
Gabriel Calzada contesta al artículo de El País explicando qué es en realidad el Instituto Juan de Mariana, cómo se financia y cuáles son sus objetivos, despreciando el intento del diario por hacerlo culpable "por asociación".
Existe una clase social que vive de las subvenciones y los privilegios, de modo que cuando existe una institución que intenta eliminar todo esto, sin duda molesta a alguien.
Lysenko declaró que la teoría genética era una teoría burguesa y que en un país comunista no tenía por qué funcionar. Elaboró unas leyes genéticas que supuestamente atendían las necesidades de la clase obrera, imponiendo Stalin esas ideas en la agricultura soviética, con el resultado de que al año siguiente hubo una de las mayores hambrunas de la URSS. Por eso resulta especialmente curioso que se acuse al Instituto, que lo que quiere precisamente es que no se imponga nada en nombre de la ciencia.
La entrevista termina con el comentario de Gabriel deseando que, tras semejante publicidad, las petroleras al fin se decidan a dar al Instituto algo de dinero.
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