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Críticas a la teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos

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Este comentario crítico está basado en la teoría sobre el Estado de Miguel Anxo Bastos. El Estado existe, tiene entidad real, no es algo imaginario o irreal.

Este comentario crítico está basado en la teoría sobre el Estado de Miguel Anxo Bastos, expuesta en múltiples conferencias y cursos y excelentemente recopilada en una reciente serie de artículos por José Augusto Domínguez, cuya lectura recomiendo por sí misma y para entender mejor este artículo. Aunque hay mucho de valor en las interesantes ideas de Bastos, aquí enfatizo aquellos aspectos que considero que son errores o problemas y ofrezco ideas o explicaciones alternativas o complementarias.

El Estado existe, tiene entidad real, no es algo imaginario o irreal. Si no existiera no tendría tanto poder, no daría tantos problemas y no se discutiría tanto al respecto. Que su forma de ser o existir sea peculiar no equivale a que no exista. Que su existencia se base en lo que piensan y sienten las personas no lo hace menos real o consistente, y tal vez lo hace más real y consistente, ya que cambiar ideas y valoraciones puede ser más difícil que mover objetos físicos. Al ser un fenómeno cultural humano (pero con rasgos compartidos de otros colectivos de seres vivos) es normal que su existencia dependa de atributos típicamente humanos como la mente, la razón y las emociones.

El Estado asocia y une a las personas que son sus miembros o ciudadanos: no los une físicamente como están pegados los átomos de un sólido o las células de un organismo multicelular; los une a través de ideas y sentimientos como ideologías y patriotismo (aunque también puede utilizar barreras físicas separadoras del exterior como fronteras, murallas u obstáculos geográficos). La unión no es perfecta y puede tener problemas, pero esto sucede en todas las agregaciones de elementos más simples, cuya cohesión y coordinación pueden ser peores o mejores. Los grupos humanos organizados son un caso particular de integraciones y transiciones evolutivas del mundo biológico, y el Estado es una de sus formas más avanzadas y complejas.

Cada Estado como sistema concreto tiene características propias o identidad (sus normas e instituciones como propiedades o atributos fundamentales), está delimitado físicamente (fronteras) y es distinguible de su entorno (de otros Estados o de otros grupos humanos sin organización estatal).

Un sistema existe y actúa como una unidad en la medida en que sus partes componentes están cohesionadas y coordinadas, y si hay una continuidad de la identidad. Si se afirma que los Estados no existen ni actúan, sino que sólo lo hacen las personas individuales, entonces también puede decirse que los individuos multicelulares no existen ni actúan, que sólo lo hacen sus células constituyentes; y que las colonias de hormigas o las colmenas de abejas no existen, sólo existen los insectos individuales; y que las empresas, los clubes o demás entidades con personalidad jurídica no existen. De hecho es la unidad política abstracta lo que tiende a permanecer y existir durante más tiempo que los miembros que la componen o los líderes que la gobiernan (quienes nacen, viven y mueren), igual que el cuerpo humano sobrevive a la muerte de sus células mediante constante regeneración.

El Estado es una forma de organización colectiva que concentra y coordina el poder de un grupo. Sirve para dominar a otros grupos o a los ciudadanos del propio grupo, pero puede hacerlo porque existe como organización relativamente eficiente en el uso de la fuerza. El Estado no necesita engañar sobre su existencia como hacen las religiones con divinidades, demonios, premios y castigos sobrenaturales inexistentes.

Si se afirma que el Estado es un ser hipostático conviene aclarar qué se quiere decir con este término, porque mucha gente seguramente no lo va entender; además tal vez el concepto suene como algo muy profundo pero que en realidad es un absurdo ontológico propio de alguna superstición religiosa (como la unión de las esencias de las personas divinas en la Trinidad cristiana).

El Estado es representado mediante símbolos como himnos y banderas a los que se exige respeto: igual que un clan tiene un animal o totem representativo sagrado; igual que las empresas tienen sus logotipos y otras imágenes o textos asociados que las hacen distinguibles y memorables; e igual que los grupos religiosos tienen sus símbolos o señales distintivas. Las uniones flexibles de muchos individuos cooperadores basadas en elementos simbólicos o creaciones culturales son algo típicamente humano, como muestra Yuval Noah Harari en Sapiens: A Brief History of Humankind.

Los Estados modernos no son tan diferentes de los Estados antiguos. En las viejas formas políticas se obedecía a una persona concreta, pero como jefe o representante de una unidad política que era también abstracta, como lo es el Estado moderno en más alto grado: el jefe del Clan del Oso Cavernario, el faraón de Egipto, el emperador de Roma, el rey de Francia, el papa de la Iglesia Católica. Los Estados antiguos también mandaban sobre territorios determinados igual que los modernos, y los defendían o intentaban incrementarlos.

Igual que un cliente paga un producto a una empresa y no a su presidente o a su consejo de administración, los impuestos no se pagan al presidente del gobierno ni a su ministro de Hacienda: se pagan al Estado, que tiene su propia contabilidad y finanzas. Los gobernantes tienen poderes especiales dentro del Estado y en buena medida lo controlan, pero no son el Estado aunque algunos crean serlo: yo puedo controlar a un animal sin ser dicho animal; el presidente de un club deportivo no es el club deportivo. Los Estados suelen estar controlados por grupos relativamente pequeños de individuos muy ambiciosos y capaces en el arte de la alianza y la manipulación política (ver The Dictator’s Handbook de Bruce Bueno de Mesquita), pero el Estado no son sólo ellos.

En las escuelas se enseña que los Estados existen porque existen: los mapas suelen indicar de forma fidedigna, salvo conflictos jurisdiccionales pendientes, los territorios controlados por los distintos Estados. Los Estados no se ven sólo en los mapas: también pueden observarse en la realidad cuando se alcanzan sus límites geográficos y aparecen las fronteras y sus filtros de acceso.

El Estado puede tener frecuentemente un origen histórico criminal si un grupo de individuos se organiza para mandar y depredar a otras personas mediante la violencia, la guerra y la conquista. Pero ese no es el único origen posible: el Estado puede surgir como forma de organización de grandes grupos para gestionar sus problemas comunes, y especialmente para defenderse de las agresiones de otros grupos violentos. Es posible e incluso altamente probable abusar de los monopolios de poder, pero no es necesariamente inevitable.

La idea del contrato social es problemática pero no es absurda: en algunos casos las leyes del Estado surgen de contratos entre individuos (Magna Carta); las costumbres sociales de un grupo van convirtiéndose en ley vinculante en la medida en que tienden a ser aceptadas por todos; las constituciones intentan de forma muy imperfecta funcionar como contratos sociales. Un contrato puede ser especial en el sentido de que no exista una instancia superior o externa que lo ejecute, pero eso no implica que dicho contrato no exista. Un contrato firmado por tus antepasados para constituir y regular una unidad política puede ser de obligatorio cumplimiento para ti si quieres formar parte de esa comunidad, la cual existía y funcionaba antes que tú.

La fuerza o violencia no es el único poder que hay: el poder político no es el único que existe. El poder es la capacidad o posibilidad de influir sobre otros, sobre lo que eligen y hacen, y esto puede conseguirse también mediante la belleza, la riqueza y la persuasión verbal. El Estado no tiene sólo poder policial o militar: también tiene recursos económicos, propagandistas y publicistas. El poder político no vence sistemáticamente a los demás poderes: los más fuertes no son siempre los más ricos; tener las armas no garantiza tener la riqueza.

A los Estados les importan los recursos económicos, y estos pueden estar asociados con el territorio (recursos naturales, vías de transporte, posiciones militares estratégicas) o con las personas como trabajadores generadores de riqueza y contribuyentes fiscales.

Las unidades políticas tienden a crecer porque así controlan más recursos y porque la unión hace la fuerza: somos más y además ya no somos enemigos (pero no pueden crecer indefinidamente por problemas de coordinación e intereses). Los Estados suelen dominar territorios compactos y conexos porque son más fáciles de defender: las colonias existen pero tienen consideración especial; las alianzas tienen más sentido y funcionan mejor entre vecinos. Perder territorio implica perder poder, y por eso las secesiones no suelen ser consentidas y por el contrario el Estado tiende a expandirse de forma imperial (hasta desintegrarse, a menudo por descomposición interna).

Frecuentemente para establecerse el Estado debe vencer o someter a otros grupos políticos menores que se le oponen, como por ejemplo las familias extendidas, tribus, clanes o poderes territoriales (ver The Origins of Political Order y Political Order and Political Decay de Francis Fukuyama). La familia puede ser una unidad natural de convivencia y cooperación, pero también puede limitar mucho la libertad individual de sus miembros, sometidos a múltiples lealtades no escogidas voluntariamente.

