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Economías planificadas IV: el caso soviético. Parte I

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Este artículo constituye una pequeña muestra de una de mis pasiones personales, la cual ha eclipsado buena parte de mi biblioteca particular desde que entré en la universidad. Primero como adulador, después como crítico empecinado e implacable. Este cambio de aproximación se debió en buena medida a mi paso por la Università di Pisa, en la cual, tuve el placer de realizar un curso entero dedicado al tema. De la mano del historiador Antonello Venturi y con varias lecturas y manuales, la idealización soviética se desvaneció. Ya por esas fechas mis suspicacias y convicciones izquierdistas se habían ido difuminando, en buena medida por mi acercamiento genuino a otra disciplina de la cual soy deudor; la economía.

Puesto que no soy muy dado a la síntesis, este será el primer artículo dividido en tres partes. La primera, se abordará la URSS antes de la NEP aproximadamente, la segunda estará pensada para englobar hasta los 80’ (veremos si no será necesario incluir otra parte), y la tercera estará enfocada en las reformas y el colapso del sistema comunista. Como ven, yo también planifico, esperemos si es con mejor fortuna que los burócratas soviéticos.

Antes de entrar en materia stricto sensu, hay que mencionar que en Occidente hemos visto a intelectuales de la talla de Sartre, Marleau-Ponty[1], Hobsbawm, etc, blanqueando sistemáticamente los gulags soviéticos. El caso del historiador de origen egipcio es un flagrante ejemplo de que formar parte del establishment cultural británico, no está reñido con la idealización del comunismo, del PCI de Togliatti (un furibundo estalinista) o incluso la RDA. Como postuló Judt de forma un tanto sarcástica, respecto a Hobsbawm y su adulación por la Alemania que había erigido un muro para separar a sus conciudadanos, “supongo que tiende a confundir el mezquino autoritarismo de la RDA con los encantos que él recordaba del Berlín de Weimar” (Judt, 2016, pág. 127).

Podríamos estar mencionando ejemplos, ad infinitum, de intelectuales occidentales que fueron hechizados por los gélidos aromas que provenían de las orillas del Río Moskvá. Estos cantos de sirena encandilaron a las mentes más brillantes (y aterradoras) que colmaron el s.XX. Russel, por ejemplo, nos legó un testimonio único mediante su relato sobre la Rusia de 1920, en ese momento, aún no era la URSS. El breve ensayo constituye una magnífica síntesis de lo que suponía el bolchevismo; una nueva religión. En palabras del autor, “promete cosas gloriosas: un final de la injusticia del rico y el pobre, un final de la esclavitud económica, un final de las guerras” (Russell, 1949, pág. 19). La historia demostró que estaba profundamente errado.

Esta fascinación por parte de los intelectuales para con el comunismo la retomaré en otro artículo, puesto que se trata de unos de los temas que más me interesan. El homme de lettres suele vivir en su alcázar de entelequias y utopías, quizás sea esta miopía la que le impida ver que todos, absolutamente todos los países socialistas fracasaron. Las recetas de planificación centralizada no cuajaron en el largo plazo en ninguna región. Sólo para mencionar algunos ejemplos: la Albania de Hoxha y Alia, la Angola de Neto y Dos Santos (tratada en otro artículo), la RDA de Pieck, Ulbricht y Honecker, la Camboya de Pot (uno de los casos más sangrientos que hay en toda la historia, después de los Jemeres Rojos aun continuaron con partidos revolucionarios de corte marxista), la Vietnam del Norte de Ho Chi Minh o la Yugoslavia de Tito. De ejemplos hay más, especialmente de estados socialistas no marxistas.

El denominador común de todos ellos era la más absoluta obcecación con la propiedad privada, el ínfimo respeto hacia la vida y la persecución ideológica más atroz que uno se pueda imaginar. Siempre procuro tener cuidado a la hora de sentenciar categóricamente mediante algunas aseveraciones respecto a los hechos históricos, pero, a mi juicio, dicha represión no es equiparable a ninguna otra. Recuerdo que, discutiendo sobre el tema con algún profesor de la universidad, me había dicho que el Macartismo era el gulag occidental.

Durante ese período de la historia de los EUA, se persiguieron políticamente a personas que estaban en organizaciones subversivas muy concretas como la Joint Anti-Fascist Refugee Committee (JAFRC). Contados personajes públicos, 205 miembros del Departamento de Estado (que resultaron ser muchos menos) y algunos actores de Hollywood estuvieron en las llamadas “listas negras”, aunque ello no conllevara ninguna consecuencia judicial, política o económica. A pesar de eso, como pone de relieve Deery “Many of the civil liberties jeopardized by McCarthyism were notably absent in the Soviet Union” (Deery, 2014, pág. 161).

