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Política

American Party, la aventura de Elon Musk en el juego de suma cero

07 Julio 2025

Una de las actividades más fascinantes hoy en día, es también una de las menos recomendables: seguir al detalle toda la información que rodea a la figura de Elon Musk. Simplemente leer sus declaraciones públicas supone varias horas a la semana. Seguir en detalle a sus empresas es un trabajo a tiempo completo. Y si se quiere profundizar más, habría que renunciar a realizar ninguna otra actividad diaria.

Es, por tanto, curioso que España esté repleta de personas con una opinión firme sobre Elon, con el único conocimiento que da leer titulares sobre el personaje. Es una mezcla del efecto Dunning-Kruger, en síndrome de Casandra y el desprecio al genio vivo. Por eso es importante divulgar en español sobre el que seguramente se va a convertir en el personaje más importante de nuestro siglo.

Peter Thiel sentó la base de cualquier debate serio cuando dijo:

Cuando Elon estaba construyendo Tesla y SpaceX en los 2000, la gente pensaba que estaba realmente, realmente loco. Si solo una de esas empresas hubiera tenido éxito, uno podría pensar que fue suerte. Pero cuando ambas logran un éxito extraordinario, y además eran consideradas completamente locas en los 2000, hay que reevaluar. Tal vez los demás somos demasiado reacios al riesgo, o hay algo sobre el riesgo que él entiende y nosotros no.

Cualquier persona con un conocimiento superficial de qué son hoy Tesla y SpaceX puede entender que esto es cierto. Pero en el momento en que profundices mínimamente en estas dos empresas, te das cuenta de la magnitud de lo que está intentando expresar Thiel.

Tesla empezó a producir coches cuando a lo máximo que podía aspirar los motores eléctricos en automoción era a prototipos feos y ridículamente lentos. Hoy no solo es la compañía que produce el modelo de coche más vendido en muchos países desarrollados, sino que ha conseguido algo que hace quince años hubiéramos considerado ciencia ficción: que sus coches se entreguen solos.

SpaceX juega en una liga aún mayor. De ser una compañía que provocaba la sonrisa en el sector aeroespacial en su intento de poner en órbita satélites prácticamente de juguete, a ser la responsable en 2023 del 84% de los lanzamientos espaciales en EE. UU. y del 80% de la masa total enviada a órbita a nivel mundial. Sus cohetes se pueden reutilizar hasta 29 veces, y su nueva generación de naves (starships) puede ser un antes y un después en la capacidad de nuestra civilización para establecernos fuera del pozo de gravedad al que llamamos planeta Tierra.

Pero si hay algo que a uno le queda claro cuando vas conociendo las empresas de Elon, es que lo bueno está por llegar. Una forma de hacerse una idea de esto es ver la presentación anual de otra de sus empresas: Neuralink. Si ver coches que conducen solos y cohetes como edificios aterrizando no es lo suficientemente impresionante, en esta pequeña empresa han conseguido algo que creo que todavía no somos capaces de asimilar.

Las manos del ser humano son fascinantes. Seguramente debamos ser la especie dominante a su capacidad de realizar multitud de acciones. Nuestra interacción con la tecnología siempre ha ido asociada a ellas. El operador de una excavadora usa sus manos para mover toneladas de tierra, lo mismo pasa con un cirujano, un programador, el operador de un dron o un chaval que se gana la vida jugando a videojuegos.

Lo que desveló Neuralink el otro día es que podemos prescindir de nuestras manos. Las personas que usan sus implantes pueden simular movimientos complejos de un mando de videoconsola simplemente con su mente. Y una vez igualada la capacidad del uso de nuestras manos, no está claro dónde puede estar el límite a nuestra capacidad de interactuar con la tecnología. Es un universo de posibilidades que surge por la actividad empresarial visionaria de Elon Musk.

Pero esta visión no surge de la nada. Elon tiene una obsesión que mueve toda su actividad empresarial: la supervivencia de la especie humana. Puede parecer grandilocuente y hasta divertido, pero alguien con su bagaje se ha ganado el derecho a que le tomen en serio en este tipo de cosas. Los coches eléctricos eran la forma de transformar la movilidad humana sin renunciar al crecimiento económico, la energía solar y el almacenamiento pueden suplir el resto de las necesidades energéticas. Llegar a Marte es el plan B de nuestra especie. El no poner todos los huevos en el mismo cesto llevado a su máxima expresión.

Con la pandemia y la inestabilidad que ha surgido de ella, su estrategia ha ido cambiando. Los planes a largo plazo no tienen sentido si todo se derrumba a corto plazo. Por eso la libertad de expresión y evitar la bancarrota de EE. UU han pasado a ser sus prioridades. De ahí su compra de Twitter, su alianza fallida con Trump y su nuevo proyecto sobre crear el American Party. Una plataforma que le permita tener la suficiente representación en las cámaras americanas para influir en los temas importantes.

El problema es que Elon es un experto, seguramente el mejor de nuestra especie, en jugar juegos de suma positiva. Sus empresas no solo dominan nichos de mercados, sino que los han creado en buena medida de la nada a base de creatividad y talento. Y la política es todo lo contrario; suma cero en estado puro, todo está inventado y se forja con la obediencia ciega.

Por otro lado, la tendencia de la derecha liberal de evitar los juegos de suma cero tampoco parece la mejor táctica. El mejor ejemplo de ello lo tenemos con la posibilidad de que un marxista llegue a la alcaldía de la ciudad que ha simbolizado el capitalismo. Habría que preguntarse de qué sirve construir grandes proyectos, si con el paso del tiempo van a caer en manos de los que no han construido nada.

Así que sí, estamos ante el proyecto más difícil de Elon Musk. Seguramente le veamos fracasar. Pero es algo que vale la pena intentar. Y, en última instancia, Elon siempre va a tener razón en algo: el resultado más entretenido es el más probable.

Instituto Juan de Mariana
Escrito por

Instituto Juan de Mariana

Editor de prensa y artículos

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