El crecimiento del territorio y del poder intervencionista del Estado pueden perjudicar la actividad económica (los Estados pacíficos más pequeños y libres funcionan mejor y son más prósperos), pero el poder militar crece con Estados más grandes. Para producir y comerciar apenas hace falta aparato estatal; para hacer la guerra puede ser conveniente un Estado fuerte.

Los Estados a veces permiten la emigración, pero pueden prohibirla si la consideran una pérdida inaceptable: véanse al respecto las diversas dictaduras comunistas (Cuba, Corea del Norte, el bloque soviético con el Telón de Acero). Algunos Estados permiten la emigración pero gravan las rentas obtenidas o las riquezas acumuladas por los ciudadanos residentes en el extranjero.

La relación entre Estado e Iglesia es compleja: en algunos casos pueden ser poderes contrapuestos que se limitan uno a otro, pero también es posible que se alíen y repartan el poder. Ambos son formas de organización de colectivos, el Estado más basado en la fuerza física y la Iglesia más dedicada al engaño sobrenatural.

El Estado es una máquina de depredación, o puede funcionar como tal, pero no es sólo eso. Como muestra Steven Pinker en The Better Angels of Our Nature, el Estado es uno de los factores (no el único) por los cuales la violencia física ha tendido históricamente a caer en términos relativos, ya que al monopolizar la violencia puede resolver conflictos entre partes que en su ausencia podrían llevar a escaladas de agresiones y represalias. Pinker también menciona al mercado y no ignora que el Estado puede él mismo utilizar la violencia de forma masiva; lo que no analiza es que con el Estado se reducen los asesinatos pero se sistematiza e institucionaliza el robo en forma de redistribución coactiva de riqueza, sobre todo en las modernas socialdemocracias.

No es cierto que cada Estado cuente con su propia moneda, ni que toda la ciencia económica aparezca referida al Estado.

La igualdad no es simplemente un concepto matemático no aplicable a las ciencias sociales: los seres humanos se preocupan más o menos por las diferencias entre ellos y suelen valorar el estatus social (ver Igualdad y desigualdad).

El derecho positivo del Estado no es universal, pero no por ello es extraño: no todas las normas son ni deben ser universales.

Referencias:

La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (I)

La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (II)

La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (III)

La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (IV)

La teoría del Estado de Miguel Anxo Bastos (V)

28 Comentarios

  1. No me has convencido. Me
    No me has convencido. Me quedo con la tesis del Dr. Anzo Bastos.

    Además encuentro muy poco elegante atacar asi en internet las teorias de un compañero. Otra cosa en es un debate publico o una mesa redonda. Feo, feo.

    • Una forma de argumentar mejor la existencia del estado puede ser desde dos puntos de vista, uno es desde el derecho y la sociología, otro desde la filosofía de la ciencia, para esto haré uso de los siguientes conceptos, personalidad jurídica, grupos secundarios y el concepto de sistemas del filósofo Mario Bunge.

      Bueno la idea de Bastos es que el estado no existe porqué es un ente abstracto que carece de existencia ontológica, es decir no es un ser material, en palabras del profesor Anxo que le escuché en.un vídeo, no se puede ir y tomar una.bebida con un País como España, Argentina, etc., bueno si hacemos una analogía siguiendo el mismo razonamiento entonces tampoco existen los clubes deportivos por que no puedo tomar un café con el Real Madrid con el Atlético.

      Ahora dejando un poco la crítica vamos a ver cómo es que el. Estado, una Empresa, un club deportivo, o una secta religiosa pueden tener una existencia real, tenemos básicamente la formación de sistemas sociales, un conjunto de objetos asociados entre sí y que interactúan de forma permanente dotados de partes que se interrelacionan, en este caso estos sistemas sociales pueden ser dos clases, unos son los grupos primarios y hasta cierta forma conaturales, como la familia, los amigos, la villa o el barrio, otros grupos secundarios que son de creación más recientes y que su asociación es más relativa y variable, la empresa, la universidad, la iglesia, la secta, el club deportivo, el club privado etc. Se puede objetar que tales entidades está formada por individuos y que son sus conductas las crean estos sistemas y si esto es en parte es cierto pero no es la mera existencia de los individuos lo que crea solamente estos sistemas, si esto fuera así sería lo que Mario Bunge llama un agregado, vamos una mera colección de objetos, como un conjunto de pelotas en una bolsa, eso no es un sistema por que carece de estructura e interacción, un sistema sería un átomo, una molécula, un sistema planetario, una escuela, una empresa, un ejército, está formado por objetos que interactúan, tienen una estructura y una forma de organización que los define y les afecta y determina también, aunque sea de forma estadística, la manera como interactua con otros sistemas, es más es posible que surjan nuevas propiedades al formarse el sistema y que desaparezcan si el sistema desaparece, pongamos un ejemplo, supongamos que tenemos dos personas cuantas interacciones puede haber entre ellas, indiferencia, conflicto, negociación, lucha cooperación, pero no puede haber por ejemplo en medio de una disputa entre estos dos la figura de un aliado para combatir al contrario o una posición neutral equidistante entre los dos sujetos en conflicto, para esto haría falta no la existencia de un dúo si no como mínimo la de un trío, entonces al haber un tercer sujeto tendríamos la posibilidad de la neutralidad o de la alianza contra un enemigo común.

      Bueno que tiene que ver todo esto con el estado, bueno el estado es otro sistema social más formado por individuos que se materializa y se crea ontológicamente a través de instituciones, de reglas,.símbolos, historia, leyendas, fiestas y celebraciones, roles sociales con funciones definidas y encarnadas por las personas en distintos oficios y trabajos y formando a su vez otras organizaciones que conforman un en su conjunto al estado, son esas organizaciones, su estructura interna, sus sistema de reglas, y sus relaciones entre sí y los individuos que ejercen distintos roles entre sí, además de su ocupación en un espacio geográfico determinado así como la población humana con la interactua y sobre la cual ejercen el poder y otras funciones e interacciones lo que crea en su conjunto al estado, eso junto con los elementos simbólicos y las ideas.

      Si el estado fuera una mera idea su existencia sería puramente mental sin implicaciones reales.

  2. «—-lo que no analiza es que
    «—-lo que no analiza es que con el Estado se reducen los asesinatos» Vaya, vaya, ¿En dónde sucede tal cosa? Me gustaría que el Dr Capella nos proporcione un ejemplo de un Estado que haya disminuido los asesinatos, los robos y los atropellos a los bienandantes. La frase del Dr Capella es casi una burla, ¿cómo puede el mayor gestor de violencia ser a su vez el promotor de la paz? No hay sindéresis el lo escrito por el Dr Capella.

  3. Confieso que esta detallada
    Confieso que esta detallada crítica me causa un estado de perplejidad incómoda en mis convicciones políticas que son, reconozco, un tanto singulares (¿utópicas?) en una sociedad donde civismo es sinónimo de incondicional idolatría al estado.
    Solo algunas obligadas reflexiones al ensayista crítico:
    Creo que el “estado” como lo concibe un liberal tiene una única génesis, el privilegio de una elite de poder usar el monopolio de la violencia para vivir de los demás.
    No es un contrato social voluntario pues si una parte, aun siendo minoría, no puede extinguirlo no es un voluntario sino de cumplimiento coactivo, paradójicamente quien se impone es la minoría que nos representa y que debería estar a nuestro servicio. Es la terrible herencia del novelista Montesquieu. Desplazó la soberanía del rey a favor de un pueblo secularizado mediante el mecanismo político defectuoso llamado democracia que se basa en la falsa ecuación: 50+1=100 %.
    La Carta Magna “fue un contrato entre individuos” dice el articulista, pero Juan I fue obligado a contratar con los barones su limitación del poder y debe recordarse que un contrato es un acuerdo voluntario de partes.
    Por último dice aquí el ensayista que “La fuerza o violencia no es el único poder sino además otros económicos y propagandísticos”. Recuerdo sin embargo que todo poder del estado es subsidiario de su privilegio principal, el monopolio de la violencia o poder coactivo sobre el ciudadano. Este es el único poder estatal necesario y suficiente de donde nacen los demás. Este le permite al moderno Leviatán recaudar no solo el 10% máximo que recaudaba un monarca en impuestos, sino robar hasta un inmoral 47% en impuestos ocultos mediante modernas técnicas keynesianas: sustitución de importaciones, control de cambios, empresas mercantilistas amigas del establishment y empresas públicas subsidiadas. Hoy el soberano democrático es infinitamente mas poderoso y letal pues no solo se limita a un tímido limar de mondas de oro, sino que envilece la moneda imprimiendo billetes papel sin control, logrando enriquecerse aun mas a fuer de la pobreza generalizada que esto causa.

