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Los mercados malvados antipatriotas… ¡somos nosotros!

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Una de las cabezas de turco de esta crisis son, sin duda, "los mercados". A diario podemos leer y escuchar que los mercados nos están suicidando (sic) porque dictan órdenes (desde el capitalismo más salvaje) que a los gobernantes no les queda más remedio que obedecer. En realidad, todo nace del hecho que hay estados (como España e Italia actualmente) que no consiguen refinanciarse con facilidad. Los mercados, se nos dice, especulan siniestramente porque no compran deuda soberana española masivamente y la encarecen.

Bueno, veamos. Lo primero a señalar es que los mercados no pueden dirigir nada ni a nadie. El mercado es un proceso de tipo espontáneo constituido por numerosas interacciones humanas (a veces millones) que actúan persiguiendo sus fines individuales. En este proceso se crea, descubre y transmite información. Esta información relevante es de tipo práctica, dispersa y tácita no articulable. De esta manera se ajustan y coordinan de forma competitiva los planes contradictorios de los individuos y se hace posible la vida en común. No tiene sentido, por tanto, hablar de ningún órgano de planificación central del mercado. Es un proceso no intencionado y espontáneo.

Muy bien. Y cuando se habla de esos mercados especuladores, malvados y despiadados que no compran deuda soberana española (o italiana), ¿a qué nos estamos refiriendo? ¿Quiénes son realmente? Para responder a esta pregunta deberemos mirarnos al espejo, ya que sencillamente, "los mercados"… somos todos nosotros.

Me explico. La mayoría de nosotros llevamos nuestros ahorros al banco y contratamos depósitos o suscribimos un fondo (como mínimo para que la inflación no los pulverice en poco tiempo). ¿Qué esperamos del banco? Corríjanme si me equivoco, pero lo que solemos esperar es que nos consigan la máxima rentabilidad posible. Es decir, que inviertan en aquellos valores que son seguros, fiables y con mucho futuro. ¿No es así?

¿Qué pasaría si usted se acercase al banco para ver qué tal va su fondo, y le dijesen que la rentabilidad de sus ahorros ha sido nula o incluso negativa (ha perdido parte de sus ahorros) porque fueron patriotas e invirtieron su dinero en deuda española o italiana? Lo que ocurriría previsiblemente es que usted cogería un enfado monumental, se sentiría estafado, llegaría incluso a insultar a su asesor bancario y quitaría inmediatamente todo su dinero de ese banco… ¡para meterlo en otro que sí le consiga una buena rentabilidad a sus ahorros! ¿Está de acuerdo conmigo, no? Perfecto, es usted lo que suelen llamar un especulador malvado antipatriota que participa en la tiranía despiadada de los mercados.

Pese al tono de humor que he empleado, la explicación dista mucho de ser una broma. Es la realidad. Los ahorradores e inversores no se fían del futuro de España, y por lo tanto, no van a invertir en ella pudiendo invertir en otros valores más seguros y previsiblemente más prósperos. A nadie le gusta perder dinero miserablemente o correr riesgos innecesarios. ¿Parece lógico no?

¿Y por qué los inversores no se fían de España? Muy sencillo: porque España está muy endeudada (más del 60% del PIB), con un importante déficit (entre el 9 y el 10% del PIB) y, lo que es más preocupante: sin haber cambios estructurales significativos que reduzcan este déficit y reviertan la situación. ¿El futuro no es muy alentador, verdad?

En cualquier caso, pese a la explicación que yo le he dado, usted puede dejar de participar en esta lógica de los mercados si considera que es perversa e inmoral. Sólo tiene que sacar todo su dinero del banco e invertirlo directamente en letras, bonos y obligaciones del Estado Español. Así de sencillo. ¿Se atreve?

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