
El ciclo vital de un organismo se corresponde con las distintas etapas relevantes por las que transcurre éste. A efectos del objeto de este estudio, aquel criterio por el que se valora si cada etapa es "significativa" se basa en sucesos financieros relevantes que marcan el desenvolvimiento económico de la persona (familia) en cada una de las fases. Aunque el origen de este término se encuentra en el ámbito de la biología, por su adaptabilidad, se ha extendido a múltiples ramas del saber, si bien nosotros haremos especial mención al significado que se le da en los círculos de la empresa.
La segmentación de la clientela, los estudios de mercado o la minería de datos son conceptos ampliamente extendidos en el entorno empresarial y académico. Sobre todo, en el ámbito de la Mercadotecnia (también conocida en inglés como marketing).
La capacidad o habilidad para detectar patrones de comportamiento en los distintos grupos sociales y así adecuar la oferta comercial a los posibles deseos de cada segmento se ha extendido merced al desarrollo exponencial de la potencia computacional y la proliferación de las tecnologías de información.
Si el marketing actual, de forma llana, hace énfasis en el deseo de adelantarse a los deseos de los consumidores, en ser excelentes en la oferta y en la atención a estos, parece lógico que las empresas no se conformen con una mera foto de cómo son sus clientes hoy –lo cual, ya de por sí, es tremendamente útil y muy difícil de calcular– sino que procurarán "saber" cuáles son tanto las necesidades presentes como aquellas que muy probablemente marcarán cada etapa relevante de su vida con el fin de presentarles en bandeja soluciones factibles.
Por consiguiente, uno de los grandes retos empresariales de los próximos tiempos será (y es), no sólo el de detectar una gama de patrones de comportamiento (análogos entre los miembros de cada grupo y dispares con los miembros de los demás grupos) de forma estática, sino el de recrear o "predecir" –si bien asumiendo las dificultades que ello acarrea– cómo es el ciclo de vida del individuo.
El ciclo de vida de un individuo, efectivamente, analiza el previsible comportamiento de grupos de personas parecidas entre sí en cada fase significativa de su vida conforme a unas variables (socioeconómicas, de estatus, transaccionales, etc.). En lo que respecta al objeto de nuestro análisis, prestaremos especial atención a una serie de eventos que, como veremos, marcan el ciclo financiero de los individuos: sus posiciones monetarias netas.
Así, el ciclo de vida de los individuos que vamos a glosar nos ilustrará acerca de qué comportamientos se repiten en mayor o menor grado en un "individuo frecuente" a lo largo de su existencia.
En el Gráfico 1 se muestra la posición monetaria neta de este "individuo medio" con un comportamiento financiero, grosso modo, relativamente frecuente en un país occidental avanzado. Suponemos que el gráfico refleja a familias de un nivel medio, constituidas por miembros adultos que han recibido formación universitaria y tienen hijos a los que procuran también ofrecer educación universitaria, postgrados, etc. En la línea de tiempo se observa que esta persona experimenta una serie de "eventos" relevantes a lo largo de su vida. Económicamente, para la familia que hemos dibujado aquí serán determinantes la constitución de una familia (matrimonio duradero e hijos) y la tenencia de una vivienda en propiedad. Estos hechos influirán sobremanera en su estatus financiero. Explicaremos brevemente por qué etapas atraviesa y cuáles de estos eventos marcan su devenir económico.
Gráfico 1.- El ciclo de vida en una "persona media" (casado/a con hijos)

Fuente: elaboración propia
Una primera fase de la vida de la persona se caracteriza por la dependencia económica de sus padres. Inicialmente, realiza sus estudios primarios, secundarios y de bachillerato; en algunos casos –en España, esto es menos común–, consigue un trabajo a tiempo parcial no cualificado para costearse su ocio o aligerar a la familia de ciertas cargas económicas; y, finalmente, acude a la universidad. En definitiva, dado que no genera recursos, en esta época su posición neta tiende a ser nula o ligeramente positiva (si compatibiliza estudios con un trabajo menor o consigue ahorrar de la asignación económica proveniente de su familia).
La segunda fase es la de la emancipación: por la vía de los recursos, encuentra su primer empleo prometedor, serio; a éste le seguirán, ora promociones internas, ora nuevos trabajos conseguidos tras adquirir más formación y experiencia, de manera que desempañará profesiones con cada vez mayores responsabilidades y mejores remuneraciones. Asimismo, forma un hogar: se casa o empareja, se compra una casa, tiene hijos; más adelante, paga la educación de sus vástagos; renueva su coche; adquiere un seguro médico, etc. En resumen, todos estos años están muy cargados de gastos, eso sí, coincidiendo con fuertes incrementos salariales y una posición laboral consolidada.