  4. Parece tema ocioso. “El
    Parece tema ocioso. “El Estado existe” o “El cuchillo mata” no son proposiciones ciertas o falsas per se, sino que dependerá de la situación o del contexto en que se empleen. Dependerá de lo que en concreto se pretenda comunicar con tales frases.
    Ni la nación ni el Estado existen como realidades sui generis, con valor distinto del de los individuos que los componen. Por ello no me parece acertado comparar un Estado con un individuo multicelular, que sí sería una entidad sinérgica irreductible a sus componentes y de valor muy superior. Desde luego que las colmenas, las empresas y los Estados existen, pero no como “nuevas personas” contrapuestas a la suma de actores que los componen y a las que estos deban someterse involuntariamente.
    La reificación de conceptos colectivos como sobrevenida realidad independiente de los individuos es afición muy común entre los enemigos de la libertad y las sociedades abiertas, y lo que trata de combatir el individualismo metodológico.
    No he leído aún la teoría del Estado que se critica, pero eso de los supuestos contratos firmados por antepasados, los otros supuestos poderes y demás no me parecen mimbres adecuados para una recensión liberal. En fin, me he quedado perplejo, también.

  5. La teoría del Estado del
    La teoría del Estado del profesor Bastos no es la verdad revelada pero sí indudablemente una visión libertaria y argumentada de lo que es y lo que no es el Estado, capaz de remover los prejuicios y convicciones de cualquier estatalista de a pie o de poltrona.

    De las opiniones críticas de don Francisco no se desprende amor alguno por el Estado y sí que resulta más complejo de lo que pudiera deducirse leyendo a don Miguel Anxo, pero claro, con argumentos tan discutibles y con los aforismos de estatalista de manual, pues si quieren decir algo el profesor Bastos o don José Augusto, iría sobrado.

  6. Respecto a si el Estado ha
    Respecto a si el Estado ha contribuido a reducir la violencia, el profesor Bastos suele comentar que es la sociedad la que mantiene el orden y la paz, no el Estado, que en todo caso desempeña en ese sentido un papel subsidiario. Por ejemplo, cuando se reúnen en una ciudad cientos de miles de católicos por una visita del Papa, no hace falta que se movilice un solo policía. Pero si los que se juntan en esa misma ciudad son las aficiones de dos equipos de fútbol, se da por hecho que hay que montar un despliegue de antidisturbios y es muy posible que nos encontremos con peleas e incluso con muertos flotando en el río.

  7. No sé ustedes, pero el último
    No sé ustedes, pero el último lugar en la Tierra en que se me ocurriría ir a vivir o invertir es Somalia . El Estado también es un contrapoder frente a la coacción que ejercen los individuos entre sí, la proliferación de mafias y de señores feudales. Y de momento no se ha encontrado otro mejor, por supuesto, nada es perfecto y hay Estados increíblemente eficaces, garantes de calidad institucional , libertad civil y prosperidad económica como Suecia, Suiza o Francia, frente a otros que son destructores y represores de la sociedad como Corea del Norte.

    • Somalia no es ningún ideal
      Somalia no es ningún ideal anarcocapitalista. Realizas una tergiversación típica: en Somalia reina la violencia porque no hay Estado. Falso. Lo que no existe es Mercado. En Somalia sobran las bandas y mafias (Estados), lo que sucede es que se encuentran en permanente guerra entre sí.

      En Somalia no hay Mercado porque nadie puede contratar libremente agencias de protección. Simplemente no existe la suficiente conciencia general de que debería ser así. Todos se ven sometidos al dominio de una banda-Estado concreta que guerrea con las demás. Que una de tales bandas termine por eliminar al resto y establecer sus reales, puede o no ser mejor que la guerra en función de lo tiránica que sea dicha mafia, pero siempre será peor que el Mercado (orden basado en la libertad).

      La paz de los Estados es la paz del despotismo y la esclavitud. Francia o Suiza no son mejores que Corea del Norte en cuanto que son más Estado sino en cuanto que son más liberales ¿Lo pillas? Bueno, pues lleva esa benéfica libertad al máximo y eso es lo que preconizamos. Nada que ver con Somalia

    • Reaverhood: A la excelente
      Reaverhood: A la excelente opinión de Berdonio a tu comentario, añadiré que Somalia lleva mas de 20 años de conflictos, sin gobierno estable por (precisamente) culpa de los gobiernos (estados) como EEUU. Bush en su política del big stick, mando tropas a Somalia para evitar regímenes islámicos. Cuando en 2006 Somalia eligió un gobierno islamita moderado fue invadida por Ethiopia, respaldada por topas de Washington (otra vez el Estado intervencionista). Murieron mas de 16.000 personas. ( Instituto Cato, October 12, 2009)
      Como veras en Somalia no falta estado, sobra la presencia de estos, lo que impide que el pueblo decida su destino. Tu error parte del sesgo ideológico al que nos someten estas organizaciones políticas cuasi mafiosas legitimadas por el contrato social de Rousseau

  8. El nivel de idealismo —léase
    El nivel de idealismo —léase como espiritualismo, subjetivisto o antimaterialismo— de Bastos, en su teoría del Estado, como de Capella en su crítica, es alto. Se puede pretender defender que no existe el Estado porque lo que tiene existencia fisicalista, corpórea son los individuos (sus cuerpos), como hace Bastos. Se puede decir que todo ese carácter superestructural del Estado (que habita en las mentes de los sujetos) es también real porque opera en la realidad, como hace Capella. Lo que ninguno de los dos dice es que el Estado no se circunscribe a una realidad mental, a una idea en sentido subjetivo, a un culturgen o «meme». El Estado no es sólo la población que «cree» pertenecer a un Estado. Es el territorio, y el conjunto de instituciones que permite vincular a la población a dicho territorio (frente a terceros, pero por exclusión del territorio primero, y a su través, del grupo —y no al revés—), no sólo a la población entre sí. Que Bastos forma parte del Estado español, que sea a su pesar o no sí que es irrelevante, se demuestra en que tiene asignado un NIF. Lo mismo para Capella, o JHS, en su ancapismo común.
    Y respecto a los comentaristas y liberales del vulgo que comentan y demás: el Estado podrá ser un medio de explotación de gobernantes a gobernados, de clases productoras a clases rentistas (y en esto se parecen a los marxistas) o de élites a masas, pero la relación principal no es esa. La oposición principal es entre la sociedad política soberana de un territorio dado y lo que está al margen de dicha sociedad política (fuera de ese territorio) sean estos otras sociedades políticas —en la proliferación de Estados con asiento en la ONU—, bárbaros (como en la época del Imperio Romano, o animales (como comentaba Platón en la República).
    Mucho animo en su lucha contra el Estado y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener el Estado y para la libertad.

    • Una imagen vale más que mil
      Una imagen vale más que mil palabras. No hay mejor evidencia contra el Estado que exhibir la torpe defensa que del mismo realiza un antiliberal confeso, un esclavo feliz renegado de sí mismo regodeándose en la violencia que padece.

      A la cuestión de si es el Estado una persona emergente a la que deba supeditarse el conjunto de individuos, responde el esclavista-animista que la persona es el territorio, la Pachamama, soberano de los siervos de la gleba que anidan en su piel. Aunque a párrafo seguido se contradiga con descaro afirmando que la sociedad política (la población) es la soberana del territorio.

      Nadie discute que el Estado sea violencia criminal ejercida por unos hombres sobre otros (NIF). Se trata de dilucidar si sólo es eso (Bastos) o algo más (Capella), al igual que la justicia es algo más que violencia de los jueces. Pero nuestro amigo antiliberal nos proporciona sin pretenderlo un elocuente argumento contra el Estado: su rasgo principal, nos dice, no es conformar un mero instrumento de dominio del hombre sobre el hombre, sino un estado o situación de miedo y violencia generalizada frente a lo que no lo es. Al Estado lo define y perfila el No-Estado: la sociedad libre, pacífica y voluntaria. No otros Estados o sociedades basadas en el terror, en cuyo caso sería inconcebible un Estado mundial.

      La guinda al pastel de tanto despropósito es esa ridícula exhibición de matonismo con que nos amenaza. Da mucho juego este antiliberal, y le animo a que participe más a menudo, aunque no tan a destiempo.

