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El minado de bitcoin, la nueva energía nuclear

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En un vídeo publicado recientemente, Sabine Hossenfelder explicaba los aspectos positivos y negativos del minado en la red Bitcoin. Es un buen análisis desde el punto de vista técnico para acercarse al tema, pero lo más remarcable es que reconoce que ha tenido que estudiar bastante para poder realizar el vídeo.

Sabine no es una youtuber cualquiera. Es físico teórico, y la mayoría de sus vídeos aborda temas como la materia oscura, agujeros negros o teoría de cuerdas. Que Bitcoin sea desafiante para ella nos da una idea de que ese dinero de internet para frikis es mucho más de lo que parece.

El minado en Bitcoin es el registro de transacciones en bloques. Como no existe un registrador oficial, se exige a quien quiera realizar ese rol una prueba de trabajo enérgicamente exigente. De este modo, cualquier intento de manipulación es demasiado costoso para ser asumido. Es una característica vital de la red que, hoy en día, no puede ser sustituida.

Eso implica que transmitir riqueza en la red de Bitcoin supone gastar energía. Esto puede suponer una sorpresa a mucha gente que nunca se haya parado a pensar en ello, pero no es nada nuevo.

El ejemplo de las transacciones inmobiliarias

Vamos a tomar como ejemplo los inmuebles. Si quiero transmitir un piso de mi propiedad a otra persona, entran en juego terceros agentes: notaría, oficina de impuestos y registro de propiedad. Estos tres actores tienen personal, instalaciones y material que consumen energía. Pero eso no acaba ahí, para que el derecho de propiedad sea respetado se necesitan otros elementos: sistemas de seguridad en los accesos, policía y tribunales. Y con todo ello, es posible que el derecho no sea respetado por fallos en la ley, desidia de funcionarios o ideas estúpidas en la clase dirigente del país.

Otro ejemplo más similar a Bitcoin son los bancos. Si quiero transmitir un número de unidades monetarias a un tercero de forma remota, debo utilizar la red bancaria. Para ello necesito una cuenta a la vista contratada en un banco. O sea, tengo que ser acreedor de un tercero que tenga licencia bancaria. Esa deuda la puedo transmitir telemáticamente a otra persona que sea a su vez acreedor del mismo banco, o de otro que pertenezca a la misma red que el mío.

Esas entidades, sus sistemas informáticos y la red que las comunican consumen energía. Pero su coste energético es mucho mayor. Para que el pasivo bancario pueda ser intercambiable, se necesitan una serie de instituciones que garanticen su solvencia. Una de esas instituciones es el banco central, cuyas decisiones sobre la política monetaria provocan movimientos de miles de millones en activos financieros. Por lo que podemos decir sin exagerar que es el organismo más enérgicamente demandante de nuestras sociedades.

El problema de la generación de energía

En definitiva, el consumo energético por el minado de Bitcoin no es más que otra forma en que la civilización intenta mantener el orden. Un trabajo, eso sí, que es fácil de medir en MWh, pero esa simplicidad debería jugar a su favor, no en su contra.

La simplicidad no se restringe a la contabilidad de su consumo. Los dispositivos que registran las transacciones son llamados mineros. Estos artilugios son sumideros de electricidad que pueden trabajar de forma económicamente viable siempre que el precio de MWh esté dentro de un rango que establece el mercado de la red Bitcoin. Esto los hace un agente muy interesante en la estabilización de precios en los mercados eléctricos, y con ello, en la estabilidad de la propia red eléctrica. Alberto Mera lo explica de forma detallada en este artículo. Yo lo voy a intentar resumir en pocos párrafos.

La electricidad en una red se debe consumir a la vez que se produce. Para ello se predice la demanda y se gestiona la generación. Esta gestión se puede realizar de dos formas: con criterios técnicos o con criterios económicos. Lo más eficiente es que se tengan en cuenta los dos. Así se intenta garantizar la seguridad del suministro de la forma más económica posible. El problema que tenemos actualmente es que la integración de fuentes energéticas renovables daña la competitividad de las fuentes convencionales, pero no se puede prescindir de éstas por motivos técnicos (seguridad del suministro). Por lo que se deben crear incentivos para que este tipo de centrales sigan operando, lo que impacta en los precios.

Minado y demanda de energía

Pero existe una forma de atacar el problema por otro lado: gestionar la demanda. Ahora esa gestión se limita a un sistema que permite que grandes consumidores paren su maquinaria durante unas horas. De hecho, el sistema se usa tan pocas veces que cuando se hace cunde cierta alarma injustificada en la prensa, ya que no deja de ser una herramienta más a la hora de gestionar la red, pero siempre se asocia a la posibilidad de un cero energético inminente. El minado de Bitcoin podría cambiar bastante las cosas.

Los bloques de Bitcoin se minan cada 10 minutos, durante todo el día, todos los días del año. Los dispositivos que realizan esta función pueden trabajar bajo demanda y, lo que es importante, se pueden apagar a voluntad. Sobre todo, si reciben una pequeña compensación que pueden determinar mecanismos de mercado. Esto puede tener varias ventajas decisivas en una red eléctrica:

  • Permite absorber rampas de generación renovable como la fotovoltaica.
  • Estabiliza los precios en momentos de gran aportación renovable.
  • Da una herramienta más al operador de la red para garantizar la estabilidad.

El almacenamiento de energía

La crítica que se hace a esta propuesta es que ese consumo de energía se puede destinar al almacenamiento, lo que sería mucho más eficiente. Podría estar de acuerdo si ese almacenamiento existiera hoy en día, pero lo cierto es que no existe. En cambio, los mineros de Bitcoin sí están disponibles, y su capacidad de migrar allí donde la energía pueda ser consumida a precios razonables, les hace ser un candidato perfectamente válido para cubrir la necesidad de regulación de demanda hasta que el almacenamiento termine llegando.

Aunque el problema del debate del almacenamiento es el mismo que hemos analizado al principio. No se puede determinar que el consumo de energía en el registro de transacciones de Bitcoin sea menos necesario que el consumo de energía en cualquier otra cosa. Lo que sí se puede determinar es que el consumo de energía de Bitcoin es mucho más flexible que el de cualquier otra alternativa. Y eso es lo que debería primar.

Pero como el rechazo a la energía nuclear nos ha enseñado durante estas décadas, las decisiones sobre las redes eléctricas no tienen por qué ser racionales. El minado se verá como un desperdicio de energía para quien no le dedique medio centenar de horas a estudiar el tema. Y eso descarta a casi la totalidad de nuestras élites. Poco a poco, las sociedades con instituciones más expuestas a la competencia irán adoptando la tecnología, y otras las irán imitando. Esperemos que los vídeos de Sabine, los artículos de Alberto y textos como éste sirvan para agilizar el proceso.

Ver también

Bitcoin y el despilfarro de energía. (Manuel Polavieja).

Bitcoin como almacén de valor. (Fernando Herrera).

Bitcoin, mineros, y comisiones de transacción. (Manuel Polavieja).

El problema de bitcoin. (Jon Aldekoa).

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