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Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXI): algunas lecturas para el verano de 2022

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Como todos los veranos me gustaría sugerir algunas lecturas que me han resultado interesantes durante el año y que ahora que tenemos algo más de disponibilidad podemos afrontar. Como siempre también indico que no se trata de lecturas refrescantes, sino todo lo contrario; son profundas y llenas de ideas, pero no necesariamente difíciles de leer. Es una selección personal e incluye libros de diversas temáticas, pero referidas de una forma u otra a los temas que aquí se abordan habitualmente.

El primer libro que me gustaría recomendar, por su actualidad, es Timothy Snyder, Tierras de sangre, Galaxia Gutenberg, 2011. No es común que recomiende libros de historia contemporánea pues me gustan más épocas más remotas, pero este además de estar bellamente escrito y planteado desde parámetros ideológicos con los que me encuentro cómodo, hace aportaciones muy valiosas a la comprensión  del mundo contemporáneo. 

El autor describe  los horrores que sufrieron las que él llama tierras de sangre, pues son las de la actual Ucrania, Polonia, Bielorrusia y los Países Bálticos, a manos primero del stalinismo, luego del nazismo y de nuevo los últimos días del stalinismo. El libro nos muestra con detalle lo que la maquinaria de un estado fanatizado puede hacerle a las poblaciones de otros estados y también a sus propios connacionales.

El estado, en este caso el estalinista y el nacionasocialista, como protector de su pueblo frente a pueblos enemigos queda en estas páginas no sólo relativizado sino descrito como su principal agresor. Agresor no sólo en el sentido de eliminar vidas y libertades sino también en el de llevar a la ruina económica a sus connacionales y tratarlos sin misericordia. De hecho, el libro se centra más en las hambrunas deliberadamente causadas por los estados que en las violencias propias de la guerra. Un gran libro sin duda para ilustrar la cara de los estados que no suele aparecer en los tratados de teoría política, y que nos muestra que los estados siempre tienen dos caras, una amable y otra pétrea, como los acontecimientos actuales en las tierras de sangre nos ayudan a recordar.

Pero para mi el gran libro del año en nuestro campo es el de James Dale Davidson y Lord William Rees-Mogg, El individuo soberano, Bubok editorial, Madrid, 2022. Si bien ya contaba con unos años el esfuerzo de Adolfo Contreras y Javier Maestre nos permite disfrutar de esta excepcional obra ya por fin traducida. Sólo con ver el índice de capítulos, con títulos como la vida y muerte del estado-nación, los últimos días de la política o el crepúsculo de la democracia ya se nos hace ver que estamos delante de un libro de enorme interés.

La visión que se nos da en el libro del  origen del estado no es precisamente la de un contrato celebrado pacíficamente entre ciudadanos que quieren librarse de las maldades de un brutal estado de anarquía, sino la contraria de un grupo de predadores que conquista y extrae tributos por la fuerza. También describe realidades futuras del estado derivadas de la información y la tecnología, como las que ya hemos comentado en esta sección.

Pero no quisiera dejar de destacar un aspecto que pocas veces se aborda o discute en nuestros tiempo, el de los votos y el sacrificio cuya pérdida consideran los autores como un rasgo definitorio de nuestras sociedades contemporáneas y una de las causas de su declive. El voto es una promesa de cumplimiento de una determinada conducta por nosotros mismos hecha bien a nosotros mismos bien a algún ente divino o espiritual, como la patria, y que es difícil de hacer cumplir externamente. Los votos sacerdotales o de fidelidad matrimonial o las promesas que antes se hacían de cumplir un mandato, como por ejemplo una ofrenda a un santo en el caso de que este nos curase de una enfermedad, son algunos ejemplos. No requieren de vigilancia o sanción exterior sino de nuestra propia conformidad con la promesa. Hoy en día han caído en desuso y son casi merecedores de escarnio. Lo mismo acontecería con los sacrificios, esto es autoinfligirse algún tipo de penalidad física o espiritual en aras de algún bien superior, como es el caso del luto o de algunas conductas que aún se conservan en algunas iglesias rurales como el de caminar de rodillas en expiación de alguna falta delante de la efigie de algún santo o Virgen.

Nadie cumple hoy con estas aparentemente ridículas acciones. Pero nuestros autores inciden en que precisamente estos actos de autocontrol son los que favorecen instituciones sociales como las del valor de la palabra dada o que permiten superar situaciones apuradas como crisis económicas o calamidades de todo tipo. Y por supuesto son las que favorecieron en otros tiempos la aparición del capitalismo, que precisa de un sacrificio previo o ahorro para poder discurrir eficazmente. Pocos son hoy los teóricos que discurren sobre la funcionalidad de estas viejas costumbres y ya sólo por eso el libro merece ser leído, aunque es mucho más lo que aporta. Lo recomiendo sin ningún tipo de reservas.