    • Dejando los ad hominem a un
      Dejando los ad hominem a un lado (parece que alguien quiere recordar el origen del liberalismo retrotrayendo las categorías a serviles frente a liberales), yo no personalizo al Estado. El único que hace tal cosa es usted (y lo hace por ejemplo para homologar robo y tributo, secuestro y detención). El Estado es un complejo institucional, instituciones suprasubjetuales. Esto le puede sonar extraño desde el individualismo metodológico que probablemente practique, pero no es tan extraño. No toda conducta individual puede dar cuenta de sí misma, verbigracia, la conducta lingüística (lo que no significa que no exista notas individuales en tal conducta). Si uno analiza la conducta lingüística desde la racionalidad instrumental que ejercita el individualismo metodológico de la Escuela Austriaca no entiende absolutamente nada. Principalmente porque el lenguaje es esencialmente histórico y no surge de la voluntad de los individuos. Análogamente, el Estado no se limita a los actos de los individuos que dicen actuar en su nombre (ni a dichos individuos). El ejemplo del NIF venía a señalar que la relación de pertenencia al Estado es objetiva, no fundada en la voluntad del sujeto en cuestión (se llame éste Capella o se oculte tras el pseudónimo LIBERAL DEL VULGO), y que los derechos y deberes que el Estado tiene con el individuo que pertenece a dicho Estado también lo son.
      En todos los párrafos que interpretas como defensa del Estado me limitaba a describir el fenómeno, ajustándome de la mejor forma posible. Digo que el territorio es una categoría esencial para entender el Estado y las relaciones políticas (contradistintas de las familiares, económicas, religiosas).
      Las contradicciones que pretende señalar son aparentes (y, además, falsas apariencias). Digo que el Estado se define, primero, frente a un territorio, y que la soberanía sobre tal territorio recae en la sociedad política que lo ocupa, (al menos desde la caída del Antiguo Régimen tras la Revolución Francesa, antes podía recaer en el Trono). Que tal cosa sea buena o no, no entro.
      Únicamente al final puede decirse que estuviera defendiendo el Estado, y si lo hago es porque aquellos que postulan su debilitamiento en abstracto me parece que lo que hacen es jugar a favor de terceras potencias. El periodo de entreguerras
      La violencia es una acción humana también, y en su dificultad (de los liberales) para definirla, para acotar cuando es legítima o no (como si existiera una legitimidad ahistórica). Al menos habrán de reconocerse (ustedes, los liberales) en cierta desventaja práctica ante quienes están dispuestos a usar condiciones aversivas para modular la conducta ajena (véase Skinner). Lo que no estoy seguro es que realmente no estén dispuestos a usar la violencia o en amenazar con su uso. En general, el argumento que suele usar el individualista libertario del vulgo (para que no se ofenda, de vulgo deriva vulgar, pero lo que designa es a las personas anónimamente consideradas; el vulgo, como decía Feijoo, sabe latín) es que está legitimado a usar violencia frente a cualquier agresión.
      ¿Dónde existe esa sociedad libre, pacífica y voluntaria de la que hablas?
      Cuando digo que el Estado se define frente al resto de Estados, hablo de los Estados reales. Si tu quieres decir que el concepto se recorta frente a la sociedad no violenta (identificando gratuitamente Estado y violencia —puesto que admitiendo la caracterización del Estado como violento, teniendo en cuenta que hay violencia no estatal, habrá que conseguir aclarar cual es la diferencia entre una y otra—) y que es de ahí donde adquiere significación, creo que erras. Erras porque tu tesis no permite distinguir sociedades prepolíticas (como las tribus germanas), no carentes de violencia, de sociedades políticas (como el Imperio Romano). Si se puede hablar de Estado es precisamente históricamente (verbigracia, en la época de las Polis helenas) frente a sistemas de organización social que no eran políticos. Un criterio para distinguirlas puede ser el que media entre el ejercicio del poder etológico —la capacidad que posee un sujeto o un grupo de sujetos de influir sobre el comportamiento de otros sujetos en contextos apotéticos (a distancia)— y el del poder político —no se trata de influir directamente sobre los sujetos, sino de ejercer el poder a través de una «cadena de mando»—, pero no parece que la violencia sea uno muy funcional. Las instituciones políticas requieren, verbigracia, la escritura, de forma que la leyes de aquellos que ya no viven siguen actuando (siguen ejerciendo poder) sobre los vivos. Etcétera.
      Lo de que ustedes son los buenos y los demás los malos, ya me lo conozco. Al fin y al cabo no dejan de arrogarse la defensa de la libertad (situando a los que no comparten sus ideas en enemigos) y, simultáneamente, tienen una forma de expresarse harto agresiva (violenta) que he tratado de imitar con escaso éxito: nuestros enemigos.
      Para que le queden las cosas más claras, el Estado del que hablaba en términos abstractos es España (es decir, lo que digo es «animo en su lucha contra España y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener España y para la libertad»).
      Supongo que no me ha entendido (yo creo que a usted sí, pero puede que no); por hacer un experimento mental de esos que les gustan —acaplandia—: ¿a que autoridad compartida podríamos recurrir usted y yo en caso de conflicto?

      PS: Soy antiliberal en la misma medida en que soy antidemocrata, anticatólico, antianarquista, antirepublicano, anticomunista, antisocialista, etcétera; esto es, en la carga metafísica, idealista, de las doctrinas en cuestión. Carga metafísica que queda patente en la confusión que manifiestas entre que mi ataque a las posiciones de Francisco Capella y Miguel Anxo Bastos sea malo (flojo, inconsistente, infundado, débil) —puede serlo en el fondo o en la forma— y el que sus posiciones sean sólidas (contraria sunt circa eadem). Dicho de otro modo, suponiendo que lo que hacía era defender el Estado, y que mi defensa del mismo sea debil, no significa que valga como crítica al Estado (crítica del tipo: «mirad, la defensa del Estado —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el párrafo final, lo que decía fuera una defensa del Estado?— de éste sujeto que se autodenomina antiliberal es debil; ergo sus contrarios , los liberales —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el pseudónimo empleado, las posiciones que comento sean antiliberales?— llevan razón»).

    • Dejando los ad hominem a un
      Dejando los ad hominem a un lado (parece que alguien quiere recordar el origen del liberalismo retrotrayendo las categorías a serviles frente a liberales), yo no personalizo al Estado. El único que hace tal cosa es usted (y lo hace por ejemplo para homologar robo y tributo, secuestro y detención). El Estado es un complejo institucional, instituciones suprasubjetuales. Esto le puede sonar extraño desde el individualismo metodológico que probablemente practique, pero no es tan extraño. No toda conducta individual puede dar cuenta de sí misma, verbigracia, la conducta lingüística (lo que no significa que no exista notas individuales en tal conducta). Si uno analiza la conducta lingüística desde la racionalidad instrumental que ejercita el individualismo metodológico de la Escuela Austriaca no entiende absolutamente nada. Principalmente porque el lenguaje es esencialmente histórico y no surge de la voluntad de los individuos. Análogamente, el Estado no se limita a los actos de los individuos que dicen actuar en su nombre (ni a dichos individuos). El ejemplo del NIF venía a señalar que la relación de pertenencia al Estado es objetiva, no fundada en la voluntad del sujeto en cuestión (se llame éste Capella o se oculte tras el pseudónimo LIBERAL DEL VULGO), y que los derechos y deberes que el Estado tiene con el individuo que pertenece a dicho Estado también lo son.
      En todos los párrafos que interpretas como defensa del Estado me limitaba a describir el fenómeno, ajustándome de la mejor forma posible. Digo que el territorio es una categoría esencial para entender el Estado y las relaciones políticas (contradistintas de las familiares, económicas, religiosas).
      Las contradicciones que pretende señalar son aparentes (y, además, falsas apariencias). Digo que el Estado se define, primero, frente a un territorio, y que la soberanía sobre tal territorio recae en la sociedad política que lo ocupa, (al menos desde la caída del Antiguo Régimen tras la Revolución Francesa, antes podía recaer en el Trono). Que tal cosa sea buena o no, no entro.
      Únicamente al final puede decirse que estuviera defendiendo el Estado, y si lo hago es porque aquellos que postulan su debilitamiento en abstracto me parece que lo que hacen es jugar a favor de terceras potencias. El periodo de entreguerras
      La violencia es una acción humana también, y en su dificultad (de los liberales) para definirla, para acotar cuando es legítima o no (como si existiera una legitimidad ahistórica). Al menos habrán de reconocerse (ustedes, los liberales) en cierta desventaja práctica ante quienes están dispuestos a usar condiciones aversivas para modular la conducta ajena (véase Skinner). Lo que no estoy seguro es que realmente no estén dispuestos a usar la violencia o en amenazar con su uso. En general, el argumento que suele usar el individualista libertario del vulgo (para que no se ofenda, de vulgo deriva vulgar, pero lo que designa es a las personas anónimamente consideradas; el vulgo, como decía Feijoo, sabe latín) es que está legitimado a usar violencia frente a cualquier agresión.
      ¿Dónde existe esa sociedad libre, pacífica y voluntaria de la que hablas?
      Cuando digo que el Estado se define frente al resto de Estados, hablo de los Estados reales. Si tu quieres decir que el concepto se recorta frente a la sociedad no violenta (identificando gratuitamente Estado y violencia —puesto que admitiendo la caracterización del Estado como violento, teniendo en cuenta que hay violencia no estatal, habrá que conseguir aclarar cual es la diferencia entre una y otra—) y que es de ahí donde adquiere significación, creo que erras. Erras porque tu tesis no permite distinguir sociedades prepolíticas (como las tribus germanas), no carentes de violencia, de sociedades políticas (como el Imperio Romano). Si se puede hablar de Estado es precisamente históricamente (verbigracia, en la época de las Polis helenas) frente a sistemas de organización social que no eran políticos. Un criterio para distinguirlas puede ser el que media entre el ejercicio del poder etológico —la capacidad que posee un sujeto o un grupo de sujetos de influir sobre el comportamiento de otros sujetos en contextos apotéticos (a distancia)— y el del poder político —no se trata de influir directamente sobre los sujetos, sino de ejercer el poder a través de una «cadena de mando»—, pero no parece que la violencia sea uno muy funcional. Las instituciones políticas requieren, verbigracia, la escritura, de forma que la leyes de aquellos que ya no viven siguen actuando (siguen ejerciendo poder) sobre los vivos. Etcétera.
      Lo de que ustedes son los buenos y los demás los malos, ya me lo conozco. Al fin y al cabo no dejan de arrogarse la defensa de la libertad (situando a los que no comparten sus ideas en enemigos) y, simultáneamente, tienen una forma de expresarse harto agresiva (violenta) que he tratado de imitar con escaso éxito: nuestros enemigos.
      Para que le queden las cosas más claras, el Estado del que hablaba en términos abstractos es España (es decir, lo que digo es «animo en su lucha contra España y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener España y para la libertad»).
      Supongo que no me ha entendido (yo creo que a usted sí, pero puede que no); por hacer un experimento mental de esos que les gustan —acaplandia—: ¿a que autoridad compartida podríamos recurrir usted y yo en caso de conflicto?