Hemos de referirnos a esta fase con gran énfasis por ser la clave en el devenir económico de la familia que estamos retratando. Ante todo, se ha de puntualizar el hecho de que el Gráfico 1 está mostrando posiciones monetarias de su tesorería. Esto es, no está reflejando cómo crece su patrimonio, por ejemplo, inmobiliario. Se muestra en este cuadro, por tanto, su posición deudora por la hipoteca, así como el fin de pago de la misma, pero no el patrimonio que ha constituido, en forma de bien inmueble, en el transcurso de dichos años. Pese a que existe un préstamo a largo plazo (pasivo), la familia, a la postre, contará con un activo (su hogar). Si bien esto es así, no es menos cierto que esta fase es la más determinante, para bien o para mal, para conformar un futuro familiar solvente al tratarse de la época en que más expuesto se está económicamente (más deudas), con unos compromisos económicos muy recurrentes y fuertes.
La sociedad de propietarios, como veremos, se centrará en disminuir (o racionalizar) la exposición al riesgo en esta época así como en la habilidad para constituir un patrimonio (la compra del hogar empieza ya a serlo) para poder tomar decisiones en el presente con mayor libertad y abrazar el futuro con mayor optimismo y suficiencia económica merced a la obtención de significativas rentas no asociadas al salario.
Sin hijos en casa, sin tantas cargas familiares y con buenos salarios o buenos rendimientos del capital, el individuo entra en la tercera fase que hemos planteado. Su posición monetaria neta pasa a ser positiva. La casa en propiedad está amortizada y, por arrostrar menores gastos, su capacidad de ahorro se renueva con energías. Ahorra e invierte más, emplea su dinero sobrante seguramente en más ocio o vida familiar.
La etapa postrera que describimos aquí coincide con el retiro laboral del individuo. Las posiciones que la familia tenía colocadas empiezan paulatinamente a deshacerse para pasar a emplearse directamente como gasto. Todo lo bueno que se haya hecho antes se va a disfrutar con más intensidad en este periodo de la vida.
El ciclo representado aquí no es generalizable; cada caso es muy particular y no es propósito de este trabajo discutir toda la gama de ciclos que pueden darse. Cada persona puede especular, según su situación, cómo pueden ser su línea de tiempo y los eventos más relevantes por los que ha pasado o desea pasar en cada etapa relevante. Se podrían (también lo hacen la instituciones empresariales) retratar líneas de eventos que correspondiesen con personas divorciadas, casadas en segundas nupcias, solteros, etc. El empleo de este gráfico en concreto se justifica por su claridad, facilidad de comprensión (gracias a la generalidad) y por su capacidad explicativa de cara a los propósitos de este estudio.
Como recalca el economista Antal E. Fekete[1], el individuo transcurre por distintas etapas de su vida haciendo un uso más o menos intensivo de su flujo de rentas salariales a la vez que va acumulando/desacumulando patrimonio.
En su adolescencia, vive de la renta de su familia o de la que genera él mismo trabajando (generalmente con trabajos poco remunerados y poco cualificados); cuando se ha formado y se independiza, se va convirtiendo en excedentario en rentas, habitualmente vinculadas a la remuneración por su trabajo, con lo que, al tiempo, procura ir construyendo su riqueza. Llegados a la vejez, empieza a deshacer estas posiciones para transformar su patrimonio en rentas.
No voy a detenerme en dar una férrea definición dogmática de la distinción entre riqueza (o patrimonio) y renta. Baste con decir que existe una necesidad inexorable, superada únicamente por la necesidad de alimento y cobijo, que lleva al hombre a convertir la renta en patrimonio para, más adelante, cuando ha pasado la flor de su vida, poder convertir de nuevo su patrimonio en renta.
Antal E. Fekete, en A short course on capital formation, Wither Gold?, 1989
Como veremos, Antal Fekete despliega esta argumentación para dar pábulo a su teoría sobre la producción capitalista. Sin embargo, sacamos a colación ahora esta cita de Fekete para hacer énfasis en dos elementos fundamentales en torno a los que gira la sociedad de propietarios aquí defendida. La necesidad inherente al ser humano y a su naturaleza de generar renta y acumular riqueza o patrimonio a lo largo de su vida. No en vano, las sociedades más avanzadas lo son por la mayor acumulación de capital que han alcanzado sus miembros. Y, en segundo lugar, de la relación entre renta salarial y patrimonio acumulado, obtenemos la exposición financiera que tiene un individuo a las adversidades financieras en cada etapa de su vida.
