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Del pánico al sentido común (I)

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Es más probable que la forma más eficaz de combatir la covid-19 sea adaptar lo que hemos venido haciendo, en lugar de hacer borrón y cuenta nueva.

Todo intento de buscar orden y sentido a lo que estamos viviendo en estos tiempos de “pandemia” corre el riesgo de perderse en la heterofonía de opiniones, interpretaciones de estadísticas, pseudociencia, politización de las medidas, descreimientos y sospechas de conspiración. Como si repentinamente nos hubiésemos dado una alta dosis de drama postmoderno, ansiamos las redentoras recetas de los expertos, a la vez que nos ausentamos de nosotros mismos. Perdemos la calma, y olvidamos (¿o negamos?) que, incluso en la tormenta, nadie más puede timonear nuestro propio barco.

Las exigencias del momento constituyen una oportunidad para agudizar nuestras facultades filosóficas mediante la perseverante revisión de lo que realmente valoramos. Contamos con dos estrellas-guía: la razón y el sentido común. Éste último no es sólo lo que la mayoría piensa o hace ciegamente. El sentido común es una combinación de las costumbres de la mayoría, probadas a lo largo de cierto tiempo (tradición), y el razonamiento, que permite readaptarlas constantemente. Los cambios radicales de comportamiento no pueden implementarse a la ligera, sino que requieren justificaciones cimentadas en argumentaciones muy sólidas, y muchísimo más, si dichos cambios implican cercenamientos de libertades individuales.

Errare humanum est. No es esto lo que preocupa, ni tampoco el miedo que nos puede provocar una nueva amenaza y lo desconocido. Todo ello es entendible. El foco de nuestra reflexión, en cambio, debe apuntar a la detección de: (1) casos en los que los acontecimientos son aprovechados para justificar agendas liberticidas preexistentes[1], y (2) casos en los que el pánico o la impotencia nos llevan hacia actitudes autoritarias. La cantidad de profundas incoherencias de las que hemos sido testigos es tan grande, que resulta imposible aglutinarlas en unas pocas líneas conceptuales. En esta primera parte, circunscribámonos a dos cuestiones centrales a la polémica.

Confinamientos y mascarillas

¿Hemos aprendido la lección de que no se ha podido establecer el éxito de los confinamientos más draconianos y generales en la contención del virus?[2] ¿Somos siquiera capaces de medir todo el daño que esos confinamientos han causado? Se ha argumentado que el justificativo para confinar es evitar la saturación del sistema sanitario. Pero otras veces en que el sistema sanitario se vio saturado, no se recurrió a confinamientos.[3] ¿Cuál es el nivel aceptable de saturación del sistema y por qué? Veo demasiada similitud entre las políticas de confinamiento obligatorio y las de control estatal de la economía.

A medida que los confinamientos más estrictos fueron perdiendo apoyo, el foco de la politización de la pandemia se fue reorientando bastante hacia el debate sobre el uso de la mascarilla. Como era de esperar, por lo general, los que suelen estar a favor de la intervención estatal defienden la imposición de su uso. A menudo, se ha sobresimplificado el tema, al punto de no quedar claro en muchos casos por qué se está abogando.

Luego de algunos titubeos, la recomendación actual de la OMS parece razonable. Ésta describe los distintos tipos de mascarillas y expide recomendaciones según las diversas situaciones. A modo general, afirma que “actualmente no hay suficientes pruebas a favor o en contra del uso de mascarillas (médicas o de otro tipo) por personas sanas de la comunidad en general.”[4] En contraposición a esto, muchísima gente asume que el uso de la mascarilla (del tipo que sea) es absolutamente crucial en las más diversas situaciones, incluso cuando uno se halla al aire libre, con la boca cerrada y a metros de distancia del resto.[5] Aquel que no lleva mascarilla sufre admoniciones, tanto por parte de la policía como de los ciudadanos (así como miradas desaprobatorias y hasta insultos). Simple autoritarismo sin rigor científico.

La mascarilla se ha constituido en un fetiche de la cancel culture, así como en verdadero símbolo de pertenencia, muy interesante de estudiar sociológicamente. Los que ahora claman por la mascarilla, ¿por qué antes no la usaban? ¿Por qué incluso entraban a unidades de terapia intensiva sin mascarilla, con ropa y calzado de calle a visitar familiares y amigos en vulnerable estado de salud? ¿Cuántas muertes a causa de enfermedades contagiosas se habrían evitado (antes de la covid-19)? ¿Éramos estúpidos antes de abril 2020? ¿Éramos terriblemente insensibles y no nos dábamos cuenta? ¿O bien es que esas vidas no valían tanto como las de hoy?

A principios de la pandemia, allá por marzo 2020, cuando reinaba la mayor incertidumbre y se barajaban proyecciones de alta mortalidad, podía justificarse salir a hacer las compras con mascarilla, gafas transparentes y guantes de látex. Pero la realidad es que casi nadie salía con protección alguna, a excepción de una minoría, apenas con tapabocas. Ahora, más de seis meses después, sabiendo que la letalidad es enormemente inferior, habiendo más conocimiento que ha mejorado la calidad de los tratamientos médicos, y habiendo dispuesto de tiempo para mejorar la atención sanitaria (seis meses de “aplanar la curva”), todo el mundo usa la mascarilla y el que no la usa es estigmatizado. Ah, eso sí, salvo los niños pequeños…porque no se lleva.

