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COP27: el mercado y la transición energética

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La transición energética en pro de una producción de energía cada vez más limpia y menos contaminante es cada día un tema de mayor relevancia en la academia, los medios de comunicación y el grueso de la sociedad occidental. Cuando se plantea el debate sobre cómo se debe afrontar dicha transición, se suelen enfrentar dialécticamente los objetivos de la llamada “transición verde” con el mercado y, más en general, el funcionamiento del sistema capitalista. Es decir, se plantean como antónimos la posibilidad de lograr dicha transición y la perduración del presente modelo económico predominante en Occidente. La idea central de muchos de estos discursos es que una economía de mercado jamás permitiría lograr dicha transición, ya que, supuestamente, su modelo de crecimiento se basa en la persistente explotación de los recursos disponibles, por lo que conduciría irremediablemente al agotamiento de estos y no al reemplazo de su uso por otros más sostenibles en el tiempo.

Tal y como muchos lectores de esta columna habrán pensado, el planteamiento descrito en el párrafo anterior y empleado por muchos detractores de la economía de mercado es profundamente erróneo, empezando por el simple hecho de que los agentes económicos se guían por incentivos y la economía reacciona basándose en las acciones causadas por estos. En el caso de las energías renovables, su implementación a través del mercado depende principalmente de su rentabilidad, ya que la inversión en estas está guiada (como en el caso de cualquier bien o servicio) por el incentivo que supone el beneficio monetario. En el momento en el que la inversión en energía solar, eólica o de otras fuentes renovables sea más rentable que los combustibles fósiles, será el propio mercado el que haga virar la tendencia hacia las energías verdes y conlleve a su preponderancia sobre todas las demás.

Por supuesto, no niego que existan fallos de mercado ni situaciones externas que puedan causar un retraso en la implementación de energías renovables, aunque estas fuesen más rentables. Por ejemplo, existen externalidades que hacen que el coste de capital en los países emergentes sea tan elevado que desincentive la inversión en energías limpias, a la vez que se logra el requerido crecimiento económico para el desarrollo de estas naciones. Otro de los elementos en los que puede ser necesaria una mínima intervención del Estado para acompañar a las fuerzas de mercado en dicha transición es en la aceleración de la transformación y evolución tecnológica que haga viable una producción de volumen energético suficiente a partir de determinadas fuentes, alcanzando economías de escala que las hagan suficientemente rentables como para atraer inversión privada. Aun así, y pese a algunas intervenciones del Estado para corregir determinados fallos de mercado y lubricar el flujo de inversión hacia las energías renovables, el principal y más importante incentivo no dejaría de ser el beneficio económico.

Por supuesto, puede darse el caso (y se da y dará) de que haya intereses económicos involucrados que causen que los gobiernos actúen de determinadas maneras (captura del regulador), frenando determinadas inversiones o protegiendo desfasados conglomerados empresariales que hoy en día no serían rentables sin el apoyo de los poderes públicos. Un ejemplo de ello lo hemos visto en la cumbre de la COP27 en Egipto, en la que multitud de estados y compañías petroleras han defendido sus intereses con uñas y dientes y han apoyado la idea de que dichos estados sigan subsidiando y tratando de manera preferente a determinadas empresas petroleras, muchas de ellas con enorme poder económico y político. Desde una posición liberal, deberíamos oponernos frontalmente a un caso tan explícito de captura del regulador, que, además de explotar al contribuyente, promueve una enorme generación de externalidades negativas que finalmente terminan pagando los propios contribuyentes.

Una vez analizados los factores previamente descritos, conviene estudiar cuál es la situación actual de las energías renovables con respecto a otras tecnologías dominantes y cuál ha sido y es el rol del mercado en su propagación. Si tuviéramos que explicarlo de manera breve, sería acertado afirmar que las propias fuerzas de mercado han contribuido a acelerar la tendencia de la transición verde, pero, de momento, no de forma lo suficientemente rápida como para alcanzar los objetivos de transición marcados por determinados expertos y agencias. Aun así, la dirección es muy positiva, ya que la Agencia Internacional de la Energía Renovable, ha mostrado en un reciente informe que el coste de producir electricidad a partir de fuentes renovables ha caído en picado desde 2010, convirtiéndola así en una fuente más rentable y con mayores posibilidades de difusión. El caso más llamativo de reducción de costes de producción es el de la energía solar, descendiendo en más de un 88% desde 2010, lo cual unido a otras fuentes renovables muestra un elevado potencial de transformación del mix energético.

Aunque en teoría ese debería ser el caso, la realidad es que la reducción en costes de producción no ha sido acompañada de forma directamente proporcional por el crecimiento del peso de la energía renovable en el mix energético. En 2021, este alcanzo el 25% en la UE, pero en el conjunto del globo la cifra es significativamente más baja, alcanzando tan solo el 13% del mix. Además, la cifra de emisiones totales del conjunto de fuentes energéticas no se ha reducido para el conjunto del planeta, aunque sí existen serias previsiones de que se alcance un punto de inflexión en un futuro cercano, tras el cual el nivel de emisiones anual global caiga significativamente antes de 2030.  

