El mito de la mejor forma de gobierno
¿Cuál es la mejor forma de gobierno? Casi nunca nos detenemos a pensar en esta pregunta. Por defecto, damos por hecho que la democracia es la única digna de defenderse frente a las demás: es el sistema en el que todos tenemos voto, donde cada uno se siente reconocido.
Entonces, ¿la democracia es realmente la mejor forma de gobierno?
A primera vista, parece que sí. Permite que incluso el más marginado tenga voz, lo cual puede verse como un gran incentivo. Sin embargo, al mirar más de cerca, descubrimos que este modelo simplemente no funciona como creemos.
La realidad es que, a la democracia la podemos definir como nos lo explica Ludwig Von Mises: “un medio político que busca alcanzar la paz interior y la libertad, así como también un método de prevención pacífica para ajustar el gobierno a la voluntad de la mayoría, y evitar que los cambios en la opinión pública desemboquen en guerras civiles o revoluciones[1]”.
En su totalidad, como un foco de exposiciones estatales, es decir una caverna en donde habita la ignorancia y las opiniones no son cuestionadas sino aceptadas sin siquiera planteárselas[2]. Es fácil en esta circunstancia para cualquier partido político encasillarse y encontrar plena comodidad, esto porque incluso las mayores de las dictaduras han llegado democráticamente al poder[3].
Y no, esto no se trata de justificar actos antidemocráticos, pero si buscar hacer plantear al lector como pudieron haber sucedido, en primer lugar y lo más importante: ¿de qué forma ganan las elecciones los partidos dentro de los gobiernos democráticos? Pues bajo el voto de la mayoría y para haber votado has de haberte planteado como mínimo las razones más básicas y por lógica todo aquello que no es de tu completo entendimiento. Lo grave no es ignorar, sino no intentar comprender.
Crítica a la democracia como mayoría
Si dentro de una nación residen los individuos Y, X y Z y dos de ellos votan por una misma opción significa que será esa la ganadora, resulta que en términos reales, esto equivale a decir que, si de un 100% de ciudadanos apenas un 51% vota por una opción, esa imposición causante por ser una decisión mayoritaria, deja fuera al 49% restante. Uno de los mayores defectos de la regla de la mayoría es el hecho de creer que porque, justamente una “mayoría” lo piensa está bien, lo cual es contradictorio con lo que realmente busca la democracia, porque eso significa que no toda opinión será igualada realmente.
La democracia cree poder basarse en la soberanía popular, pero esta concepción ignora que todos los individuos son completamente diferentes, votando por necesidades distintas. Algunos apoyan cierta opción como medio para sus fines deseados, mientras otros buscan resultados completamente desiguales. Que la democracia nos imponga a todos una única solución solo porque una mayoría lo cree mejor suena a coacción.
Podemos aceptar que la democracia al ser una regla de la mayoría se vuelva método de decisión, pero esto no significa que se vuelva capaz de volverse un método determinante para tomar acción incluso sobre aquellos que no opinan de forma igual. El método democrático al buscar igualdad se vuelve no solo fallido, sino peligroso.
Riesgos de la democracia
No es ningún secreto que desde la antigua Atenas se nos ha venido advirtiendo un poco sobre el tema: aquella palabra que escuchamos por primera vez decir a los griegos llamada “demagogia” que proviene del griego dēmagōgía, la cual significa (“conducción del pueblo”) es un efecto posdemocrático –o al menos así lo vamos a observar desde el presente punto de vista–. En un estado democrático, el ciudadano posee el poder de decisión entre diversos candidatos, y el resultado electoral depende de la voluntad de la mayoría.
Por esta razón, un gobierno democrático debería mantenerse constantemente atento a la voz y al voto ciudadano. Sin embargo, esta misma característica democrática presenta una vulnerabilidad: todo demagogo o líder popular puede aprovecharse del sistema democrático que lo llevó al poder para poder transformarlo en una tiranía[4]. La tiranía como el gobierno de uno solo, que gobierna para satisfacer sus propias necesidades particulares; considerada como la peor forma de gobierno.
