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Capitalismo y cultura. ¿Una historia de desamor?

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Hace cincuenta años se dio un cierto equilibrio entre el beneficio capitalista y la creación artística y musical.

Los que me conocéis, probablemente os hayáis dado cuenta de que una de mis pasiones es la de tratar de mezclar el marketing con el activismo liberal. Como ya he dicho en otras ocasiones, creo que al liberalismo le sobra economicismo y academicismo y le falta retórica popular e influencia en la cultura. Por ese motivo por intento combinar mi trabajo profesional como vídeo-realizador con el de activista, ya sea colaborando con el Instituto Juan de Mariana o desde mi proyecto personal Spanish Libertarian.

Sea como sea, el artículo de hoy no tratará de esta pasión mía que es la de combinar el marketing con la batalla de las ideas, sino que tratara de una obsesión personal, en este caso la música. Bueno, más concretamente la música de mi ídolo intelectual y cultural que es Frank Zappa.

Frank Zappa (1940-1993) fue un músico, compositor y vídeo-realizador extensamente conocido por varios motivos. Por una parte, su legado es muy extenso, ya que editó más de sesenta álbumes. Por otra parte, también se le conoce por su crítica a las drogas, los hippies, los republicanos y su irreverente sentido del humor. Su pensamiento empresarial en lo que respecta a la gestión de su música, sus directrices cuasi dictatoriales con los miembros de su banda  y su férrea defensa de la libertad de expresión, hacen de él un icono único en la historia americana, tanto en el ámbito cultural como en el intelectual.

Pero este artículo no tratará sobre su figura, sino sobre una reflexión que podemos extraer del siguiente vídeo que visualicé hace unas semanas:

 

Ese viejo tejano

En este corto vídeo, Zappa nos explica un fenómeno curioso que sucedió durante la década de los 60 del siglo pasado. Nos dice:

Algunos experimentos musicales inusuales y arriesgados vieron la luz gracias a ricos tejanos que no entendían absolutamente nada de esa música que estaban financiando. […] Estábamos mejor en los años 60 que ahora [años ‘80], ya que los productores actuales son jóvenes que creen poder decidir qué es lo que la gente debe o no debe escuchar. […] Es la arrogancia actual de estos “expertos” lo que está matando la creación artística. Deberíamos retomar ese espíritu emprendedor del viejo tejano que decía: “¿Por qué no editar este disco? ¡Asumamos riesgos!”.

La verdad es que no puedo estar más de acuerdo con esta reflexión, que al fin y al cabo se podría resumir en: orden espontáneo (es decir, “dejemos que sea el público el que decida y asumamos el riesgo del posible éxito o fracaso”) frente a planificación de arriba a bajo en la que unos supuestos “expertos” deciden qué discos verán la luz y cuáles no. La externalidad negativa en este caso me afecta a mí y a otras personas de un perfil similar al mío al haber menos música creativa y arriesgada en el mercado.

El hecho de que desde los años 80 la música haya perdido ese componente de riesgo y de creatividad es una mala noticia para la cultura y el arte occidental en general. Lo curioso del caso es que en esa ocasión era el joven hippie el que actuaba de manera condescendiente y conservadora y era el viejo tejano el que estaba dispuesto a satisfacer a la audiencia a pesar de la rareza del producto que iba a comercializar.

¿Dónde está el desamor?

Soy consciente de que el título de este artículo es abiertamente tendencioso (sí, lo es, todos tenemos que recurrir al clickbait de vez en cuando), pero creo que incluso los defensores del capitalismo debemos reflexionar sobre las posibles externalidades negativas de la comercialización masiva del arte. En este caso de la música.

Podríamos decir grosso modo que la música occidental popular (la música pop), surgió a medianos de los años 60 del siglo XX. Durante la primera mitad del siglo pasado, dado que el mundo era muchísimo menos complejo y sofisticado que el actual, la grabación y comercialización de música era un negocio cuasi artesanal. Muchos músicos se solían reunir en bares, locales sociales o garajes y de ahí empezaban a surgir bandas y estilos musicales que luego influirían en las siguientes generaciones. El hecho de grabar un disco o ir de gira era algo muy costoso, por ese motivo los primeros productores y promotores musicales asumían un gran riesgo al intentar comercializar la música de estrellas emergentes de estilos como el jazz, el soul, el rhythm and blues o el rock and roll.