En estos tiempos de catastrofismo de todo tipo, ambiental, económico y social, en los que se vuelven a predicar viejas profecías del fin del mundo, eso si actualizadas a los avances tecnológicos, es útil recordar que muchas ellas ellas carecen de fundamento. Para ello siempre es bueno recordar a los pioneros en la develación de los mitos de colapso.

Un buen libro para ello es el de John Maddox, El síndrome del fin del mundo, Seix Barral, Barcelona, 1974. El autor critica todos los llamamientos al apocalipsis que se daban en los años 70 con argumentos a los que hoy en día siguen empleándose contra nuestros actuales profetas de la catástrofe y denostadores de la prosperidad. Superpoblación, crisis alimentaria o contaminación son palabras que aún se escuchan con fuerza a día de hoy, sólo que esta vez asociadas a fenómenos de actualidad como el cambio climático. No sé si aprenderemos algo, pero mucho me temo que dentro de otros cincuenta años seguiremos oyendo letanías semejantes y también respuestas no muy diferentes a las que nos ofrece el gran John Maddox.

También quiero recomendar un pequeño libro del agasajado con el premio de la libertad del Instituto Juan de Mariana, el gran politólogo español Dalmacio Negro. Selecciono como recomendación su La ley de hierro de la oligarquía, Ediciones Encuentro, Madrid, 2015, no por ser la principal de sus obras que las tiene y muchas, en especial su La tradición liberal y el Estado, sino porque aborda un tema que me es muy caro, el de la oligarquía política. El profesor Negro estudia uno de los fenómenos más relevantes de las ciencias políticas, que es el de cómo un pequeño grupo de personas puede dominar a millones de ellas y como esto es una ley de hierro inevitable. Basándose en la obra política de uno de los discípulos predilectos de Max Weber, el fascista Robert Michels, don Dalmacio nos lleva a través de los procelosos pero sumamente sugestivos procesos de formación y consolidación de oligarquías y grupos dominantes. No se deja llevar por los cantos de sirena del pluralismo democrático y reclama la tradición de que uno sólo no puede gobernar, como tampoco los muchos. Sólo unos pocos que están cualificados y tienen la voluntad y las herramientas para ejercer el poder político.

Por último, quisiera hacer una breve referencia a la literatura infantil que puede ser asociada a nuestras ideas. Liberales y libertarios han descuidado mucho tiempo la difusión entre las jóvenes generaciones de sus principios a través de cuentos y relatos infantiles, dejando libre este ámbito para que literatos de otras ideologías ocupen ese espacio, como ocurre con la socialista Abeja Maya. Fue pensada por su autor, el socialista Waldemar Bonsels, para familiarizar a la infancia con algunos principios del socialismo. Es conveniente recordar por tanto a los viejos cuentos de hadas, denostados históricamente por progresistas y socialistas por transmitir valores conservadores como la monarquía, el deber o el honor entre otras antiguas virtudes, y recuperar los cuentos del monárquico conservador Hans Christian Andersen o de los liberales Hermanos Grimm.

Sin embargo es cierto que se comienza a dar un esfuerzo primero por divulgar los clásicos del pensamiento austrolibertario. Connor Boyack ha adaptado alguno de estos clásicos como Los gemelos y el lápiz maravilloso en referencia al clásico de Leonard Read o Los gemelos y la ley en relación al clásico de Bastiat. En Unión editorial también están haciendo un esfuerzo editorial con libros infantiles en su colección Value Kids con bonitos relatos sobre finanzas y ahorros para que la juventud aprenda ya desde pequeña los valores de un asociedad libre y próspera.

Pero no puedo dejar de recomendar a este respecto un  pequeño libro de Julio Verne, El conde de Chanteleine. Fue esta una obra del genial escritor de anticipación y precursor de la ciencia ficción olvidada o mejor dicho apartada durante mucho tiempo y redescubierta y traducida hace sólo unos pocos años. La razón es clara, es un libro que describe los excesos y crueldades de los revolucionarios franceses y se pone de parte de sus grandes adversarios, la chuanería y los campesinos de la Vendee. Es decir, es un libro de aventuras propio de la infancia en el que los valores se invierten y los revolucionarios son malos sin posibilidad de redención y dotados de todos los atributos de la vileza. Por su parte los buenos son campesinos y nobles que combaten con heroísmo y hasta sus últimas fuerzas a las fuerzas del Comité de Salvación Pública de Robespierre, Couthon y Saint Just, encarnadas en crueles generales como Carrier y sus columnas infernales. El libro defiende además a la religión católica como el aliento espiritual de la reacción. No me extraña que haya sido ocultado tanto tiempo y me extraña que no sea recuperado para el canon de la literatura infantil.

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