Visiones modernas
La crítica a la democracia no se limitó a los pensadores griegos. A lo largo de los siglos, diversos intelectuales como: Tocqueville, Bastiat, Mises, Hayek, Ortega y Gasset, Rothbard, Hoppe[5], entre otros, examinaron las imperfecciones presentadas en el sistema democrático, particularmente en la tendencia a popularizarse mediante la obsesión igualitaria.
Tocqueville, considerado uno de los mejores pensadores de la democracia contemporánea, presentó en su obra "Democracia en América" una visión altamente estudiada. Si bien reconocía que la democracia podía funcionar adecuadamente, advertía que su peor versión es precisamente aquella que opera de manera deficiente. Es importante aclarar que, aunque Tocqueville formula críticas al sistema democrático, también lo concibe como un proceso de formación para la opinión, es decir la democracia constituye en un método educativo más que un mecanismo determinante de decisiones.[6]
Recordemos que, lo que por hoy día es una opinión tonta y minoritaria, puede en un futuro, convertirse en la de la mayoría y son justamente las decisiones de esta mayoría lo que nos dicen que es lo que el pueblo quiere en determinado momento, pero no lo que le interesaría querer si estuviera mejor informado, y, a menos que tales decisiones pudieran modificarse mediante la persuasión, carecerían de valor. [7]
El demócrata dogmático actúa como el portador de la antorcha que alimenta la tiranía de la mayoría. Si como individuos no asumimos la responsabilidad humana de cuestionar incluso los aspectos más pequeños del sistema, ¿quién nos impedirá caer en la caverna platónica? La continua reflexión individual; cuestionarse y reflexionar combate la ignorancia que caracteriza al conformismo democrático.
Bibliografía
- Mises, L. von. (2011). Liberalismo: en la tradición clásica. Unión Editorial.
- Platón. (2000). La república (M. Fernández-Galiano, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada ca. 380 a. C.)
- Aristóteles. (1998). Política (M. García Valdés, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 350 a. C.)
- Hayek, F. A. (1990). Los fundamentos de la libertad. Alianza Editorial.
- Tocqueville, A. de. (2012). Democracy in America (E. Nolla, Ed.; J. T. Schleifer, Trad.). Liberty Fund.
- Fuente en línea: (Holocausto): United States Holocaust Memorial Museum. (s. f.). Hitler’s rise to power. [https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/timeline-event/holocaust/1933-1938/hitler-appointed-chancellor]
Notas
[1] Ludwig von Mises, Liberalismo: en la tradición clásica (Madrid: Unión Editorial, 2011), 61
[2] Platón, La República, Libro VII (514a–520a)
[3] Véase el caso de Adolf Hitler - Alemania (1933) Contexto: Los nazis obtuvieron el 37% en las elecciones de julio de 1932 y 43.9% en marzo de 1933.
[4] Aristóteles, Política, Libro IV, 1292ª
En las democracias los demagogos tienen mayor poder; pues, siendo el pueblo soberano en último término, y no siendo un individuo el que gobierna sino la mayoría, los demagogos halagan a la multitud y la llevan a ejercer la soberanía como si fueran un monarca, de manera que lo que prevalece no es la ley, sino la decisión de la mayoría. Y de esta manera, lo que en un principio era democracia, se convierte en tiranía del pueblo, bajo la guía de los demagogos.
[5] Platón: La República, Libro VIII. Aristóteles: Política, Libro IV. Tocqueville: La democracia en América (1835). Bastiat: La ley (1850). Ortega y Gasset: La rebelión de las masas (1930). Mises: Liberalismo (1927). Hayek: Los fundamentos de la libertad (1960). Rothbard: For a New Liberty (1973). Hoppe: Democracy: The God That Failed (2001).
[6] El académico Eduardo Nolla, constnatemente hace la importante mención sobre que Tocqueville critica pero también defiende la democracia y sus atributos, advierte que cuando se hacen mal las cosas puede acabar siendo el peor sistema.
[7] Friedrich A. Hayek, Los fundamentos de la libertad, 177.






