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Chivos expiatorios de la crisis: las ventas al descubierto

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No falla. En cada crisis financiera e incluso en cada mercado bajista se saca a pasear al mismo chivo expiatorio: las ventas al descubierto. (Ver otros chivos de las crisis: aquí y aquí). ¿El argumento? Los especuladores que abren posiciones cortas perjudican a las compañías por vender sus acciones y hacer que la cotización se desplome. En el caso de los Estados, el ataque a los bajistas es todavía más furibundo: son antipatriotas que venden deuda estatal haciendo que la deuda se encarezca, la economía se hunda y los derechos sociales de los países retrocedan. 

¿Y todo por qué? Porque invierte con la idea de que el mercado (o un activo concreto) está sobrevalorado. Sólo eso.

Lo primero que hay que aclarar es que tanto las ventas a corto como las ventas al descubierto no son nada extraño ni ningún engaño del sistema financiero. La venta a corto consiste en la venta de activos que han sido tomados en préstamo de un tercero (bróker normalmente) con la intención de comprar idénticos valores en una fecha posterior para devolvérselos a ese tercero. Las ventas al descubierto se producen sin tener prestado el activo previamente. En este sentido, cualquier negocio con un fondo de maniobra y/o necesidades operativas de fondos negativas está realizando una operación similar. Por ejemplo, un supermercado, que vende su producto rápido y al contado pero paga a proveedores a 60, 90 o más días. En este caso venden algo que tienen prestado pero que todavía no es formalmente de su propiedad. Operación beneficiosa para todas las partes. Ocurre absolutamente todos los días.

Las ventas al descubierto proporcionan un servicio de gran valor a los mercados y a la sociedad. El especulador que arriesga y abre cortos está poniendo de manifiesto que hay compañías que están cotizando muy por encima del precio que deberían, es decir, que su valor está por muy por debajo de su precio negociado. Dicho de otra manera, la compañía está cotizando a precios altos no porque su modelo de negocio y beneficios sean fuertes y sólidos. Nos avisan de que la situación actual es insostenible y llegará a su fin. Nos indican que el emperador está desnudo. Y así fue: los grandes hedge funds anticiparon la crisis y el problema subprime con años de antelación.

Quizás una de las cosas que más molesta a nuestra hipócrita sociedad es el hecho de que puedan ganar dinero fácilmente con ello. La realidad es muy distinta. La mayoría de hedge funds tiene rendimientos muy discretos y un gran número de ellos ha desaparecido durante la crisis actual debido a sus nefastos resultados. De hecho, corren más riesgo. Al realizar ventas cortas, existe el riesgo de perder incluso más que el 100% del capital negociado, dado que las acciones no tienen un techo que limite sus alzas. Que se lo digan a Adolf Merckle cuando sufrió un short squeeze en 2008. Y es que las posiciones cortas nunca pueden configurar un mercado.

Esto nos lleva a la cuestión de quién es el culpable de los mercados bajista y del encarecimiento de la deuda. Desde luego, unos cuantos hedge funds no pueden hacer cambiar la realidad ni convertir peras en manzanas. Los hedge funds no someten al mercado, tratan de anticiparse a él. ¿A qué se han anticipado en esta crisis?

Pues previeron con gran acierto la dimensión del desequilibrio entre ingresos y gastos públicos. Desequilibrio que, por cierto, arrastran los países desde hace décadas, pero que desde el 2007-2008 se ha manifestado como inasumible. La economía española, por ejemplo, está en permanente déficit, es decir, no puede ingresar más que lo que gasta. Esto, simple y llanamente, significa que no somos solventes. No podremos devolver las deudas que contraemos. Es decir, estamos técnicamente quebrados. Nadie ha forzado, ni puede forzar de ninguna manera, a los gobiernos a endeudarse. Nadie. Ellos han elegido endeudarnos a nosotros y a futuras generaciones para no disminuir el gasto social actual y, de esa manera, no perder popularidad y votos futuros.

Como hemos señalado, algunos inversores abrieron posiciones cortas porque veían clara esta situación. Lo lógico es que invirtieran a la baja para no perder los ahorros y capitales de sus clientes. Imagínese que usted sabe que en su población va a haber un terremoto devastador dentro de dos meses. Estoy seguro de que se marcharía ante tal acontecimiento futuro. ¿Sería usted el culpable del terremoto o un antipatriota por abandonar la población? Desde luego que no, usted sólo estaría reaccionando y defendiéndose. Lo mismo cabe decir de un inversor que abre posiciones bajistas cuando cree que se va a producir un cataclismo económico debido a la nefasta gestión de políticos, autoridades monetarias, banca y empresas.

Y esto no lo puede cambiar el regulador, la CNMV, prohibiendo las posiciones cortas en algunos valores. Entre otras cosas porque los alcistas venderán igualmente cuando se percaten de la sobrevaloración de los activos. No se puede poner puertas al campo y obligar a la gente a tener confianza en algo en lo que no cree. Lo que sí puede hacer la prohibición es aumentar la volatilidad, aumentar la horquilla (al eliminar la contrapartida), eliminar volumen, eliminar liquidez de los mercado y hacerlos más ineficientes. Olvidando, una vez más, que las ventas en descubierto son un elemento fundamental en la estabilidad de los mercados.

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