Palmer Luckey es un estadounidense de 32 años que ya ha fundado dos unicornios (empresas emergentes valoradas en más de mil millones de dólares antes de salir a bolsa). Es un logro al alcance de pocos, pero es que no estamos ante una persona convencional. Palmer se crio en un hogar humilde. Su padre era un mero vendedor de coches. Por suerte, su madre lo educó en casa junto a sus hermanas. Esa fue su ventaja y la aprovechó muy bien. Se formó en electrónica de forma casi autodidacta y se obsesionó con la tecnología de realidad virtual (VR). Fabricó varios prototipos de gafas (a las que llamó Oculus) antes de cumplir 18 años. Con 19, gracias a un crowdfunding, pudo constituir una empresa para desarrollar su producto y, con 21, vendió la empresa a Facebook por 2.000 millones de dólares.
Pero su historia no había hecho más que empezar. Ser joven y millonario puede ser mala combinación, hay muchas tentaciones a esa edad. Y Palmer solo cayó en una: los memes de internet. Concretamente los de la pujante derecha alternativa de 2016. La woke Facebook de esa época no tuvo piedad y lo terminó despidiendo. Fue entonces cuando decidió fundar la empresa que da título a este artículo: Anduril, como la espada de Aragorn de El Señor de los Anillos.
Pasar del sector del entretenimiento al armamentístico es una transición curiosa. Según ha contado en varias entrevistas, todo nace de una frustración al observar el estancamiento de la industria de defensa de su país. Con cinco grandes empresas que se llevan buena parte del pastel operando bajo cost-plus contracts, el modelo es bastante criticable, pero el problema siempre ha sido dar una alternativa.
En el sector de las armas de guerra tienes pocos clientes. Si el arma puede dar una ventaja decisiva al que la posea, solo tienes uno. Así que las empresas hacen lo que parece lógico: investigar y desarrollar el arma con su único cliente haciéndose cargo de los gastos. Para evitar que las empresas se aprovechen de este modelo la burocracia crece exponencialmente, lo que lleva a más costes que justifican más burocracia.
Anduril da una solución muy parecida a la dio la SpaceX de Elon Musk: diseñar y fabricar productos funcionales bajando lo máximo posible el coste, y esperar que los gobiernos hagan fila para comprarlos. Y aunque no puedes diseñar la evolución del F-35 por ti solo, sí puedes desarrollar drones autónomos con inteligencia artificial que puedan ser fabricados a miles por semana. Y ahí radica una estrategia que puede marcar la diferencia.
Las fuerzas armadas chinas no tienen de lejos la fortaleza de la estadounidense, pero su capacidad industrial les podría dar una ventaja decisiva en un enfrentamiento directo y prolongado entre las dos superpotencias. Una nueva generación de empresas americanas que fabrican armamento de vanguardia a bajo costo y de forma ágil podría anular esta ventaja. Para hacer que suene mejor, se puede sumar que cuanto más bajo coste tenga un arma, más fácil es exportarla a tus aliados. Ello reduce la necesidad de involucrarte directamente en su defensa, pero manteniendo su dependencia de tu industria.
Pero para mí hay algo más importante de todo esto: Palmer Luckey es producto de una civilización liberal. Un homeschooler, un joven empresario, un amante de los memes y un tipo que, pese a tener contratos millonarios con la administración, se enzarza en X con políticos para defender el capitalismo. Cualquier país cuyo proyecto de defensa está influido por gente así tiene una ventaja decisiva sobre el resto.


