Skip to content

Banca y transformación de plazos: un error ontológico antológico

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

Con la concesión del premio Nobel a Diamond & Dybvig muchos economistas, algunos de ellos liberales, repiten el grave error sistemático de afirmar que un banco es o debe ser (ontología) un intermediario financiero que realice transformación de plazos: endeudarse a corto plazo y prestar a largo plazo. Esta sería su casi única o principal forma de obtener beneficios, el arbitraje entre tipos de interés a corto plazo, normalmente más bajos, y tipos de interés a largo plazo, normalmente más altos. Un banco debería tener fondo de maniobra negativo, debería proporcionar liquidez pero ser él mismo ilíquido.

¿Son los bancos intermediarios financieros? Sí: por un lado toman prestado (su pasivo), y por el otro lado prestan (su activo), o compran participaciones empresariales. Que un banco pueda ampliar su balance y crear sustitutos monetarios (depósitos y billetes, dinero bancario interno) al conceder préstamos no significa que los bancos no sean intermediarios financieros: si un banco solo hace eso, sin recibir financiación monetaria, eventualmente se quedará sin reservas de liquidez por retiradas de fondos de sus clientes o por compensación interbancaria. Los bancos no son solamente intermediarios financieros: también son gestores de pagos y cobros mediante sus sustitutos monetarios, y pueden proporcionar otros servicios a sus clientes y cobrarles por ellos.

¿Transforman plazos los bancos? Actualmente sí. No solo los bancos comerciales, sino también los bancos de inversión y otros intermediarios financieros. Pero el sector bancario y financiero no es libre sino que está fuertemente regulado, intervenido, protegido, privilegiado, y esto es lo que fomenta el descalce de plazos.

¿Deben transformar plazos los bancos para obtener beneficios? No. Pueden obtener beneficios sin necesidad de transformar plazos gracias al margen entre tipos de interés pagados y tipos de interés cobrados por servicios de intermediación, agregación o desagregación de fondos, análisis de solvencia y asunción de riesgos, de modo semejante a como un intermediario comercial puede obtener un margen (comprar más barato y vender más caro) sin necesidad de alterar la calidad del producto distribuido.

-Intermediación: el banco es un agente económico intermedio entre prestamistas y prestatarios (que sin el banco tendrían que buscarse unos a otros), conoce ambos lados de los mercados financieros.

-Agregación o desagregación: el banco puede juntar los fondos de muchos prestamistas para un único prestatario, o separar los fondos de un único prestamista en múltiples prestatarios.

-Análisis de solvencia: el banco investiga y evalúa la solvencia de los prestatarios (crédito como confianza).

-Asunción de riesgos: el banco asume posibles pérdidas en sus préstamos (impagos de prestatarios) sin transferirlas a sus prestamistas, y puede hacerlo porque dispone de fondos propios (capital como amortiguador de pérdidas).

Los bancos, y el sector financiero en general, pueden existir y obtener beneficios sin necesidad de descalzar plazos (o riesgos).

Además un banco o cualquier otro intermediario financiero no puede obtener beneficios de manera sostenible en un mercado libre mediante el descalce de plazos o riesgos: al realizarlo el banco se vuelve más frágil e inestable, y las entidades más frágiles tienden a romperse o fracasar. La iliquidez se transforma en insolvencia, impagos, quiebras (obligaciones de pago inmediatas exigidas mayores que los derechos de cobro inmediatos, retirada de financiación, ventas masivas forzadas de activos con descuento).

Convencidos de que el sector financiero debe transformar plazos, la mayoría de los economistas se limitan a idear posibles mecanismos para evitar crisis financieras que dañen a la economía: seguros de depósitos para evitar corridas bancarias (que ni son seguros ni cubren en realidad los riesgos, porque las corridas bancarias o las crisis financieras ni son aleatorias ni son anomalías producto del pánico infundado, y los fondos de garantía son sistemáticamente insuficientes), regulación y supervisión bancaria y requisitos de capital (mal pensados y con fuertes injerencias políticas), financiación privilegiada (banco central como prestamista de última instancia). Estos economistas no suelen considerar la posibilidad de libertad monetaria, bancaria y financiera, con derechos de propiedad, contratos libres, beneficios y pérdidas, crecimiento o quiebra.

