Skip to content

Donald Trump, profeta de un mundo mejor

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

El ‘make America great again’ del exitoso empresario neoyorkino pasa realmente por un Estado pequeño y una sociedad grande y fortalecida de nuevo.

Debo reconocer que mi aproximación a las recientes elecciones estadounidenses, al menos hasta el sprint final, fue muy poco original: ni Clinton ni Trump, Estados Unidos iba a elegir entre la peste y el cólera, los peores candidatos de la historia, la una representaba lo peor del establishment y al otro se le identificaba con el populismo nacionalista, Hillary proponía impuestos, burocracia y belicismo y Donald mercantilismo, aranceles y cierre de fronteras. Antilibelarismo, en cualquier caso, de la peor especie.

Pero con el paso del tiempo me empecé a dar cuenta de que las ramas no dejaban ver el bosque: el Trump que estábamos analizando era solo un muñeco de paja. Detrás se escondía el proyecto político aunque debemos ser conscientes de las limitaciones de todo proyecto político más amistoso con las libertades que se recuerda.

Trump ha utilizado una estrategia populista, ciertamente. Como todos y cada uno de sus colegas políticos. Pero no todas las estrategias populistas son iguales. La inmensa mayoría de los políticos se adscriben al consenso socialdemócrata y encauzan su estrategia populista para apuntalar el estatismo. Las discusiones versan sobre aspectos, en el fondo, técnicos y muy menores. Veamos, en cambio, cómo la estrategia populista de Trump, resumida en un célebre discurso, va por otro lado:

Nuestro movimiento consiste en reemplazar un establishment fallido y corrupto por un nuevo Gobierno controlado por vosotros, el pueblo americano. El establishment de Washington y las grandes empresas y medios que lo apoyan existen por una sola razón: protegerse entre ellos y enriquecerse. El establishment se juega billones de dólares en estas elecciones. Los que controlan los resortes del poder en Washington y los grupos de presión están asociados con una gente a la que no le importa vuestros intereses. Nuestra campaña representa una amenaza a sus intereses como no habían visto jamás.

No estamos ante unas elecciones más. Estamos más bien ante una encrucijada en la historia de nuestra civilización que determinará si nosotros, el pueblo, somos capaces o no de controlar al Gobierno. El mismo establishment político que trata de frenarnos es el responsable de unos acuerdos comerciales desastrosos, la inmigración ilegal masiva y de una política exterior y económica que ha dejado a nuestro país en la ruina. El establishment político ha traído la destrucción a nuestras fábricas y ha destruido empleos para llevárselos a México, China y otros países. Se trata de una estructura global de poder responsable de las decisiones económicas que han expoliado a nuestra clase trabajadora, despojado a nuestra nación de su riqueza y puesto el dinero en los bolsillos de grandes empresas y grupos políticos.

Esto es una lucha por la supervivencia de nuestra nación. Y esta será nuestra última oportunidad para salvarla. Estas elecciones determinarán si realmente somos una nación libre o más bien una democracia ficticia controlada por lobbies, saqueadores de un sistema ya exhausto.

Los papeles de Wikileaks prueban las reuniones entre Hillary Clinton y la banca internacional en una conspiración contra la soberanía de Estados Unidos para enriquecer a los poderes mundiales y a sus amigos y donantes. El arma más poderosa desplegada por los Clinton son los grandes medios de comunicación. La prensa en este país no tiene nada que ver con el periodismo. Se trata de un grupo de presión más, con sus propios intereses que en nada se diferencia de cualquier otro lobby o entidad financiera. Un lobby con su propia agenda política. Cualquiera que se atreva a desafiarlos será tachado de machista, racista y xenófobo. Mentirán, mentirán, mentirán y volverán a mentir. Y peor todavía: serán capaces de cualquier cosa. Lo único que puede frenar esta maquinaria corrupta sois vosotros. La única fuerza que puede salvar este país somos nosotros.

A nuestra civilización le ha llegado la hora de la verdad. Yo no necesitaba hacer esto, creedme. He levantado un imperio y he tenido una vida maravillosa. Podría disfrutar con mi familia de tantos años de éxitos en los negocios en lugar de padecer este show de mentiras, decepciones e insidias. ¿Quién lo hubiera soportado? Lo estoy haciendo porque ahora me toca devolver a este país todo lo que me ha dado. Estoy haciendo esto por la gente y por nuestro movimiento. Y juntos recuperaremos este país y haremos grande a América de nuevo.

