Una de las lecturas favoritas de todo liberal es Yo, lápiz de Leonard Read. El lápiz reúne componentes de continentes enteros. Madera de cedros californianos, grafito extraído en Sri Lanka, caucho natural de Indonesia, arcilla de depósitos en Mississippi, ferrules de metal europeo o asiático. Miles de personas, en fábricas distantes, sin coordinarse directamente, cortan, muelen, mezclan, funden, transportan y ensamblan todo con precisión milimétrica.
Hay una lección económica de este relato, pero también otra lección física más profunda: para lograr ese orden diminuto, la humanidad quema enormes cantidades de energía: diésel en barcos y camiones, electricidad en sierras y hornos, combustibles fósiles en plantas generadoras. Todo ese trabajo útil se degrada finalmente en calor disperso, humo y gases que se expanden irreversiblemente en la atmósfera, aumentando el desorden total del sistema. El universo cobra su peaje en entropía.
Y todo para generar una herramienta que nos permite escribir en un trozo de papel. Podemos dibujar un garabato, o podemos escribir la fórmula que permita diseñar un motor mil veces más eficiente que los actuales. El lápiz nos da una posibilidad, remota pero real, de convertir energía en información extremadamente útil.
La inteligencia artificial ha llevado esto al extremo. Actualmente el ser humano tiene la capacidad de convertir energía en inteligencia con una eficiencia que no podíamos soñar hace apenas cinco años. Y hay algo fascinante en este nuevo producto que no les ha escapado a los empresarios más brillantes de Estado Unidos: viaja a la velocidad de la luz sin preocuparse de fronteras… o planetas.
Los lápices, y las materias primas que los forman, no pueden escapar de regulaciones, mercados intervenidos, aranceles y aduanas. Son un bien tangible, y por eso hizo falta escribir un ensayo explicando su complejidad con la esperanza de que se entendiera la necesidad de no entorpecer su producción.
Las IAs pueden escapar a este destino con una jugada muy inteligente: mudándose al espacio.
Se calcula que para entrenar a Grok 4 se emplearon 310 GWh. Es una cantidad enorme de energía, pero el producto generado con ella justifica el gasto. Por desgracia es cuestión de tiempo que una parte de la población no lo vea así. Toda nueva información tiene una faceta destructiva. Si se descubre una forma más eficiente de hacer un trabajo, aquellos que solo pueden utilizar el método obsoleto sufren una pérdida. Y en estos momentos se están produciendo esas pérdidas a un ritmo nunca visto.
Pero la eficiencia que ha traído la IA es tan grande que algo que parece ciencia ficción está al alcance de la mano: establecer los centros de datos fuera del alcance de sus detractores.
Un panel fotovoltaico de 1 m² en órbita LEO genera 400-500 W útiles de forma continua. Una constelación con 11 km² de paneles solares desplegables pueden generar 5GW de energía. Esto bastaría para entrenar 141 modelos como Grok 4 por año. O, dicho de otra forma, se podría entrenar modelos de 10-50 billones de parámetros.
Y esto solo sería la fase 1 del plan. La fase 2 implicaría utilizar la luna como base de fabricación de los satélites, volviendo a la tierra en irrelevante en sus esfuerzos por parar el progreso de esta tecnología. La fase 3 directamente nos convertiría en una civilización Kardashev de tipo II. Pero ¿cómo sería posible si hoy en día estamos lejos de alcanzar el tipo I?
La humanidad tiene a su alcance utilizar todas las fuentes de energía disponibles en la tierra. Dominamos la solar, la eólica, la geotérmica o nuclear. Nada nos impide utilizarlas salvo las regulaciones que nos auto imponemos. Y por desgracia, nos imponemos bastantes.
Pero el universo no entiende más leyes que las propias. La radiación solar es abundante fuera de la tierra. Y la materia prima abunda en otros satélites y planetas. Lo único que se necesita son agentes con inteligencia capaces de aprovechar ambas. La IA, y los robots que la van a acompañar, son esos agentes.
Muchas personas están advirtiendo que no estamos preparados para este escenario. Lo cierto es nunca se está preparado para algo hasta que te sucede. Así que lo importante es intentar predecir a qué nos vamos a enfrentar, no parlotear sobre si vamos a ser capaces de lidiar con ello. Información útil frente a inútil. Eficiencia versus despilfarro. Juguemos con las reglas del universo, no contra ellas.

