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La Iglesia Católica y bitcoin

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La Iglesia Católica no se ha pronunciado oficialmente ni a favor ni en contra de Bitcoin y otras criptomonedas. El motivo principal es la prudencia que deben tener las jerarquías antes de emitir un juicio moral sobre algo nuevo y desconocido. Pero sí que diversos cargos eclesiásticos y laicos se están pronunciando en contra de Bitcoin y del resto de criptomonedas por considerarlos “elementos especulativos sin ningún valor real que sirven a las grandes empresas en contra de los intereses de clases medias y bajas”.

Esta afirmación puede tener parte de verdad cuando menciona la especulación, pero se equivoca en decir que es mala per se y que perjudica a las clases bajas cuando en la realidad la actividad especulativa ayuda a la asignación eficiente de los recursos. Aunque no es el tema por tratar y, como además, soy escéptico sobre los diferentes criptoactivos, argumentaré por qué en el caso de Bitcoin esta afirmación es radicalmente falsa.

Qué es Bitcoin

Para criticar Bitcoin, hay que entender en qué consiste. Bitcoin es un tipo de dinero digital dentro de una red descentralizada P2P que permite enviar pagos online sin necesidad de que un intermediario valide la transacción. Es una cadena continua de bloques de información basada en un método de consenso bajo proof-of-work. La diferencia entre Bitcoin y cualquier otra criptomoneda es que está descentralizada. Ningún individuo ni organización puede modificarla.

El sistema de la red P2P basado en una proof-of-work consiste en que, cada vez que se emite una transacción, los nodos mineros (también hay nodos no mineros) recogen las transacciones en un bloque cada 10 minutos y deben competir para ser los primeros en actualizar el libro público de contabilidad y ganar el bloque. Para ello, gastan bastante energía para que la CPU resuelva la proof-of-work, que son problemas matemáticos difíciles de resolver, pero con una solución fácil de comprobar.

Transacciones seguras

Una vez se anuncian las transacciones, el resto de los nodos aceptan o rechazan la validez del bloque viendo si se han gastado los bitcoins con anterioridad. Si aceptan, deciden trabajar en ellos para el siguiente bloque. El minero que ha emitido el bloque válido recibe una recompensa en bitcoins, que se perdería en caso de ser una atacante de la red habiendo gastado energía de manera inútil. Por tanto, la mayoría de los nodos tienen inventivo a ser honestos.

Cada usuario tiene un monedero y posee una clave privada, que después genera una dirección pública, a la que poder enviar bitcoins o satoshis (las unidades divisibles de cada bitcoin) y que se puede comprobar mediante una firma. La clave privada es única y es imposible de adivinar mediante la dirección pública. Sólo los individuos o entidades con claves privadas serían propietarios de bitcoins. Es imposible conocer la clave privada de otro usuario. Pero las transacciones entre direcciones son públicas, lo que hace posible saber qué fondos tiene determinado usuario y de quién los ha recibido, aunque eso no implica saber su identidad real.

No atenta contra el Catecismo

Únicamente con explicar el funcionamiento de Bitcoin, se entiende que es un proyecto de moneda digital deflacionaria, puesto que su oferta está limitada y que elimina la necesidad de intermediarios en la red para validar las transacciones. La finalidad de Bitcoin fue, según dio a entender su creador, Satoshi Nakamoto, conseguir un dinero similar al mejor dinero que ha existido, el oro, según autores como Guido Hülsmann. A su vez, Bitcoin pretendía ser un dinero efectivo pero digital, sin necesidad de bancos o cajas de ahorro, siendo simplemente un monedero.

