Luis Díez del Corral (1911-1998), nacido en Logroño, fue catedrático, ensayista y académico (de la Española, de la de Historia y de la de Ciencias Morales y Políticas), y representa el mejor pensamiento liberal español, justo cuando la España del siglo XX más se alejaba del liberalismo político desarrollado en el siglo XIX. Aunque el pensamiento político español del siglo XX ha girado en torno a José Ortega y Gasset (1883-1955) y su obra, a quien Díez del Corral siguió. En 1933 (con antecedentes desde 1914), un amplio grupo de filósofos, juristas, pensadores, científicos y escritores que aceptaron el magisterio de Ortega formaron la denominada “Escuela de Madrid”. Una Escuela bien conocida, a la que Julián Marías (1914-2005) -creador del nombre-, José Luis Abellán (1933-2023) o Tomás Mallo, entre otros, han dedicado magníficos estudios y análisis.
Pese a ser una Escuela bien definida y estudiada por los especialistas, es muy poco conocida entre el público culto y menos aún entre el gran público, pues no se estudia en el actual bachillerato ni tampoco se estudiaba en los bachilleratos anteriores. La Escuela refleja el proyecto de renovación de la filosofía española impulsado por Ortega y Gasset, con el objetivo de “estar a la altura de los tiempos”, mediante la armonización de razón y vida (la “razón vital” y la “razón histórica” orteguianas). La Escuela de Madrid se ha caracterizado por abarcar diferentes doctrinas, lo que la distingue por su amplitud de criterios y le otorga su singularidad, pero también crea problemas para delimitar bien sus contornos. La expresión “Escuela de Madrid” tuvo éxito y fue incorporada en 1958 al Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora (1912-1991).
Los principales organizadores y animadores iniciales, en 1933, fueron Manuel García Morente (1883-1942), Xavier Zubiri (1898-1983) y José Gaos (1900-1969). Pero también pertenecieron o recibieron su influjo otros como Joaquin Xirau (1895-1946), María Zambrano (1904-1991), José Luis Aranguren (1909-1996), Pedro Laín Entralgo (1908-2001), Julián Marías, etc. Todos siguieron a Ortega en la vía de la “razón vital” en el pensamiento. También pertenecieron o fueron muy influenciados juristas y pensadores políticos como Javier Conde García (1908-1974) Luis Recasens Siches (1903-1977), Manuel García Pelayo (1909-1991), Antonio Truyol y Serra (1913-2003) y Luis Diez del Corral. Fue ese el entorno intelectual en el que se formó éste último.
Otros maestros e inspiradores: Juan Valera
Quizá sea preciso citar a otro “maestro” al que también siguió Díez del Corral. Sobre todo, en su enjuiciamiento y valoración de la realidad cultural hispana y de sus crisis. Juan Valera (1824-1904), quien, muy en la línea de Menéndez Pelayo (1856-1912), ya había realizado un diagnóstico muy similar al de Díez del Corral. Éste, gran estudioso del liberalismo del siglo XIX, vio en Valera a un liberal lúcido, con una visión abierta y no dogmática de la realidad española. Y ambos estudiaron también el papel desempeñado por España en el concierto europeo: Valera lo hizo desde la práctica diplomática y la crítica cultural y literaria, y Díez del Corral desde la teoría política y la historia comparada.
Díez del Corral dedicó a Cánovas su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, igual que había hecho Valera, en 1903, en la de Ciencias Morales y Políticas. Un discurso basado en el espíritu analítico y humanista que tanto admiraba Díez del Corral en la generación cultural de la Restauración, lo que le sucedía con varios de ellos, especialmente con Valera. Como éste, valoró mucho la altura de la tradición cultural hispánica y su importancia en la configuración de la cultura europea moderna. También le siguió en la concepción del liberalismo, al que Valera consideraba el destino propio del desarrollo de la civilización occidental. Para los dos, el liberalismo fue también una opción política y ética.
