El año 2026 ha iniciado con fuertes socavones en la geopolítica: Estados Unidos arresta a un dictador en su propio país, la soberanía danesa en Groenlandia se ve amenazada… y hay nuevas protestas en Irán. Este último asunto, que quizás parece menos interesante o resulta cacofónico al análisis humano debido a las protestas ocurridas en 2019 o 2021, no debe pasar como algo menor. Irán, heredero cultural e histórico del antiguo imperio persa, no fue siempre un país gobernado bajo el yugo de una teocracia islámica, a muchos jóvenes aún les sorprende ver las imágenes anteriores a 1979 con mujeres sin velo, en minifalda, universidades abarrotadas y marcas norteamericanas a lo largo y ancho de toda la capital.
Aunque aquella sociedad distaba mucho de ser perfecta (las desigualdades sociales y el rápido empuje hacia una sociedad occidental junto a una represión política acentuada) y acabó colapsando debido a una coalición social bastante amplia (cuya mayoría no era islámica, ni partidaria de una teocracia). Y hoy, 47 años después del regreso de Ruhollah Jomeini, son las generaciones más jóvenes (de nuevo una amalgama de sectores) los que esperan poder acabar con el actual régimen. Dejando de lado lo apasionante que resulta ver como generaciones que no han conocido una sociedad libre si no es por relatos de sus abuelos están dispuestas a luchar y morir por la libertad, resulta igualmente impactante la falta de apoyo social y mediático que este movimiento tiene. Sobre todo, tomando en cuenta que hace unos cuantos meses, otro sitio en la región, la franja de Gaza (gobernado por otra teocracia muy similar a la iraní) … recibía masivos apoyos en redes sociales y de muchos líderes internacionales, quienes clamaban por el fin de la violencia en dicho sitio.
Entonces, por aclarar: una región sometida a una teocracia que sufre el ser escudo humano de sus mismos gobernantes merece una movilización masiva, pero otra (sin guerra de por medio) donde la población clama por recuperar libertades e igualdades perdidas de manera genuina y espontanea, ¿no? ¿Es de verdad tan terrible manifestarse bajo la consigna “Free Iran”, pidiendo que se deje de matar a civiles por manifestarse, a mujeres por llevar mal el velo (o no llevarlo) o a homosexuales por existir? Pareciese que para los impulsores de la “defensa” de Palestina es demasiado. Esta realidad debe ponernos de frente no sólo a nuestras propias hipocresías como occidentales; si no que también es necesario utilizar el bravo ejemplo de las chicas que se niegan a usar un velo o de los chicos que se enfrentan a la guardia revolucionaria porque no tienen futuro, como espejo para valorar lo que realmente es importante. Ya lo resumía Locke hace varios siglos: la vida, la libertad y la propiedad (o búsqueda de la felicidad en términos de Jefferson), son los elementos esenciales para construir una sociedad próspera. Siguen siéndolo hoy en día, y debemos preservarlos en nuestros países a pesar de la incertidumbre y arremetidas totalitarias que parecen estar en todos los sitios.
Mantengo la esperanza de que la sociedad occidental despierte para apoyar a otros pueblos que compartieron orígenes y costumbres (no todas, pero sí un deseo de libertad y prosperidad); a la vez que espero que el poder real de potencias como Estados Unidos se hagan valer para apoyar a estas personas. Es verdad que esto último es controvertido, y que incursiones militares como la ocurrida en Venezuela dejan muchas incógnitas. Pero aquí no hay que perder el foco, estos son pueblos oprimidos, donde miles de personas mueren simplemente por querer ser libres, ayudarles (y si llega a ser el caso, intervenir), se convierte entonces en un deber moral. Algunos dirán: “¿con gente como Trump a la cabeza?” y efectivamente, con gente como él a la cabeza. Porque vivimos en un mundo caótico, que ha perdido muchos de sus referentes y cimientos fundacionales; pero quizás, si leemos bien la situación y nos acordamos de apoyar las causas de la libertad, guiados por elementos imperfectos, podemos alcanzar un mundo mejor, uno realmente free.

