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Portada - Comentarios - Consume hasta morir (para vivir)

27/04/2006 - Francisco Capella

Consume hasta morir (para vivir)

Los activistas de la organización Consume hasta morir (un subgrupo de Ecologistas en acción) han producido un documental donde compendian todas sus machaconas críticas contra la sociedad moderna. Según ellos todas son de sentido común, lo cual revela su hipersensibilidad (léase histeria) ante temas banales, su debilidad argumentativa y su profunda ignorancia sobre casi todos los asuntos que tratan, ya que más bien constituye un compendio educativo sobre tópicos y falacias (hay muchos memes nocivos difíciles de erradicar), un lloriqueo intolerante muy propio de colectivistas metomentodo sin nada mejor que hacer (sobre todo nada realmente productivo y valioso para los demás); eso sí, con buen rollito y excelentes intenciones ya que se trata de salvar al mundo del mal destructivo que es la libertad humana encarnada en el capitalismo y el progreso tecnológico. Y para eso hay que sensibilizar y educar.

Dicen que todo falla respecto al consumo, que no es la solución sino un gran problema: es un sustitutivo del ocio (es que hay que pagar por todo, lo cual está mal, mejor que sea todo gratis, o divertirse sin comprar, qué horror que comprar sea entretenido); se usa para curar la depresión (de sentido común que esto no puede estar bien).

Los teléfonos móviles, al facilitar la comunicación, parece que hacen que la gente exija el contacto inmediato y que se enfade cuando alguna persona no tiene el móvil encendido; algo gravísimo que hay que denunciar y solucionar de inmediato.

Afirman que el nivel de vida de los países desarrollados es inviable, necesitaríamos varios planetas de materias primas (están allí, aunque un poco lejos y muy altos en el potencial gravitatorio y es caro llegar a ellos). Este rollo de las limitaciones físicas ya lo hemos oído antes (¿recuerdan los límites del crecimiento, de cuando el movimiento ecologista estaba en pañales?), parece que no aprenden: no entender la importancia de los derechos de propiedad, los precios y la empresarialidad tiene estas cosas. Nos estamos cargando el planeta y encima todo es muy injusto porque dejamos morir gente (ni una palabra contra los tiranos que oprimen y matan a esa gente) y hay grandes y crecientes diferencias entre el Norte y el Sur (lo de las crecientes diferencias es mentira, pero es que el rigor metodológico no es su fuerte).

Nos damos cuenta de que el consumo no nos hace felices. ¿Quién será ese nosotros al que se refieren? ¿Han preguntado a todo el mundo? ¿Por qué la gente sigue entonces consumiendo y cada vez más y mejor? ¿Cuál es la alternativa para ser feliz? ¿Entiende mucha gente el sentido biológico evolutivo de la felicidad? Te compras un coche y a los dos meses quieres otro mejor: no sé si algo tan patético le pasará a mucha gente, pero al menos ilustra la infinitud de los deseos humanos (o sea, que siempre habrá trabajo ilimitado para todos).

Les parece excesiva la presión publicitaria, que con cierta incoherencia consideran inútil y manipuladora, generadora de necesidades superfluas y caprichosas ¿En qué inmutable tabla de la ley está escrito lo que es necesario y lo que no? ¿Por qué no viven ellos a base de pan y agua? ¿No será que intentan imponer a los demás sus austeras preferencias particulares disfrazadas de normas morales absolutas y universales? Dicen que sólo se publicita lo innecesario (yo recuerdo bastante publicidad de cosas esenciales, como el papel higiénico) metiéndolo por los ojos: su sistema cognitivo debe de estar sobrecargadísimo, lo cual les disculparía; podrían aprender a ignorar algunos mensajes (que además seguramente no van dirigidos a ellos) con aquello de que me entra por un oído y me sale por el otro.

Parece que los medios de comunicación privados dependen de la publicidad y fomentan la ideología del consumismo para mantener contentos a sus anunciantes (y se atreven a colocar publicidad encubierta en las series de televisión, qué horror). Tal vez sea mejor promover los medios públicos, que con el dinero confiscado a los contribuyentes mantienen cómodamente ociosos a hordas de sindicalistas encargados de transmitir consignas políticas y adoctrinar a la sociedad acumulando ingentes pérdidas año tras año. ¿Y por qué será que las televisiones públicas tienen la misma publicidad que las privadas?

La televisión es muy fácil de ver (lo cual debe ser malísimo, sería mejor que supusiera un gran esfuerzo) y además mientras tanto dejas de hacer otras cosas (albricias, comprenden el coste de oportunidad; aunque se puede comer mientras se ve la televisión, pero eso sería consumir aún más). Parece que la caja tonta provoca la pérdida de la capacidad de la relación social; lo dicen en serio.

