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A vueltas con el cole

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Las pretensiones punitivas contra los padres que no lleven a sus hijos al colegio no están justificadas.

Pocos días antes de que comience el curso en las escuelas e institutos de toda España, los resultados de la única encuesta[1] que se ha publicado sobre el tema debieron de retumbar en los oídos de los políticos que gestionan la enseñanza: Más del sesenta por ciento de los padres de alumnos no llevaría a sus hijos al colegio en la actuales circunstancias.

No transcurriría mucho tiempo hasta que la ministra de Educación, tras una reunión con los consejeros del ramo de las comunidades autónomas, advirtiera de que es una obligación de los padres llevar a los niños al colegio, pero que recabaría un dictamen jurídico para saber a qué atenerse en el caso de que no lo hicieran.

Sin entrar en otras consideraciones sobre el sistema educativo español, que excederían con mucho este análisis, se anuncia un conflicto entre el Gobierno (aunque se oculte tras la distribución de competencias) y los padres a los que no convenzan las medidas para paliar los contagios en los centros docentes en pleno rebrote de la pandemia del coronavirus.

Es verdad que la legislación española de protección de menores, yendo un paso más allá en la definición del deber de los progenitores que ejercen la patria potestad de educar y procurar una formación integral a sus hijos “de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental”, recogido en el Código Civil (artículo 154), califica como situación de desamparo de los niños “la inducción al absentismo escolar durante las etapas de escolarización obligatoria”. Por su parte, la Ley de Educación (artículo 4) establece una enseñanza básica y obligatoria entre los seis y los dieciséis años de edad.

De esta forma podría parecer que los padres que no obligaran a sus hijos a acudir a las lecciones presenciales programadas en los centros escolares incurrirían en el llamado delito de “abandono de familia”, previsto y penado en el artículo 226 del Código Penal para conductas omisivas de los deberes inherentes a la patria potestad. Así se ha expresado en unas furibundas declaraciones una magistrada recién elegida portavoz de la asociación Jueces para la democracia, soslayando que sus deseos no pueden confundirse con el derecho.

Ahora bien, en las presentes circunstancias de serios rebrotes y vista la experiencia de otros países donde comenzó el curso escolar y han tenido que cerrar al poco tiempo, las administraciones públicas están muy lejos de garantizar que la reunión en aulas hasta de 25 niños[2] no va a coadyuvar a una implosión de casos, dadas las extraordinarias dificultades para cumplir las medidas preventivas, tanto para disponer de las instalaciones óptimas como para disciplinar a unos niños para mantener las distancias o portar mascarillas, desde que entran hasta que salen del colegio. Añádase a esto que muchos niños acuden en transporte colectivo a sus colegios y que reciben incluso manutención en comedores para concluir que las posibilidades de contagio se multiplicarán. Por lo que se conoce de las medidas impulsadas por las distintas administraciones tampoco se realizarán pruebas de diagnóstico de forma universal a profesores y niños.

No está de más mencionar que el empecinamiento en mantener un sistema de enseñanza único, que excluye opciones como la enseñanza en casa (homeschooling) con evaluaciones oficiales externas, por ejemplo, se revela contraproducente en esta situación de urgencia para el fin proclamado de proporcionar una instrucción a los niños, en especial a los que se agrupan en la enseñanza primaria para los que parece muy complicado ofrecer clases a distancia.

En cualquier caso, como no puede obviarse el enorme riesgo sanitario para los propios niños y sus familias que esta vuelta a las aulas puede acarrear, las pretensiones punitivas de determinados fanáticos contra los padres que se nieguen a llevar a sus hijos al colegio deben reparar en dos elementos adicionales.

En primer lugar, que los fiscales que emprendieran acusaciones contra ellos por “abandono de familia” tendrían que probar que esos padres quieren desatender la formación de sus hijos “de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental”. Algo que estos podrían disipar preparando un plan educativo para impartir en casa, con o sin el aval de los maestros de sus hijos, para procurar una instrucción acorde al curso en el que se hallan matriculados y una petición de evaluación por el centro correspondiente.