Trump habla de que son las personas las que deben vigilar al Gobierno, al contrario que sus cuates a uno y otro lado del Atlántico, que propugnan un pueblo controlado por el Gobierno. Trump denuncia la conchabanza del establishment, los grupos de presión, las grandes corporaciones y los medios de comunicación: ese capitalismo de amigotes que tanto repugna a los liberales. Trump hace un llamamiento para acabar con el poder de Washington para, de esa manera, devolvérselo a la gente. Trump apela, en última instancia, a los valores morales, el derecho a ser libre frente al yugo estatal, como pilares de la civilización.

Es verdad que ese mensaje nuclear está adornado de una retórica populista contra la globalización, los acuerdos comerciales, las deslocalizaciones de empresas y la libre inmigración. Pero lo más razonable es pensar que ahí Trump simplemente estaba mintiendo para obtener votos entre la clase baja blanca trabajadora. Carece de todo sentido que pueda siquiera plantearse la adopción de medidas tan antieconómicas como aislar comercialmente a Estados Unidos del resto del mundo, castigar a las compañías que trasladen sus factorías fuera del país e impedir la entrada de inmigrantes.

Y es que las medidas anunciadas por Trump en su ‘contrato’ con los americanos para los primeros 100 días (agresiva rebaja de impuestos, desde el de la renta –trabajo y capital-, al de sociedades, pasando por el de repatriación de beneficios; aumento de las deducciones; reducción de regulaciones; fin a las restricciones en el ámbito energético y un ambicioso plan de infraestructuras sufragado mediante deducciones fiscales a las empresas privadas que lo ejecuten, que obtendrán la concesión de tasas y peajes) generarán tal crecimiento económico y aumento de la productividad que Estados Unidos será un foco de atracción de empresas, necesitará una gran cantidad de trabajadores extranjeros y tendrá que dar salida a esa producción mediante exportaciones (la gran fábrica del mundo). Las bravuconadas contra China cabe entenderlas únicamente como una postura de fuerza de cara a poder exigir unas reglas del juego limpias, sin guerras monetarias vía devaluaciones. Y toda la cháchara en relación al dichoso muro con México, que se empezó a construir, dicho sea de paso, por orden de Bill Clinton en 1994, debemos entender que quedará, obviamente, en nada.

Además, el flamante inquilino de la Casa Blanca se ha comprometido, en ese mismo plan de choque inicial, a desmantelar el tinglado ecologista y suprimir las ayudas destinadas a luchar contra el cambio climático, a introducir mayor libertad en los ámbitos sanitario, farmacéutico y educativo y a la congelación de contrataciones de empleados públicos. ¿Se puede pedir algo más? Sí, Donald Trump se considera aislacionista en lo militar, no se dedicará a emprender guerras por el mundo y si acaba fortaleciendo, como ha prometido, el ejército será con ánimo meramente defensivo. Y, para rematar, uno de sus asesores más cercanos será Peter Thiel, el gurú libertario de la tecnología.

En definitiva, el make America great again del exitoso empresario neoyorkino pasa realmente por un Estado pequeño y una sociedad grande y fortalecida de nuevo. Nada que ver, por tanto, con los populismos de corte socialista que tan próximos nos resultan (peronismo, chavismo, Evo Morales, Rafael Correa o Podemos). Y es que se ha llegado a comparar a Trump con la formación que lidera Pablo Iglesias, dado que ambos identifican un enemigo (en un caso los extranjeros y en otro los ricos, a los que se responsabiliza de la crisis y se les amenaza con hacerles pagar los platos rotos) y mienten y retuercen la realidad para conseguir los votos necesarios que les permitan llegar al poder. Pero no es lo mismo llegar al poder para ampliar las libertades que para conculcarlas todavía más. No es lo mismo una simple estrategia populista para ganar unas elecciones que servirse de esa misma estrategia para acabar implantando un régimen populista al modo venezolano.

5 Comentarios

  1. Artículo muy interesante.
    Artículo muy interesante. Ojalá tengas razón.

  2. Los defensores de Trump
    Los defensores de Trump obvian las sandeces que ha dicho y ensalzan las generalidades de una América más grande donde cabe todo. Ojalá sea como dice el artículo una mera estrategia para tomar medidas incluso libertarias, sinceramente, ojalá pero todo está por ver…

    Un saludo.

  3. La gran ventaja de Trump como
    La gran ventaja de Trump como político reside en que no pertenece a la politica. Puede decir lo que le parezca sin temor a ofender a nadie porque ya los ha ofendido a todos… y ha ganado.

    Ahora bien ¿qué hará?

    Lo cierto y verdad es que puede hacer cualquier cosa… con limitaciones. El Congreso y el Senado son republicanos… pero ¿son de los suyos?

    Hay, sin embargo, un reducto muy interesante de congresistas afines al Tea Party. congresistas y senadores que tienen en su haber un currículum contrario al sistema que pueden ayudarle en ese sentido y eso es lo que más necesita.