      PS: Soy antiliberal en la misma medida en que soy antidemocrata, anticatólico, antianarquista, antirepublicano, anticomunista, antisocialista, etcétera; esto es, en la carga metafísica, idealista, de las doctrinas en cuestión. Carga metafísica que queda patente en la confusión que manifiestas entre que mi ataque a las posiciones de Francisco Capella y Miguel Anxo Bastos sea malo (flojo, inconsistente, infundado, débil) —puede serlo en el fondo o en la forma— y el que sus posiciones sean sólidas (contraria sunt circa eadem). Dicho de otro modo, suponiendo que lo que hacía era defender el Estado, y que mi defensa del mismo sea debil, no significa que valga como crítica al Estado (crítica del tipo: «mirad, la defensa del Estado —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el párrafo final, lo que decía fuera una defensa del Estado?— de éste sujeto que se autodenomina antiliberal es debil; ergo sus contrarios , los liberales —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el pseudónimo empleado, las posiciones que comento sean antiliberales?— llevan razón»).

    • Dejando los ad hominem a un
      Dejando los ad hominem a un lado (parece que alguien quiere recordar el origen del liberalismo retrotrayendo las categorías a serviles frente a liberales), yo no personalizo al Estado. El único que hace tal cosa es usted (y lo hace por ejemplo para homologar robo y tributo, secuestro y detención). El Estado es un complejo institucional, instituciones suprasubjetuales. Esto le puede sonar extraño desde el individualismo metodológico que probablemente practique, pero no es tan extraño. No toda conducta individual puede dar cuenta de sí misma, verbigracia, la conducta lingüística (lo que no significa que no exista notas individuales en tal conducta). Si uno analiza la conducta lingüística desde la racionalidad instrumental que ejercita el individualismo metodológico de la Escuela Austriaca no entiende absolutamente nada. Principalmente porque el lenguaje es esencialmente histórico y no surge de la voluntad de los individuos. Análogamente, el Estado no se limita a los actos de los individuos que dicen actuar en su nombre (ni a dichos individuos). El ejemplo del NIF venía a señalar que la relación de pertenencia al Estado es objetiva, no fundada en la voluntad del sujeto en cuestión (se llame éste Capella o se oculte tras el pseudónimo LIBERAL DEL VULGO), y que los derechos y deberes que el Estado tiene con el individuo que pertenece a dicho Estado también lo son.
      En todos los párrafos que interpretas como defensa del Estado me limitaba a describir el fenómeno, ajustándome de la mejor forma posible. Digo que el territorio es una categoría esencial para entender el Estado y las relaciones políticas (contradistintas de las familiares, económicas, religiosas).
      Las contradicciones que pretende señalar son aparentes (y, además, falsas apariencias). Digo que el Estado se define, primero, frente a un territorio, y que la soberanía sobre tal territorio recae en la sociedad política que lo ocupa, (al menos desde la caída del Antiguo Régimen tras la Revolución Francesa, antes podía recaer en el Trono). Que tal cosa sea buena o no, no entro.
      Únicamente al final puede decirse que estuviera defendiendo el Estado, y si lo hago es porque aquellos que postulan su debilitamiento en abstracto me parece que lo que hacen es jugar a favor de terceras potencias. El periodo de entreguerras
      La violencia es una acción humana también, y en su dificultad (de los liberales) para definirla, para acotar cuando es legítima o no (como si existiera una legitimidad ahistórica). Al menos habrán de reconocerse (ustedes, los liberales) en cierta desventaja práctica ante quienes están dispuestos a usar condiciones aversivas para modular la conducta ajena (véase Skinner). Lo que no estoy seguro es que realmente no estén dispuestos a usar la violencia o en amenazar con su uso. En general, el argumento que suele usar el individualista libertario del vulgo (para que no se ofenda, de vulgo deriva vulgar, pero lo que designa es a las personas anónimamente consideradas; el vulgo, como decía Feijoo, sabe latín) es que está legitimado a usar violencia frente a cualquier agresión.
      ¿Dónde existe esa sociedad libre, pacífica y voluntaria de la que hablas?
      Cuando digo que el Estado se define frente al resto de Estados, hablo de los Estados reales. Si tu quieres decir que el concepto se recorta frente a la sociedad no violenta (identificando gratuitamente Estado y violencia —puesto que admitiendo la caracterización del Estado como violento, teniendo en cuenta que hay violencia no estatal, habrá que conseguir aclarar cual es la diferencia entre una y otra—) y que es de ahí donde adquiere significación, creo que erras. Erras porque tu tesis no permite distinguir sociedades prepolíticas (como las tribus germanas), no carentes de violencia, de sociedades políticas (como el Imperio Romano). Si se puede hablar de Estado es precisamente históricamente (verbigracia, en la época de las Polis helenas) frente a sistemas de organización social que no eran políticos. Un criterio para distinguirlas puede ser el que media entre el ejercicio del poder etológico —la capacidad que posee un sujeto o un grupo de sujetos de influir sobre el comportamiento de otros sujetos en contextos apotéticos (a distancia)— y el del poder político —no se trata de influir directamente sobre los sujetos, sino de ejercer el poder a través de una «cadena de mando»—, pero no parece que la violencia sea uno muy funcional. Las instituciones políticas requieren, verbigracia, la escritura, de forma que la leyes de aquellos que ya no viven siguen actuando (siguen ejerciendo poder) sobre los vivos. Etcétera.
      Lo de que ustedes son los buenos y los demás los malos, ya me lo conozco. Al fin y al cabo no dejan de arrogarse la defensa de la libertad (situando a los que no comparten sus ideas en enemigos) y, simultáneamente, tienen una forma de expresarse harto agresiva (violenta) que he tratado de imitar con escaso éxito: nuestros enemigos.
      Para que le queden las cosas más claras, el Estado del que hablaba en términos abstractos es España (es decir, lo que digo es «animo en su lucha contra España y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener España y para la libertad»).
      Supongo que no me ha entendido (yo creo que a usted sí, pero puede que no); por hacer un experimento mental de esos que les gustan —acaplandia—: ¿a que autoridad compartida podríamos recurrir usted y yo en caso de conflicto?