Se ve mucha gente hablando en proximidad a través de la mascarilla, porque ésta le da una falsa sensación de seguridad. Digan lo que digan los defensores de la mascarilla, muchísima más gente se ha animado a salir de casa y a acercarse mucho más a otras personas, no gracias a la mascarilla en sí, sino debido al hecho de que las autoridades sanitarias terminaron enfatizando tanto la importancia de la mascarilla. Es preferible no usarla y respirar por la nariz que hablar de cerca con ella puesta. Algunas personas incluso van bufando a través de su tapabocas debido al ejercicio físico o algún esfuerzo que hacen.[6]

Varios profesionales mostraron la cantidad de microbios que se suelen producir en la mascarilla.[7] En cada actividad diaria deberíamos sopesar la falta de higiene que la mascarilla puede significar, frente a la protección de un posible contacto contagioso con el SARS-CoV-2 que ésta pueda lograr. La mascarilla tiene sentido en lugares cerrados (al menos por ahora), sobre todo los que albergan personas de salud débil (hospitales, geriátricos, etc.). Y en lugares abiertos, sólo tiene sentido para actuar como barrera de emisiones directas; pensémoslas en orden de más a menos grave: estornudar, toser, resoplar, cantar, hablar en voz alta, silbar o chiflar, hablar en voz baja, hablar en voz baja con la boca apuntando hacia abajo, respirar por la boca, respirar por la nariz. Y en ningún caso la mascarilla nos protege del todo.

Defender la libertad individual respecto del uso o no de la mascarilla en la vía pública no implica de ninguna manera que a uno no le importe que mueran los demás. No está para nada probada la cadena de causas y efectos. Las autoridades sanitarias insisten en que “aún sabemos muy poco de la covid-19”, y por otro lado, algunos sugieren legislar con un autoritarismo como si lo supiesen todo. Hay que dejar operar a la libre voluntad de los individuos. ¿Qué nivel de exposición al riesgo es tolerable? ¿Qué nivel de riesgo es tolerable? ¿Cómo incide la severidad de las posibles consecuencias? ¿De verdad nos hemos hecho estas preguntas? ¿Acaso son preguntas que tienen respuesta definitiva? Muchos de los comportamientos reglamentados en esta pandemia conllevan menos peligro que tantísimos otros comportamientos cotidianos que, de vez en cuando, terminan causando involuntariamente la muerte propia o de terceros.

La réplica “pero todo ayuda” no es sólida, porque entonces terminaríamos viviendo con la bombona de oxígeno como Michael Jackson. El argumento de que “no sabemos, pero como la consecuencia podría llegar a ser grave, entonces vale la pena prevenirse” no es válido como regla general. Porque ese argumento se puede aplicar prácticamente a cualquier comportamiento y a cualquier consecuencia. Hay gente que tiene miedo de viajar en avión, porque un posible accidente tendría características fatales (caso de bajas chances pero consecuencias muy graves), pero esa gente es normalmente considerada fóbica.

Si tienes miedo de contagiarte en la calle, ve con mascarilla y el protector facial plástico, pero no les impongas a los demás cómo tienen que ir. Muchas de las personas que critican el ir sin mascarilla por la calle son las mismas que puertas adentro tienen contacto sin ningún tipo de protección con una cantidad de familiares y amigos, quienes a su vez tienen contacto con otros, también sin protección. El grado de hipocresía y de incapacidad de ver la viga en el ojo propio es alarmante.

Qué me sugiere el sentido común

Entonces, ante el mar de incertidumbre y opiniones encontradas de todo tipo de expertos y legos, recurramos al sentido común que, bien o mal, hemos podido desarrollar hasta ahora. A mí me sugiere las siguientes recomendaciones temporarias:

  • Durante un tiempo en que haya significativo exceso de mortalidad, utilizar la mascarilla en lugares cerrados en los que no se pueda mantener una distancia de aproximadamente un metro respecto de otras personas.
  • Evitar las actividades que combinan: masividad + aliento + lugar cerrado (por ejemplo coros).
  • Mantengámonos medianamente informados de las novedades sanitarias.

Y las siguientes recomendaciones para siempre (que el sentido común ya me dictaba previo a la covid-19, pero que en muchos países no eran practicadas):

  • Utilizar la mascarilla en áreas donde están internados pacientes con las defensas vulnerables.
  • Quedarse en casa cuando se tienen síntomas respiratorios (sea por covid-19 o no) u otras condiciones contagiosas (tales como conjuntivitis) . Si se ha de salir enfermo, hacerlo con la mascarilla y mantener distancia.
  • No compartir los mismos vasos, picos de botella, sorbetes, bombillas, cigarros, etc.
  • Airear espacios comunes tales como aulas, aunque haga frío.
  • Evitar saludarse con besos, sobre todo en reuniones numerosas.
  • Acostumbrarse a no tocarse (o a reducir significativamente el contacto con) la nariz, ojos o boca luego de estar en contacto con posibles focos de infección sin antes lavarse las manos.
  • Dentro de casa, usar un calzado distinto al que se usa fuera.
  • Evitar viajar hacinados en cualquier medio de transporte, salvo fuerza mayor.
  • No más ventanillas herméticamente cerradas en autobuses y trenes.
  • Mantener la boca cerrada en el metro o lugares de hacinamiento.
  • Dedicarle más recursos al estudio del hacinamiento urbano.

No parece haber ninguna certeza que nos deba hacer cambiar radicalmente nuestras vidas. Es más probable que la forma más eficaz de combatir la covid-19 sea adaptar lo que hemos venido haciendo, en lugar de hacer borrón y cuenta nueva en tantos aspectos. Es cierto que elementos como los pañuelos de papel, el alcohol en gel, el pañal desechable o la toallita femenina, nos señalan una tendencia hacia una mayor profilaxis y “desechabilidad” (y también más polución ambiental), pero el progreso ha de ser gradual, sin saltos bruscos. El comportamiento razonable parece ser aquél que no deja de basarse en la inducción, a la vez reconociendo las limitaciones de ésta con la mayor calma espiritual posible. Los cisnes negros pueden darse, pero cuando se dan, tampoco tenemos forma de reconocerlos como tales. Las medidas restrictivas prometen inciertos beneficios sanitarios, pero atentan contra la libertad, tan fácil de arrebatar y tan difícil de restituir.


