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Bitcoin y elefantes rosas

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Después de la quiebra del exchange FTX a finales del año pasado, ha habido un run run en los mentideros del mundo cripto sobre una posible operación política para excluir a los exchanges cripto del sistema bancario americano. Es la llamada operación chokepoint 2.0, que ha pasado de ser considerada una teoría conspiranoica, a acabar demostrándose cierta.

Una operación quirúrgica…

El primer objetivo de esta operación fue el banco SilverGate, que era la principal entidad que ofrecía servicios a los exchanges cripto. Incluso les proporcionaba una red de conexión que permitía enviar dólares de un exchange a otro de forma casi instantánea. 

Dicen las malas lenguas que desde Washington se hizo correr el rumor que el banco tenía problemas, para así provocar una espantada de los depositantes. SilverGate ya padecía importantes dificultades, porque se vio afectado por el colapso de FTX, así que solo faltaba darle el golpe de gracia. Eliminar a SilverGate de la ecuación, un banco pequeño, parecía una operación de precisión quirúrgica. Y de hecho inicialmente así parece que sucedió, puesto que finalmente SilverGate se rindió y el pasado ocho de marzo inició un proceso voluntario de liquidación de la entidad. Esta noticia fuera del ámbito cripto apenas tuvo repercusión. No saltó a los medios. 

que acaba en escabechina

Washington se las prometía felices, pero a los pocos días resulta que esa operación de bisturí acabaría por convertirse en una carnicería de serrucho y torniquete, cuando el problema se extendió al Silicon Valley Bank. Está relacionado con el mundo cripto, aunque con una ligazón algo distinta. En este caso, algunas empresas cripto eran las que tenían riesgo en el banco y no al revés. Muy en especial la empresa Circle, emisora de la moneda USDC. Una moneda que pretende valer siempre 1 dólar por unidad; una stablecoin.

Ahora sabemos que los bancos medianos americanos en general ya estaban teniendo problemas serios porque sus activos se habían depreciado mucho debido a las subidas de los tipos de interés durante el último año. De modo que no fueron las maquinaciones de Washington por sí solas las que provocaron el problema, sino que estas maquinaciones cayeron sobre una situación que ya era muy delicada.  

Una operación política

En fin, la historia ya la conocen los lectores. Silicon Valley Bank quiebra y junto con él también intervienen a Signature Bank. Un banco más parecido a SilverGate que daba servicios a exchanges cripto como Binance. Lo cierto es que si bien SilverGate estaba sufriendo salidas de depósitos, existen muchísimas dudas de que realmente estuviera al borde de la quiebra.

Estas dudas se despejan cuando la administración establece como condición para el comprador de Signature que elimine a todos los clientes relacionados con cripto activos. Quedó entonces demostrado con casi total seguridad que la operación chokepoint 2.0 es una realidad, y que el gobierno no ha dudado ni un segundo en llevarse por delante todo un señor banco por una cuestión política y no económica. Vergonzoso.

No es que yo le tenga especial simpatía a entidades como Binance, pero no por ello me parece bien que el gobierno haga este uso de su poder. Pero bueno, a estas alturas ya no nos escandalizamos por estas cosas. Estamos acostumbrados.

Gobernantes con lanzallamas

El caso es que todo este caos ha reavivado el movimiento anti-bitcoin en el establishment político y mediático, de manera que parecen querer restringirlo o incluso prohibirlo. Entre otras razones, uno de los principales argumentos es que Bitcoin no tiene respaldo ni tampoco ningún valor de uso. Que es inútil. Entonces, ¿Para qué prohibir una cosa que no sirve para nada? ¿Qué relevancia tiene? Si están en lo cierto, bastaría con ignorarlo pues debería morir más pronto que tarde.

Imaginemos por un momento que una compañía aseguradora saca al mercado una extraña póliza de seguro de hogar que te asegura única y exclusivamente de la posibilidad de que el gobierno incendie tu casa. ¿Qué pasaría con la demanda de dicha póliza si un buen día nos desayunamos viendo que nuestros gobernantes se pasean por las calles blandiendo antorchas y lanzallamas?

Pues a falta de un ejemplo mejor, esta es la sensación que tengo con Bitcoin. Bitcoin fue diseñado de manera expresa para resistir la prohibición de los gobiernos. ¡Menudo paranoico este Satoshi!, dirían algunos en su momento. Pero ahora resulta que el gobierno habría capitulado dándole la razón al creador de Bitcoin.

Prohibir el éxito conduce al éxito

Y es que además, me parece a mi que cuando el gobierno ordena “¡No use usted Bitcoin!” lo que va a conseguir es casi lo mismo que si ordenara “¡Prohibido pensar en un elefante rosa!”

Y digo “casi lo mismo” porque lamentablemente creo que el gobierno sí que va a conseguir que algunos no piensen en elefantes rosas. Existen muchos ejemplos históricos de este tipo de restricciones. Ya pasó con el oro hace muchos años o con los hedge funds más recientemente. Me temo que, salvo que a imagen y semejanza del dólar en Argentina se desarrollen muchísimo los mercados negros de Bitcoin, lo que acabaremos teniendo son fuertes barreras de entrada que dejen fuera al ciudadano de a pie, de manera que solo algunos privilegiados tengan acceso a cantidades relevantes de Bitcoin.

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