en el formato que veas mejor. Y si no, pues bien también.

© 2005-2010. Instituto Juan de Mariana. Todos los derechos reservados.