Como hemos visto en el vídeo del mentado Zappa, fue durante los años 60-70 cuando la música occidental tuvo una eclosión creativa como jamás se haya visto. Ejemplos como The Beatles, Queen o Pink Floyd entre tantísimos otros nos demuestran que en esa época hubo un dulce romance entre la música arriesgada, compleja y creativa y su comercialización masiva. En pocas palabras, los discos raros con canciones con letras oníricas, ritmos complejos y armonías arriesgadas se vendían excepcionalmente bien y las salas de concierto se llenaban. Sin saber exactamente cómo, tanto el artista renegado como el rico tejano podían sentarse juntos a contar billetes, dada su extraña pero fructífera relación comercial y artística.

Video killed the radio star

Pero el problema viene cuando la industria musical se focalizó más en crear un producto lucrativo que en crear una pieza musical artística. Si os fijáis bien, desde que apareció el videoclip y la MTV, la música dejó de ser sonido organizado para pasar a ser un producto visual. Es decir, ya no importa cómo cantas o cuán trabajada está tu canción, sino que lo que realmente nos centramos en lo bien que queda tu cara en primer plano o tu culo en una coreografía que la gente verá en el videoclip.

Por otra parte, uno de los problemas que ha ido matando poco a poco la música creativa han sido las radio-fórmulas. Si alguno de vosotros ha visto la reciente película Bohemian Rhapsody habréis podido comprobar que ya a medianos de los años 70 (aproximadamente cuando la música disco tenía cada vez más pegada y el punk se estaba cociendo en las mentes de los futuros músicos) los singles que se iban a comercializar debían tener una duración de no más de tres minutos y treinta segundos y contar con un coro pegadizo. En pocas palabras: debido a esa actitud de “no tomar riesgos”, el mercado musical se estaba saturando de música fácil de consumir frente a otra música que pudiera tener una finalidad más artística que lucrativa.

Con estas reflexiones no pretendo decir que el lucro es malo. Tampoco pretendo decir que toda aportación cultural masiva no puede ir de la mano de la rentabilidad y solvencia económica. Pero creo que sería un tanto estúpido no querer ver que hay una correlación entre la pérdida de creatividad de la música occidental masiva (música pop) y la mera búsqueda de maximización de beneficios.

Hoy en día hay más música que nunca

Es como mínimo sorprendente que actualmente tengamos la mayor accesibilidad a plataformas musicales. Si uno es un apasionado de la música, dispone de plataformas como Spotify, que por un más que módico precio le da acceso a miles y miles de horas de música que puede consumir cómo, cuándo y dónde se le antoje. Si uno es un compositor o un instrumentista, nunca lo ha tenido tan fácil como ahora mismo: por un precio absurdamente barato, cualquier persona puede crearse su home studio en el que componer, grabar,  arreglar y producir la música que se le antoje. Y por si fuera poco, incluso puede recrear su propia orquestra sinfónica gracias a la tecnología.

Pero a pesar de eso, creo que nunca ha sido tan difícil como ahora el intentar hacer llegar a grandes masas una música con intenciones complejas, arriesgadas, creativas y transgresoras. A pesar de que nunca antes ha habido tanta música y tan accesible como hoy en día, es sorprendente lo mucho que toda la música se parece entre sí. Creo que la música occidental popular ha perdido su condición artística para pasar a ser un mero producto que debe arrojar beneficios. Y lo vuelvo a reiterar: no estoy en contra de cualquier tipo de producto que arroje beneficios, pero no nos debemos olvidar de que el arte no trata de eso.

Music is the best

Era el mismo Zappa el que decía en un reciente documental llamado Eat that question que él no estaba comprometido ni con su audiencia ni con los sellos discográficos, sino con su propia música. De ahí su célebre y simple frase que cualquier zappófilo conocerá: “Music is the best”.

Como epílogo de este artículo volveré a traer a colación otra célebre frase de este artista. Él decía: “Sin desviación de la norma, no puede haber ningún tipo de progreso”. Y creo que como amantes de la libertad debemos hacer una crítica honesta al respecto. No creo que sea casualidad que la mayoría de personas que conozco no escuche música actual ya que hubo un momento, hace aproximadamente cincuenta años, en el que se dio un cierto equilibrio entre el beneficio capitalista y la creación artística y musical. Pero desde que el mundo se ha sofisticado y tenemos tanta abundancia cultural y artística, creo que la calidad intrínseca de la música pop occidental ha bajado enormemente.

¿Quién es el culpable de dicha situación? ¡Me encantará leer vuestros comentarios!

13 Comentarios

  1. Avatar

    Manda uebos, parece que
    Manda uebos, parece que habemos nuevo fallo del mercado a la vista: la coacción podría justificarse por amor al arte.