      PS: Soy antiliberal en la misma medida en que soy antidemocrata, anticatólico, antianarquista, antirepublicano, anticomunista, antisocialista, etcétera; esto es, en la carga metafísica, idealista, de las doctrinas en cuestión. Carga metafísica que queda patente en la confusión que manifiestas entre que mi ataque a las posiciones de Francisco Capella y Miguel Anxo Bastos sea malo (flojo, inconsistente, infundado, débil) —puede serlo en el fondo o en la forma— y el que sus posiciones sean sólidas (contraria sunt circa eadem). Dicho de otro modo, suponiendo que lo que hacía era defender el Estado, y que mi defensa del mismo sea debil, no significa que valga como crítica al Estado (crítica del tipo: «mirad, la defensa del Estado —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el párrafo final, lo que decía fuera una defensa del Estado?— de éste sujeto que se autodenomina antiliberal es debil; ergo sus contrarios , los liberales —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el pseudónimo empleado, las posiciones que comento sean antiliberales?— llevan razón»).

    • Dejando los ad hominem a un
      Dejando los ad hominem a un lado (parece que alguien quiere recordar el origen del liberalismo retrotrayendo las categorías a serviles frente a liberales), yo no personalizo al Estado. El único que hace tal cosa es usted (y lo hace por ejemplo para homologar robo y tributo, secuestro y detención). El Estado es un complejo institucional, instituciones suprasubjetuales. Esto le puede sonar extraño desde el individualismo metodológico que probablemente practique, pero no es tan extraño. No toda conducta individual puede dar cuenta de sí misma, verbigracia, la conducta lingüística (lo que no significa que no exista notas individuales en tal conducta). Si uno analiza la conducta lingüística desde la racionalidad instrumental que ejercita el individualismo metodológico de la Escuela Austriaca no entiende absolutamente nada. Principalmente porque el lenguaje es esencialmente histórico y no surge de la voluntad de los individuos. Análogamente, el Estado no se limita a los actos de los individuos que dicen actuar en su nombre (ni a dichos individuos). El ejemplo del NIF venía a señalar que la relación de pertenencia al Estado es objetiva, no fundada en la voluntad del sujeto en cuestión (se llame éste Capella o se oculte tras el pseudónimo LIBERAL DEL VULGO), y que los derechos y deberes que el Estado tiene con el individuo que pertenece a dicho Estado también lo son.
      En todos los párrafos que interpretas como defensa del Estado me limitaba a describir el fenómeno, ajustándome de la mejor forma posible. Digo que el territorio es una categoría esencial para entender el Estado y las relaciones políticas (contradistintas de las familiares, económicas, religiosas).
      Las contradicciones que pretende señalar son aparentes (y, además, falsas apariencias). Digo que el Estado se define, primero, frente a un territorio, y que la soberanía sobre tal territorio recae en la sociedad política que lo ocupa, (al menos desde la caída del Antiguo Régimen tras la Revolución Francesa, antes podía recaer en el Trono). Que tal cosa sea buena o no, no entro.
      Únicamente al final puede decirse que estuviera defendiendo el Estado, y si lo hago es porque aquellos que postulan su debilitamiento en abstracto me parece que lo que hacen es jugar a favor de terceras potencias. El periodo de entreguerras
      La violencia es una acción humana también, y en su dificultad (de los liberales) para definirla, para acotar cuando es legítima o no (como si existiera una legitimidad ahistórica). Al menos habrán de reconocerse (ustedes, los liberales) en cierta desventaja práctica ante quienes están dispuestos a usar condiciones aversivas para modular la conducta ajena (véase Skinner). Lo que no estoy seguro es que realmente no estén dispuestos a usar la violencia o en amenazar con su uso. En general, el argumento que suele usar el individualista libertario del vulgo (para que no se ofenda, de vulgo deriva vulgar, pero lo que designa es a las personas anónimamente consideradas; el vulgo, como decía Feijoo, sabe latín) es que está legitimado a usar violencia frente a cualquier agresión.
      ¿Dónde existe esa sociedad libre, pacífica y voluntaria de la que hablas?
      Cuando digo que el Estado se define frente al resto de Estados, hablo de los Estados reales. Si tu quieres decir que el concepto se recorta frente a la sociedad no violenta (identificando gratuitamente Estado y violencia —puesto que admitiendo la caracterización del Estado como violento, teniendo en cuenta que hay violencia no estatal, habrá que conseguir aclarar cual es la diferencia entre una y otra—) y que es de ahí donde adquiere significación, creo que erras. Erras porque tu tesis no permite distinguir sociedades prepolíticas (como las tribus germanas), no carentes de violencia, de sociedades políticas (como el Imperio Romano). Si se puede hablar de Estado es precisamente históricamente (verbigracia, en la época de las Polis helenas) frente a sistemas de organización social que no eran políticos. Un criterio para distinguirlas puede ser el que media entre el ejercicio del poder etológico —la capacidad que posee un sujeto o un grupo de sujetos de influir sobre el comportamiento de otros sujetos en contextos apotéticos (a distancia)— y el del poder político —no se trata de influir directamente sobre los sujetos, sino de ejercer el poder a través de una «cadena de mando»—, pero no parece que la violencia sea uno muy funcional. Las instituciones políticas requieren, verbigracia, la escritura, de forma que la leyes de aquellos que ya no viven siguen actuando (siguen ejerciendo poder) sobre los vivos. Etcétera.
      Lo de que ustedes son los buenos y los demás los malos, ya me lo conozco. Al fin y al cabo no dejan de arrogarse la defensa de la libertad (situando a los que no comparten sus ideas en enemigos) y, simultáneamente, tienen una forma de expresarse harto agresiva (violenta) que he tratado de imitar con escaso éxito: nuestros enemigos.
      Para que le queden las cosas más claras, el Estado del que hablaba en términos abstractos es España (es decir, lo que digo es «animo en su lucha contra España y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener España y para la libertad»).
      Supongo que no me ha entendido (yo creo que a usted sí, pero puede que no); por hacer un experimento mental de esos que les gustan —acaplandia—: ¿a que autoridad compartida podríamos recurrir usted y yo en caso de conflicto?

      PS: Soy antiliberal en la misma medida en que soy antidemocrata, anticatólico, antianarquista, antirepublicano, anticomunista, antisocialista, etcétera; esto es, en la carga metafísica, idealista, de las doctrinas en cuestión. Carga metafísica que queda patente en la confusión que manifiestas entre que mi ataque a las posiciones de Francisco Capella y Miguel Anxo Bastos sea malo (flojo, inconsistente, infundado, débil) —puede serlo en el fondo o en la forma— y el que sus posiciones sean sólidas (contraria sunt circa eadem). Dicho de otro modo, suponiendo que lo que hacía era defender el Estado, y que mi defensa del mismo sea debil, no significa que valga como crítica al Estado (crítica del tipo: «mirad, la defensa del Estado —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el párrafo final, lo que decía fuera una defensa del Estado?— de éste sujeto que se autodenomina antiliberal es debil; ergo sus contrarios , los liberales —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el pseudónimo empleado, las posiciones que comento sean antiliberales?— llevan razón»).