Al ritmo actual, para que esto ocurra se debería incrementar de forma masiva el uso de fuentes de energía de bajas emisiones, de las cuales la mayoría son de energía renovable o nuclear. Por lo tanto, la lucha política contra la energía nuclear que se lleva dando en Europa un par de décadas no ha ayudado nada en este sentido. En consecuencia, si queremos que la situación cambie de verdad, no solo hemos de proporcionar incentivos para la inversión renovables, sino también permitir la prolongación de la vida de las centrales nucleares e incentivar la inversión en este tipo de fuente de energía.

Tal y como he descrito antes, podemos ver que la tendencia del mercado hacia un mayor peso de las energías limpias en el mix total va en la buena dirección, aunque probablemente se deba incentivar una aceleración de dicha tendencia. El problema se encuentra ahora en cómo hacer esto último. Claramente, las subvenciones directas a la energía renovable no son una opción, ya que su fracaso se ha constatado en multitud de ocasiones. Por lo tanto, la solución probablemente consista en una mayor inversión en I+D para desarrollo de fuentes de energía limpia, incentivos fiscales y regulatorios que contribuyan a promover la inversión en expansión de plantas de renovables y nuclear. De esta manera, junto con una mayor rentabilidad futura de las energías renovables, se lograría una más rápida reducción del peso de la energía procedente de combustibles fósiles en el mix energético.

2 Comentarios

  1. En primer lugar, le agradezco que saque el tema de la transicion energetica en estos tiempos de costes energeticos disparatados.
    El CO2 no es un contaminante, aunque sí lo sean otros subproductos de la generacion electrica con combustibles fosiles, como pueden ser los NOx, SOx y las particulas. El CO2 es un gas que ha estado presente en la atmosfera terestre desde el origen de la vida ya que sin dicho gas la funcion clorofilica , la vida vegetal, y por tanto, todo tipo de vida tal como la conocemos en la tierra seria imposible. Hay evaluaciones acerca de la concentracion de CO2 en la atmosfera terrestre hace millones de años que serian varias veces superiores a las actuales. Por tanto, la descarbonizacion, leiv motiv de la llamada «transicion energetica» deberia,quizas, ponerse en cuestion.
    Llamar mercado, en el sentido liberal, al mercado electrico es ,en mi opinion, un error por la gran intervencion que tienen los Estados a traves de la regulacion. Desde el prigen de los sistemas electricos (o energeticos) los gobiernos han tenido un enorme intervencion con la excusa de ser una actividad estratégica. En la generacion electrica, han existido empresas nacionales que han dominado los mercados (todavia lo hacen en Francia) o los reguladores han mantenido/eliminado tecnologias por la via de las subvenciones como es evidente con la subvencion de las renovables o la penalizacion o eliminacion de la generacion nuclear y la generacion con carbon (Alemania y, en el futuro, España).
    En cuanto a la distribucion, con la justificacion de que es un monopolio natural, se crean tarifas totalmente reguladas y uniformes que ocultan los costes diferenciales que tienen las distintas tecnologias para hacer llegar el producto (la luz y la fuerza) a los consumidores. Esto hace que los sistemas distribuidos (generacion renovable), que originan unos costes en redes de distribucion muy superiores a la generacion con combustibles fosiles, oculten los mismos ya que se uniformizan en unos costes conjuntos de transporte, por lo que es cuestionable decir que esa generacion sea mas barata desde el punto de vista del sistema electrico en su conjunto. Piense usted que para minimizar los costes del transporte las centrales convencionales se suelen agrupar en emplazamientos multiunidades, cosa imposible con las renovables.
    Por ultimo, un sistema electrico renovable al 100% (ultimo objetivo de los voceros de la transicion energetica) es en la actualidad tecnologicamente imposible a no ser que renunciemos a tener disponibilidad de luz y fuerza de forma voluntaria y a cualquier hora. No existe capacidad de almacenamiento mediante baterias ( la teorica solucion) y es imposible que exista con las actuales tecnologias dado el consumo de materiales que exigiria su construccion y las resticciones tecnologicas existentes. Aparte de que nadie ha calculado el coste de tal sistema electrico, pero que evedentemente seria varias veces superior al actual (piense en los costes de las baterias de vehiculos electricos). Se ha calculado de forma aproximada el volumen de instalaciones de respaldo que exigiria una generacion 100% renovable y se hacerca a tener otro 100% de generacion convencional en stand by. La mejor demostracion es la situacion de Alemania, puesta a la vista de todos con la prohibicion de la importacion del gas natural ruso, que era el verdadero (y oculto) respaldo del sistema electrico aleman,que ha tenido que recurrir a la puesta en marcha de todas las centrales de carbon que el pais tenia paradas e incluso a mantener las tres centrales nucleares cuyo cierre estaba planificado para finales de este año.
    Asi que, en mi opinion, habria mucho que hablar acerca de la politica que se lleva con los sistemas energeticos en general desde hace mas de 20 años antes de hablar de como arreglar un mercado inexistente o de fallos de mercado. Por supuesto que no tengo nada en contra de que se haga toda la I+D posible.

  2. «¿Qué ha salvado más árboles? ¿El prohibir su tala, o la avaricia de enriquecerse del inventor el pen drive?» Algo así ya dijo el gran Bastos en alguna de sus charlas. Si los derechos de la propiedad estubiesen bien asignados, uno de los principios fundamentales para que exista el liberalismo capitalista, no solo habría menos contaminación sino que existirían realmente los incentivos para controlarla. Otro ejemplo más de cúan de comunistas/planificadores de recursos somos en este país y lo poco que lo percibe la gente.


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