Skip to content

¡Hipócritas!

Publicado en Libertad Digital

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Si a un señor que preside el parlamento de una unidad política fundamentada sobre la base de un Mercado Único no le parece obsceno que un gobierno nacional impida la libre circulación de capitales en su territorio y que, para más inri, lo haga para parar una operación de oferta pública de acciones concreta cambiando las reglas del juego a mitad de la partida, ¿qué demonios le merecerá el calificativo de obsceno? Definitivamente, este señor es tonto o cree que nos chupamos el dedo. Pero aunque la inteligencia no debe sobrarle, de tonto no tiene un pelo. Es un astuto intervencionista de la vieja guardia. Tan vieja que data del siglo XVII.

Su discurso es el raca-raca de mercantilistas franceses como Montchrétien, Vauban o Colbert. Estos venían a decir que "existen unos bienes estratégicos que quienes se han atrincherado en la butaca política deben proteger de su libre disposición por parte de sus legítimos dueños". Esta idea más bien ridícula la decoran con menciones a la estabilidad, el progreso de esa nación y la paz, y piensan que nadie se dará cuenta que lo que buscan no es otra cosa que perpetuarse al timón de un barco cuyos tripulantes obedecen a base de la tremenda persuasión del mandato y el látigo. Y bien que lo lograron; el mercantilismo trajo consigo innumerables guerras entre las naciones europeas.

Para colmo, el presidente trata de justificar su intervencionismo con un círculo vicioso: no está mal que se impida la libre circulación de capitales en mercados como el eléctrico (como intenta hacer el gobierno socialista español) porque no existe mercado único. Vamos a ver, lumbrera; no hay mercado único debido precisamente al intervencionismo que defiendes. No dejamos que la gente disfrute de libertades porque no pueden ejercerse y no pueden ejercerse porque no dejamos que haya libertades. Es el borrelillo que se muerde la cola.

Si a las empresas eléctricas se les dejase tener intereses económicos en distintos puntos de la Unión Europea ya veríamos cómo circularía la electricidad y surgiría el mercado, como de hecho ha ocurrido en el norte de Europa. Pero claro, la interconexión eléctrica está en manos de políticos y ya se sabe cual es el grado de eficiencia de esta clase social en toda actividad que no sea restringir libertades, expropiar y justificar lo injustificable.

Es una vergüenza que quien preside el Parlamento de un grupo de países que se proclama a sí mismo como Unión Europea nos dé a estas alturas la murga con lo de restringir libertades económicas para controlar y proteger los bienes estratégicos.

Más artículos

H.L.A. Hart y la separación entre Derecho y Moral

En nuestras entregas anteriores, nos referimos a las críticas de H.L.A. Hart sobre la Teoría Imperativa del Derecho (mejor sintetizada por John Austin), y quedaba pendiente exponer cómo Hart, por