Aseguran que la sociedad (ese ente abstracto del cual se abusa tanto) exige un cuerpo hermoso (¿no será que la gente suele preferir la belleza?) y que la autoestima por el propio cuerpo ha caído. ¿La han medido? ¿Desde cuándo? ¿No estarán proyectando sus propios problemas? ¿Entienden el fenómeno biológico de la selección sexual?

Resulta que Coca Cola ha sido acusada de prácticas monopolísticas incluso por la propia Pepsi (que naturalmente lo ha hecho por justicia, no por tener ningún interés particular en el asunto). A dónde vamos a llegar: los menos competitivos recurriendo a la coacción política legal para fastidiar a los dominantes. Y encima Coca Cola es un símbolo de la globalización. Era mejor antes, con las banderas nacionales (a menudo acompañadas de cruces y medias lunas) como estandartes de los ejércitos en el campo de batalla.

Para dar prestigio intelectual al documental recurren a declaraciones de adolescentes que afirman que tener unas Nike es prueba de éxito social (e incluso demuestra que se es un gran deportista).

¿Por qué será que siempre se refieren a la gente en abstracto, sin mencionar a nadie en concreto? ¿Se avergüenzan de reconocer sus propias miserias o no se atreven a enfrentarse a personas específicas que puedan ridiculizar sus afirmaciones?

Y esto no es todo, lo mejor es ver el documental (aunque tal vez sea consumo superfluo).

Lamentablemente este artículo no ha sido patrocinado por ninguna firma comercial, y ninguna de las marcas mencionadas en él me ha pagado nada por ello.

 

Opinión de los lectores

Isidro

Al recio señor Don Francisco Capella le hemos puesto en nuestra página web consumehastamorir.com, a partir de ahora le tendremos devoción santa, pero eso sí, muy liberal, porque ha demostrado que su pensamiento castellano es de lo más molón.

Fernando Díaz Villanueva

Paco... ¡¡¡te ha llamado castellano!!!

Por cierto, Isidro, ya estás desconectándote, apagando el ordenata y la luz. ¿No ves que estás fomentando el consumismo superfluo?

¡Ah! No olvides encender el candil.

Fran

Hola amigos, pues yo también he pensado apagar el ordenador ahora, porque tras leer algunas líneas de esta artículo, seguir me parece consumo superfluo.

Dani

La libertad humana encarnada en el capitalismo y el progreso tecnológico... ejem... ¿libertad?? La libertad, según la definición que me han dado en mi colegio, colegio católico, es la capacidad entre elegir entre diversas cosas, el bien. Eso porque el bien es propio en el ser humano y solo él lo puede liberar realmente... de modo que eligiendo vicios, no haría más que encadenarse con cadenas mundanas y condenarse eternamente. Bien... muy bien... justamente el capitalismo no es elegir EL BIEN... sino elegir un BIEN FALSO, basado en un mero interes individualista... eso el capitalismo contemporáneo, quizás, en sus bases, tanto el capitalismo como el comunismo, se pueden fusionar... dejando de lado las contradicciones, se pueden unir en un solo sistema que vele por la libertad de todos... no solo de aquellos que tiene bienes para comprarla (¡Comprar la libertad! ¿Hasta donde hemos llegado?) .

Con respecto a la tecnología, en sí, no es ni buena ni mala, pero el uso que se le da en la actualidad es el de reemplazar a las personas por fríos y grises!! y eso es libertad!!??

Con respecto al ocio, éste le permitió a los griegos llegar a un estado de Verdad, nunca más logrado... y hoy en día... el ocio, esa hermosa utilización de tiempo para entrar en contacto con la esencia de los seres, es reemplazado por un estúpido aparatejo que no hace otra cosa más que corromper nuestras cabezas.

Con respecto al consumo... no sé en que cabeza se puede concebir el hecho de que concumir desmedidamente nos hace felices!!?? El consumo no es otra cosa propia de una sociedad hedonista que b usca placeres efímeros en cualquier cosa!! La felicidad solo se haya en la trascendencia perfecta... llámese Dios o Cosita Abstracta... pero allí es dond edesemboca nuestra felicidad... y no en el hecho de comprar bienes absurdos e innecesarios y despilfarrar dinero qque nos sobra, cuando hay tanta gente que se muere de hambre.

Nuevamente recalco que èsto no es libertad... es una asquerosa cadena pestilente, adornads con florcitas de colores brillantes, que nos ata a éste maldito mundo y su condenada sociedad!!!

Disculpeme señor, pero éste gran texto me pareció un gran gasto de palabras y espacio...

