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Catalanes contra catalanes: duelo de legitimidades

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Frente a la patulea separatista se rebela la Cataluña que fue, abierta y burguesa, trabajadora y cosmopolita, innovadora y moderna.

La mayor fuerza con la que cuentan los Estados para aplicar su soberanía sobre una determinada población es la legitimidad que de manera mayoritaria ese conjunto de personas les concede tanto para ejercer el monopolio de la violencia (defensa, orden público y aparato judicial) como para llevar a cabo la prestación de servicios tan indispensables como la sanidad, la educación o las pensiones. Si en España, en lugar de una masa de 25 millones de votantes socialdemócratas hasta el tuétano, hubiera millones de anarcocapitalistas, el Estado, si es que no se desmoronaría en esas circunstancias, quedaría en algo completamente residual. Y sin necesidad de que esos anarcocapitalistas hubieran pegado un solo tiro. Las instituciones, cuando la gente deja de creer en ellas, pierden todo su poder, al menos a largo plazo. En un primer momento, regímenes, totalitarios incluso, como el de Cuba o Venezuela se explican, desde luego, por el control de los gobiernos sobre el hierro —las armas—, pero la prolongación de los mismos en el tiempo habría sido imposible sin un apoyo explícito o implícito de buena parte de los cubanos y venezolanos.

En Cataluña, desde que los separatistas pusieron en marcha en septiembre la última fase del proceso de secesión, nos estamos encontrando con un fenómeno interesante. Por un lado, casi dos millones de catalanes no desean reconocer la soberanía española y, por tanto, tampoco su legislación, pues consideran que el ámbito de decisión le corresponde a Cataluña dado que, desde su punto de vista, el Principado es una nación. Por otro, un número similar de catalanes —quizá en una cuantía algo inferior: los votantes de Ciudadanos, Partido Socialista de Cataluña y Partido Popular— que después de cuatro décadas ha discutido la hegemonía callejera al catalanismo y únicamente reconoce la legalidad vigente, esa que indica que la soberanía reside en la nación española; de esta manera, Cataluña únicamente podría separarse del resto de España si así lo acepta el conjunto de los españoles. En tercer lugar, los votantes de Podemos, primera fuerza electoral en las últimas elecciones generales en Cataluña, pero cuya postura en relación a la cuestión nacional es una incógnita. Y, en última instancia, una mayoría, hasta ahora silenciosa, que será clave en el caso de que se movilice políticamente. Lo que es seguro, en cualquier caso, es que en esta crisis se acabará imponiendo el Estado (el español ya existente o el catalán que pretende nacer) que sea capaz de legitimarse ante la mayor parte de catalanes. España parte con ventaja, pero si esos casi dos millones de separatistas llevaran hasta las últimas consecuencias su voluntad rupturista —algo que está todavía por ver—, una Cataluña bajo exclusiva soberanía española resultaría inviable.

De este modo, se trata de un escenario en el que el triunfo de una nación será a costa de la derrota de la otra. Ambos bandos reputan como intangibles sus respectivas entelequias colectivistas. El espectro sociológico más respetable en España coloca el foco estos días en hacer ver quiénes son los catalanes separatistas: una minoría de ungidos creadora del relato soberanista y que no quiere perder su posición de faro cultural; jóvenes semianalfabetos desde un punto de vista histórico consecuencia de décadas de adoctrinamiento y tergiversación en las escuelas y los medios de comunicación públicos; funcionarios y burócratas paniaguados —muchos de ellos profesores— interesados en que no se venga abajo su chiringuito de privilegios; una extrema izquierda que abraza a Arnaldo Otegui y a Nicolás Maduro y el agro de campanario, cerrado y sacristía, tractores y camisas de cuadros, de la Cataluña profunda. Frente a esa patulea, vistas así las cosas, se rebela la Cataluña que fue, abierta y burguesa, trabajadora y cosmopolita, innovadora y moderna.