También hubo una persecución hacia los libros de Hemingway y los autores considerados filocomunistas. Fontana, el renombrado historiador marxista, en su magnus opus[2], intenta hacer un burdo paralelismo entre Alemania nazi y la quema de libros, con el Macartismo. Lo pone al mismo nivel (o al menos, se intenta una analogía poco refinada) y llega a sentenciar lo siguiente sobre las malas praxis del mismo “[los libros que] años antes habían arrojado a la hoguera los nazis”. Además, cuando habla sobre McCarthy insinúa constantemente que se trataba de poco menos que un nazi:

La aparición de un demagogo como Joseph McCarthy, un oscuro senador republicano por Wisconsin, a quien los corresponsales de prensa habían elegido como el peor miembro del Senado, que había recibido dinero ilegal de diversas empresas y que tenía en su carrera episodios tan oscuros como su intervención en defensa de los nazis que habían cometido la matanza de Malmédy (Fontana, 2011, pág. 85).

Es reveladora la vehemencia de “oscuro”, “dinero ilegal” o el tildarlo de “demagogo” (¿conocen algún político que no lo sea?). Hobsbawm se sumaba a la fiesta aduciendo sobre McCarthy que era «un auténtico príncipe de las tinieblas» (Fontana, 2011, pág. 86). Las críticas hacia él son constantes “un McCarthy medio borracho”. Por pura curiosidad, después de un rastreo sistemático del libro del historiador catalán y las más de 170 veces donde aparece el nombre de Stalin, en ninguna se encuentran los adjetivos decalificativos que usa para referirse a McCarthy. Sin querer alargarme mucho más, pongo en el pie de página lo qué dijo sobre Reagan, les ruego que no se lo pierdan[3]. En USA se hacían listas negras de unos pocos[4], en la URSS se tenía a la población coaccionada, existían campos de concentración y reeducación y el asesinato político estaba a la orden del día: empate.

La moraleja de nuestra intelligentsia es que los EUA perseguían a los disidentes durante ese lapso de tiempo de apenas cinco años (sólo el matrimonio Rosenberg fue condenado a pena capital, después de un juicio en el que se dictaminó que eran espías soviéticos), pero obvian la inexistencia de separación de poderes en la URSS, los Gulags, las Dekulakizaciones, la Gran Purga, el Holodomor (¡en 1.365 páginas del libro de Fontana no se menciona ni una sola vez! Tampoco hay ni rastro en el libro de Hobsbawm The Age of Extremes o en el de Carlos Taibo, Historia de la Unión Soviética), los millones de desplazados hacia otros territorios y, en definitiva, la censura más opaca que se haya visto jamás, solo comparable a la que actualmente reina en países como China[5]. Para Fontana, “la causa fundamental de estas purgas fue(se) la demencia de un Stalin en plena decadencia física y mental (Fontana, 2011, pág. 99)”. ¿De verdad alguien va siquiera osar comparar a Occidente con dicha tiranía?

Sea como fuere, la cuestión de la planificación económica es la que me está llevando a desarrollar una síntesis de casos paradigmáticos de la misma. Pero, me parece importante poner de relieve cómo los máximos exponentes de mi disciplina han obviado e incluso banalizado los crímenes del comunismo. ¿Es mejor matar en nombre del proletariado que en nombre de la raza? ¿Quién tiene potestad para determinar quién es proletario o quién es comunista? ¿No lo eran Bujarin, Trotsky, Zinóviev, Kámenev, Sokolnikov (fallecido en prisión después de una pena de 10 años) o Búbnov? Todos ellos habían estado en el Politburó durante la época de Lenin, y acabaron purgados y devorados por su propia revolución. Hay que añadirle a esto que Stalin también firmó sentencias de asesinatos masivos “we find Stalin’s signature on documents authorizing mass executions” (Archibald Getty & Naumov, 1999, pág. 25).

Metiéndonos en cuestiones de historia económica, el punto más fascinante de toda la experiencia soviética es el Comunismo de Guerra. Se trató de un experimento económico fugaz que se produjo 8 meses después de la toma del poder y que se prolongó hasta mediados de 1921. El gobierno de Rusia en aquel momento era el llamado “Soviet de Comisarios del Pueblo” y el contexto fue determinante, estaban envueltos en una Guerra Civil[6], con el orgullo por los suelos por el Tratado de Brest-Litovsk (abril 1918), sumado al enfrentamiento contra Polonia en 1920. El descontrol y el descrédito del nuevo gobierno fue reconocido por el propio Lenin, el cual dejó escrito lo siguiente, “Such is the sad state of our decrees; they are signed and then we ourselves forget about them and fail to carry them out” (Nove, 1993, pág. 40).