[4] https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses

https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/332657/WHO-2019-nCov-IPC_Masks-2020.4-spa.pdf

[5] España (y también Argentina) están entre los países con mayor adhesión al uso de mascarillas.

https://elpais.com/sociedad/2020-07-20/es-espana-el-japon-europeo-de-la-mascarilla.html

[6] https://www.youtube.com/watch?v=1_AxGswGnno&ab_channel=WorldHealthOrganization%28WHO%29

[7] https://www.facebook.com/carmen.lendinezs/videos/635536323981657

[8] Habrá que establecer formas más sencillas de constatar el estado de salud de trabajadores que deban ausentarse a su trabajo.

 

14 Comentarios

  1. Avatar

    //¿Hemos aprendido la lección
    — //¿Hemos aprendido la lección de que no se ha podido establecer el éxito de los confinamientos más draconianos y generales en la contención del virus? ¿Somos siquiera capaces de MEDIR todo el daño que esos confinamientos han causado? Se ha argumentado… […] Veo demasiada similitud entre las políticas de confinamiento obligatorio y las de control estatal de la economía.// —

    Este acertado artículo de Pablo Castells nos trae a colación el problema fundamental de cómo conocemos, cuáles son las vías abiertas o posibilidades para conocer y aprender (conocimiento articulado por un lado, y conocimiento práctico, más básico y fundamental, por otro). Y nos lo trae justo UN SIGLO después de la genial aportación de Ludwig von MISES sobre el CÁLCULO ECONÓMICO bajo el socialismo/estatismo.

    Mises mostró en 1920 cómo el mercado, a través de los intercambios voluntarios utilizando la institución dinero resultando en precios, actúa evitando el uso excesivo de cualquier recurso –función de racionamiento– y a su vez sirviendo de GUÍA mostrando las oportunidades hacia el futuro para un más eficiente empleo de los recursos –función de señalización– (y eso lo hace de forma automática de modo que no resulta necesario para «cada uno» de nosotros conocer los detalles de lo que hay debajo de un cambio en la evolución de los precios relativos para poder actuar en consecuencia, formando todo ello un mecanismo maravilloso de conocimiento colectivo del que rara vez somos conscientes). A su vez, Mises nos mostró la otra cara de la funcionalidad de ese proceso de mercado, pues su ausencia, deja en evidencia la imposibilidad del cálculo económico tanto en una comunidad socialista como por parte de un Estado intervencionista (Simón, Illa, Sánchez, Fauci, Fundación Gates…) cuando no existe o se deja de lado la guía de los precios de mercado: No puede medir, CARECE DE GUÍA hacia el futuro (está CIEGO FRENTE AL FUTURO, existe solo palpar en la oscuridad; «there is only groppling in the dark»). E INCLUSO CARECE de FORMA DE MEDIR EX POST LOS RESULTADOS, si lo que en tanto planificador centralizado ha impuesto al resto de la sociedad ha servido para algo positivo o para lo contrario (incluso en referencia a los propios criterios cualitativos u órdenes de preferencia o valoración del mismo planificador centralizado: pues para ello sería necesitaría hacer el experimento de «tratar» medio país de una manera, y el otro medio país de otra manera diferente, y así poder medir y comparar los resultados de algún aspecto de la realidad resultante en una y otra mitad).

    Como bien apunta Pablo Castells, el asunto está más o menos claro en relación al uso de los bienes económicos (mayores requerimientos que cantidades disponibles: imposibilidad teórica material), pero cabría la posibilidad (al menos desde un punto de vista teórico) de que en el mundo de las ideas (que son bienes no económicos, infinitamente reproducibles) una casta privilegiada (situada coactivamente «por encima» de las estrecheces del mercado) fuera capaz de proporcionar conocimiento articulado que resultara útil como herramienta de ayuda o complemento a la sociedad en su conjunto. Las evidencias empíricas sugieren, sin embargo, que el ámbito de ese mundo imaginario es bastante, bastante estrecho en la práctica (cosa diferente de lo que «hace parecer» el aparato propagandístico y confundidor del que suele rodearse).

    Un buen resumen del «problema del cálculo económico» se puede leer aquí:
    En español: https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1lculo_econ%C3%B3mico
    En inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/Economic_calculation_problem

    El libro editado por Hayek en 1935 (Collectivist Economic Planning), que incluye reimpreso el artículo de Mises de 1920, junto al de otros autores, se puede ver y leer aquí: https://mises.org/library/collectivist-economic-planning

  2. Avatar

    — //¿Hemos aprendido la
    — //[…] Veo demasiada similitud entre las políticas de confinamiento obligatorio y las de control estatal de la economía.// —

    Este acertado artículo de Pablo Castells nos trae a colación el problema fundamental de CÓMO CONOCEMOS, cuáles son las vías abiertas o posibilidades para conocer y aprender (conocimiento articulado por un lado, y conocimiento práctico, más básico y fundamental, por otro). Y nos lo trae justo UN SIGLO después de la genial aportación de Ludwig von MISES sobre el CÁLCULO ECONÓMICO bajo el socialismo/estatismo.