Desde esta visión, reconozcamos que no por maniquea alejada de la realidad, pareciera que los separatistas, hasta que no se conviertan en seguidores de Karl Popper, carecen del derecho a constituir su comunidad política. Pero el liberalismo, en la medida en que reconoce derechos inalienables, anteriores a cualquier soberanía nacional y legalidad, no debe pasar por alto que uno de esos derechos es el de la libre asociación y desasociación. Ello no implicaría que esos malos catalanes puedan imponer su idea de Cataluña a los catalanes que no quieren pasar por tan liberticida aro, sino que aceptemos su derecho a ser únicamente catalanes. Asimismo, el liberalismo promueve que sus paisanos constitucionalistas, los buenos catalanes, si así lo desean, continúen con su nacionalidad española, pero sin imponérsela a quien rechaza formar parte de esa comunidad política. Y, por supuesto, el liberalismo aplaude, al margen de Españas y Cataluñas, que los habitantes de pequeños núcleos —en un proxy de la autodeterminación individual, como los del Valle de Arán— ejerzan la libre autodeterminación política para formar la comunidad que consideren.

13 Comentarios

  1. Según he leído entonces, el
    Según he leído entonces, el liberalismo tiene que bajar a la tierra. Los derechos los garantiza la sociedad política, el derecho inalienable anterior es música celestial. http://www.fgbueno.es/med/tes/t108.htm

    • No es cierto que, como
      No es cierto que, como sostiene el vejete del video, el derecho natural o justo no sea propiamente derecho al carecer de fuerza coactiva por sí mismo, que sólo recibiría de su positivación por un Estado, o una mera argucia ideológica o revolucionaria contra el derecho vigente en la confrontación política. Qué despropósitos.

      Primero, si existe algo indiscutiblemente movilizador per se es la justicia. Cometa usted una flagrante perversidad y prepárese a sufrir el correspondiente correctivo de sus semejantes con independencia de que esté o no tipificado en un código penal formalizado. Además, qué casualidad que el derecho común devenga básicamente idéntico en todas las culturas en su persecución del inicio de agresión, cuando si fuera mero fruto del capricho político debería manifestarse al menos tan heterogéneo como, por ejemplo, los idiomas -que, por cierto, tampoco son nada convencionales sino un subproducto colectivo.

      El derecho natural o imperativo categórico constituye además un destilado racional frente a la arbitrariedad que deslegitima al positivo en la medida que se aleja de aquél.

    • Lo primero, este vejete es
      Lo primero, este vejete es Gustavo Bueno, uno de los mayores filósofos de la historia de España, si no el mayor, teniendo en cuenta que es el único que ha creado todo un sistema filosófico potente. Estudie más su obra y luego hable de despropósitos.

      Segundo, cuando usted habla de sufrir correctivos de sus semejantes por inicio de agresión, está hablando de normas éticas primitivas, no de derechos. Además, tampoco eso es verdad, porque unas culturas se agreden con las otras y tú supones un principio de agresión universal. Es más, tu idea de principio de agresión dentro de una misma cultura tampoco se persigue, ahí están las tribus caníbales de Guinea que asesinan infantes para comérselos, para ellos eso no supone una agresión. ¿Por qué? Porque la moral y la ética están en constante lucha. O sea que eso de que el derecho común devenga básicamente idéntico en todas las culturas es una falacia, ahí tienes el contraste entre mexicas y españoles. Se impuso la visión católica de justicia y se acabaron con lo sacrificios.

      Al no existir derecho, están luchando constantemente las diferentes visiones de la justicia, no existe una idea universal de justicia. Es decir, cada individuo o grupo tiene una idea diferente de derecho natural, por tanto, hablar de un único derecho natural es metafísica. Al final se impone la idea de justicia del grupo dominante en un territorio y para obtener la hegemonía y mantenerla, esa idea de justicia se convierte en derechos y se hacen cumplir coercitivamente sobre los demás.

    • René, una vez examinado me da
      René, una vez examinado me da exactamente igual de quién provenga un argumento, sea éste el mayor filósofo de España, un vejete del bar o Perico de los Palotes. El escándalo con que parece entras al trapo de mi broma sugiere quizás algún subconsciente propósito de parapetarte tras la opinión de una autoridad como la del finado profesor Bueno. ¿Esperabas poder ahorrarte algo de razonamiento con tan buen padrino?

      Francamente, no sé por dónde vas. Si eres un indepe que ha asumido sin tapujos la idea fascista de que lo único que prevalece es la fuerza y que eso de la legitimidad son zarandajas de timoratos, te diré que como no lo disimuléis bien lleváis sin duda las de perder. Si por el contrario me dirijo a un unionista alardeando de grupo dominante y el disidente que se jorobe, te pediría como español que dejases de tirar piedras contra nuestro tejado.

