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La importancia (liberal) de crear valor para los demás

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En el duro mes de septiembre cerramos etapa vacacional e iniciamos nuevo curso. Algunos estudiantes, además, empiezan su andadura universitaria. Otros se estrenan en la vida profesional. Es tiempo, por tanto, de consejos sobre cómo enfocar, o reenfocar, nuestra vida futura. El típico, el más recomendado, tal vez sea aquél de "dedícate a lo que te apasione". Elige un trabajo que te guste, dijo Confucio, y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida. El filósofo británico-americano Alan Watts aconsejaba a sus alumnos dedicarse a aquello que harían "si el dinero no importara". Pero ¿es éste un buen consejo?

Según Marc Andreessen, un popular empresario de Silicon Valley, "el consejo de seguir tus pasiones es una terrible idea". Esta idea, a menudo recomendada por personas que han tenido mucho éxito haciendo lo que les gusta, olvida a todas esas personas que siguieron sus pasiones y fracasaron. Es lo que se denomina sesgo del superviviente o survivorship bias. Pensemos en los cientos de miles de jóvenes que salen cada año de facultades y escuelas, deseosos de empezar su vida laboral, pero que pronto se ven frustrados, sin trabajo o con sueldos bajos, por especializarse en aquello que la sociedad no está demandando.

¿Cuál es el consejo que da Andreessen, entonces? Precisamente algo tan sencillo como esto: dedícate a lo que genere valor para los demás en lugar de para ti mismo. Haz aquello que aporte a la sociedad. Tal vez, apunta Andreessen, este consejo no encaje muy bien en la "actual cultura de narcisismo endémico", ya que requiere prestar más atención a los demás que a uno mismo. Pero, según afirma, las personas que más contribuyen a la sociedad no sólo suelen tener mayores remuneraciones, sino que a menudo también, a la larga, están más satisfechas con lo que hacen.

Está claro que no todo es blanco o negro. No podemos tampoco despreocuparnos de nuestros propios gustos. Si vamos a dedicar una parte muy significativa de nuestro tiempo a una actividad, más vale que nos guste si no queremos sentirnos miserables. Pero también es importante recalcar esa segunda pata que apunta Andreessen, ese segundo componente de la ecuación. Sobre todo porque a menudo se olvida. Para tener éxito en la vida profesional no sólo es recomendable hacer algo que nos guste, sino también algo que aporte valor a la sociedad.

La razón de esto no tiene ningún misterio. Es famosa la cita de Adam Smith en la que afirma que "no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés". Hemos de especializarnos en producir cosas que los demás quieran consumir, para así poder consumir lo que los demás producen. Y ha de estar en nuestro interés el tratar de satisfacer de la mejor manera posible las demandas de la sociedad. No es recomendable actuar al margen de la misma.

Se podrá decir que esto funciona así, sobre todo, en sociedades liberales, en sistemas económicos en los que impere el libre intercambio. Y es cierto. En la actualidad, en la gran mayoría de países de Occidente, vivimos en economías mixtas, en las que el mercado libre se ve altamente intervenido por la mano visible y férrea del Estado. Es verdad que en estas circunstancias, cuanto menos liberal y más estatista es una sociedad, más posibilidades existen de medrar sin satisfacer a los consumidores. Más incentivos para capturar privilegios, subvenciones o rentas procedentes del aparato estatal. Prebendas éstas que nunca son maná caído del cielo, sino que siempre son a costa del esfuerzo de los demás.

El estatismo, por tanto, es un sistema que fomenta el egoísmo, el parasitismo y el conflicto social, y desincentiva la cooperación voluntaria y pacífica. Incita a cada uno a mirar sólo por sí mismo y a no prestar atención a lo que los demás demandan. Por el contrario, el liberalismo incentiva justo a lo contrario: a procurar satisfacer, de la mejor manera posible, al resto de la sociedad. Es por ello que, aunque aún se pueda medrar a costa de los demás, el mejor consejo para quienes empiezan su andadura universitaria o buscan enfocar su futuro profesional tal vez sea no concentrarse tanto en uno mismo y buscar la mejor forma de crear valor para los demás. No sólo porque aún sigue siendo una buena receta para el éxito, sino porque además es una manera mucho más ética de alcanzarlo.

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