En segundo lugar, aunque no pudieran ofrecer una alternativa a la enseñanza oficial, los padres podrían argüir la concurrencia del estado de necesidad, contemplado en el artículo 20.5º CP como causa de exención de la responsabilidad penal. En efecto, esta eximente permite lesionar un bien jurídico de otra persona o infringir un deber “para evitar un mal propio o ajeno en defensa de la persona o derechos propios o ajenos” siempre que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar; que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionadamente por el sujeto y que el necesitado no tenga, por su oficio o cargo, obligación de sacrificarse.

En consecuencia, aunque la apreciación de esa eximente de la responsabilidad penal correspondería a un juez en el curso de un procedimiento penal, cabría objetar que la conducta típica de abandono de familia está justificada por la necesidad de supeditar la educación del niño a su propio derecho a la vida y la integridad física, así como la de sus familiares.


[1] En cualquier caso, el diario La Razón, al menos en su versión en internet, no ofrece los datos sobre la muestra de los encuestados

[2] Tal es el número máximo previsto en el Real Decreto 132/2010, de 12 de febrero, para las clases de enseñanza primaria, por ejemplo.

 

5 Comentarios

  1. Sí puede obviarse el enorme
    Sí puede obviarse el enorme riesgo sanitario, si uno está correctamente informado.

    Explico a continuación el método para estar correctamente informado. Primero: dejen de leer periódicos online españoles, que son organizaciones criminales y terroristas. Solo saben mentir, propagar bulos y sembrar cizaña. Lo mismo para las radios, las televisiones, los podcast españoles y, en general, dejen de recibir información de cualquier asqueroso negacionista del sistema inmunológico.

    En general, la mayoría de la mentiras que se han dicho y que tienen a todo el mundo histérico, lo cual pone en riesgo su vida la de sus hijos, provienen de una organización no menos criminal que los medios de comunicación españoles. Me refiero a la OMS, también conocida como WHO. Ni caso a esta maldita organización que debe ser eliminada urgentemente por haber contribuido a causar la muerte de cientos de miles de inocentes, contando solo este año.

    ¿Dónde recibir información? Lean libros sobre inmunología. En particular, lean sobre la historia de la inmunología. Descubrirán entonces que los desastres naturales (o no) siempre han sido agravados por la respuesta polítco-administrativa. En esta ocasión no se ha roto esa maldita tradición. Además, los virus tienen la peculiaridad de que necesitan no exterminar a su huésped. No pueden «vivir» si mueren todos los seres vivos que infectan. En cambio, bacterias, hongos, parásitos, gusanos y lombrices tienen permiso de la Madre Naturaleza para exterminar otras especies y seguir viviendo. Esto explica que la peste bubónica fuera causada por una bacteria, y no por un virus. Seguramente, la plaga que destruyó la Atenas de Pericles fue causada por una bacteria, no por un virus. Los virus son muy poquita cosa. Y si este hecho les sorprende es que están ustedes completamente desinformados.

    Leer es difícil. Escuchen a gente que ya ha leído la buena información. Suelen aparecer en internet. Tienen la luz pagada. Son insobornables. Piensan con claridad porque no viven obsesionados por el dinero ni por la ideología. Son auténticos científicos y profesores, que llevan décadas haciendo trabajo minucioso y exigiendo precisión. No son unos mindundis que se piensan que los ordenadores les van a dar los sesenta puntos de C.I. que les faltan para tener una inteligencia normal. Estos profesores de los que hablo ya estudiaban grandes volúmenes de datos antes de la existencia de los ordenadores, y son plenamente conscientes de las limitaciones de la computación. La capacidad de procesamiento no sustituye a la inteligencia ni a la reflexión profunda.