      Comenté precisamente ayer que a mi juicio este conflicto no consiste en absoluto en un pulso de dos presuntas legitimidades relativas en el que no existan razones objetivas para decantarse por una u otra, sino que sólo hay una en juego, a saber: el derecho legítimo de los españoles a defendernos de una agresión –de delincuentes o enemigos, lo que prefieran- por parte del nacionalismo separatista. Pero tú abonas la tesis de que eso de la legitimidad –el derecho natural- es música celestial y que si nos machacan no se cometerá en realidad ninguna injusticia, pues eso son pamemas y lo que cuenta es la ley del más fuerte.

      O sea, todo el mundo preocupado de tener razón o aparentarlo –al punto de llegar a confundir rendirse con razonar-y tercia René que no se trata de ganar una guerra justa sino de someter a secas a quien te tosa.

      El formalismo jurídico o positivismo legalista supone un reduccionismo grosero –considerar respetable una ley por el mero hecho de encontrarse vigente- que puede desacreditarse como mera argucia conservadora de injusticias. Por supuesto, incurrir en el vicio contrario de reducir la validez de una norma a un subjetivo sentido de justicia, a un particular juicio de valor, también supone una perversión inadmisible. Que el Derecho se puede considerar o examinar desde dimensiones diferentes –desde la perspectiva de su validez, justificación o eficacia- no implica que existan concepciones enfrentadas del mismo, no significa que debamos optar reduccionísticamente entre derecho positivo o natural para obtener conclusiones absurdas que, por ejemplo, avalen el relativismo ético o la inexistencia de derechos sin Estado. Creo que en la medida que la disertación de Bueno pueda por imprecisa o esquemática suscitar estos errores supone un despropósito.

      La ética, primitiva o no, condena determinados comportamientos promoviendo su castigo. Establece por tanto un derecho en sentido material si no formal. Que haya quien lo viole confirma su existencia, no la desmiente ¿O es que los asesinos demuestran la ficción del código penal? No conozco ninguna cultura, ni creo que me puedas informar de ella, que apruebe el asesinato, el robo y la traición generalizada, lo cual tiene toda su lógica porque de surgir es seguro que no tardaría en desaparecer. Yo opino que, lejos de tratarse de una conjetura metafísica, se puede demostrar que la visión católica de la justicia era objetivamente mejor que la de los caníbales y que no prevaleció por casualidad, pero para ti debió tratarse de simple azar o que los católicos manejaban mejor la espada.

    • Disculpa, no da igual de
      Disculpa, no da igual de dónde venga el argumento, si de Bueno o de un vejete del bar. Sabiendo de dónde viene, puedes considerar la potencia que tiene o no el argumento. Y la obra que tiene detrás Bueno no es la misma que la de un vejete cualquiera. Y no me parapeto en nadie, si parto de las coordenadas materialistas de Bueno, nadie mejor que él para explicar el concepto de derecho natural. Además, si hubieras mirado un poquito su obra, sabrías ya que no soy un indepe. Te recomiendo que entres en el canal de Youtube de la Fundación y te empapes un poco.

      Los españoles nos tenemos que defender de la agresión como ciudadanos que somos de la nación política española. Y si nos machacan será un injusticia sí, porque su acción es contraria a la justicia española garantizada por las fuerzas de seguridad españolas, no por algún derecho natural. La guerra justa es la guerra que te parece a ti justa. Una vez machacados, se impondría la justicia de la nueva nación política catalana, implantada por el grupo dominante del momento.

      ¿Para ti el infanticidio gunieano es un asesinato? ¿Los sacrificios precolombinos son asesinatos? Para ellos no, porque moralmente para estas culturas la ejecución capital no era algo que castigar, es más, incluso llegaba a ser algo que celebrar. ¿El robo a un usurero o la traición a un tirano no han sido aprobados por ninguna sociedad?
      Claro, el catolicismo prevaleció porque fueron cuatro curas que se encontraron con Moctezuma y Atahualpa, les enseñaron la superioridad de la justicia vaticana y les hicieron un croquis de la ciudad de San Agustín. Háztelo mirar esto Berdonius, porque desbarras.

    • ¿Quién ha dicho que cuatro
      ¿Quién ha dicho que cuatro curas convencieron a los precolombinos de la superioridad católica? Lo que digo es que existen culturas y sociedades objetivamente más avanzadas que otras y que no por casualidad la superioridad espiritual o moral –cristalizada en creciente libertad y respeto al individuo- se correlaciona en la historia con la material, incluida la militar.