    Mises mostró en 1920 cómo el mercado, a través de los INTERCAMBIOS VOLUNTARIOS utilizando la institución dinero resultando en precios, actúa evitando el uso excesivo de cualquier recurso –función de racionamiento– y a su vez sirviendo de GUÍA mostrando las oportunidades hacia el futuro para un más eficiente empleo de los recursos –función de señalización–. Y eso lo hace de forma automática de modo que no resulta necesario para «cada uno» de nosotros conocer los detalles de lo que hay debajo de un cambio en la evolución de los precios relativos para poder actuar en consecuencia, formando todo ello un mecanismo maravilloso de conocimiento colectivo del que rara vez somos conscientes).

    A su vez, Mises nos mostró la otra cara de la funcionalidad de ese proceso de mercado, pues su ausencia, deja en evidencia la IMPOSIBILIDAD DEL CÁLCULO ECONÓMICO bajo el SOCIALISMO y también bajo un Estado intervencionista en tanto que planificador parcial en ciertas áreas (Simón, Illa, Sánchez, Fauci, Fundación Gates…) cuando no existe o se deja de lado la guía de los precios de mercado: No puede medir, CARECE DE GUÍA hacia el futuro (está CIEGO FRENTE AL FUTURO, existe solo palpar en la oscuridad; «there is only groppling in the dark»). E INCLUSO CARECE de FORMA DE MEDIR EX POST LOS RESULTADOS, en cuanto si lo que ha impuesto al resto de la sociedad ha servido para algo positivo o para lo contrario (incluso en referencia a los propios criterios de preferencia del propio planificador centralizado). Pues para ello sería REQUERIRÍA el EXPERIMENTO prospectivo de «TRATAR» MEDIO PAÍS DE UNA MANERA, y el OTRO MEDIO país DE OTRA manera diferente, y así poder medir y comparar los resultados de algún aspecto de la realidad resultante en una y otra mitad.

    Como bien apunta Pablo Castells, el asunto está más o menos claro en relación al uso de los BIENES ECONÓMICOS (esto es, aquellos que son percibidos como escasos por recibir mayores requerimientos que cantidades disponibles de los mismos existen). En este campo esencial estamos ante algo que no es muy diferente de una IMPOSIBILIDAD teórica material (es incluso difícil imaginar incluso un modo alternativo en que se pudiera «crear» e integrar todo ese proceso de conocimiento).

    Pero cabría la posibilidad (al menos desde un punto de vista teórico) de que en el mundo de las IDEAS (que son bienes «no económicos», infinitamente reproducibles) una casta privilegiada (situada coactivamente «por encima» de las estrecheces del mercado) fuera capaz de desarrollar y proporcionar conoci-miento articulado que resultara útil como herramienta de ayuda o complemento a la sociedad en su conjunto (esto es, a cada una de las personas). Sin embargo las evidencias empíricas sugieren que el ÁMBITO de ese mundo imaginario es BASTANTE ESTRECHO en la práctica y esa no es la mejor manera de implementarlo (cosa diferente de lo que suele «hacer parecer» el aparato propagandístico y confundidor del que suele rodearse) .

  3. Avatar

    Si,es hora ya de leer
    Si,es hora ya de leer comentarios sensatos. He observado a vecinos de cierta edad con aspecto de sufrir un importante deterioro en su salud tras el confinamiento obligatorio y un colapso económico evitable simplemente dando a la población normas y procedimientos de actuación claros ,realistas sin ocultar los datos ni de fallecidos,ni de contagiados.

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      Disiento.
      Disiento.

      No es posible ocultar datos de contagiados porque es imposible tener ese dato. Los test nunca funcionaron. Se sabe desde el principio. Por eso eran tan reticentes a comprarlos y usarlos. Un escandalazo de proporciones épicas. Y también para no desencadenar la histeria colectiva hiperdestructiva que sabían (desde hace muchas décadas) que podía generarse si el público supiera que no tienen técnicas fiables para saber quién está contagiado, distinguirlo de quién es contagioso, y distinguir a estos de aquellos que van a enfermar. Lo de los tests ha sido un despilfarro (y estamos a mitad) y un grandioso fraude. El episodio de Negrín entregando oro a Stalin es una nadería comparado con esto. Y todos los cuñados de España calladitos como la momia de Ramsés. ¡Cuánta dignidad!

      Tampoco se pueden ocultar los muertos. Muchos, por desgracia, desean ver muertos por todas partes, como si eso pudiera servir para derrocar a este maldito gobierno, tan apoyado por tantos ignorantes y siervos voluntarios. Ni un cuarto de millón serviría para obligar a dimitir a este aspirante a dictador. Por suerte para todos, este virus, quizás un acto de guerra de China, ha sido bien flojo. Deberíamos celebrarlo, y no lloriquear e inventarnos muertos que no existen.

      Seguramente ya han muerto más por el confinamiento y el absurdo estado de alarma que que por el virus. Pero no podéis atacar por ahí porque apoyasteis el confinamiento como idiotas. Total ignorancia.

      No hay manera de proteger a nadie de un patógeno con esas características. Lo del rastreo de contactos es una pamema y un despilfarro, además de un abuso de poder que debe ser ilegalizado urgentemente. Lo de medir la temperatura es muy poco fiable y vive en el mundo de la propaganda. Lo de lavarse las manos sirve pero no para esto. Los geles y las toallitas y los guantes son inútiles con este tipo de virus. Las superficies y los objetos nunca fueron una fuente de infección. Enésimo engaño. La máscaras no protegen, ni siquiera las buenas. Me apena esto más a mí que a ti.

      Esto solo lo para el sistema inmune, que compite descaradamente con miles de emprendedores listillos que se aprovechan del pseudoapocalipsis, como el perverso Harold Camping.