Como es lógico, el momento más delicado para el hombre medio que venimos dibujando se encuentra en la época de emancipación, constitución de una familia, compra de una vivienda e hijos (fase II del Gráfico 2), si bien es cierto que a partir de dicho momento es cuando la columna de activos de la familia empieza a conformarse. Estamos considerando el caso común en que esta persona no cuente ya con un patrimonio heredado sustancioso.
Gráfico 2.- Consumo y generación de rentas salariales, construcción y consumo de patrimonio en el ciclo de vida

Fuente: elaboración propia
El Gráfico 2 muestra las mismas fases del ciclo de vida relacionando la constitución del patrimonio con la posición monetaria neta de la familia. Así pues, la primera fase (niñez y adolescencia), según lo visto hasta ahora, corresponde con épocas en que se consumen principalmente rentas familiares de los padres (en algún caso, los jóvenes realizan alguna labor profesional menor que les reporta rentas propias, aunque en España no es lo más frecuente). En la segunda etapa, se generan rentas ligadas al trabajo y se empieza a constituir patrimonio. La tercera fase es parecida a la anterior, aunque con una riqueza mucho más asentada: las rentas son elevadas por la posición adquirida durante toda su vida laboral y la capacidad de ahorro e inversión se incrementa al tener menos adeudos unido a fuertes rentas. Al final de esta etapa (coincidiendo con la jubilación) y en toda la cuarta, el patrimonio tiende a liquidarse paulatinamente para consumir una mayor proporción de renta proveniente del mismo y ya no del trabajo.
El gráfico de nuestro "hombre medio" refleja que la segunda fase, que como ya hemos mencionado, es la más crítica, será la clave en la construcción de un patrimonio creciente. Si la familia o individuo parte de un patrimonio cercano a cero, esta fase, caracterizada por los fuertes desembolsos económicos y el endeudamiento financiero (sobre todo, esto último derivado de la compra del hogar), será crucial en el éxito o el fracaso de un proyecto personal de ahorro, inversión, constitución de riqueza y consumo futuro de la misma.
Ya dijimos que uno de los eventos fundamentales que le suceden a este individuo en la segunda fase es la compra del hogar. La exposición económica a partir de ese momento es considerable hasta que se amortiza gran parte de la hipoteca, pero, al mismo tiempo, está constituyendo un patrimonio partiendo de ese mismo bien inmobiliario; es decir, su endeudamiento no está compuesto por préstamos al consumo para gasto suntuario, sino que detrás de éste hay un activo inmobiliario que tiende a mantener o elevar su valor en el tiempo.
La mayoría de los años que corresponden con esta segunda fase se distingue porque las familias están generando rentas asociadas al trabajo, su endeudamiento es elevado y, pasito a pasito, empiezan a construir su patrimonio. El primer riesgo se encuentra, en los primeros momentos, en que la familia se halla con un endeudamiento muy superior al patrimonio -no hipotecado- acumulado hasta la fecha (véase el ejemplo en el Gráfico 2).
El segundo riesgo viene de que las rentas con las que responden al servicio de la deuda están principalmente ligadas al trabajo. Así, poniéndonos en el peor de los casos, cualquier contratiempo -el despido de uno de los cónyuges, subidas de tipos de interés, etc.- podría provocar la quiebra familiar, viéndose obligados a liquidar el patrimonio acumulado hasta el momento (la casa más algún activo financiero), probablemente, teniendo que deshacerse de ello por un precio inferior al de mercado al venderlo con urgencia. La familia podría llegar así a perder casi todo el patrimonio ya acumulado.
El desarrollo de estas oportunidades va a ser la tarea principal a la que este estudio se encomienda. Avanzamos que la sociedad de propietarios hace hincapié en la obtención de una proporción cada vez mayor de recursos económicos que no estén ligados al trabajo, para lo cual las rentas que sí proceden del trabajo se deben gestionar correctamente y no derrochar absurdamente. Actuando de esta manera, alcanzamos independencia financiera frente a terceros, no hemos de tomar medidas apresuradas en momentos de crisis, podemos abandonar nuestro trabajo habitual logrando rentas patrimoniales (o pasivas) a una edad más temprana a la jubilación oficial, podemos intercambiar trabajo por ocio o vida familiar o dedicarnos en mayor medida a aquel desempeño profesional que más nos enorgullece. La ausencia de ahorro desde edades tempranas, los gastos por encima de las posibilidades, la fiscalidad confiscatoria, las regulaciones que impiden la movilidad social, los servicios públicos de pobre calidad que han de costearse por segunda vez vía privada, el endeudamiento excesivo o la falta de cultura financiera, en general, son algunos de los males endémicos que arrastran los individuos en las sociedades actuales, incluso, las más avanzadas.
En todo ello ahondaremos profusamente en el presente estudio.