    Estas personas llevan avisando desde febrero que el confinamiento y la extinción del virus eran las peores estrategias posibles. ¿Por qué os empeñáis, malditos anticientíficos, contumaces y suicidas españoles en negar la realidad? Hay que contagiarse y superar este virus naturalmente, como hemos superado todos los anteriores. Hay que recular, reconocer el error, pedir perdón auque no valga para nada. El gobierno os ha engañado. Todos los gobiernos autonómicos os han engañado. Los alcaldes son vuestros enemigos. Todos los países están empezando a despertar. Hemos vivido un genocidio de los políticos y los periodistas. Son nuestros enemigos. Esto no es ideológico sino estrictamente biológico. Debéis dejar de tener miedo y debéis dejar de colaborar con el enemigo. Cambiad de bando antes de que sea demasiado tarde.

    ¿Vais a ser los últimos otra vez en rebelaros contra la tiranía?

    ¿De verdad preferís, estúpidos y malinformados españoles, víctimas del genocodio, morir de orgullo bajo la bota de los fasciocomunistas?

    ¿España pasará a la historia como el país en el que la gente prefirió morir para mantener una inocrrecta opinión que ya ha sido demostrada como falsa miles de veces desde marzo con razonamientos basados en la Ciencia y desde abril con datos actuales, cuyo análisis no puede ser más palmario?

    ¿Somos una secta milenarista que está a punto de cometer un suicidio colectivo?
    ¿De verdad vais a seguir insistiendo en la aberración inhumana y abiertamente pseudocientífica del confinamiento, la extinción, la mitigiación imposible de un virus respiratorio, la vigilancia ilegal, la evitación del contagio, las mascarillas, la desinfeción de manos y superficies, las restricciones de movilidad y las restricciones a la libertad de empresa?

    ¿Es posible ser más ciego que vosotros?

    No va a pasar nada. Vuestros hijos no van a morir, ni siquiera a enfermar. Su cerebro seguirá siendo contaminado y destruido por el pésimo sistema educativo que defendeís con denuedo, pero su vida no corre peligro. Tampoco van a morir ni a enfermar la mayoría de los profesores. Si fueran sensatos ya habrían tomado medidas profilácticas por su cuenta, pero como son también víctimas del terrorismo de elpaís, abc, elmundo y libertaddigital y RTVE, están completamente vendidos y expuestos a mil peligros, entre ellos su propia ansiedad. Los profesores que enfermen sobrevivirán sin secuelas en su mayor parte, y algunos pocos tendrán alguna secuela que se resolverá con el tiempo y buenos alimentos. Los profesores viejos, enfermos y en gran riesgo son las personas que deben ser realmente protegidas (los profesores también son personas, es una suposición audaz cuya verdad todavía no ha podido ser comprobada con un modelo computacional desarrollado por un misántropo). Si a estas alturas no sois capaces de entender que el análisis de riesgos y beneficios dice es una locura sacrificar el presente y el futuro de la mayoría para salvar la vida de nadie, entonces es que sois unos necios sin remedio.

    Se trata de elegir el camino menos malo, no el camino peor, como habéis hecho y os negáis a reconocer, imbéciles.

    Basta ya de sandeces y de mentiras.

    El Gobierno debe dimitir.
    Todos los gobiernos regionales deben dimitir.
    Todos los periodistas deben abandonar su profesión y la vida pública en general.

    Llegó septiembre. Tenéis que elegir: o la verdad o seguir en vuestra mentira apocalíptica, que solo confirma vuestra idiotez suicida.

    La epidemia terminó hace mucho. Tenéis las manos manchadas de sangre. Vais a ser castigados. Ahora mismo solo podéis reducir un poco vuestra merecida pena. Rendíos.

    Ya hemos perdido mucho tiempo y ya ha muerto mucha gente por culpa de vuestro orgullo negacionista de la realidad. La política no os salvará. La naturaleza debe ser obedecida. Detened el fratricidio que seguís animando.