El período se caracterizó por la prohibición del comercio privado de alimentos y la racionalización de los mismos, ambas posturas se consideraron válidas y buenas por sí mismas más allá de las acuciantes circunstancias que tenían. Es decir, el contexto bélico las propició, pero en un entorno de paz también se aplicarían. Alguien podría pensar que esto se debía a las condiciones materiales, pero como postula Nove, en estos hechos había una gran preeminencia de ideología e idees fixes de los bolcheviques (Nove, 1993, pág. 41).

Los comités locales y los soviets fueron los encargados de supervisar el reparto de las tierras, las cuales, fueron nacionalizadas con el propósito de entregarlas a los campesinos. La idea era que nadie tuviera más que la tierra que él mismo pudiera cultivar, puesto que contratar a otras personas estaba terminantemente prohibido. Esto generó confusión entre burócratas y campesinos. ¿cuál era la parte exacta que debían cultivar? Se propiciaron así problemas agrícolas que constituyeron el talón de Aquiles de la economía soviética hasta su desaparición. La confiscación de tierras vino acompañada de mucha violencia[7]  y provocó la reacción campesina.

El 27 de noviembre de 1917 se hizo efectivo un decreto “workers’ control”, por el cual, los propietarios de las empresas debían permitir el acceso y el control de las mismas por parte de órganos de trabajadores. Así pues, también se abolió el secreto comercial y en general, las consecuencias fueron nefastas, “the degree of control was sufficient to inhibit the management from effective action, and divided responsibility meant irresponsibility; indiscipline, and even violence towards technical staff, made work virtually impossible” (Nove, 1993, pág. 43).

En esencia, el comunismo de guerra constituyó un intento de prohibición de las manufacturas privadas, de nacionalización absoluta de la industria, tuvo el propósito de asignar los stocks materiales como si de un deus ex machina se tratase, y por supuesto, con el estado quedándose el escaso output que restaba. La prohibición de los intercambios privados nunca pudo ser efectiva al 100%, aunque a nivel legislativo se instauró a todas luces. Más adelante se expondrán las idiosincrasias de los variados mercados negros que significaban buena parte de la economía sumergida de la URSS.

Otra característica destacable era la requisa forzosa de cualquier plusvalía campesina que descubrieran los burócratas y los comisarios de turno (Prodrazvyorstka, literalmente en ruso significa “reparto de alimentos”). Fue una campaña de confiscas forzosas de productos agrícolas, especialmente el grano a los campesinos. Se establecían una serie de precios nominales asignados mediante procesos políticos. Sin duda, uno de los puntos culmines fue la eliminación parcial del dinero como consecuencia de la imposibilidad de estabilizar la propia moneda. La idea que pululaba por el ambiente (especialmente en la prensa de la época), era que el sistema completo de propiedad estatal y abolición del mercado significaba la llegada al socialismo como habían ideado Marx y Engels. Entonces, lo que se deducía de ahí era que el dinero constituía una especie de anacronismo. Estas dosis de ideología confluyeron con las realidades materiales de una inflación cabalgante que propiciaba la abolición del dinero.

Había llegado el momento de establecer un sistema económico sin moneda. Los problemas de una economía de ese estilo empezaron a brotar por doquier. Especialmente se hacía palpable en los presupuestos estatales y en los bienes de consumo/capital, puesto que se necesitaba algún denominador común para expresar su valía. Esto fue especialmente discutido, pero el comunismo de guerra finalizó antes que se llegarán a articular ideas prácticas para solventar el caos de una eliminación parcial del dinero (Nove, 1993, págs. 52-77).

Lenin en el Programa del Partido Comunista de 1919 explicitó que lucharían para llevar a cabo una de las medidas más radicales de su esquema: la abolición del dinero. Las consecuencias de esta planificación fueron, en términos de productividad, enormes: véase la comparativa entre 1913-1921.

Toda la combinación de factores mencionados venían acompañados del terror, la arbitrariedad, las expropiaciones, las requisas, tribunales militares, etc. El objeto de persecución fueron incluso las empresas con más de cinco trabajadores, las cuales, también fueron nacionalizadas. El papel del Ejército Rojo fue crucial para este proceso de centralización, y la aparición de elementos represores como la Cheka (ideada por Dzerzhinski), hicieron que la implementación de estas medidas fuese más factible. El caso fue generalizado, y el intento de reemplazar el mercado fue en vano.

