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Drogas, suicidio y el derecho a morir

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Un acceso libre a esas drogas nos permitiría, con mucho más control, ser dueños y señores del destino de nuestro propio cuerpo.

Thomas Szasz revela el derecho a la autopropiedad del cuerpo de uno mismo como el máximo principio moral a tener en cuenta cuando defiende el acceso cuasi libre a todo tipo de drogas. La prohibición a las mismas flota, actualmente, en un mar de repudio a ese principio moral. Principio moral que perdemos, por lo general, empujados desde sentimiento temeroso a caer en la propia indisciplina y sucumbir fatalmente a tentaciones de trágicas consecuencias.

Dejando de lado los motivos que llevan a ciertos ciudadanos adultos elegir gobernantes para que les fuercen a no tomar cosas de las que podrían privarse ellos mismos, es de importancia notoria preguntarse hasta qué punto privarnos de un acceso libre a las drogas supone perder el control de esa autopropiedad.

Actualmente gozamos de un regulado pero amplio mercado de productos alimenticios listos para la ingesta. Podemos comprar cualquier cantidad de bollería, fritos o bebidas azucaradas que deseemos. Si tuviésemos un mercado de drogas listas para la ingesta similar al alimenticio, podríamos comprar igualmente grandes cantidades de sedantes, hipnóticos u opiáceos. En ese escenario hipotético, ya no tendríamos por qué quejarnos nunca más de que, ya sea por objeciones de conciencia del médico o por leyes que lo obstaculicen, se nos impide ejercer nuestro “derecho a morir” sin dejarnos otra salida que incurrir en medios violentos o con la posibilidad de acabar involuntariamente vivos en el intento agonizando en un hospital.

Un acceso libre a esas drogas nos permitiría, con mucho más control, ser dueños y señores del destino de nuestro propio cuerpo profesando el engañoso “derecho a morir”.

A muchos les sonará extraño leer “derecho a morir” e imaginarse un contexto donde un suicida bajo sus propios medios, y no bajo el control de un facultativo médico, decida quitarse la vida. Es comprensible, el “derecho a morir” identifica un derecho que (por lo general) no pertenece al propio moribundo. Al contrario de lo que ocurre en el semánticamente recíproco “derecho a la vida”, donde se presupone que unas personas tienen la obligación moral o legal de proteger o no arrebatarle la vida a otra persona, en el “derecho a morir” lo que se presupone es que unas personas pueden moral o legalmente asesinar (ayudar a morir) a otra persona que se lo pida bajo determinadas circunstancias y controles, como, por ejemplo, la típica escena en la que un paciente terminal solicita a su médico que le practique la eutanasia.

La acelerada carrera que los estados modernos iniciaron ya hace tiempo para legitimarse y convertirse en la autoridad idónea para decidir, pobres irresponsables de nosotros, qué podíamos o no hacer con nuestros propios cuerpos, y que les llevó igualmente en su día a iniciar otras cruzadas morales tales como prohibir utilizar nuestro cuerpo para incurrir en relaciones homosexuales, les ha conducido inevitablemente a arrebatarnos nuestro derecho a las drogas y, por lo tanto, nuestra derecho a la autopropiedad, nuestro derecho a la automedicación y nuestro derecho al suicidio. Porque mientras la locución “derecho a morir” no incluya un incondicional “derecho al suicidio”, su destino no será otro que dar un paso más en la total medicalización de nuestras vidas legitimando la figura del Estado terapéutico. Siendo él y no otro, quien decida bajo qué circunstancias concretas podemos servilmente pedir a determinadas personas que nos faciliten una muerte acorde a nuestros deseos.

En palabras de Szasz:

Aborrecemos y rechazamos la idea de permitir legalmente a los adultos un acceso sin trabas a las drogas adecuadas para el suicidio; consideremos el deseo de morir como un síntoma de enfermedad mental; interpretamos virtualmente todo suicidio como una tragedia que debería haberse evitado; y olvidamos que la eutanasia, compasivamente administrada por médicos “éticos”, es un obsequio particularmente siniestro que los gobiernos totalitarios han regalado al hombre moderno.