  9. Dejando los ad hominem a un
    Dejando los ad hominem a un lado (parece que alguien quiere recordar el origen del liberalismo retrotrayendo las categorías a serviles frente a liberales), yo no personalizo al Estado. El único que hace tal cosa es usted (y lo hace por ejemplo para homologar robo y tributo, secuestro y detención). El Estado es un complejo institucional, instituciones suprasubjetuales. Esto le puede sonar extraño desde el individualismo metodológico que probablemente practique, pero no es tan extraño. No toda conducta individual puede dar cuenta de sí misma, verbigracia, la conducta lingüística (lo que no significa que no exista notas individuales en tal conducta). Si uno analiza la conducta lingüística desde la racionalidad instrumental que ejercita el individualismo metodológico de la Escuela Austriaca no entiende absolutamente nada. Principalmente porque el lenguaje es esencialmente histórico y no surge de la voluntad de los individuos. Análogamente, el Estado no se limita a los actos de los individuos que dicen actuar en su nombre (ni a dichos individuos). El ejemplo del NIF venía a señalar que la relación de pertenencia al Estado es objetiva, no fundada en la voluntad del sujeto en cuestión (se llame éste Capella o se oculte tras el pseudónimo LIBERAL DEL VULGO), y que los derechos y deberes que el Estado tiene con el individuo que pertenece a dicho Estado también lo son.
    En todos los párrafos que interpretas como defensa del Estado me limitaba a describir el fenómeno, ajustándome de la mejor forma posible. Digo que el territorio es una categoría esencial para entender el Estado y las relaciones políticas (contradistintas de las familiares, económicas, religiosas).
    Las contradicciones que pretende señalar son aparentes (y, además, falsas apariencias). Digo que el Estado se define, primero, frente a un territorio, y que la soberanía sobre tal territorio recae en la sociedad política que lo ocupa, (al menos desde la caída del Antiguo Régimen tras la Revolución Francesa, antes podía recaer en el Trono). Que tal cosa sea buena o no, no entro.
    Únicamente al final puede decirse que estuviera defendiendo el Estado, y si lo hago es porque aquellos que postulan su debilitamiento en abstracto me parece que lo que hacen es jugar a favor de terceras potencias. El periodo de entreguerras
    La violencia es una acción humana también, y en su dificultad (de los liberales) para definirla, para acotar cuando es legítima o no (como si existiera una legitimidad ahistórica). Al menos habrán de reconocerse (ustedes, los liberales) en cierta desventaja práctica ante quienes están dispuestos a usar condiciones aversivas para modular la conducta ajena (véase Skinner). Lo que no estoy seguro es que realmente no estén dispuestos a usar la violencia o en amenazar con su uso. En general, el argumento que suele usar el individualista libertario del vulgo (para que no se ofenda, de vulgo deriva vulgar, pero lo que designa es a las personas anónimamente consideradas; el vulgo, como decía Feijoo, sabe latín) es que está legitimado a usar violencia frente a cualquier agresión.
    ¿Dónde existe esa sociedad libre, pacífica y voluntaria de la que hablas?
    Cuando digo que el Estado se define frente al resto de Estados, hablo de los Estados reales. Si tu quieres decir que el concepto se recorta frente a la sociedad no violenta (identificando gratuitamente Estado y violencia —puesto que admitiendo la caracterización del Estado como violento, teniendo en cuenta que hay violencia no estatal, habrá que conseguir aclarar cual es la diferencia entre una y otra—) y que es de ahí donde adquiere significación, creo que erras. Erras porque tu tesis no permite distinguir sociedades prepolíticas (como las tribus germanas), no carentes de violencia, de sociedades políticas (como el Imperio Romano). Si se puede hablar de Estado es precisamente históricamente (verbigracia, en la época de las Polis helenas) frente a sistemas de organización social que no eran políticos. Un criterio para distinguirlas puede ser el que media entre el ejercicio del poder etológico —la capacidad que posee un sujeto o un grupo de sujetos de influir sobre el comportamiento de otros sujetos en contextos apotéticos (a distancia)— y el del poder político —no se trata de influir directamente sobre los sujetos, sino de ejercer el poder a través de una «cadena de mando»—, pero no parece que la violencia sea uno muy funcional. Las instituciones políticas requieren, verbigracia, la escritura, de forma que la leyes de aquellos que ya no viven siguen actuando (siguen ejerciendo poder) sobre los vivos. Etcétera.
    Lo de que ustedes son los buenos y los demás los malos, ya me lo conozco. Al fin y al cabo no dejan de arrogarse la defensa de la libertad (situando a los que no comparten sus ideas en enemigos) y, simultáneamente, tienen una forma de expresarse harto agresiva (violenta) que he tratado de imitar con escaso éxito: nuestros enemigos.
    Para que le queden las cosas más claras, el Estado del que hablaba en términos abstractos es España (es decir, lo que digo es «animo en su lucha contra España y por la libertad de, otros lucharemos, incluso recurriendo a la violencia si es necesario, por mantener España y para la libertad»).
    Supongo que no me ha entendido (yo creo que a usted sí, pero puede que no); por hacer un experimento mental de esos que les gustan —acaplandia—: ¿a que autoridad compartida podríamos recurrir usted y yo en caso de conflicto?

    PS: Soy antiliberal en la misma medida en que soy antidemocrata, anticatólico, antianarquista, antirepublicano, anticomunista, antisocialista, etcétera; esto es, en la carga metafísica, idealista, de las doctrinas en cuestión. Carga metafísica que queda patente en la confusión que manifiestas entre que mi ataque a las posiciones de Francisco Capella y Miguel Anxo Bastos sea malo (flojo, inconsistente, infundado, débil) —puede serlo en el fondo o en la forma— y el que sus posiciones sean sólidas (contraria sunt circa eadem). Dicho de otro modo, suponiendo que lo que hacía era defender el Estado, y que mi defensa del mismo sea debil, no significa que valga como crítica al Estado (crítica del tipo: «mirad, la defensa del Estado —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el párrafo final, lo que decía fuera una defensa del Estado?— de éste sujeto que se autodenomina antiliberal es debil; ergo sus contrarios , los liberales —¿en qué sentido se puede decir que, salvando el pseudónimo empleado, las posiciones que comento sean antiliberales?— llevan razón»).

  10. Perdonad los mensajes
    Perdonad los mensajes repetidos. El formulario a veces falla y creía que se estaba perdiendo lo escrito.

    • El Estado es una persona
      El Estado es una persona jurídica potencialmente ladrona. Esto es un hecho, no una opinión. Pero usted le otorga un estatus de persona especial con dignidad superior a la de las personas físicas que lo integran. Yo no necesito personalizar al Estado (de hecho es persona jurídica reductible a personas físicas) para decir que roba; pero usted sí que precisa apelar a una personalidad emergente especial para diferenciar entre robo y tributo.

      El individualismo metodológico ni mucho menos niega lo social, los subproductos colectivos. Muy al contrario sostiene que el más perfecto orden posible, el orden espontáneo, surge de la acción colectiva no dirigida ni planificada. En cambio, el método colectivista estatalizante incurre a este respecto en grosera contradicción: al pretender que la sociedad es una entidad moral superior a los individuos que la integran y someterlos a un hipotético fin general en detrimento de sus intereses particulares, interfiere y enerva el proceso social, lo anula en favor del punto de vista y el criterio de individuos privilegiados, legitimando la arbitrariedad de ingenieros y planificadores sociales, de políticos y burócratas. En consecuencia, genera una antinomia flagrante: toda acción individual ha de ser vigilada y controlada excepto la acción individual de la casta dirigente. Como resulta que la sociedad es la composición de múltiples y libres conductas individuales, el colectivismo liberticida niega y desvirtúa el fenómeno social.

      Dice usted que el lenguaje no se entiende desde el individualismo metodológico. Se lo explico: es el típico subproducto colectivo, efecto espontáneo del concurso de infinidad de libres y egoístas actores individuales. Lo que de ninguna manera puede entenderse es como la imposición de una gobernante mente privilegiada. El Estado no creó el lenguaje, amigo.

      El territorio no es rasgo esencial de un Estado. Se puede muy bien imaginar un Estado o asimilado sin territorio (como la Masonería, la Yakuza, Al qaeda…) y, por supuesto, un territorio sin Estado. El rasgo esencial del Estado es la legalización de un tipo de violencia criminal: la que practican sus promotores. La violencia estatal se diferencia de la común en que es sistemática e irresistible, además de arrogarse gratuitamente la condición de justa y necesaria. Hablo de organizaciones sociales basadas en el inicio de la violencia y, por tanto, no tengo por qué distinguir entre lo que llamas sociedades prepolíticas, mafias o Estados convencionales

      Es muy difícil seguirte en tus extensas y atropelladas divagaciones. Al final parece que no pretendes defender el Estado en abstracto sino a España en concreto. Y yo también. Haber empezado por ahí. Pero parece que juegas al malentendido y la confusión declarándote una especie de nihilista antitodo pero con infinidad de matices. Pues vale. Cuando pongas orden en tu cabeza seguimos.

      No obstante, responderé a las cuestiones que planteas al final. En caso de conflicto violento, en una sociedad libre se recurriría a una autoridad previamente estipulada y aceptada por las partes, es decir, por las respectivas agencias de protección libremente escogidas en el mercado. Esta autoridad contaría con todos los incentivos para ser la más imparcial, buena y barata, pues estaría sometida a la libre competencia y obligada a proporcionar la mayor satisfacción a sus clientes, honrados y cabales en su inmensa mayoría. Te recuerdo que las impuestas y monopolísticas autoridades judiciales actuales no experimentan tales beneficiosas presiones, sino más bien las contrarias.

      De acuerdo: la debilidad o inconsistencia de una tesis no constituye prueba a favor de la contraria. Sucede, sin embargo, que es más fácil percibir la endeblez argumentativa que una solidez muchas veces prolija y contraintuitiva. Es un error, sí, pero es también un hecho que solemos basar nuestros juicios en meros indicios (y por lo general acertamos); de ahí que casi siempre la mejor baza liberal sea dejar explayarse a los antiliberales. Al revés no ocurre.

  11. «se afirma que los Estados no
    «se afirma que los Estados no existen ni actúan, sino que sólo lo hacen las personas individuales, entonces también puede decirse que los individuos multicelulares no existen ni actúan, que sólo lo hacen sus células constituyentes;»
    No me parece correcta esta comparación porque las células no tienen capacidad de elegir, el ser humano sí.