      Como bien nos recuerda este artículo, el mal puede triunfar, pero se trata de victorias relativamente efímeras. Para prevalecer se hace preciso convencer y legitimarse. Precisamente replico que sí, pero cada cosa a su debido tiempo: ni a los caníbales ni a estos separatas se les persuade con homilías y sermones, porque son agresores y no gente con buena fe y disposición. Primero deben rendirse y resarcir el daño causado, y después hablamos sobre qué no funciona, porque en efecto podría existir una explicación –que no justificación-, una etiología criminal, de por qué se han convertido en malhechores o enemigos: el Estado español no goza en realidad de legitimidad genuina, pues no respeta la soberanía individual, pero menos todavía gozará una mafia colectivista de nuevo cuño.

      Sólo un orden legitimado por la insobornable defensa ante cualquier banda política que ataque al individuo puede manifestar solidez y estabilidad duradera. Las guerras se ganan con la fuerza, pero la paz se mantiene con la razón. Me inquieta que José Augusto quiera ganar una guerra con la razón, pero más que tú pretendas mantener la paz con la fuerza.

    • Legitimad genuina, soberanía
      Legitimad genuina, soberanía individual,… ¿qué es eso?

      Mantener la paz con la fuerza, no sé de dónde has extraído eso. La paz, es la paz de la victoria. Y las sociedades mientras tengan bienestar material a través del mercado pletórico y puedan desarrollar sus planes vitales, ya están satisfechas y mansas.

      ¿Por qué ha pasado esto? Porque la corrupción es factor de gobierno, no existe separación de poderes, ni representación. Una parte de la clase política de esta partitocracia coronada, como si fuera una facción de la mafia, ha decidido ir por su lado y ha contaminado a la sociedad civil a través de los mecanismos de control que posee. ¿Cómo? Creando pesebres y esparciendo dinero público con el objetivo de culminar un programa elaborado hace décadas.

      https://youtu.be/yGkAXBDS2pE
      https://youtu.be/cYAkqiiYBWY

    • Válgame Dios, ahora resulta
      Válgame Dios, ahora resulta que hablo en chino. Creo que sabes bien a qué me refiero, aunque tal vez lo que no sepas es cómo articular bien tu escepticismo dogmático y me pasas la carga de la prueba, cuando lo que se debe justificar es el inicio de coacción contra el pacífico y no preguntar por qué la libertad o por qué la vida.

      Consideras que el grupo dominante impone SU justicia –o sea, la injusticia desde la perspectiva del grupo dominado- y que la paz deriva de una victoria -militar, por supuesto-, pero que luego ésta se mantendría sorprendentemente por sí sola, pues los dominados asumen su condición (con tal de que eches comida al perro y alargues algo su cadena) y los dominantes moderan sus apetitos depredadores. Te equivocas, y la prueba la tienes delante de las narices: buena parte de la dominante clase política catalana cree que le sale a cuenta abusar más todavía de la paciencia de los españoles y lo hará mientras se lo permita este sistema corrupto.

      La paz se conserva aplicando la justicia o sólo se consigue aparentar calma precaria mediante la fuerza, que termina desembocando como ahora en una guerra más o menos larvada. Tu relativismo ético te impide confiar en la razón de los derechos inalienables, pero te seduce la razón de Trevijano: con verdadera democracia, representación y contrapoderes todo arreglado.

      Lo que yo no entiende es cómo otra manera de conformar un gobierno, que podría revelarse tan injusto e intervencionista como el que más, y simplemente controlado por otros poderes, que no limitado por ellos, sería solución, por ejemplo, a la llamada tensión territorial que nos aflige. ¿Puedes explicarlo tú o debería leer también al ilustre Trevijano?

    • ¿De dónde extraes que los
      ¿De dónde extraes que los dominantes moderan sus apetitos? Precisamente para moderar a los políticos hay que separar los poderes conjuntivos del Estado. ¿Y lo de mi relativismo ético? Es que todavía no has entendido que el concepto de derechos inalienables no procede de la razón, procede de lo divino. ¿Para aplacar y reducir la tensión territorial? Ahí tienes el modelo francés por ejemplo. Trevijano tiene una teoría de democracia similar a la de Estados Unidos pero con algunas modificaciones (financiación de partidos, etc.).