La trayectoria de Díez del Corral
Desde 1947, hasta su retiro, ejerció la Cátedra de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, en la que le sucedió Dalmacio Negro (1931-2024). Y también fue un importante autor de teoría política con amplia obra traducida a varios idiomas. Estudió Derecho y Filosofía en Madrid (1928-1933). Mediante una beca de la Junta para Ampliación de Estudios, visitó las Universidades de Berlín y Friburgo, entre 1934 y 1936, en su primer viaje a Alemania. Entre 1949 y 1951 realizaría nuevos viajes a Alemania, acompañando a Ortega, en lo que constituyó probablemente el momento más destacado de la historia de la “Escuela de Madrid”. Igualmente fue redactor y colaborador asiduo de la Revista de Occidente, fundada por Ortega.
La Guerra Civil (1936-1939) afectó muy directamente la trayectoria de Díez del Corral, que había aprobado en los primeros meses de 1936 las oposiciones a Letrado del Consejo de Estado. En los primeros días de la contienda, su padre, Gobernador Civil con la Dictadura de Primo de Rivera, fue asesinado en una checa del Frente Popular. Su brillante currículo le abrió, en 1939, el acceso a importantes destinos en el Consejo de Estado y en el Instituto de Estudios Políticos. Así, fue procurador en las Cortes franquistas entre el 16 de marzo de 1943 y el 7 de abril de 1949, como integrante del Instituto de Estudios Políticos (IEP). Además, en 1943, ganó el Premio Nacional de Literatura por una novela, Mallorca, única obra suya en este género, que ofrece el perfil más humanista y estético de Díez del Corral.
Por su activa participación en el IEP, se le agrupa a veces con otros pensadores de la denominada “Escuela Española de Derecho Político”, como Javier Conde; o que, junto con éste y con otros, como García Pelayo (1909-1991), Sánchez Agesta (1914-1997) José Larraz (1904-1973) o Truyol Serra, se le incluya en la “Generación de 1936”. Díez del Corral se destacó pronto por su orientación liberal, ya en 1945. Y no entendió el liberalismo solo como teoría política o doctrina económica. En su primera gran obra, El Liberalismo Doctrinario (1945), hizo una revisión crítica del liberalismo dominante en la Europa del siglo XIX, para mejor conocerlo en sus aciertos y errores.
En 1951, tras sus viajes con Ortega a Alemania, fue nombrado Agregado Cultural de la Embajada de España en París, donde estuvo destinado hasta 1953. Por su brillante desempeño se le concedió la Legión de Honor. En esos viajes a Alemania concibió su segunda gran obra, El Rapto de Europa, que publicó en 1954, y fue traducida a seis idiomas. A ella le seguirían otras, entre las que deben destacarse Del Viejo al Nuevo Mundo (1963), La mentalidad política de Tocqueville con especial referencia a Pascal (1971), y El pensamiento político de Tocqueville (1989). Obras en las que expuso su convicción de que el liberalismo era, más que una ideología, el destino natural propio del desarrollo de la civilización occidental.
Su pensamiento
Su obra se caracteriza por una profunda “europeidad”, más que “europeísmo”, sin complejos, y por su defensa del liberalismo como eje para entender la política moderna. Su obra no solo es académica, sino que ofreció un diagnóstico de la situación histórica de España y Europa tras los grandes conflictos del siglo XX. Díez del Corral seguía la premisa orteguiana de que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. Para él, entender el presente requiere mirar al pasado, pero no como a un museo, sino como al conjunto de decisiones y experiencias que configuran nuestra realidad actual. Y consideraba que el liberalismo no era solo una ideología, sino un modo eficaz para alcanzar el equilibrio social y político en las sociedades europeas.
