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Confianza

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Cuando uno habla con un experto en el sistema financiero y en la banca, a medida que corren los minutos tiene crecientes probabilidades de encontrarse con las varias posibilidades sobre la misma frase: “la banca se basa en la confianza”. Los políticos, lo vemos estos días en la televisión, mencionan una y otra vez la palabra cuando hablan del sistema financiero. “Podemos mantener plenamente la confianza en el sistema”. O “las medidas adoptadas por el Gobierno restablecerán la confianza en la economía”, etcétera.

Y tiene cierta lógica. Sólo que es una lógica perversa. Nosotros depositamos dinero en el banco y contamos con él con total disponibilidad. Pero el banco no lo mantiene en depósito, sino que lo presta al mercado. El cliente del banco que ha depositado su dinero cuenta con él como si estuviera todo a su disposición en cualquier momento. El empresario o inversor que ha recibido el crédito, como es evidente, cuenta con parte de ese dinero. De hecho, el banco se lo ha prestado. “Esa es la lógica del sistema”. Efectivamente, pero ¿qué recorrido tiene esa lógica?

Sin entrar en pormenores, lo que produce este hecho sencillo y a la vez complicado es que hay demasiados planes asignados al mismo dinero. “No puedes comerte la tarta y tenerla al mismo tiempo”, dicen en inglés, pero eso es exactamente lo que pasa con los depósitos prestados. Para el mismo dinero uno tiene unos determinados planes (mantenerlos como saldos disponibles en cualquier momento) y otros unos planes distintos (invertirlos). En todo ello subyace un engaño, porque los planes son incompatibles al mismo tiempo. Si se mantienen es, precisamente, porque los depositantes retiran habitualmente una parte, por lo que siempre hay otra que no retiran todos al mismo tiempo. Es aquí donde entra nuestra palabra: “confianza”.

Pues se dice que el sistema funciona porque reina la confianza en él y mientras ésta predomine. En su ausencia, quien se apodera de los depositantes es el “pánico”, por lo que la labor de las autoridades financieras y económicas, bancos centrales, ministerios y demás, pasa por insuflarnos confianza. Pánico bancario y confianza en el sistema son las únicas relaciones posibles del ciclo con las llamadas “teorías psicológicas” del mismo.

Pero hay un pequeño detalle, un hecho o más bien una relación que puede parecer irrelevante, pero que lo cambia todo. Y es que los “pánicos” tienen origen precisamente en ese divorcio, ese engaño que proviene de que uno y el mismo dinero esté en la mente de unos como depositado para acudir en cualquier momento mientras otros ya lo han comprometido en proyectos a varios años vista. Con el desengaño aparece la crisis económica y el temor de los depositantes de que un día su banco le diga que no puede retirar más que una porción de su dinero. De modo que la “confianza” no es suficiente para garantizar el sistema. Es un nombre paradójico para referirse a un engaño.

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