
El ganador del primer Premio Juan de Mariana al Mejor Proyecto/Trabajo Liberal de Fin de Carrera ha sido Albert Esplugas Boter, por el trabajo titulado "La comunicación en una sociedad libre". Este es el resumen del mismo:
En este trabajo esbozaremos los fundamentos de una sociedad libre basada en la propiedad privada y las relaciones voluntarias y enjuiciaremos la intervención del Estado en todas las parcelas relacionadas con la comunicación. La finalidad del estudio no es proponer políticas concretas ni hacer un examen pormenorizado de la situación de la comunicación audiovisual y el periodismo en España, sino oponer al statu quo comunicativo un escenario teórico no intervenido, habiendo expuesto previamente los principios sobre los que se asienta una sociedad libre. Haciendo uso de argumentos éticos y económicos se describirá el modelo ideal al que habría que tender y se criticarán aquellas acciones estatales que interfieren en las acciones de los individuos y apartan la realidad vigente del modelo expuesto. De este modo el estudio será también una suerte de "manual" sobre la libertad de expresión y las comunicaciones en general desde una perspectiva ética liberal, una guía que compendiará dónde y en qué medida la situación actual no se corresponde con los principios rectores de una sociedad libre.
Se recurrirá a la historia y a la actualidad del sector únicamente para ilustrar la teoría y para ir orientándola hacia puntos de interés. La teoría en el ámbito de las ciencias sociales es necesaria para interpretar la realidad, y en este trabajo nos proponemos ofrecer las herramientas teoréticas y los argumentos para interpretar y juzgar la realidad del panorama audiovisual y periodístico desde una óptica distinta a la estatista predominante. Nos proponemos presentar una visión alternativa, diferente de la versión "oficial" pregonada tanto por la derecha como por la izquierda.
Es preciso que el lector ponga en suspenso sus ideas preconcebidas en relación con términos como "liberal", "liberalismo", "mercado", "capital", "empresas", "consumo" o "economía". Si queremos que la discusión sea sustancial y no meramente semántica los interlocutores debemos asociar el mismo significado a las mismas palabras. El lector tiene que procurar comprender lo que intentamos transmitir más que asociar a un determinado concepto las ideas que éste le sugieren, de lo contrario puede verse criticando lo que él entiende por liberalismo y no lo que nosotros entendemos por liberalismo, y habremos caído en un diálogo de sordos del todo fútil.
En esta línea es conveniente no intentar ubicar las distintas posturas expresadas a lo largo del trabajo en el clásico eje izquierda-derecha. El liberalismo se resiste a tan estrecha clasificación, que por otro lado no está claramente definida (¿qué es la izquierda? ¿qué defiende la derecha?) y sólo contribuye a oscurecer el debate. Tanto la izquierda como la derecha (en su sentido contemporáneo) beben en algunos aspectos de la tradición liberal, por lo que no es extraño encontrarse a veces con posturas liberales que uno ubicaría en puntos opuestos de este eje.
En el primer capítulo, "El liberalismo: la ética de la acción humana", explicaremos en qué consiste la filosofía política y la ética social liberal. Se presentará la ética de la libertad como la única acorde con la naturaleza actuante del hombre y se defenderá asimismo desde postulados utilitaristas, esbozando el carácter voluntario y productivo del mercado y la esencia coactiva y distorsionadora de la intervención del Estado en la sociedad.
En el segundo capítulo, "Libertad, poder y autonomía", se responderá a los críticos que conciben las relaciones económicas y las desigualdades jerárquicas como fórmulas de dominación y de poder coactivo, concluyendo que sólo el Estado invade derechos individuales intentando dirigir una evolución que debiera ser espontánea. También argüiremos que la publicidad no condiciona o determina las acciones de los individuos. La publicidad influye, y no cabe considerar "artificiales" o "falsas" las valoraciones subjetivas fruto de influencias externas en un entorno social.
En el tercero capítulo, "La libertad de expresión como derecho de propiedad", el derecho a la libertad de expresión se definirá como una manifestación del derecho de propiedad más general que cada individuo tiene sobre su persona y sus posesiones, e impugnaremos la legitimidad del derecho a la información, de la cláusula de conciencia y del derecho de rectificación, por entender que restringen el derecho a expresarse en libertad. Asimismo, argumentaremos en contra del derecho al honor, y parcialmente contra el derecho a la intimidad y a la propia imagen. Rechazaremos toda regulación orientada a fiscalizar los contenidos en el sector audiovisual y periodístico, ya sea bajo la rúbrica de la protección del menor, ya sea bajo la rúbrica de la tolerancia y el respeto hacia las sensibilidades ajenas. Defenderemos la legitimidad (que no la moralidad) del chantaje, del boicot y de la apología de la violencia. El límite se situará en los derechos de los demás sobre su persona y sus bienes, no en sus respectivas sensibilidades. Por otro lado en el mercado se generan suficientes incentivos para la estandarización de prácticas valoradas por los consumidores.
En el cuarto capítulo, "Derechos de autor o propiedad sobre las ideas", argumentaremos en contra de los copyright o derechos de autor, por constituir monopolios legales sobre bienes no escasos y violar los derechos de propiedad sobre bienes tangibles. También se cuestionará su relevancia como fuente de incentivos para la creación artística, y se explorarán alternativas de mercado para hacer frente al problema de las copias indiscriminadas.
En el quinto capítulo, "Proteccionismo cultural", se criticará el concepto de "bien público", empleado con frecuencia para justificar la intervención del Estado en la cultura. Tacharemos de ilegítimo el afán constructivista de moldear la cultura al servicio de grupos de interés y del Estado-nación, en lugar de separarla del Estado y dejar que se desarrolle espontáneamente. Abogaremos por el cese de todas las ayudas gubernamentales (subvenciones, cuotas de pantalla etc.) a la cinematografía y a otras actividades artísticas, así como por el cierre o la privatización de todos los medios de comunicación públicos.
En el sexto capítulo, "El espectro radioeléctrico y el régimen de licencias", defenderemos la privatización del espectro radioeléctrico y la supresión de las barreras de entrada en el sector, que sirven a intereses políticos y favorecen a las empresas establecidas a expensas de otras empresas y de los consumidores.
En el séptimo capítulo, "Internet nacionalizada: neutralidad en la red", acometeremos contra la neutralidad en la red argumentando en favor de una Internet en la que los propietarios de las redes puedan atender las distintas necesidades de los usuarios prestando servicios diferenciados y discriminando en precios.
Quizás haya quien se pregunte si lo que pretendemos en realidad con este trabajo es hacer una guía liberal sobre la comunicación o más bien una guía políticamente incorrecta sobre la comunicación, intentando polemizar defendiendo lo indefendible. Lo cierto es, sin embargo, que esta percepción sólo ilustra hasta qué punto el statu quo se aparta del modelo liberal y hasta qué punto defender las implicaciones lógicas de la ética de la libertad se ha vuelto políticamente incorrecto.
Aunque en la edición de 2007 las bases cambiarán, quienes quieran empezar a preparar su trabajo pueden emplear las de 2006 como guía:
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