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Claros y oscuros de Ed Miliband

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Entre los días 22-25 de septiembre, el Partido Laborista británico ha celebrado su conferencia anual en localidad de Brighton. Muchos temas sobre la mesa tanto domésticos (referendo en Escocia previsto para 2014) como internacionales (relación con la UE, tras la suerte de ultimátum, en forma de renegociación/referendo, ofrecido por David Cameron), todo ello sin olvidar, que Ed Miliband a comienzos del mes de septiembre recibió el ataque de los sindicatos, acusándolo de defender políticas más cercanas al capital que a la clase obrera.

Con este contexto previo afrontaba el laborismo y su joven líder la Conferencia Anual. Miliband se ha visto obligado a realizar guiños a la izquierda del partido, con su peculiar visión del concepto de One Nation, consciente de que las centrales sindicales aportan votos y financiación, por lo tanto, no conviene su descontento. Como herramienta se ha servido de la demagogia, acusando al partido conservador bien de llevar a cabo medidas que minan los derechos de los trabajadores, bien de emplear un lenguaje propio del National Front, partido de carácter fascista que tuvo cierto protagonismo, más mediático que de sustancia, décadas atrás.

Así, se ha convertido en una constante el excesivo peso que en el argumentario laborista ocupa el asimilar a su rival, el Partido Conservador, con formaciones radicales, particularmente el UKIP. Al respecto, han aparecido las primeras voces en el Labour que han subrayado que la irrupción de partidos como el citado UKIP suponen también una amenaza para las expectativas de voto de Ed Miliband, sobre todo si éste sigue omitiendo hablar de la Unión Europea, como ha hecho en Brighton.

Ciertamente, hasta la fecha la política de Miliband se ha basado más en atacar a su rival conservador que en proponer medidas concretas. Buscaba diferenciarse tanto de Cameron (estigmatizando a los tories) como de Blair como forma de consolidar su liderazgo.

En Brighton, por tanto, no se salió del guión. Ha preferido nadar y guardar la ropa, consciente de que los sondeos, aunque le son favorables, no le dan la mayoría absoluta, por lo que quizás podría necesitar de los liberales-demócratas para formar un gobierno de coalición. Estos últimos, durante su Conferencia Anual celebrada a mediados de septiembre, dejaron las puertas abiertas a otra posible alianza post-electoral, sin discriminar al socio mayoritario de la misma.

Con todo ello, lo más significativo en Brighton ha sido el alegato unionista lanzado por el laborismo, destinado no a lograr réditos electorales sino a un objetivo mayor: mantener la unidad del país ante las acometidas de los nacionalistas escoceses. En efecto, pese a que aún queda un año para la celebración de la trascendente consulta (18 de septiembre de 2014), tanto Miliband como pesos pesados del partido han acentuado que el mantenimiento de Escocia dentro de la Unión es el gran para el reto.

Así, han elaborado un listado de riesgos, en el que sobresalen los de naturaleza económica, que tendría la independencia para Escocia. Por ejemplo, Jim Murphy habló del descenso en la inversión en gastos militares, algo que al pacifismo de corte buenista practicado por el SNP y sus socios de plataforma subestiman, pues siguen asociando erróneamente ejércitos a guerra.

Al respecto, el independentismo escocés está recurriendo a lo simbólico, a través de la realización de marchas por la independencia que, si bien generan titulares en los medios y debates encendidos en la sociedad civil, no resuelven cuestiones de enjundia (por ejemplo, la moneda del hipotético Estado escocés o si éste sería miembro de la Unión Europea…).

La próxima semana los conservadores celebrarán su conferencia anual en un ambiente de menos consenso que los laboristas, motivado como viene siendo habitual desde hace dos décadas, por la posición hacia la Unión Europea. No obstante, es probable que ofrezcan más respuestas, aún en detrimento de la unidad interna.

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