    Los acuerdos multinacionales como el TPP están bien siempre y cuando signifique lo que tiene que significar, igualdad de condiciones para todos… Pero igualdad de condiciones para todos entre un mastodonte y una ardilla es dificil de conseguir. ¿Se logrará eso con acuerdos bilaterales?

    Probablemente si. Solo que entre un mastodonte y una ardilla. Países pequeños que adquieran capacidades importantes gracias a ceder con el grande pueden verse muy beneficiados frente a otros que no han firmado. Y eso no es una posición de igualdad sino de fuerza.

    Por otro lado en si sí que significa una manera muy eficiente de construir un muro virtual con México. Perder la relación de privilegio con los EEUU si no controla la emigración… es un precio mucho más alto que ser que ellos mismos construyan ese muro para no perder sus garantías.

    Hay una frase que me gusta mucho. No es posible que a nuestras empresas les castiguemos a impuestos mientras que las empresas de fuera pueden comerciar sin ningún tipo de limitación sacando empleos de aquí para llevarlos a otro sitio.

    alguien podría pensar que eso es ir en contra de la globalización que tanto ha ayudado a otros países a crecer. pero lo cierto que eso sólo se logra en la medida que los países ricos subvencionen a sus ciudadanos mediantes estados e bienestar pantagruélicos en la medida que esos empleos que salen no son sustituidos con la celeridad suficiente por otros nuevos y se genera paro, desigualdades sociales, que no es el problema sino la consecuencia, y malestar social. Y esto último es lo más preocupante…. el rechazo al inmigrante es una consecuencia que no se debe producir porque envilece las relaciones sociales. Pero hay que decir, igualmente, que si se juegan con las cartas marcadas, se favorece la inmigración ilegal por el simple hecho de que no se persigue al delincuente, que es lo que es en sí mismo un inmigrante que entra en un país de manera ilegal, es como pegarse un país mismo un tiro en un pie. Y tampoco puede servir el hecho de que al inmigrante, legal o ilegal, se le de cobijo en las redes de asistencia social de la misma manera que a un natural sin haber contribuido y beneficiándose de un nivel de vida que no tendría en su país de origen.

    Todo eso hay que mirarlo… Hay que acabar con los lobbys en muchas áreas y, sobre todo , hay que acabar con los lobbys que viven del Estado… Los más peligrosos porque son los que obtienen sus mayores beneficios de beneficiarse a los politicos que lo gestionan.

    ¿Será esto lo que busca Trump?

    wait and see

  4. A mí me parece que usted está
    A mí me parece que usted está esperando peras de una merluza. El hombre ya va contra el TTP y china se relame de gusto ahora a inundar los demás mercados con sus productos y beneficiarse del libre comercio o bueno lo más cercano que se puede esperar en el actual contexto ,está claro que el ttp no es precisamente un acuerdo verdaderamente liberal pero bueno, mientras estados unidos marcha a paso de conga hacia una reedición remasterizada del crack del 29 y la crisis del 33. Trump no bromeaba él es el capitán autarquía va a levantar tantas barreras proteccionistas que la Casa de Contratación de Sevilla va a parecer en comparación, una empresa súper liberal , amiga del libre comercio y enemiga de los monopolios. El tipo prometió 0 libre comercio y eso es lo que va a dar solo esperemos que el congreso le dé una chambelona y lo mande a una esquina a dirigir concursos de belleza si no estados unidos en 8 años (porque fijo que lo reeligen) se llamara Trumpistan.

  5. Tal vez, se iniciaría un
    Tal vez, se iniciaría un proceso de cambio impensado , pero tan necesario….si seguimos con lo mismo obtendremos el mismo resultado. Hoy por hoy ,cada día peor!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Dos críticas relevantes al positivismo jurídico: Lon L. Fuller y Friedrich A. Hayek

Las críticas al positivismo jurídico persisten, bien porque el derecho positivo podría no ajustarse al ideal regulativo del Estado de Derecho, bien porque supone aceptar como jurídicos únicamente los preceptos deliberadamente «puestos» por alguna autoridad estatal, en desmedro del derecho generado de forma espontánea por la sociedad.

Historia de Aragón (V): Sancho Ramírez

En 1068, Sancho Ramírez viajó a Roma, donde el Papa le concedió el título de Rey de Aragón. Aragón pasó a ser vasallo de la Santa Sede, a cambio de 500 mancusos de oro al año,

La revolución conservadora de Margaret Thatcher

En sus notas para aquel discurso de 1991, Margaret Thatcher concluía advirtiendo a sus amigos del CPS que la gran tentación de la política era «perder de vista las verdades eternas y elegir la solución popular y rápida».