Por tanto, no hay ningún motivo para atacar Bitcoin que pueda estar enlazado al Catecismo de la Iglesia católica y sus enseñanzas sobre la moral. Los argumentos que se dan en contra son que sirve para fines especulativos (como si fuese malo, pero no quiero entrar a ese debate), favorece el crimen organizado y perjudica a la clase media y baja frente a los intereses del gran capital. Todos esos argumentos son falsos, o parcialmente falsos. Además, los críticos se olvidan de que Bitcoin otorga independencia financiera, que es importante para llevar una vida digna, y lleva un dinero seguro a personas perseguidas y oprimidas por gobiernos tiránicos.

Prevalecen los inversores a largo plazo

Es cierto que muchos individuos usan Bitcoin con fines especulativos, pero definitivamente son una minoría. Como las direcciones y transacciones son públicas, se pueden analizar y sacar gráficos estadísticos. Uno de ellos es el de long-term holders (LTH), que según Glassnode en 2023 ocupa un 78% de toda la oferta de Bitcoin. Los long-term holders son aquellos usuarios que no han hecho transacciones en más de 155 días. Por lo tanto, el 78% del Bitcoin está en manos de individuos o empresas que buscan una reserva de valor, una especie de oro digital.

La red Bitcoin es libre y puede entrar cualquiera, por lo que no se puede sacar, de ahí que favorezca únicamente a las grandes corporaciones. Es cierto que las grandes corporaciones o monopolios de la violencia, como EEUU o China, han estado comprando grandes cantidades de Bitcoin. Se estima también que su creador, Satoshi Nakamoto, tiene unos 700.000 bitcoins y hay otros grandes tenedores que puede causar fluctuaciones notables en el precio, pero eso ocurre con cualquier bien. Por eso no se puede sacar de ahí que perjudique a las clases medias y bajas, dado que sería como decir que el oro era un mal dinero porque grandes corporaciones como la Compañía de Indias Orientales o diversos monarcas mercantilistas acumulaban grandes cantidades de oro. No hay relación entre ambas afirmaciones y cualquier individuo con acceso a internet puede comprar Bitcoin.

Bitcoin y crimen

Hay que desestimar el argumento del crimen organizado. Es cierto que en Silk Road usaban Bitcoin, ya que las autoridades civiles desconocían su funcionamiento. Sin entrar en el debate de si las actividades de Silk Road eran ilícitas, usaban Bitcoin como podrían haber usado dólares o euros. Es más, la mayor parte del crimen organizado o, mejor dicho, de las actividades que se pueden dar en el mercado que son ilícitas (estafas, venta de bienes robados, sicarios…) porque dañan derechos de propiedad ajenos se efectúa en dólares. Además, Bitcoin dificulta las actividades criminales porque las direcciones y transacciones son públicas, por lo que, si se relaciona una dirección con una entidad criminal, se puede ver sus movimientos. La única diferencia es que no se puede confiscar si no se dispone de las claves privadas.

La imposibilidad de la confiscación de bitcoins es buena para el correcto desarrollo de la justicia. La confiscación de bienes de manera preventiva es peligrosa y puede llevar a que los gobiernos la usen de manera arbitraria, como hicieron en Canadá con una campaña para recaudar dinero a favor de los camioneros que se oponían a las restricciones Covid. Aquel que ha agredido a terceros debe ser obligado a reparar el daño causado hacia las víctimas, pudiendo ser privado de libertad. Que Bitcoin no sea confiscable no evita que un criminal sea detenido. Simplemente, se evitan las confiscaciones preventivas porque toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Juan Pablo II

No solo Bitcoin puede llegar a ser el dinero estable que pidió Juan Pablo II, sino que puede ayudar en la evangelización y la labor social de la Iglesia Católica. La vocación de la Iglesia católica es universal y, por tanto, miles de misioneros viajan a zonas donde los locales están sometidos bajo el yugo de gobiernos tiránicos, que impiden a los locales prosperar, o islamistas que les ejecutarían de convertirse al cristianismo y rechazar la Sharía. Las donaciones en Bitcoin podrían ser uno de los mejores mecanismos para llevar a cabo estas misiones.