11 Comentarios

  1. La mente humana ha elaborado
    La mente humana ha elaborado el concepto de derecho y hemos encontrado cierto consenso entorno a la vida humana y a la propiedad. El resto de derechos son más coyunturales.

    Los colectivistas supeditan/niegan todo derecho individual.
    Los libertarios tenemos prioridades encontradas.
    Si la vida humana es un derecho a preservar excepto que el propietario lo derogue, entonces la propiedad está por encima de la vida y no al revés.

    Puedo suicidarme, consentir mi homicidio, provocar un aborto, matar a un individuo que consiente en ello. No es tan evidente que sean derechos de consenso, y con razón, pues habrá quien razone que la vida es el marco límite a los derechos de la acción humana sobre su propiedad por ser esta previa y necesaria.

    No es obvia la posición individual, hay que elaborarla, y menos aún resulta fácil una posición consensuada.

  2. > Si la vida humana es un
    > Si la vida humana es un derecho a preservar excepto que el propietario lo derogue, entonces la propiedad está por encima de la vida y no al revés.

    No. Dos objeciones. La vida no es derecho, es un hecho. Y el que uno pueda decidir entre la propia vida y la propia propiedad no es superioridad de la propiedad sbre la vida (¡uno puede también decidir lo contrario!); es libertad. Individual.

    • Hola Marzo
      Hola Marzo
      La vida es un hecho que posibilita todo lo demás
      El derecho es un consenso sobre una convicción que hay que defender. La vida humana es un derecho pues su preservación es una convicción consensuada que hay que defender.
      La vida humana es previa y necesaria para la libertad por lo que convertirla en límite de la libertad no es una posición irracional. Puedes quitar una vida humana, eso es un hecho, no es tan evidente que sea un derecho.
      Un saludo.

  3. Hola, Pizarro.
    Hola, Pizarro.
    No digo que sea irracional; digo y pienso que es equivocado. Me parece un abuso decir que algo a lo que se tiene derecho sea un (ese) derecho. Para hablar de prisa puede valer, pero me da la impresión de que al confundirlas no te das cuenta de que estás poniendo el derecho a la vida no sólo por encima de la propiedad y de la libertad, como ya afirmas, sino por encima de la vida misma. (Quede claro, si acaso no lo estaba, que hablo siempre de la vida y la propiedad de cada uno; yo no tengo ni pido derecho a tu vida ni a tu propiedad, pero imagino que a las mías sí).
    Si algo es mío, puedo destruirlo. Si no puedo destuirlo es que no es mío; y en ese caso será de algún otro (lo que «no es de nadie» es de todos, o sea de cualquiera; de cualquier otro, en este caso). Si hay Dios y es como dicen, mi vida es suya y yo estoy equivocado. Pero mientras no se me convenza de lo contrario, quien me diga que mi vida no es mía me está diciendo que mi vida es suya, ya como principal, ya como agente del «verdadero» propietario, sea el Estado la Sociedad, la Humanidad o el mismo Dios.
    Un saludo

    • Hola Marzo
      Hola Marzo
      Los derechos son ideaciones mentales que hacen referencia a convicciones que hay que consensuar y que hay que defender. Son herramientas de convivencia social. El derecho a la vida humana es una convicción consensuada y defendida. Es una realidad que se te reconoce por los demás. Sin prisa y sin confusiones.

      Tú puedes hacer con tu propiedad y con tu vida, y con la vida y las propiedades de los demás, lo que te de la gana, otra cosa es se te reconozca el derecho a hacerlo y otra distinta las consecuencias de hacerlo con o sin derecho a ello.

      Los demás no son dueños de tu vida o tus propiedades, los demás te reconocen dueño de tu vida y tus propiedades por un consenso de reciprocidad ( sociedad libertaria ) o por imposición arbitraria ( Estado ). Ese reconocimiento te permite disponer de tu vida y tus propiedades sin conflictos o con sistemas pacíficos de resolución de conflictos.