En El liberalismo doctrinario (1945), analizó las raíces intelectuales de esta corriente político-ideológica (especialmente la francesa e inglesa) y cómo había resultado su aplicación en la España de la Restauración. Tomó de referencia la figura de Cánovas del Castillo (1828-1897), aunque también a Sagasta (1825-1903). De hecho, Díez del Corral propuso este modelo, depurado de sus errores y deficiencias, como una posible vía de restauración de la convivencia en un país como España, tan marcado por la Guerra Civil 1936-1939. Dejaba con ello claras sus distancias con la antiliberal postura oficial del franquismo. Quizá por eso, aunque pueda parecer paradójico, Franco seleccionó también a Díez del Corral para ser uno de los preceptores del futuro rey Juan Carlos I.
España, para él, es absolutamente ininteligible sin Europa, y la historia europea está totalmente incompleta sin el legado hispano, especialmente el de los Austrias. En El rapto de Europa, ofreció su visión del “destino” histórico del Viejo Continente. Para ello utilizó el mito de Europa y el Toro (Zeus), con el que expuso su tesis de que Europa “raptó” al mundo al extender sus valores y cultura de forma universal. Mas el rapto ha tenido un reverso: Europa también ha sido “raptada” por su propio éxito, a manos de la técnica, la burocracia y la masificación.
Al universalizarse en su expansión mundial, Europa ha perdido su exclusividad. Tras las crisis del siglo XX, sus valores y su legado se usan y administran desde fuera de ella. Esto la ha llevado a enfrentarse a una crisis de identidad, en un proceso que él denominó expropiación cultural. Europa está raptada porque sus valores y su cultura, incluida la política, se ejercen desde fuera de ella, especialmente desde la Europa fuera de sí: USA. Quizá ya veía lo que poco después Jean Jacques Servan-Schreiber (1924-2006), líder del radicalismo francés, definió como El Desafío Americano en 1967, un autor éste muy influenciado también por el europeísmo de Ortega.
Una respuesta a regeneracionistas y noventayochistas
La obra de Díez del Corral, sin proponérselo expresamente, daba también cabal respuesta al amargo cuestionamiento de España y del liberalismo hispano por “regeneracionistas” y “noventayochistas”. Díez del Corral estimó que Europa estaba tan en crisis, desde 1914, como la España posterior al Desastre del 98: la crisis no era específicamente española, sino europea. No cabía pensar que Europa, sola y sin más, pudiera ser la solución a la crisis española. Desvelaba así el error de regeneracionistas y noventayochistas, que veían a una España aislada y separada tradicionalmente de Europa y la civilización europea. Ideas erróneas de una España atrasada y aislada a perpetuidad, que no eran ni son reales.
Regeneracionistas y noventayochistas tuvieron una visión de la cultura española muy próxima a la “leyenda negra”, muy negativa y errónea: esa grotesca deformación de la cultura europea, el esperpento, que denunció Valle Inclán en Luces de Bohemia (1923). Regeneracionistas y noventayochistas, con notable injusticia, culparon de esa situación a toda la tradición política y cultural española, incluidos los liberales del XIX. En especial, a la generación de la Restauración, por su pusilanimidad e inconsecuencia al tolerar restos del Antiguo Régimen, recibidos de una tradición cultural absolutamente prescindible. En La Monarquía hispánica en el pensamiento político europeo (1976), y en Velázquez, la monarquía e Italia (1979), Díez del Corral evidenció el error de la tradicional percepción “negrolegendaria” –tanto interior como exterior-, sobre la monarquía hispana de los Hasburgo, y reivindicó sus aportaciones a Europa y a la modernidad.
Con ello respondía también al célebre diagnóstico del joven Ortega que, en 1910, dijo que España era el problema y Europa la solución. El joven Ortega pensó que el futuro de los españoles requería el olvido y abandono de toda nuestra “prescindible” tradición cultural para poder “europeizarse”. El Ortega maduro mantuvo su “europeísmo” en La Rebelión de las Masas (1930), pero con una conceptuación mucho más realista. Un europeísmo éste último que alcanzó gran repercusión en toda Europa. Debates que han protagonizado el siglo XX español y que aún continúan en la actualidad.
En fin, Luis Díez del Corral, un gran teórico del liberalismo muy poco tenido en cuenta actualmente.
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