  12. Mi respuesta va dirigida con
    Mi respuesta va dirigida con base a su comentario: «Las uniones flexibles de muchos individuos cooperadores basadas en elementos simbólicos o creaciones culturales son algo típicamente humano, como muestra Yuval Noah Harari en Sapiens: A Brief History of Humankind.»

    Me remito a poder ampliar diciendo que para Harari, el Estado -así como la religión- no son más que un mito, son entidades ficticias creadas por la imaginación del sapiens.

    «Pero la ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos. Dichos mitos confirieron a los sapiens la capacidad sin precedentes de cooperar flexiblemente en gran número.» Pág. 38

    «Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente. Las iglesias se basan en mitos religiosos comunes. Dos católicos que no se conozcan de nada pueden, no obstante, partici par juntos en una cruzada o aportar fondos para construir un hospital, porque ambos creen que Dios se hizo carne humana y accedió a ser crucificado para redimir nuestros pecados. Los estados se fundamentan en mitos nacionales comunes.» Pág. 41

    «Contar relatos efectivos no es fácil. La dificultad no estriba en contarlos, sino en convencer a todos y cada uno para que se los crean. Gran parte de la historia gira alrededor de esta cuestión: ¿cómo convence uno a millones de personas para que crean determinadas historias sobre dioses, o naciones, o compañías de responsabilidad limitada? Pero cuando esto tiene éxito, confiere un poder inmenso a los sapiens, porque permite a millones de extraños cooperar y trabajar hacia objetivos comunes. Piense el lector lo difícil que habría sido crear estados, o iglesias, o sistemas legales si solo pudiéramos hablar de cosas que realmente existen, como los ríos, árboles y leones.» Pág. 45

    Queda claro, que entonces, el estado es solamente un mito. Una fantasía, una obra ficticia del ser humano.

    • Harari no dice que el Estado
      Harari no dice que el Estado sea un mito (algo que no existe) sino que está basado en ideas ficticias compartidas. Creo que no es difícil de entender. Igual que la Iglesia existe como algo real (organización y colectivo de creyentes), pero está basada en mitos, leyendas, supersticiones, cuentos. Una cosa es que un grupo exista o no: otra distinta es que las ideas que lo distinguen y cohesionan sean verdaderas (historia real) o falsas (mitos).

  13. El Sr. Capella interpreta a
    El Sr. Capella interpreta a su gusto, extrapola cuestiones como las células y los tejidos y las compara a los individuos en sociedad. Es bastante absurdo y por bonito que se escuche, eso solo se puede hacer montándose en la hermenéutica, es decir, basándose en el sinsentido e interpretaciones caprichosas, dice:
    “De hecho es la unidad política abstracta lo que tiende a permanecer y existir durante más tiempo que los miembros que la componen o los líderes que la gobiernan (quienes nacen, viven y mueren), igual que el cuerpo humano sobrevive a la muerte de sus células mediante constante regeneración.”
    No se puede respaldar uno en la Biología cuando habla de Ciencias Sociales, por lo menos no de esa manera. De aceptar un argumento tan idiota, entonces podríamos recurrir al sistema solar o al cosmos y decir que los planetas y las estrellas son individuos.
    Dice:
    “Si se afirma que el Estado es un ser hipostático conviene aclarar qué se quiere decir con este término, porque mucha gente seguramente no lo va entender; además tal vez el concepto suene como algo muy profundo pero que en realidad es un absurdo ontológico propio de alguna superstición religiosa (como la unión de las esencias de las personas divinas en la Trinidad cristiana).”
    Soy ateo, pero se claramente que aquí no se discute si Dios existe o no, ni la trinidad cristiana, no es el tema.
    Las religiones no ostentan el monopolio de los absurdos ontológicos, ni de los mitos y supersticiones. Claramente este señor es un ateo creyente en mitos y absurdos ontológicos, o como él dice “supersticiones” solo que SECULARIZADOS:
    “Todos los conceptos centrales de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados. Lo cual es cierto no sólo por razón de su evolución histórica, en cuanto fueron transferidos de la teología a la teoría del Estado, convirtiéndose, por ejemplo, el Dios omnipotente en el legislador todopoderoso, sino también por razón de su estructura sistemática, cuyo conocimiento es imprescindible para la consideración sociológica de estos conceptos. El estado de excepción tiene en la jurisprudencia análoga significación que el milagro en la teología. Sólo teniendo conciencia de esa analogía se llega a conocer la evolución de las ideas filosófico-políticas en los últimos siglos. Porque la idea del moderno Estado de derecho se afirmó a la par que el deísmo, con una teología y una metafísica que destierran del mundo el milagro y DO admiten la violación con carácter excepcional de las leyes naturales implícita en el concepto del milagro y producido por intervención directa, como tampoco admiten la intervención directa del soberano en el orden jurídico vigente. El racionalismo de la época de la Ilustración no admite el caso excepcional en ninguna de sus formas. Por eso la convicción teísta de los escritores conservadores de la contrarrevolución pudo hacer el ensayo de fortalecer ideológicamente la soberanía personal del monarca con analogías sacadas de la teología teísta.”

    Carl Schmitt, Teología política

    • Supongo que no sabes gran
      Supongo que no sabes gran cosa de biología y de cómo las ciencias sociales son un subconjunto de las ciencias de la vida. Por el tono de tu comentario sospecho que, aun estando en la UFM, tampoco sabes gran cosa de ciencias sociales pero igual crees que sí. Con lo de «absurdos» e «idiota» me parece que te estás proyectando. Planetas y estrellas son partes de sistemas más complejos: llamarlos individuos o no es una cuestión semántica; lo que no son es agentes autónomos autopoyéticos (o sea, seres vivos) a los que se les apliquen ideas biológicas y económicas.
      No sé para qué citas a Carl Schmitt: ¿para darme la razón? Ve por favor mi respuesta al comentario anterior.

  14. El problema, como lo dice Thomas Sowell, es q intelectuales, excelentes en uno o varios ámbitos académicos o ramas de la ciencia caen en la arrogancia autoritaria de opinar sin fundamento válido en areas en las cuales creen tener la misma autoridad q en la q son expertos. Ese es el caso del autor de éste artículo, Francisco Capella

    • lo mejor del artículo son las referencias

  15. Bola de serotes mejor me van pelando la verga, yo soy el estado, porque tengo mi estado narco en la selva colombiana y hago lo que se me venga en gana, estas teorias y otras me las paso por el pincho, es mas que vengan a debatirme a mi estado esas teorias les muestro las mias que son plata o plomo.

  16. 1)» Existe el Estado o no? Yo digo que no existe. No existe fuera de las personas que lo componen.» ¿Puede un evangelista de capitalismo decir esta idiotez? Si el Estado está en un ‘estado’ deplorable es por demagogos como el del vídeo, que desprecia el bienestar de la mayoría, de los trabajadores y defiende el capitalismo como sistema socioeconómico y su ideología de alienación: el liberalismo. Sin duda, el estado existe y ha sido el órgano más efectivo que el capitalismo ha creado y controlado durante casi 250 años, para controlar, oprimir y explotar a las mayorías, a los trabajadores. Quienes son dueños del poder, las riquezas, los medios de producción de un país, son los dueños del Estado, independiente de los desgobiernos de turno, gobernados también hace siglos por los consorcios corporativistas. Estado capitalista, engendrado hace casi dos siglos y medio, es un órgano de dominación con carácter institucional que ha monopolizado dentro de sí, en los países invadidos por su sistema económico, el monopolio de la violencia legítima como medio de dominación, control y explotación. Y con este fin, ha creado y dejado todos los medios materiales en manos de sus ‘dueños’ y ha expropiado a todos los seres humanos sus derechos, sustituyéndolos por sus propias normas, valoraciones y leyes. El sistema capitalista ha usurpando a su vez las estructuras del Estado, como son las instituciones de las fuerzas armadas, las burocracias administrativas, los tribunales de justicia y la policía. Así, el Estado capitalista ha asumido las funciones de defensa, gobernación, justicia, seguridad, etc., en los países bajo su dominio. Estas estructuras del Estado no son ficticias. Existen y hasta un analfabeto sabe cuáles son sus funciones.
    2) «El estado está compuesto de personas, no hay ningún estado.» Well! Intentar analizar el Estado capitalista con el «individualismo metodológico» es una irracionalidad, propia de un reaccionario decadente y carca. Es un insulto al conocimiento acumulado, a la inteligencia y a las premisas básicas de disciplinas como historia, sociología, psicología social, economía e historia de las ciencias. Si Thomas S. Kuhn resucitara, se moría de espanto al escuchar a este demagogo decadente.


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