      Recordemos la primera ley económica de los socialdemócratas: hay que acabar con la competición.

      El mes que viene van a dar la orden a todos los españoles a que vayan desnudos y cubriéndose con un barril, como los idiotas que salían desplumados de los casinos. Os han engañado y se están riendo de vosotros. Y todavía estáis en la fase negacionista.

      Luego vendrá la ira, y no sé sobreviviremos a ella. A este virus y a otros muchos sobrevivimos seguro y sin problema, pero la ira del cornudo es muy peligrosa.

      Ahora viene la epidemia de todos los años, para la que jamás se ha hecho ningún test. Las supuestas muertes de «gripe» de todos estos años podrían haber sido causadas por muchos otros virus. Se supone (o se suponía hasta hace cinco minutos) que un virus causa una sola enfermedad, pero hay muchas «gripes» parecidas, muchos posibles y probables agentes causantes distintos, para los que no hay test o nunca ha merecido la pena hacerlo. Sencillamente, se intentaba paliar los síntomas y se cruzaban los dedos deseando que el paciente remontara. Esa ha sido la realidad desde que existen los hospitales.

      Nunca he entendido por qué a la gente le avergüenza tanto la realidad. Es bueno avergonzarse de los propios errores, pero la realidad debe ser aceptada y manifestada con naturalidad y sencillez, sin ningún tipo de vergüenza.

      Por cierto, el caldo de pollo y de gallina va muy bien para recuperar las fuerzas. Sales y aminoácidos hidrolizados fáciles de asimilar. Es lo que los músculos y los nervios necesitan en la fase de recuperación. No es tan deseable como un helado de chocolate, pero el hambre es un gran condimento.

      Por otra parte, el criterio siempre ha sido poner como causa de la muerte la patología crónica de base. Por ejemplo, si doña Eugenia, 92 años, tiene Alzheimer avanzado y murió en 2012 de gripe (o de estafilococo, o de neumococo, o de choque anafiláctico causado por un medicamento, o cualquier otra causa aguda que no se pueda catalogar en el cajón de sastre de las «muertes violentas»), entonces eso se contabiliza como muerte de Alzheimer, no como muerte de gripe. Lo mismo para los que tienen fallo renal, diabetes, enfermedad cardivascular, ictus, epoc, cáncer, etc. Si se contabilizaran solo las infecciones oportunistas, entonces habríamos curado las enfermedades cardiacas, los cánceres y todas las enfermedades degenerativas y iatrogénicas (incluyendo a los que se automedican). Y al curarlas falsamente así, mediante un subterfugio estadístico vergonzoso, también habríamos acabado con la industria académica, la farmacéutica y el gran desastre que es la infame sanidad pública, siempre llena de colas y de pacientes maltratados e indefensos ante los abusos de los esclavizados residentes y especialistas (sé de lo que hablo).

      Nadie debe creerse sin pruebas que en los próximos meses vayan a morir más personas por el Covid ridículo que por cualquier otra enfermedad que no hemos curado. Nos quieren engañar y debemos prepararnos.

      Propongo apagar todos los periódicos, todas las radios, todas las televisiones, y abandonar todas las redes sociales. Es la única medida profiláctica que puede ayudarnos.

      Resumen: hay que acabar con el síndrome de Estocolmo y dejar de pedir o esperar imposibles milagros a los gobernantes de primera, segunda, tercera o cuarta división.

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    La apelación al sentido común
    La apelación al sentido común siempre me pareció falaz y manipulativa. Salvo cuando no lo es. Es una estrategia arriesgada intentar comunicar argumentos racionales mediante una estrategia viciada y sospechosa. Pero fortuna sonríe a los audaces. No critico, solo señalo.

    Tegnell, santo varón, mencionó el argumento de la «falsa seguridad». Esa era la party line antes de que casi todos los expertos en salud pública devinieses miembros de una asesina secta milenarista. Alguien recordó el muy criticado y ocultado efecto Peltzman, sobre la absoluta locura (mis palabras, no las de Peltzman) que siempre fueron los cinturones seguridad «obligatorios». Y esta vaina es casi tan vieja como los Rolling Stones.

    Hemos visto muchas de estas: unas supuestas (quizás genuinas) buenas intenciones acaban aumentando el riesgo mortal de trabajadores, ancianos, adultos, niños. El caso más extremo es el de la llamada «guerra contra el terror» que ha generado más terrorismo y mentiras de las que ya padecíamos antes.

    Como en el caso de los cinturones de seguridad obligatorios (remarco y señalo la palabra obligatorio: sin amenaza de sanción no hay ley), ahora es de sentido común (la cara falaz del sentido común) que todo el mundo crea que no podríamos vivir sin cinturones de seguridad obligatorios (ni airbags, ni el techo reforzado inventado por Volvo, ni esos estúpidos ordenadores de abordo que solo sirven para distraer). Pero si en el futuro («en el futuro todo el mundo tendrá sus quince minutos de fama») los ordenadores conducirán automáticamente los autos, con total (marca ACME) seguridad ¿para qué servirán entonces los cinturones?. El criticadísimo efecto Peltzman será nulificado por la omnisciente y totalitaria y antihumana inteligencia artificial.

    De manera similar, si existiera una cura (repito, cura) eficaz y barata y accesible para cualquier infección altamente contagiosa (incluyendo aquí aquellas que no suponen un riesgo para la vida de nadie, sino solo un poco de incomodidad o unas horas de trabajo perdidas), entonces, ¿para qué serviría cualquier forma de profilaxis?