Variantes del error:

-“Los agentes económicos desean ser acreedores a corto plazo y con seguridad de cobro, y ser deudores a largo plazo y con pago inseguro, y los bancos simplemente satisfacen estos deseos como buenos intermediarios.” Esto es como afirmar que los agentes económicos desean pagar poco (o menos) por lo que compran y cobrar mucho (o más) por lo que venden, y los comerciantes simplemente satisfacen estos deseos como intermediarios: en este caso los comerciantes podrían alterar precios y márgenes según los deseos de sus contrapartes deteriorando la calidad de los bienes o servicios o su percepción sin que nadie se diera cuenta, pero los bienes o servicios acabarían fallando o rompiéndose más o antes de lo previsto. Si uno quiere ser acreedor a corto plazo y con gran seguridad debe aceptar cobrar un interés menor, y si uno quiere ser deudor a largo plazo y con inseguridad del pago debe aceptar pagar un interés mayor, igual que si uno quiere cobrar más debe ofrecer más calidad, y si uno quiere pagar menos debe aceptar menor calidad.

-“La transformación de plazos es beneficiosa no solo para los bancos sino para toda la economía en su conjunto, ya que se incrementa la financiación de proyectos empresariales, y por eso los bancos merecen alguna protección especial para poder realizarla (financiación privilegiada sistemática, garantías de depósitos, prestamistas de última instancia).” En realidad la financiación esté descoordinada, es insostenible y provoca ciclos económicos de auge y caída. Los bancos son frágiles y terminan quebrando o teniendo que ser rescatados con fondos públicos (financiación privilegiada excepcional, inyecciones de capital). Como los bancos están altamente relacionados unos con otros y con todos los agentes económicos, cuando colapsan dañan gravemente la economía (riesgo sistémico, pérdida de intermediarios financieros y de su conocimiento del negocio, restricciones crediticias): para evitar estos daños tienden a ser rescatados, creando riesgo moral y reiniciando de nuevo el proceso. El gobierno parece salvar al mundo de un problema que ellos mismos contribuyen a crear con el apoyo intelectual de casi todos los economistas.

1 Comentario

  1. En mi opinión, la concesión del Nobel a Diamond y Dybvig no implica ningún error ontológico. Por lo que yo sé, DyD fueron los primeros en proporcionar (al menos, mediante un modelo formal) una justificación al régimen de reserva fraccionaria, construyendo un modelo en el que esta podría dar lugar a asignaciones superiores a las que surgirían si estuviera prohibida. Al hacerlo, pusieron de manifiesto que aquellos que defendían su prohibición -economistas también liberales- podían estar cometiendo otro error ontológico, consistente en afirmar que los bancos no deben transformar plazos. ¿Acaso usted está entre ellos?
    El artículo de DyD puso también de manifiesto que los beneficios de la reserva fraccionaria son sólo potenciales, ya que esta da lugar a múltiples equilibrios, en muchos de los cuales pueden producirse (por razones un tanto arbitrarias) pánicos bancarios con consecuencias peores que la prohibición. Es cierto que argumentaron que la garantía de los depósitos por parte de los gobiernos podía eliminar el problema de los pánicos bancarios, algo in duda muy discutible. Pero eso no quiere decir que su aportación no merezca un Nobel. Pese a que no soy un experto, si he leído a muchos economistas (Como John Cochrane, Stephen Williamson, Anat Admati y Martin Helwig o Roger Myerson) que advierten de la fragilidad de nuestros sistemas bancarios y del enorme problema de riesgo moral asociado a la actual regulación de los mismos. Ninguno de ellos le echa la culpa a DyD.


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

El Fouché hispano

Fernando Grande-Marlaska se ha convertido en el ministro del interior que más tiempo ha estado en el cargo, un total de 2.085 días hasta hoy. Ha adelantado a José Barrionuevo, ministro de la época de los Gal, que acabó condenado a pena de prisión, con un récord de 2.048 días.