La educación es uno de esos servicios provistos de forma socialista que no funcionan lo suficientemente mal como para ser popularmente problematizados. La mayoría de las familias inscribe a sus hijos en los colegios, los envía allá durante horas y los espera de vuelta en casa sin mayores hazañas, con un par de amigos y una experiencia educativa “normal”, como la de todos los demás. Sí existen perfiles que sufren mucho más que otros en la escuela, como los niños con altas capacidades, pero en esos casos el sistema se flexibiliza ligeramente para incorporar al sujeto sin que tenga demasiado de qué quejarse.
Pero, ¿cómo sería la educación en un sistema libre? Este tipo de preguntas son un tanto deprimentes para los liberales, porque no queremos ser nosotros, desde un escritorio, quienes las respondamos; quisiéramos que el sistema abierto, descentralizado y experimentador del mercado nos presentara la respuesta. Es como preguntarle a un cubano (de cuando en Cuba no había acceso a internet ni redes sociales): “¿Cómo sería el mercado en un país libre?”. Sería muy difícil que pensara en redes sociales, anuncios personalizados o sistemas de referencias y calificaciones entre clientes.
Pues bien, en temas de instrucción, los cubanos no tienen un sistema educativo muy distinto al del resto del mundo, lo cual nos permite ver lo socializada que está la educación a nivel global. Y aunque no tengamos acceso a experimentar un sistema educativo abierto y libre, sí tenemos acceso a algunas pequeñas islas de libertad que tratan de sobrevivir al margen del sistema: las maestras y escuelas independientes.
A partir de entrevistar y observar a estas maestras y escuelas independientes, comentaré algunas ideas de cómo se ve la educación cuando se provee como un servicio libre, al margen de regulaciones y estándares estatales, de forma privada y a través del mercado:
- No existe una única “Educación”: Cuando observo a maestras independientes trabajar —especialmente cuando son ellas, en colaboración con las familias y los alumnos, quienes deciden qué temas abordar—, noto que no todos los niños aprenden lo mismo. Si una maestra va a enseñar ciencias, no busca cubrir obligatoriamente los conocimientos básicos de física, química o biología por cumplir un programa. Busca entrar por aquello en lo que el alumno muestra interés y capacidad; a partir de ahí, construye un aprendizaje de calidad y adaptado. El resultado: dos alumnos de la misma profesora pueden saber mucho de ciencias sin saber exactamente lo mismo.
- Aprendizaje diferenciado (grupal vs. individual): La educación tradicional asume que todo se puede aprender en un aula con alumnos agrupados por edad siguiendo una misma lección. Las maestras independientes no concluyen lo mismo. A menudo arman grupos bajo criterios que no dependen de la edad para presentar un contenido y desarrollar trabajos colaborativos. Sin embargo, en otras ocasiones, enseñan ciertos contenidos de manera individual porque consideran que es más efectivo para ese alumno en particular. Esto tiene sentido: el aprendizaje es complejo y dinámico; no todo se asimila mejor en grupo ni todo requiere soledad.
- Optimización del tiempo: Los niños y adolescentes pueden pasar ocho horas al día en clases ordinarias, pero prácticamente nadie puede mantener la atención tanto tiempo para aprender algo significativo y de calidad. En la escuela tradicional, se dedican muchas horas para aprender muy poco. Las maestras independientes, en cambio, no necesitan tanto tiempo para enseñar contenidos fundamentales o profundos; muchas requieren apenas un tercio de la jornada escolar para garantizar que sus alumnos adquieran los conocimientos necesarios.
- Garantías y compromiso personal: Las maestras independientes ponen su reputación en juego con cada alumno. Se comprometen a aprovechar al máximo las horas y a sacar lo mejor de cada estudiante. Cuando surgen necesidades especiales que requieren otros especialistas, estas maestras se involucran en el caso de manera directa y cercana. No existe la dilución de la responsabilidad: hay un responsable claro y presente, algo muy común en otros servicios del mercado, pero sumamente escaso en las escuelas ordinarias.
En conclusión, las maestras independientes nos demuestran que, cuando un agente ofrece educación al margen del sistema, llega a conclusiones radicalmente distintas a las de la estructura estatal. Con esto no quiero decir que la educación de libre mercado se reduciría únicamente a homeschoolers y maestras independientes; seguramente surgirían modelos que hoy no podemos ni imaginar en nuestro sistema actual.
Probablemente veríamos formas muy diferentes de educar donde la instrucción no se concentraría en un solo momento o lugar, como ocurre hoy en la escuela. Por el contrario, se entendería —de manera similar al entretenimiento— que la educación es un servicio que puede ofrecerse en múltiples entornos. Podríamos ver, por ejemplo, agencias de viajes para expediciones educativas independientes o centros de juego diseñados para el aprendizaje, donde los padres prefieran que sus hijos pasen el tiempo en lugar de estar confinados en un aula tradicional. Sin lugar a duda la educación libre seria más compleja de entender, generaría mayores desigualdades y sería más difícil de evaluar; pero sería más rica, diversa y adaptada a nuestros tiempos. Sin lugar a duda, la educación libre sería más compleja de entender, generaría mayores desigualdades y sería más difícil de evaluar; pero, a cambio, sería mucho más rica, diversa y adaptada a nuestros tiempos.