    La excesiva profilaxis (por ejemplo, poner humidificadores en aviones y autobuses para aumentar un poco la humedad y reducir las probabilidades de contagio de algunos patógenos, tal vez aumentando las probablidades de contagio de otros patógenos) podría (casi seguro) crear una fuerte presión evolutiva que daría lugar a patógenos más fuertes, más virulentos, más mórbidos y que podrían anular los efectos de antibióticos, vacunas, antivirales, e incluso de la muy denostada (solo por los sectarios) quinina y sus variantes, que tantas vidas ha salvado.

    ¿Por qué nos reímos de esos idiotas misántropos que critican tanto a los antibióticos pero está prohibido burlarse de esos sectarios, idiotas, misántropos politiqueros los cuales, haciendo gala de una ignorancia enciclopédica y de una fatuidad que casi induce al suicidio, se ponen a criticar un medicamento tradicional que funciona muy bien, como la quinina?

    En estos cálculos ayunos de números que hace la gente cuando simula que entiende el concepto de análisis de riesgos y beneficios, ¿alguien ha tenido en cuenta los posibles efectos psicológicos y fisiológicos adversos que pueden derivarse de una mala y excesiva higiene?

    Por otra parte ¿no es un abuso criminal decirle a la gente que debe «ser solidaria» y exponerse a sufrir graves enfermedades en la piel, incluso cáncer, por el excesivo uso de desinfectantes (informaos antes de criticar), así como la posibilidad de que haya muchos que padezcan varicelas y doloroso brotes de Herpes por usar mal las mascarillas (recordemos que nadie sabe cómo usarlas porque no han sido instruidos y que nadie tiene dinero suficiente para gastar tanto en mascarillas desechables como se supone que todos deberíamos gastar)?

    ¿Cómo es posible que la gente crea que la solidaridad es debe ser coaccionada o no existe?

    El herpes no solo puede ser doloroso en la cara. Puede trasladarse a otras partes del cuerpo. No es un vano argumento sobre la estética. Obligar a la gente a usar mascarillas húmedas, reutilizadas, llenas de patógenos, es un grave riesgo para la salud, que podría causar la pérdida de muchas horas de trabajo, si es eso lo único que nos importa.

    Si ocurre una epidemia de herpes, cosa que no deseo, seguro que se ve ocultada. Todos los criminales (políticos, periodistas, asesores) están condenados eternamente a ocultar sus huellas. No menciono la reaparición de la tuberculosis ni el tifus porque no quiero abusar de vuestra paciencia.

    Si empiezan a morir bebés y niños pequeños por herpes, contagiado por adultos, incapaces de desinfectar utensilios de cocina y juguetes adecuadamente (muchos lavavajillas no funcionan bien por culpa de los estúpidos ecologistas) ¿qué haremos? ¿saldremos a quemar judíos, inventándonos alguna explicación bastarda como siempre hemos hecho para ocultar nuestra propia estupidez?

    Yo recomiendo tener un perro labrador en la familia. El perro da lametones a los papás y a los críos. Los lametones del perro contienen sustancias desinfectantes, como cualquier persona con un míninmo de sensatez, experiencia y cultura puede entender. Si queréis, podéis ojear un buen volumen sobre la fisiología canina, su reproducción, su inmunología. En ese aparecen consignadas y explicadas todas las cosas que podemos observar en los perros, y muchas más que quizás preferiríais no saber.

    Sería interesante ver la resistencia o debilidad a ciertas enfermedades de los adultos que han crecido con perros besucones en la casa versus los niños hiperprotegidos y superdesinfectados.

    La última locura que he visto es esta: https://twitter.com/PeterRQuinones/status/1307072441303404550

    Dos pésimos actores con cara de haber salido de un campo de concentración de la Corea Socialdemócrata, con un cuasicilindro protegiéndose no se sabe muy bien de qué, caminando como idiotas mientras piensan que deberían haber pedido más dinero por hacer esa estupidez.

    Llegaremos a ver a los mamelucos de Vox en España ordaguear a la grande, a la chica, a duples y al lucero del alba: cilindros progresistas para todos. La España viva se disfraza valientemente con polipropileno. ¡Ese toro bravo que no se deja engañar por Soros y sus esbirros!

    La principal función del Estado Total Humanitario de Vox es proteger a todo el mundo de todo, aunque nos maten. Eso es lo conservador y lo progresista, y que nadie piense que están escondiendo ningún complejo psicológico. Vox es el partido milagrero, dispuesto a hacer cosas imposibles y a exigir cosas imposibles, contradiciendo toda la tradición del Derecho. Hasta los ladronazos del PSOE saben que no se puede exigir lo imposible. Qué gran estupidez política hay en España. El peor gobierno de la historia, en todos los aspectos, y toda la oposición les apoya de facto, así como todos los medios de comunicación supuestamente críticos con el PSOE.

    A los virus les debe de dar asco infectar a gente tan estúpida y corrupta como los españoles.

    Recomiendo ver las declaraciones de Sunetra Gupta. Esa mujer vale un Potosí y no es una idiota ni una histérica. Y está empezando a ponerse nerviosa y a perder la paciencia ante tantos idiotas insolentes y tanta corrupción que está poniendo en peligro la vida de millones. Cuando uno ve a una de las poquísimas mujeres sensatas del planeta ponerse nerviosa, uno sabe que eso es un signo claro de que hay que intervenir.

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    «Entregar» la salud («pública
    «Entregar» la salud («pública») a organizaciones coactivas centralizadas (Gobiernos, OMS), por más que digan que siguen, o sigan, supuestos criterios de «expertos», entraña un riesgo inmenso.

