Skip to content

5 de mayo, 22 de mayo y 27 de junio: algo más que fechas

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Tories y liberales se jugaban mucho en la consulta del 5 de mayo, especialmente los segundos, quienes en un análisis más bien sesgado de la realidad política del país, culparon un año antes al sistema electoral de ser el responsable de que siguieran siendo la tercera fuerza política. Por lo tanto, en el Acuerdo de Gobierno de 2010, la celebración de un referendo para alterarlo fue su gran logro y la gran cesión hecha por los conservadores.

Conocidos los resultados, sacamos dos lecturas complementarias: que los británicos avalaron las tesis de David Cameron (contrarias al cambio) y que la tradición sigue pesando mucho en el elector de las Islas. Así, el 70% vs 30% final, no deja lugar a las dudas. A partir de aquí, y esta es la gran lección, la coalición gubernamental no ha mirado atrás y ha continuado trabajando de cara a la consecución de sus objetivos, los cuales tienen como centro principal, la recuperación económica del país, sin perder de vista la intervención en Libia o la presencia en Afganistán.

En efecto, tras el 5-M, David Cameron se reunió con Barack Obama, definiendo la relación, otrora calificada como "especial", de "esencial" y centrada más en los asuntos de seguridad que en los económicos. Igualmente, el próximo 27 de junio se verá con José Luis Rodríguez Zapatero. Será la primera reunión bilateral tras la victoria del británico en 2010. Este hecho contrasta con las relaciones cercanas mantenidas por el PSOE con Gordon Brown, especialmente cuando se convirtió en Primer Ministro.

En efecto, el escocés fue un modelo a imitar desde el punto de vista económico por los socialistas españoles, cuando ya escribimos en estas mismas páginas que no hizo más que repetir las fórmulas económicas del Laborismo de los años setenta, es decir, aquel partido y aquellas medidas que terminaron por arruinar las arcas del país, que sobredimensionaron el Estado y que, en última instancia, relegaron de la categoría de key player en la esfera internacional a Reino Unido.

Este dato es significativo pues más allá del color y credo político de sus partidos respectivos, Cameron y Rodríguez Zapatero han mostrado un actitud (y aptitud) bien diferente para encarar la crisis económica. Así, mientras el tory, aún a riesgo de perder votos, no dudó en hablar durante la campaña electoral de 2010 de la necesidad (como sinónimo de obligatoriedad) de introducir "medidas impopulares", esto es, recortes en los gastos sociales, cediendo así protagonismo su concepto de "big society" a los imperativos dictados por el escenario económico.

Frente a este modus operandi, el político español empleó una táctica diametralmente contraria en función de la cual, se auto-proclamó el "último defensor" del Estado de Bienestar y siguió con su política despilfarradora, pendiente de los conceptos grandilocuentes y de los titulares en la prensa y alejada, en consecuencia, de todo realismo.

Los resultados están ahí. Mientras Reino Unido cubre etapas en su recuperación y su gobierno (o por mejor decir, los conservadores) cuenta con un apoyo mayoritario de la opinión pública, el PSOE se hundió en las municipales y autonómicas del 22 de mayo, viviendo inmediatamente una no tan silenciada guerra civil para decidir quién era el sucesor de Rodríguez Zapatero. Todo ello sin olvidar las "recomendaciones" recibidas por parte de la Comisión Europea.

Desde la perspectiva del ciudadano español hay razones para la esperanza sin que esta afirmación suponga una contradicción con las ideas expuestas en los párrafos precedentes. ¿A qué nos referimos? Respuesta muy fácil: desde las actuales instancias gubernamentales, la principal acusación hecha al Partido Popular y a Mariano Rajoy es que en caso de ganar las próximas elecciones, aplicarán "la política económica Cameron". Al respecto, las críticas y reproches a las propuestas económicas del PP son un calco de las recibidas por parte del gobierno británico durante estos últimos meses y se resumen en el manido tópico (valga la redundancia) de querer desmantelar el Estado de Bienestar.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

El lenguaje económico (XXXVII): salario

El salario es un precio (información) y también la cantidad de dinero (y otros beneficios no monetarios) que se percibe por realizar un específico trabajo. El trabajo no es una mercancía, pero su precio «se determina en el mercado del mismo modo que se fijan los precios de las mercancías»