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Carta de un preso cubano

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Se corta de forma intermitente el servicio de telefonía móvil y de SMS. Las fuerzas del régimen llaman a los ciudadanos díscolos a sus casas para decirles "sabemos que ayer te conectaste con la IP equis a estas páginas…", la amenaza directa forma parte del sistema. Y, a pesar de todo, no lo logran. Los descontentos siguen encontrando maneras de convocar protestas e informarse sobre ellas y, además, contarle al resto de la humanidad lo que ocurre en la vieja Persia.

Twitter se convierte en un arma fundamental de la nueva revolución contra los teócratas. Y la empresa responsable de este servicio de micro-blogging se une a la revolución retrasando a la madrugada en Irán el corte del servicio previsto por motivos de mantenimiento para que no afecte de forma negativa a las protestas. Dicen que lo hace a instancias del Departamento de Estado de EEUU, pero es una empresa privada. Si no quiere, no tiene por qué obedecer. También aportan su grano de arena a la movilización internautas de todo el mundo.

Cuando los gobiernos democráticos se negaron a ayudar a quienes se alzaron contra el imperio soviético en Hungría en el 1956 y en Checoslovaquia en el 68, el mismo abandono al que sometieron a los estudiantes serbios que se enfrentaron pacíficamente a Milosevic durante unos meses del bienio 1996-1997, los ciudadanos occidentales no tenían medios para participar en el levantamiento contra los tiranos. Eso sin tener en cuenta que muchos periodistas e "intelectuales" tomaron partido contra quienes luchaban por la libertad. Algo, esto último, que también ocurre ahora.

Sin embargo, algunas cosas son diferentes. Internet, gracias al ingenio de quienes buscan vías para sortear el bloqueo al que les someten los teócratas, sirve para informar al mundo. Y también para formar parte de manera efectiva en las protestas. Pinchando en este enlace y manteniendo la ventana abierta se participa en un ataque de denegación de servicio contra las redes, webs oficiales incluidas, del régimen iraní. Así, entre otras cosas, se dificulta la labor de monitorización de las conexiones de los ciudadanos.

Las revoluciones de colores en la antigua URSS demostraron la utilidad de las nuevas tecnologías a la hora de enfrentarse a los gobiernos liberticidas. La marea verde iraní supone un nuevo paso en este terreno. La red moviliza, permite informar al mundo y, además, se convierte en un vehículo de colaboración para quienes, desde Madrid, Nueva York, El Cairo, Tel Aviv, Buenos Aires y cientos de ciudades más en todo el mundo, deciden aportar su grano de arena en ayuda de quienes se juegan el tipo frente a los tiranos.

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