    El conocimiento articulado viene a surgir casi siempre de manera tentativa, crítica y competitiva (no deja de ser por prueba y error, con contraste empírico), alrededor de instituciones espontáneas descentralizadas. Y nunca se cierra a crítica, al contrario (uno de los motivos por los que la proximidad al poder es peligrosa, esterilizante y nociva).

    Aunque inconscientemente los humanos al sentir debilidad ante lo desconocido solemos creer que sería lo mejor, la propia coacción sistémica… impide que surja en bastantes ocasiones incluso la propia fuente de conocimiento empírica que sería necesaria para la labor investigadora. Así la actividad coactiva (del Estado) nunca parece ser la forma más adecuada de enfrentarse a lo desconocido, pues su actuar es: (a) Ciego hacia delante, (b) «cegador» hacia atrás, y (c) despreciador del papel de la (buena) teoría como guía (pues no les suelen gustar las conclusiones que de ella se inferirían).

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      Ha surgido una nueva teoría
      Ha surgido una nueva teoría conspirativa. Es la más desternillante que he leído en muchos años.

      Va así: la nueva dictadura sanitaria de Nueva Zelanda y de Australia se debe a… redoble de tambor… ¡la privatización de la Policía y del Gobierno!

      Obvio. Es ver la cara de la asquerosa déspota Kiwi y uno reconoce en seguida que es una discípula aventajada de Hoppe.

      Abracadabrante pirueta.

      En varios círculos izquierdistas es lugar común el concepto de «captura del regulador». Muy popular en los de la salud natural y la energía positiva, de manera nada paradójica. Me recuerda a a situación entre Theoden, rey de Rohan, y su consejero Grima Wormtongue, traducido como Grima Lengua de Serpiente. Personajes de Tolkien. Casi todo en Tolkien es parabólico, porque toda la literatura mitológica, su especialidad, es un parábola de la política.

      El sabio y justo rey (el Estado) es corrompido y envenenado por el consejero (las grandes empresas, los lobistas) trayendo el desastre. Poco importa que el desastre ya existiera antes de la aparición de la industria y que ningún rey ni presidente de república ha sido nunca justo ni sabio ni ha perdido ocasión de sacrificar a sus súbditos.

      Imaginan que al eliminar a los malos, automáticamente la justicia volverá. El Estado moderno es ineficaz, despilfarrador e ineficiente porque ha sido corrompido por lo de siempre: holgazanería, egoísmo, concupiscencia, avaricia. ¡Maudit Argent!

      La salud pública no tiene nada que ver con la salud, con la curación de la enfermedad, con su prevención o con la difusión información correcta. Es pura política destinada al expolio y al control de la mente de los incautos. No hay regulatory capture. La corrupción es la normalidad y siempre lo ha sido.

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    Darles a políticos y
    Darles a políticos y burócratas la herramienta de la PCR
    es como darle a un mono una pistola cargada (y enseñarle a dispararla).
    Por ello lo de «panico» del título… es poco.

    Ya su inventor, Kari Mullis, avisó en su día de por dónde podía ir la cosa (y a algunos como yo nos pareció que exageraba…). Su opinión explicada por una periodista independiente que le entrevistó en repetidas ocasiones; Celia Farber: «Was the COVID-19 Test Meant to Detect a Virus?»:
    https://uncoverdc.com/2020/04/07/was-the-covid-19-test-meant-to-detect-a-virus/?fbclid=IwAR06JieL3fFfD9dbavh5RfzuPzdim_2v8LTmqNbEQ5jG6GTIe7mFBk8c_70

    Por cierto, adjunto tres referencias de información sobre la COVID, como ejemplos de información buena, mala y pésima:
    BUENA: Silvano Baztán (Navarra Digital, 5May2020): «Epidemiología y coronavirus (1)»: https://www.navarradigital.es/articulo/salud/epidemiologia-coronavirus-1/20200505072101010536.html
    Clínica Aeromédica, La Coruña (Agosto2020): https://www.clinica-aeromedica.net/ambiente/covid-19-basta-ya-de-mentiras/https://www.clinica-aeromedica.net/ambiente/covid-19-basta-ya-de-mentiras/

    MALA: Andrea Gentil (Noticias, 24Abr2020): https://noticias.perfil.com/noticias/opinion/la-mentira-de-la-inmunidad-colectiva-sin-vacunas.phtml

    PEOR QUE MALA: Newtral (Ana Pastor mujer de Antonio Ferreras, «contraprogramando» o intentando censurar los resquicios de libertad que aún subsisten en las redes): «No, el inventor de la PCR no dijo que su método es inútil para detectar virus»: https://www.newtral.es/bulo-coronavirus-inventor-pcr-kary-mullis/20200803/

    Palabras del Dr. Wittkowski (que alguien recomendó en estas mismas páginas, y se agradece) en abril:
    //El distanciamiento social y la cuarentena de todos no ha salvado vidas en ninguna parte; sólo se ha prolongado la curva, causando más muertes y disminuyendo la inmunidad natural colectiva, que es lo único que detendrá esta epidemia” (como siempre ha ocurrido con las enfermedades infecciosas respiratorias, y cada año pasa con la epidemia de gripe común).
    El profesor Wittkowski pide que las escuelas estén abiertas ahora, de forma que el virus pueda extenderse inofensivamente entre los jóvenes y, por tanto, reducir la cantidad de tiempo que se ha de secuestrar los ancianos y las personas con inmunidad comprometida. Nuestro curso actual, advierte, sólo prolongará la crisis y garantizará una “segunda ola” de infecciones en otoño.//

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    Clínica Aeromédica (fuente:
    Clínica Aeromédica: «COVID-19: ¡BASTA YA DE MENTIRAS!»
    (fuente: Swiss Policy Research)