Albert Esplugas

elegir un BIEN FALSO, basado en un mero interes individualista

comprar bienes absurdos e innecesarios

Dani, insistes en objetivizar tus subjetivos juicios de valor, pero lo que para ti es un bien “falso”, “efímero”, “absurdo”, “innecesario” no tiene por qué serlo también para mí. Capella simplemente afirma que la gente tiene derecho a alcanzar cualesquiera fines que tenga por valiosos, con independencia de cuál sea la causa de su valía. No somos átomos encerrados en una urna de cristal, continuamente recibimos inputs que nos influyen en múltiples grados y aspectos; la cuestión es por qué la valoraciones que en parte son resultado de la publicidad, la televisión etc. son valoraciones menos legítimas que las tuyas, quizás fruto de otro tipo de inputs. La idea que subyace tras la crítica de Capella no es que los individuos son “libres” en el sentido de que toman las decisiones de forma aislada, sin atender a influencias externas, sino que tienen derecho a perseguir pacíficamente los fines que valoran, sean estos cuales sean, sin interferencias violentas por parte de terceros.

Un saludo

Francisco Moreno

Con permiso de Isidro, Fran y Dani, he de decir que el artículo de Francisco Capella es francamente bueno, además de divertido por sus provocativas ironías (Isidro, Fran y Dani, habéis entrado al trapo sin reparar en lo más importante que, a mi juicio ha mencionado el artículo: que no se acaba de entender “la importancia de los derechos de propiedad, los precios y la empresarialidad” y que, por tanto (añado yo), los pesimistas neo-malthusianos, los enemigos del consumo, los agoreros de los límites físicos de los recursos naturales desconocen estos fundamentales conceptos del pensamiento económico y que, por ello, acarrea conclusiones erróneas como las vuestras, dicho con todos mis respetos).

Es muy recomendable en este sentido leer el interesantísimo artículo en esta misma web de José Carlos Rodríguez, Abundancia sin límites (http://www.juandemariana.org/articulo/96/). La riqueza no está condicionada por las limitaciones físicas de los recursos y que ésta aumenta con el ingenio humano y el conocimiento que, en principio, es ilimitado (¿es tan difícil entender esta evidencia?).

Dani, mencionas en tu comentario que “justamente el capitalismo no es elegir EL BIEN... sino elegir un BIEN FALSO, basado en un mero interés individualista...”
Ante estas afirmaciones falsas para mí tengo que responder que el ser humano siempre elige, en cualquier circunstancia, lo que entiende (subjetivamente) que le es más ventajoso o satisfactorio y que es el maltratado capitalismo el que más y mejores elecciones ofrece al ser humano. ¿Por qué ese perpetuo denostar al sistema que más ofrece? ¿por qué es elegir, como sentencias, un bien falso si hay en la paleta una miríada de posibles elecciones que nos puede constantemente llevar de un estado menos satisfactorio a un estado más satisfactorio? (atención: no confundir satisfactorio con feliz. Recomendable leer, por cierto, el artículo de Jorge Valín Felicidad y Liberalismo (http://www.juandemariana.org/comentario/474/). Además por qué crees que todas las personas tienden al consumo (no importando su cultura o su procedencia) ¿es que estamos todos tontos o qué nos pasa? No será que antropológicamente somos todos los humanos seres con ese “defectillo” de consumir y que te parece tan horrendo. Seguro que eres un ser consumista y no por ello te pierdo el respeto.
Hay más, ¿por qué ese desprecio por el “mero interés individualista”? Ponte que cenas una salchica con cerveza ¿es por la solidaridad del carnicero, panadero, cervecero por la que consigues cenar esa noche o es gracias a que el carnicero, panadero, cervecero ha buscado su mero interés individualista por el que puedes cenar? No desprecies el mero interés individualista de las personas, es muy fructífero (sobre todo si se deja al personal en libertad). Seguro que tienes, Dani, meros intereses individualistas y no por ello te despreciaré (siempre que respetes los derechos de los demás); es más, si por ese interés individualista tuyo consiguieras, además, colocar exitosamente en el mercado un bien o un servicio te lo consumiré si me parece subjetivamente beneficioso y te haré rico junto a otros muchos consumidores con preferencias similares a la mía. Si no te ves capaz de colocar esto en el mercado, deja, por favor, que otros lo hagan y deja, otra vez por favor, que lo consumamos o no.
Por cierto, te ruego que hables con cualquier anciana de la generación de nuestras abuelas y pregúntale qué le parece el invento capitalista de la lavadora, el frigorífico, el horno, los pañales desechables, los supermercados, etc. y que te cuente cómo faneaba sin descanso en los quehaceres domésticos y se dejaban la piel sin estos consumos “horrendos”, tal vez entonces empieces a entender un poco el artículo de Francisco y dejes de pensar tan mal en este mundo consumista.