    Cualquiera que crea haber detectado la causa de que tengamos peor música, arte o pimientos choriceros de los que podríamos tener no debería lamentarse sino hacerse rico, pero es más cómodo echarle la culpa al capitalismo, para variar, porque ya no quedan empresarios alegres y temerarios. ¿Pues a qué esperas para arriesgar tu dinero, hijo, o pretendes jugarte el de los demás?

    • Avatar

      ¿Pero te has leído el
      ¿Pero te has leído el artículo? En ningún caso justifico la coacción, hombre. Sólo estoy haciendo una reflexión abierta sobre las posibles externalidades negativas de la comercialización de la cultura masiva. Eso es todo.

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      Claro que no, pero insinúas
      Claro que no, pero insinúas que el mercado podría fallar en algún aspecto, el de las externalidades

    • Avatar

      Sí. A veces el mercado falla,
      Sí. A veces el mercado falla, ya que está formado por humanos, que somos imperfectos. Pero no creo que los fallos de mercado legitimen la coacción estatal, pero sí que debemos reflexionar al respecto. eso es todo.

  2. Avatar

    no sé qué leches ha pasado
    no sé qué leches ha pasado con los comentarios xD

    • Avatar

      Tal vez que te has puesto un
      Tal vez que te has puesto un poco nervioso. Pero tranquilo, reflexionaré

    • Avatar

      qué va! debe haber sido un
      qué va! debe haber sido un error de la web

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      Uyyyy A ver si vamos a estar
      Uyyyy A ver si vamos a estar otros mese sin poder comentar na da na…

  3. Avatar

    Preocupa la antinomia de tu
    Preocupa la antinomia de tu encabezado : capitalismo vs cultura y se agrava con tu concepción de que el mercado es imperfecto y mencionas fallas de mercado como las externalidades. ¿Aceptas una intervención gubernamental para minimizar dichas externalidades? ten en cuenta que esta es la poco original excusa intervencionista del socialismo. Pero recuerda que Rothbard y Hope afirmaron que las externalidades son de valoración subjetiva para cada quien. Si vemos como el músico Zappa ineficiente la aportación de capital por empresarios tejanos «sin buen gusto por el arte» estaríamos pavimentando el camino de permitir que los burócratas socialistas quieran legislar la música como un bien publico para disminuir las externalidades negativas , dado que «la calidad intrínseca de la música pop occidental ha bajado enormemente» Las externalidades existen porque existe el costo de transacción, (Coase) si a los empresarios tejanos no les costara nada producir música no habría costo para internalizar la pésima y monótona música contemporánea. por esto, si invierten es porque el retorno supera su inversión. Moraleja: parece que estamos en un mercado melomano de pésimo gusto artístico.

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      En ningún momento acepto una
      En ningún momento acepto una intervención gubernamental. Eso sería distópico.

  4. Avatar

    Me gusta la incitación a la
    Me gusta la incitación a la reflexión a la que me lleva el artículo, pero no estoy de acuerdo con él.

    Considero que el libre mercado, en este caso en la industria musical, ha servido de amplificador de la cultura de masas, pero un producto musical exquisito o virtuoso está condenado a ser minoritario y esa condición no puede ser alterada por el capitalismo. Dicho de otro modo, el mercado ha hecho accesible la cultura de masas y forma parte de la voluntad individual el indagar sobre corrientes minoritarias o apuestas arriesgadas, pero aún así, el mercado también ha colaborado para que esas propuestas sean más accesibles, pues ha multiplicado los canales de difusión y ha «democratizado» el consumo, sea cual sea su dirección final. Es más, puede que en algún momento de la historia, cuando el acceso a la cultura era más difícil, sí afloraba un cierto elitismo entre aquellos promotores que patrocinaban lo exquisito. Cuando el mercado se abrió de manera toral, lo que visualizamos fue el comportamiento humano cuando se entremezcla entre el colectivo: gregario y adocenado. El libre mercado no puede alterar nuestra naturaleza, sino que siempre la hace más visible.

    Finalmente, he de decir que lo que realmente me preocupa es el mecenazgo del Estado y los aparatos institucionales para difundir idearios (enemigos de la libertad en su mayoría) prostituyendo para ello el arte. Ese sí que es un verdadero problema, pues se altera sobremanera lo que debería ser visible y tener difusión, pues no nace de la voluntad individual, sino que viene a ser impuesto por una suerte de propaganda que, además, impone un canon al resto del mercado que sí opera bajo los parámetros de la libre elección.

    • Avatar

      gracias por tu comentario!
      gracias por tu comentario!

  5. Avatar

    Quien diría que una de las
    Quien diría que una de las mejores épocas para la música, fue impulsada por capitalistas arriesgados. Lastima que muchos no entiendan el sentido del artículo. Un saludo Ignasio.


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