    Basta de máscaras. Habéis perdido porque habéis creído en una ideología antihumana en vez de seguir la ciencia. Es el momento de rendirse y callar para siempre.

    ¿Qué me diréis a final de año? ¿Reconoceréis que sois unos gilipollas integrales o seguiréis emborrachados con vuestro orgullo, eternamente contumaces en el error, felices por lo bien que os trata el guardia del campo de concentración?

    ¡Qué maldito país de locos es España!

  2. Gracias a ambos por vuestros
    Gracias a ambos por vuestros comentarios. Especialmente, Trivaix, por los informes sobre las limitaciones de las pruebas PCR para diagnosticar la enfermedad.

    Ahora bien, mi análisis no pretende ser una guía científica o epidemiológica. Es evidente que la contabilización de muchos casos positivos como enfermos del Covid-2, si es cierto que las pruebas PCR fallan tanto, puede alarmar injustificadamente a la población y avalar medidas draconianas de confinamiento por parte de gobiernos faltos de escrúpulos. Pero en este artículo me concentro en un aspecto del problema que mantengo ahora con matices. Puede que la percepción del bosque impida ver los árboles, parafraseando el conocido dicho en un sentido distinto. En efecto, muchos padres y, en fin, la sociedad en general, afrontan una amenaza muy concreta expresada por una magistrada en ejercicio de que el Estado, a traves de la Fiscalía, puede emprender acciones penales contra ellos si se niegan a llevar a sus hijos al colegio en las presentes circunstancias. Algo que parece muy contradictorio con las actuaciones de establecer medidas restrictivas contra la libertad de movimientos y relaciones sociales (confinamientos, cierres de discotecas, limitación de horarios de bares y restaurantes) que se están dando al mismo tiempo. En cualquier caso, he desarrollado los argumentos jurídicos que estas personas pueden oponer frente a esas pretensiones, sobre la base de que cada persona debe ser libre para juzgar su caso particular. Incluso si hay muchos falsos enfermos contabilizados, entiendo que eso no significa que el riesgo haya desaparecido del todo. Forzar a los niños a asistir al colegio sin ningún tipo de consideración a los reparos que sus padres puedan tener, no va ayudar a conocer los problemas de diagnóstico de la enfermedad.
    Por otro lado, tampoco va a tranquilizar demasiado a familias donde hay miembros especialmente vulnerables saber que, en efecto, la incidencia de la pandemia es, en general, menor de lo que se dice en este momento. El caso que les importa es el suyo y la intromisión del estado en su decisión de no llevar a los niños al colegio vulnera su libertad . Desde esta perspectiva de defensa de la libertad de los individuos debe leerse mi análisis

    • Está claro. Gracias por su
      Está claro. Gracias por su trabajo.
      Cuando se analiza caso por caso la intromisión injustificada del estado en la vidas de las personas (la vida de los otros) y las contradicciones brutales que «cabalgan», sería para tomárselo a risa (si no fuera por el daño que causan, y que luego dicen que son, dicen, dificultades que «atravesamos», o «a las que nos enfrentamos», como si cayeran del cielo y no fueran ellos mismos los que las hubieran generado). Lo mismo prohíben ir al colegio, que obligan. Idem con las mascarillas (las más de las veces sin más razón que «hacer parecer» que una medida anterior dudosa o equivocada tuvo algún sentido). A partir de los datos del Diamond Princess (y anteriores) se muestra como altamente dudoso o equivocado decretar la medida de confinamiento a la población general en edad escolar y laboral, a la vez que se olvidan de las residencias de ancianos: exactamente lo contrario que el sentido común (y los expertos independientes) recomendaban. Solución, silenciarlos.
      En cualquier caso son cosas que se deberían hablar y discutir (me acuerdo del programa La Clave), y sin embargo aquí siempre, haga lo que haga el gobierno, siempre estuvo bien hecho, y el tiempo (ejem, sus palmeros mediáticos y académicos, y otros poderes que «de quién dependen; pues ya está») les da la razón


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