Tu texto no me pareció “un gran gasto de palabras y espacio” sino una interesante aportación que he creído oportuno contestar por contener alguna que otra afirmación que entendía equivocada.

juan

No se trata ni de volver a las cavernas, como algunos irónicamente insinuan, ni de abandonarse al consumismo, porque no todo lo que trae el progreso sirve para algo.

Se trata de decidir de forma responsable. ¿Acaso tener la posibilidad de hacer algo significa que necesariamente debamos hacerlo? Mucha gente no decide porque implica pensar o, simplemente, porque no saben que hay más opción.

En cuanto a lo ilimitado de los recursos... si hablamos de entender ideas básicas, lo que se usa se gasta y hay que reponerlo y, por mucho que el ser humano crea que todo se adapta a su conveniencia, el planeta tiene su propio ritmo de regeneración y no va a correr más en nombre de la libertad humana. Por lo tanto, si los que pensamos somos los seres humanos, ¿no será mejor que nos adaptemos nosotros al ritmo de la tierra?

Francisco Moreno

Juan, debemos ser conscientes de que el homo sapiens es el único ser biológico de la tierra que no está adaptado a su entorno debido a sus meras aptitudes físicas. Si tuviéramos sólo que depender de ellas, hace ya tiempo que hubiésemos desaparecido como especie debido a las limitaciones físicas de nuestro cuerpo que nos hacen ineptos en comparación con todas las demás especies. Es nuestro cerebro el que nos ha permitido sobrevivir (no sólo eso, sino vivir para buena parte de la población humana terrestre consumiendo por encima de nuestra estricta supervivencia física).

Comentas que “...si los que pensamos somos los seres humanos, ¿no será mejor que nos adaptemos nosotros al ritmo de la tierra?” pero mucho me temo que tu bienintencionada reflexión, si la llevamos a sus últimas consecuencias, nos extinguiríamos sin más.

Más bien creo que como los que pensamos somos los seres humanos debemos aprovechar nuestra peculiaridad pensante para sobrevivir holgadamente. Esto sólo se consigue en la economía de mercado produciendo y consumiendo (e inversamente para compensarse, según la Ley de Say).

Y vuelvo de nuevo a resaltar la importancia de los conceptos económicos mencionados por Francisco Capella en su artículo inicial y que hace, una y otra vez, llevar a los ecologistas a planteamientos erróneos por su ignorancia de ellos: los derechos de propiedad, los precios y la empresarialidad.
  1. Los derechos de propiedad: permite la correcta valoración y aprovechamiento de activos, impulsa su eficiente gestión y, para los más emprendedores, favorece la creación de proyectos empresariales (ver reseña de “El misterio del Capital” de Hernando de Soto).
  2. Los precios: son los responsables del único mecanismo que informa, a través de millones de transacciones libremente consentidas a diario, de la mayor o menor escasez en cada momento de los bienes económicos (entre ellos los recursos). FYI: el impedir el libre desarrollo del mecanismo de los precios fue la verdadera razón del desmoronamiento e inviabilidad de las economías del bloque comunista del Este.
  3. La empresarialidad: es el buscar sagazmente, con la información de los precios, las oportunidades y consiguir introducir en el mercado el bien o servicio con el mejor ratio posible de calidad/precio de cada momento para su beneficio y, de paso, para beneficio de los que lo consumen. En relación con los recursos no tengo duda de que la empresarialidad del homo sapiens (si se deja libre) conseguirá nuevas explotaciones de los recursos que nos permitirán seguir viviendo pese a que algunos recursos actualmente conocidos se vayan “gastando” (más bien transformando, diría); ahí van unos ejemplos probables que se me ocurren al azar: fusión nuclear no contaminante, extracción de energía de la materia, de las tormentas, de las mareas, substrato marino, aleación de nuevos materiales, explotación de otros planetas… Esto puede sonar a ciencia ficción, pero dejemos verdaderamente libre el mecanismo de los precios actuar y, llegará a ser rentable (y posible) la explotación de estos recursos. Tendremos asegurado el consumo (pese a que a muchos parece que les moleste) y, por tanto, la supervivencia asegurada (como viene sucediendo con cada vez más millones de personas desde la Revolución industrial).
Esta libertad de precios, de la necesaria empresarialidad y la adecuada protección de la propiedad privada, sin absurdas intervenciones estatales innecesarias, es la mejor forma de hacernos responsables de nuestro propio destino (¡justo lo contrario de lo que proponen los ecologistas!).

Deja, por favor, a mucha gente decidir (libremente), pese a que esto implique “pensar o, simplemente, porque no saben que hay más opción” como comentas, ya que dejando a cada vez más gente libre en su elección de consumir lo que les plazca, se está colaborando, de este modo, a la formación de los precios, herramienta preciosa de los emprendedores (y tabla de salvación de nuestra especie).

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