    – «Según los últimos estudios inmunológicos, la letalidad general de Covid-19 (IFR) es aproximadamente de 0,1 a 0,3 % y, por lo tanto, está en el rango de una influenza (gripe) severa.»
    – «Hasta el 80% de todas las personas positivas para la PCR permanecen libres de síntomas. Incluso entre los 70-79 años de edad, aproximadamente el 60% permanece sin síntomas. Alrededor del 95% de todas las personas desarrollan a lo sumo síntomas moderados.»
    – «La edad media de los fallecidos en la mayoría de los países (incluida Italia) es superior a 80 años (por ejemplo, 86 años en Suecia) y solo alrededor del 4% de los fallecidos no tenían condiciones previas graves. La edad y el perfil de riesgo de las muertes corresponden esencialmente a la mortalidad normal.»
    – «Muchos informes de los medios sobre personas jóvenes y previamente sanas que murieron a causa de Covid-19 resultaron ser falsas: muchos de estos jóvenes o no murieron a causa de Covid-19, ya estaban gravemente enfermos (por ejemplo, de leucemia no diagnosticada), o tenían 109 en lugar de 9 años.»
    – «El miedo a la escasez de ventiladores no estaba justificado. […] de hecho a menudo es contraproducente y dañina para los pulmones.»
    – «Todavía hay poca o ninguna evidencia científica de la efectividad de las mascarillas de tela en individuos sanos y asintomáticos.»
    – «Las curvas exponenciales mostradas sobre los «casos de Covid-19» son engañosas, ya que el número de pruebas también aumentó exponencialmente.»
    – «Hasta el 60% de todas las personas ya pueden tener una cierta inmunidad celular de fondo para el nuevo coronavirus debido al contacto con coronavirus previos (es decir, virus del resfriado). La suposición inicial de que no había inmunidad contra el nuevo coronavirus no era correcta.»

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      Pido PERDÓN por este último
      Pido PERDÓN por este último comentario:
      La fuente no es lo sólida que yo había creído
      (como «buena» solo iba la primera referencia y esta la he añadido en el último momento, y SIN CONTRASTAR y quizás me «he colado»).

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      La fuente sí que es
      La fuente sí que es suficientemente sólida y refiere a los respectivos estudios que enlaza: https://www.clinica-aeromedica.net/ambiente/covid-19-basta-ya-de-mentiras/ (con lo cual uno puede sacar sus propias conclusiones).
      Me asusté porque:
      – si buscas Swiss Policy Research te sale esto: https://en.wikipedia.org/wiki/Swiss_Propaganda_Research
      – y en Clínica Aeromédica la página de “equipo” daba error (pero visto con más detalle sí que hay concretas personas serias detrás).

      Complemento a los puntos antes destacados:
      – “La letalidad inferior a la esperada de Covid-19 no debería ocultar el hecho de que el nuevo coronavirus, debido a su uso eficiente del receptor de células ACE2 humanas, en algunos casos puede conducir a una enfermedad grave con complicaciones en los pulmones, el sistema vascular, el sistema nervioso y otros órganos, algunos de los cuales pueden persistir durante meses.”
      – “Además, incluso la enfermedad aparentemente «leve» (sin hospitalización) puede en algunos casos conducir a complicaciones prolongadas con problemas respiratorios, fatiga u otros síntomas. Los CDC de EE. UU. llegaron a la conclusión de que después de un mes, aproximadamente un tercio de los casos «leves» todavía mostraban tales síntomas. Incluso en los jóvenes de 18 a 34 años sin condiciones previas, aproximadamente el 20% todavía tenía secuelas.”

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      No es de extrañar que
      No es de extrañar que Wikipedia difame a un sitio web dedicado a desenmascarar la propaganda, puesto que Wikipedia es otra pieza más de la maquinaria propagandística al servicio del poder. Hay que tener esto presente siempre que se consulte acerca de cualquier cuestión «sensible».

      My own battle with Wikipedia included being unable to correct provably false facts such as incorrect job history, incorrect birth place and incorrect birth date.

      What’s worse is that agenda editors related to pharmaceutical interests and the partisan blog Media Matters control my Wikipedia biographical page, making sure that slanted or false information stays on it. For example, they falsely refer to my reporting as «anti-vaccine,» and imply my reporting on the topic has been discredited. In fact, my vaccine and medical reporting has been recognized by top national journalism awards organizations, and has even been cited as a source in a peer reviewed scientific publication. However, anyone who tries to edit this factual context and footnotes onto my page finds it is quickly removed.

      What persists on my page, however, are sources that are supposedly disallowed by Wikipedia’s policies. They include citations by Media Matters, with no disclosure that it’s a partisan blog. —Sharyl Attkisson

      Swiss Policy Research (antes llamada Swiss Propaganda Research) también tiene algunas cosas que decir al respecto:

      Wikipedia: A Disinformation Operation?

      Y es una excelente referencia sobre el síndrome de Wuhan:

      Facts about Covid-19

      Studies on Covid-19 lethality

      On the treatment of Covid-19

      The evidence on face masks

      Saludos,
      Jubal

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    ¿Por qué no entrevistan al
    ¿Por qué no entrevistan al doctor JOSÉ LUIS SEVILLANO, un médico español que vive en una zona rural de Francia, no muy lejos de Toulouse, y que dice que todos los casos graves que está teniendo, algunos muertos, viven cerca de antenas? Cogió un mapa, porque él no trabaja en un hospital sino en una zona rural y por tanto conoce dónde viven sus pacientes, y colocó dónde vivían todos los pacientes graves y vio que vivían o viven cerca de antenas.


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