De momento, la evangelización en naciones subdesarrolladas no se está llevando a cabo con Bitcoin, pese a cada vez más locales lo usan para proteger sus ahorros. Pero sí que está empezando a haber ejemplos, como el de las monjas Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, en Kansas. Dirigidas por el capellán Matthew Bartulica, que da misa tradicional en latín y es defensor de Bitcoin, financiaron la construcción de una nueva iglesia mediante donaciones en Bitcoin. No es el único caso, la Archidiócesis Católica Romana de Washington DC empezó a aceptar donaciones de criptomonedas. Finalmente, en 2023, Matthew Pinto organizó la primera conferencia cripto-católica en EEUU. Argumentó por qué los católicos tenían que tener en cuenta las criptomonedas y Bitcoin.

Aunque sigue habiendo muchas voces en contra, esto es el comienzo. Bitcoin puede ayudar a reconstruir la civilización cristiana. Por eso la jerarquía eclesiástica no debe emitir juicios imprudentes sobre la naturaleza de Bitcoin. Debe usarlo frente al dinero fíat, mediante el cual los gobiernos acaban con nuestros ahorros y nuestras libertades. Además, el dinero fíat ha fomentado el cortoplacismo, que tanto daño ha hecho a la moral pública. Y ha fomentado modos de vida no acordes al Evangelio.

Ver también

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): introducción. (Álvaro D. María).

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): camino a las micrópolis. (Álvaro D. María).

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

2 Comentarios

  1. Estimado articulista dice Vd :
    «No solo Bitcoin puede llegar a ser el dinero estable que pidió Juan Pablo II,».

    «»Aunque sigue habiendo muchas voces en contra, esto es el comienzo. Bitcoin puede ayudar a reconstruir la civilización cristiana.»»

    «»»La vocación de la Iglesia católica es universal y, por tanto, miles de misioneros viajan a zonas donde los locales están sometidos bajo el yugo de gobiernos tiránicos, que impiden a los locales prosperar, o islamistas que les ejecutarían de convertirse al cristianismo y rechazar la Sharía. Las donaciones en Bitcoin podrían ser uno de los mejores mecanismos para llevar a cabo estas misiones.»

    Empatizo mucho con Vd. ; es joven; uno tiende al «romanticismo realista» o magico» y al dogmatismo (yo fui anarco-comunista-nihilista; culpa mia por haber leido, que no estudiado, a Bakunin ,a Marx y Nieztche ; creo que comenze a los 19 años hasta el año 1982; entretanto hice la la mili y trabaje en un Banco); bueno; a lo que iba :

    1) El dinero es imposible que sea estable; me da igual que lo diga el «Dios sin nombre y Santo de los Santos», o el «sunsun corda» (por muy vicario que sea de del «ungido» o «Cristo» o el Sr. Rallo).
    2) Por favor, no utilize el nombre de su Dios en vano como si fuese un simple Bergoglio ; ya ve lo que esta pasando.

    Que conste que yo soy Agnostico.

    Sinceramente creo que Vd. esta muy por encima de eso; un cordial saludo.

    • Muchas gracias por su crítica, Andrés. Entiendo que el término «dinero estable» no sea totalmente correcto. Creo que se pueden entender las palabras de San Juan Pablo II como «lo más estable posible.» Creo que esa idea no es idealista, sino deseable y posible. El patrón oro original puede ser perfectamente ese dinero, pero como no vamos a volver a ello, Bitcoin quizá puede llegar a serlo.
      Respecto al comentario sobre las misiones, me reafirmo, las donaciones en Bitcoin pueden ser de ayuda allá donde gobiernos tiránicos impidan transferencias de dólares a órdenes religiosas.
      No sé a qué se refiere con «utilizar el nombre de Dios en vano» en este artículo. Como católico, jamás lo haría, por lo que agradecería que me lo señalase para corregirlo públicamente. Lo único que pretendía era demostrar que, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, Bitcoin no es algo malo.


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