      ¿Pero tienes algún problema con Gustavo Bueno o Trevijano? Parece que te molesta que mencione personas que han dedicado parte de su vida a estudiar profundamente parte de lo estamos tratando. Supongo que tu indiferencia por ellos será porque tú tienes mejores argumentos y una obra más potente detrás, vamos que eres el puto amo. Yo los saco a colación porque mi vida no la dedico a estudiar el monismo de Aristóteles, ni modelos óptimos de Repúblicas. Y tomo como referencia a estos personajes porque tienen un grandísimo conocimiento histórico y me convence su coherencia, pero me parece que a partir de ahora te tendré que tomar a ti como referencia, ya que estoy equivocado en todo. Aunque das bamboleos, me das la razón, me la quitas, no concretas nada, deduces cosas que no digo. Es decir, ¿tú cómo arreglarías todo esto y por qué razón lo arreglarías así, cuáles son tus coordenadas?

    • El concepto de derecho
      El concepto de derecho inalienable es lo más razonable del mundo, hazte el favor de leer Fundamentación para una metafísica de las costumbres de Kant y entenderás por qué. Además, como ya te comenté, sobran evidencias empíricas del mismo.

      Poner de ejemplo al modelo francés es como decirme lo bien que has educado a tu hijo: vale, pero el mío ya tiene veinte años, es un cafre y me quiere echar de casa. ¿Me explico?

      No tengo ningún problema con nadie y menos si son ilustre vejetes –para mí sinónimo de sabio-; tampoco contigo, así que no te sorprendas si te doy la razón cuando creo que la tienes. Lo que no me parece aconsejable es tomar como referencia a nadie; te diría que no busques ficticias mentes infalibles sino ideas, y trata de pensar por tu cuenta; comprobarás que resulta más gratificante y menos costoso a la larga.

      Ahí va la solución libertaria, mis coordenadas: tolerar la competencia privada de servicios que ahora el Estado monopoliza, porque entiendo es la única manera de que nadie resulte agredido y resentido por ello, con lo que no se sentirá impelido a agredir a su vez a otros. Más o menos.

  2. La mayor fuerza con la que
    La mayor fuerza con la que cuentan los Estados para aplicar a la larga su soberanía sobre una determinada población es la presunción de legitimidad, sí, pero no desde luego para ganar una guerra. En un conflicto bélico el factor moral, la fuerza de la razón, no es, obviamente, ni mucho menos decisivo: si no dispones de “cañoneras”, ya te puedes dar por muerto a la corta –con lo cual no creo que te preocupe mucho el desenlace a la larga-. Las guerras se ganan con fortaleza, arrojo y combatividad, no sentándose a dialogar –o sea, pactar una rendición – con el enemigo.

    El nacionalismo separatista ha cometido el error y la inmoralidad de iniciar e intentar ganarnos una guerra a los españoles tomándonos por idiotas y pusilánimes que no se van a percatar de su ataque, confundiéndolo con una justa demanda de liberación. Pues no. Los españoles en general no nos chupamos el dedo y les hemos visto el plumero a ellos y a los políticos que pretenden traicionarnos. Así que “afrancesamientos” los justos, por favor; no les vamos a comprar eso de que quieran perjudicarnos por nuestro bien, a la larga.

    Esto no es un conflicto de presuntas legitimidades ni por el forro. En primer lugar, porque para un liberal sólo existe una: la soberanía individual. Esto es una guerra contra los españoles que ni las de Atila –ya que no queremos reducirlo a un asunto de mero orden público, pues ya se sabe que un enemigo tiene más categoría que un delincuente-. Y lo siento, no puede haber ni la menor duda o ambigüedad moral sobre quién debe ganarla: los españoles que sólo nos defendemos, únicos agredidos. En toda guerra siempre existe un culpable: quien la inicia.

    Dicho esto, alabo la valentía y honestidad de don Augusto que no teme ser “perseguido” por “afrancesado” –que aunque no lo sea, pudiera parecerlo-. En el fondo lleva toda la razón: ningún conflicto de convivencia se puede resolver sin admitir el derecho de libre asociación individual (¡individual!, dígalo, por favor, y no cuente con que se sobreentienda) y sin usurpación de territorios comunes. No, desde luego, porque “casi dos millones de separatistas llevaran hasta las últimas consecuencias su voluntad rupturista”, ya que aun así seguimos siendo más y mejores, sino porque es justicia lo pido.

    • Estimado Berdonio, lo de
      Estimado Berdonio, lo de afrancesado es uno de los peores insultos que pueda recibir.


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