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1980: un homenaje a la libertad

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Cuando supimos de la iniciativa que tenía en mente Arteta, le felicitamos desde este mismo medio de comunicación. Anteriores trabajos suyos como 13 entre mil o El infierno vasco fueron auténticas joyas que reflejaron sin aspavientos el terror sembrado por eta durante décadas, poniendo en valor el rol de las víctimas, olvidadas antes y parece que ninguneadas ahora.

1980, además, cuenta con otra virtud. La carencia de subvención alguna por parte de los poderes públicos, ha hecho que su financiación se haya realizado fundamentalmente a través de la técnica del crowfunding. TVE y Telemadrid sí que han secundado este proyecto, la televisión autonómica vasca (ETB), no. ¿Alguien se sorprende de esto último?

El nacionalismo vasco defiende la tesis del final "dialogado" o "sin ganadores ni perdedores", sofisma que, desgraciadamente, sectores del PP y PSOE están comprando y haciendo suyo, quizás para no quedarse al margen de la mayoría. En consecuencia, el desamparo de las víctimas aumenta, al mismo tiempo que se pervierten los términos en que la historia debe ser transmitida a los más jóvenes. Instalarse en la poltrona de la "paz" es lo cómodo, es decir, justo lo contrario a lo que hace Arteta en su película, donde el realismo suple al falso optimismo con que las elites políticas nos venden la derrota de eta.

Como sucediera con los títulos anteriormente mencionados, son pocas salas las que se han lanzado a proyectar la película (en Madrid, los cines Renoir, sitos en la Calle Princesa). Con esta forma de operar, bien condicionada por criterios económicos, bien por haber caído de bruces en los parámetros de lo políticamente correcto, va a ser difícil construir un relato que ponga el valor la importancia, protagonismo y memoria de las víctimas. Por ello, al ir a contracorriente, Arteta se anota un nuevo tanto pues se opone al nacionalismo obligatorio e identitario, al mismo tiempo que lo combate.

El producto final merece la pena. Un trabajo bien documentado en el que a través del testimonio de las víctimas, nos acerca cómo era el ambiente en el País Vasco a comienzos de los 80. Imágenes impactantes combinadas con aportaciones como las de Gorka Fernández, Teo Uriarte, Florencio Domínguez, Aurelio Arteta o Ander Landáburu… quienes diseccionan desde el presente lo que fueron aquellos años, señalando culpables y responsables.

El espectador podrá comprobar las razones por las que el centro-derecha no nacionalista careció de presencia en la política vasca hasta los 90. En efecto, durante la Transición y "los años de plomo", quienes defendían siglas como las de AP o UCD, fueron perseguidos, amenazos y buena parte de ellos, asesinados. El miedo se apoderó de la sociedad vasca y la cobardía fue la respuesta de un sector significativo de la misma que prefirió el silencio cómplice, la equidistancia o el cinismo ilustrado en la frase "algo habrá hecho".

En este sentido, el documental de Arteta muestra a las claras cómo se invertían los papeles, de tal modo que las víctimas se convertían en victimarios. De hecho, en la mayor parte de las ocasiones, tras el asesinato, la familia del asesinado debía de hacer frente a un torrente de falsas acusaciones que, a su vez, habían servido para justificar la comisión del crimen. En otros casos, debían abandonar la localidad.

Todo ello aparece bien desmenuzado y mejor documentado en la obra de Arteta. 102 minutos trepidantes y emocionantes. Un homenaje a aquellos que han caído en el olvido y que gracias a trabajos como éste, recuperan el lugar que les corresponde como referentes éticos y morales.

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