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Carlos de Amberes

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La Fundación Carlos de Amberes debe ser una de las más veteranas instituciones españolas de este tipo, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Me gusta recordar esas iniciativas privadas de "protección social" (como decimos ahora), que se llevaron a cabo muchos siglos antes de la intervención del poder público en este área. Y es que no hizo falta que se inventara la Seguridad Social para que bastantes personas, preocupadas por las condiciones materiales de sus conciudadanos, dotasen fondos para cubrir alguna necesidad que les parecía más importante: así surgieron hospitales, asilos de ancianos, escuelas, colegios universitarios, orfanatos o simplemente dinero para dotar a doncellas pobres y que pudieran casarse.

Esto puede sorprender a nuestra sociedad, acostumbrada a que el Estado se ocupe de tales actividades, generalmente con cierta ineficacia (sobre todo, comparada con iniciativas similares de gestión privada) y por supuesto siempre a costa de nuestros impuestos. Pero la historia nos enseña cómo ha sido perfectamente posible un orden espontáneo (con palabras de Hayek) en la cobertura de este tipo de carencias, pues también forma parte de la naturaleza humana esa preocupación generosa por el más débil.

Aquí se insertaría la obra fundacional de Carlos de Amberes, un ciudadano de los Países Bajos españoles, quien cedió en 1594 una serie de inmuebles para que a su muerte sirvieran de albergue y hospedaje a los pobres y peregrinos procedentes de las Diecisiete Provincias Unidas de Flandes que visitaban la Villa y Corte de Madrid.  La creación del Hospital de San Andrés de los Flamencos coincidió con el nacimiento de otras instituciones de caridad privada, como San Luis de los Franceses, San Antonio de los Alemanes o San Fermín de los Navarros. A la muerte de Carlos de Amberes en 1604, el arquero real Miguel de Frêne se encargó de materializar la idea del fundador poniendo el nuevo Hospital, instalado provisionalmente en una de las casas legadas, bajo la advocación de San Andrés, patrón de la nación borgoñona.

En 1621 se encargó al arquitecto Juan Gómez de Mora un nuevo edificio en la calle San Marcos que albergase el Hospital y la iglesia en la que en 1638 se colgó el cuadro "El martirio de San Andrés" que Rubens pintó por encargo de Jan Van Vucht, uno de los benefactores que con sus legados y donaciones contribuyó a que se realizase el fin benéfico que perseguía la Fundación, y que hoy se puede admirar en la sede de la Fundación, en la calle Claudio Coello de Madrid. Aquí se llevan a cabo, desde 1992, una gama muy variada de actividades, que van desde exposiciones de arte hasta conferencias, seminarios, recitales de poesía o conciertos de música.

Les escribo todo esto porque a mediados de marzo visité una bonita muestra en torno al Toisón de Oro, una vieja Orden caballeresca fundada en 1430 por el duque de Borgoña Felipe el Bueno, cuya soberanía pasó a la Casa de Austria española desde el reinado de Carlos I, rey de Castilla y duque de Borgoña y Flandes. Allí se pudieron admirar muchos retratos de monarcas españoles luciendo esta insignia, de la que el Rey Juan Carlos ostenta su jefatura. Había también una selección de ropajes de ceremonia, libros de estatutos y otros objetos ceremoniales.

Y me acordaba de una interesantísima exposición anterior, que se completó con un Seminario Internacional, de la que también quiero hablarles: "Tiempo de Paces" celebrada en 2009 con motivo del centenario de la Tregua de los Doce Años (Amberes, 1609). Creo que el Catálogo de la exposición todavía está disponible, y allí se pueden disfrutar las fotografías de todo el material expuesto con ese motivo, junto a unos estudios introductorios de gran relevancia. No puedo dejar de señalar, por ejemplo, el texto de Bernardo J. García (profesor de la Complutense, y gran impulsor de estas actividades desde la Fundación): "Tiempo de paces", en el que se recuerda la importante influencia de nuestra Escuela de Salamanca sobre Hugo Grocio, quien precisamente publicaba también en 1609 su obrita Mare Liberum. Pues bien, este pionero tratado de derecho internacional recoge toda la doctrina de nuestros escolásticos sobre el ius gentium; lo que incluye el debate sobre la libertad de comercio y circulación en los mares frente a los monopolios o frente a las dinámicas de guerra económica, así como una crítica a las políticas proteccionistas.

Termino con una breve referencia al Seminario Internacional que señalaba: "El arte de la prudencia. La Tregua de los Doce Años", celebrado en Madrid ese invierno de 2009. Tuve la ocasión de presentar un estudio en torno a la influencia de la Escuela de Salamanca en el entorno de los Tratados de 1609, insistiendo en el gran conocimiento que tenía Hugo Grocio de las obras de los autores españoles, y particularmente de la doctrina de nuestros Doctores sobre la libertad de comercio y navegación por el mar. Conocimiento que usaría precisamente para defender la libertad de los mares en favor de los barcos holandeses que navegaban por las Indias al tiempo de la Tregua.

No es una extraña coincidencia que Carlos de Amberes fuera un contemporáneo de los doctores de Salamanca: su pequeña contribución para resolver un problema social es una bonita muestra de que la iniciativa privada suele anticiparse y, casi siempre, afrontarlos con mayor eficacia que el Welfare State. Esto me parece que está en consonancia con la defensa del comercio libre que propugnaba Francisco de Vitoria, las críticas a la manipulación monetaria que escribía Juan de Mariana, o las explicaciones sobre la formación de los precios en un mercado libre que explicaban Tomás de Mercado o Diego de Covarrubias.

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