Guerra, petróleo e inflación

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El actual conflicto bélico en Oriente Medio es el origen de algunas afirmaciones y acusaciones carentes de lógica económica. El mito más extendido es creer que la subida del precio del petróleo, causada por la interferencia del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, causará una subida generalizada (inflación) de los precios en la economía. Otro error es acusar de especuladores a los distribuidores de combustible. El tercero, es creer que una reducción del impuesto al combustible reducirá su precio. Estos tres errores provienen de no comprender correctamente la formación de precios en el mercado.

¿Qué es la inflación?

La inflación, stricto sensu, es un incremento de la oferta de dinero en la economía. Es un fenómeno exclusivamente monetario y se puede producir de dos formas: a) Expansión monetaria: el banco central crea dinero de la nada (fiduciario, sin respaldo) y el gobierno lo gasta en sus fines políticos; b) Expansión crediticia: la banca comercial otorga préstamos con el dinero depositado «a la vista» por sus clientes, creando una doble disponibilidad sobre una misma cantidad de dinero. La llamada «reserva fraccionaria» es la legalización de un delito de apropiación indebida.[1]

Subida generalizada de los precios

Al haber más cantidad de dinero (inflación) compitiendo por una misma cantidad de bienes, ceteris paribus, el precio de estos últimos sube de forma generalizada, pero no simultáneamente ni en las mismas proporciones: primero sube el precio de los bienes en aquellos sectores por donde entra el dinero fiduciario (creado de la nada) y se va extendiendo, poco a poco, como si fuera una mancha de aceite, por toda la economía. Esta subida generalizada de los precios es lo que el común entiende por «inflación».

¿Crean las crisis inflación de precios?

En ausencia de inflación monetaria, ninguna crisis —bélica, sanitaria, petrolera, etc.— puede provocar inflación. Analicemos la falaz afirmación de que la subida del precio del crudo, provocada por la guerra en Irán, causará una subida generalizada de todos los precios. Es cierto que los combustibles —gasolina, diésel, gases licuados— son bienes cuya demanda es inelástica, es decir, los cambios en el precio no modifican sustancialmente su demanda, pero veamos por qué no se producirá la inflación.

El gasto consuntivo

Supongamos que un individuo gasta en gasolina 200€/mes, si el precio de ésta subiera 20% y su demanda fuera completamente inelástica, deberá gastar 40€/mes adicionales. ¿De dónde sacará ese dinero? Nuestro consumidor tiene varias alternativas: a) Aumentar sus ingresos en 40€/mes (i.e. trabajar horas extra); b) Emplear sus ahorros; c) Pedir un préstamo; y d) Reducir el consumo de otros bienes (de menor utilidad) por un importe equivalente a 40€/mes. En la sociedad, cada consumidor deberá optar por alguna (o por una combinación) de estas alternativas, siendo la última la más probable, en cuyo caso bajará el precio de aquellos bienes —alimentos, vestido, ocio, etc.— cuya demanda hubiese disminuido. No se ha producido inflación porque la oferta monetaria, aún en el supuesto de que algunos individuos aumentaran su preferencia temporal y consumieran 40€/mes de sus ahorros, no afectaría significativamente al conjunto de los precios.

El coste empresarial

Otro argumento falaz es que, al depender la producción —maquinaria, vehículos, energía— de los combustibles, una subida del precio del petróleo afectará, en cadena, a toda la economía. Es frecuente creer que el precio final de un bien es un simple cálculo matemático, a saber, la suma de todos los costes de producción más el beneficio empresarial; sin embargo, el precio se forma desde el consumo (1ª etapa), retrospectivamente, hacia las etapas más alejadas del proceso productivo. Por ejemplo, es el precio del pan el que determina el precio de la harina y otros insumos. Los empresarios, aún desconociendo la teoría económica, saben perfectamente que no pueden repercutir cualquier aumento de costes al precio final sin sufrir una reducción de las ventas. Los empresarios siempre venden al precio más alto que, en cada momento, les permite el mercado y, de no enfrentarse a menores ventas, ya hubieran subido los precios sin esperar a la crisis. Únicamente aquellos empresarios que vendan bienes cuya demanda sea muy inelástica podrán repercutir la subida del precio del combustible al precio de sus productos, pero sin olvidarse que la competencia sigue presente. Aquellos negocios cuya demanda sea elástica —ocio, turismo, aerolíneas, ropa, artículos del hogar, electrónica— deberán absorber internamente el aumento del precio del combustible mediante la reducción de otros costes o de sus beneficios. 

Los malvados especuladores

Se acusa a los distribuidores de combustible de «especular» (en sentido peyorativo) porque aplican la subida del precio a un combustible comprado a precios inferiores, en un momento anterior al conflicto bélico. Se repite aquí el error (ya mencionado) de que los costes pasados forman los precios presentes La acción humana siempre es prospectiva y el precio sube porque hay expectativas de escasez. El distribuidor no piensa en lo que le costó el barril, sino en lo que le costará reponerlo, y esta reposición es diaria o a muy corto plazo. Vender el combustible actual al precio antiguo sería un acto de irresponsabilidad empresarial. Aplicar la subida del precio del combustible a existencias previas —la «malvada» especulación— tiene un efecto positivo: obliga a individuos y empresas a economizarlo antes de que la situación empeore. Por paradójico que parezca, la criticada «especulación» del precio de la gasolina es una reacción del mercado que a todos beneficia.

Las medidas anticrisis

Por último, ante el clamor popular de la mítica «espiral inflacionaria», los gobiernos se ven impelidos a intervenir. Reducir el impuesto especial y/o el IVA a los combustibles para amortiguar el precio final al consumidor no funciona porque ya hemos visto que los costes no determinan el precio final. Esta medida reduce el ingreso fiscal y aumenta el beneficio para la empresa, que seguirá vendiendo al precio más alto que le permita el mercado. Ni la subida ni la bajada de impuestos afecta al precio final de los bienes (con las prevenciones ya expuestas de la elasticidad de la demanda). Mucho más peligroso es la pretensión de intervenir los precios de los alimentos y otros productos básicos con la absurda pretensión de vigilar los «abusos» del mercado.

Conclusión

La «espiral inflacionaria», causada por la guerra en Irán, es un mito. En ausencia de inflación —expansión monetaria y/o crediticia— los conflictos y crisis no generan un aumento generalizado de los precios. Si la oferta monetaria no cambia, la subida de unos precios —combustibles— significará necesariamente la bajada de otros. Por último, conviene recordar que el precio no se forma a partir de los costes, sino al revés, desde el consumo hacia las etapas anteriores en el proceso prod


[1] Otro ejemplo de delito de apropiación indebida, autorizada por los gobiernos, es la sobreventa u overbooking que realizan las compañías aéreas.

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