      Actualmente tú no dispones de tu vida ni de tus propiedades libremente pues el reconocimiento de ambas es por imposición arbitraria estatal ( ley del aborto, impuestos, lucha contra las drogas…)

  4. La vida no es un derecho, es
    La vida no es un derecho, es el privilegio de haber nacido, una única experiencia vital que nos permite intentar mejorar el camino de la irrepetible aventura de vivir. Aunque sea de a poco, en pequeñas dosis que nos permite nuestro limitado intelecto.
    Nadie puede arrogarse el artificioso “derecho” de aprobar o no mi decisión de terminar con mi vida, ya sea en un momento, o en las pequeñas dosis de un adicto. Esa arrogancia propia de los planificadores sociales es tan peligrosa como si un Tribunal Supremo inapelable e infalible decidiera sobre nuestra más preciada propiedad, nuestro propio cuerpo.
    Nadie puede pretender, menos el Leviatán, ejercer coacciones legales sobre una condición personal que no es ni mas ni menos que la libertad de disponer de nuestro propio cuerpo Y esencialmente cuando decidimos sobre nuestros propios actos, personales e intransferibles, pues no afectan a terceros.
    Dijo Shakespeare en Othello: “Es tonto vivir cuando la vida es un tormento”.
    Hosper ironizó en La conducta humana , que los fanáticos del Leviatán tienden a que se le aplique la pena capital al intento de suicidio.
    Por último la Iglesia en su historia , ha venerado como santas a mujeres porque prefirieron el suicidio a ser objeto de violación.

    • Hola César
      Hola César
      En sociedad precisas del reconocimiento de los demás para actuar sin conflicto.

      La sociedad no se arroga derechos ni propiedades, incluida tu vida, se arroga las condiciones en que te reconoce tus derechos y tus propiedades, incluida tu vida. Condiciones coactivas ( Estado ) o consensuadas ( sociedad libertaria ).

    • Pizarro , Tu respuesta es la
      Pizarro , Tu respuesta es la de un colectivista. Nuestros derechos inalienables son anteriores a la «sociedad» y no requieren de su aprobacion. «El derecho es la segregacion espontanea de la sociedad» ,Ortega y en consecuencia posterior a esta. Tu quizas aceptes doblegarte a la lesiva y creciente invacion del Leviatan en tu vida. Afortunadamente creo , quedan algunos que nos quebraremos pero jamas nos doblaremos, porque nuestra deidad secular no es la masificacion de lo colectivo sino la libertad que te brinda la Libertad. Saludos

    • Pizarro , Tu respuesta es la
      Pizarro , Tu respuesta es la de un colectivista. Nuestros derechos inalienables son anteriores a la «sociedad» y no requieren de su aprobacion. «El derecho es la segregacion espontanea de la sociedad» ,Ortega y en consecuencia posterior a esta. Tu quizas aceptes doblegarte a la lesiva y creciente invacion del Leviatan en tu vida. Afortunadamente creo , quedan algunos que nos quebraremos pero jamas nos doblaremos, porque nuestra deidad secular no es la masificacion de lo colectivo sino la libertad que te brinda la Libertad. Saludos

    • Perdon Pizarro por la
      Perdon Pizarro por la repeticion y los errores , use el movil y este tiene su propia y rebelde personalidad . (…bueno, a alguien hay que echarle la culpa)

  5. Hola César, también me ha
    Hola César, también me ha ocurrido.
    Un colectivista niega los derechos individuales, los supedita a los colectivos e impone coercitivamente los derechos colectivos.
    Yo no niego los derechos individuales de la libertad ( vida, propiedad, contratos ), no los supedito a ningún derecho colectivo y aspiro a que se me reconozcan consensuadamente por reprocicidad.
    Mis derechos individuales están coactivamente supeditados a derechos colectivos por el Estado. Ceder a la coacción no supone mi aprobación ni legitima la acción estatal.
    Un saludo.


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