En definitiva, los problemáticos repartos de tierras y las diferencias entre raciones de comida, fueron las que impulsaron enfrentamientos entre los ciudadanos y el nuevo gobierno. Fueron necesarios esfuerzos bélicos para sofocar algunos encontronazos, como por ejemplo en Tambov con Antopov (1920). Lo que pondrá fin al comunismo de guerra y será el catapultador hacia el nuevo modelo económico será la rebelión en la base naval de Kronstadt en 1921. Los marineros se rebelaron contra las miserables condiciones de vida y su furia se dirigió contra el Partido Comunista (Nove, 1993, pág. 72). Los que diezmaron a los trabajadores del puerto fueron Trostky y Kamenev, los cuales, incluso habían aprobado la guerra química mediante proyectiles de gas si la resistencia en Kronstadt continuaba:

Trotsky and S. S. Kamenev, his commander in chief, sanctioned the use of chemical warfare against the insurgents, and if Kronstadt had resisted much longer, a plan to launch a gas attack with shells and balloons, devised by cadets of the Higher Military Chemical School, would have been carried out  (Avrich, 1970, págs. 211-212).

Para concluir esta parte, hay que mencionar el terrible peso de la utopía ideológica en todas las atrocidades llevadas a cabo. Estas políticas de requisas y demás, están asociadas a la muerte directa e indirecta de millones de personas. Para más inri, Lenin tuvo que volver a una especie de sistema de capitalismo de estado con la Nueva Política Económica para intentar mejorar los paupérrimos resultados que habían acarreado las recetas económicas marxianas.

La idea de la planificación económica como forma de control racional de la producción y de la economía, se percibía como un ente diferenciado respecto del mercado y las leyes de oferta y demanda. Para algunos contemporáneos como Béraud, la experiencia comunista finalizó en Rusia ya en noviembre de 1919 y especialmente se hacía cruces con el nuevo sistema de monocracia que venía a substituir a la anterior (el autor tildó de fascista al modelo soviético). En general, muchos contemporáneos interpretaron que la NEP era una victoria de la pequeña burguesía. Como señala Flores, “il fanatismo bolscevico, sempre più simile ad una religione, sembrava abbandonare i suoi stessi ideali” (Flores, 2017, pág. 33). La religión secular se idealizó en Occidente y se sufrió en el Este.

Bibliografía

Archibald Getty , J., & Naumov, O. (1999). The Road to Terror: Stalin and the Self-Destruction of the Bolsheviks, 1932-1939. New Haven: Yale University Press.

Avrich, P. (1970). Kronstadt, 1921. Princeton: Princeton University Press.

Bornstein, M. (2019). The Soviet Economy. Continuity and Change. New York: Routledge.

Deery, P. (2014). Red Apple: Communism and McCarthyism in Cold War New York. New York: Fordham University Press.

Denton, E. (1979). Soviet Consumer Policy: Trens and Prospects. Joint Economic Committee, 759-789.

Flores, M. (2017). L’immagine della Russia Sovietica. L’Occidente e l’URSS di Lenin e Stalin (1917-1956). Italia: goWare.

Fontana, J. (2011). Por el Bien del Imperio . Barcelona: Pasado y Presente.

Heiss, H., Lenz, A., & Brougher , J. (1979). U.S.-Soviet Commercial Relations since 1972. Joint Economic Committee, 189-207.

Judt, T. (2016). Sobre el olvidado siglo XX. Madrid: Taurus.

Nove, A. (1993). An Economic History of the USSR. London: Penguin Group .

Russell, B. (1949). Teoría y práctica del Bolchevismo. Barcelona: Ariel.


[1] La justificación de este puede encontrarse en su trabajo Humanism and Terror de 1946.

[2] Se trata de “Por el Bien del Imperio” (2011).

[3] “Reagan llegó a la Casa Blanca con un pobre bagaje cultural”, “Su carrera cinematográfica fue decayendo y su primera esposa, Jane Wyman, que lo consideraba «tan bueno en la cama como en la pantalla», se divorció de él“ (Fontana, 2011, pág. 510). Imagínense, sin venir a cuento y sin estar haciendo historia de la sexualidad, que un historiador se convierta en poco menos que en un paparazzi y crea que para hablar de la figura política e histórica de Reagan sea necesario recurrir a su primera mujer y la opinión que esta le merecía de él en la cama. Sigamos, “Se casó en segundas nupcias en 1952 con Nancy Davis […], una joven actriz de poco talento e ideas ultraconservadoras, que se convirtió en la única persona con quien llegaría realmente a intimar este hombre contradictorio, de amable apariencia, pero extraño y distante incluso para sus hijos” (misma página). Curioso que de Stalin, por ejemplo, que dejó morir a su hijo en manos de los nazis, no se le refiera como un padre “extraño y distante incluso para sus hijos”. Aún hay más “Del nivel intelectual del matrimonio, en el que Nancy, a quien el presidente llamaba «Mommy», tenía un papel dominante, puede dar buena idea el hecho de que se guiaban en su vida por el calendario de días favorables y desfavorables que le elaboraba a Nancy su astróloga Joan Quigley. Aparte de que el propio Reagan no solo creía en los «platillos volantes», sino que juraba haberlos visto”. Los marxistas guían su vida en función de teorías falaces que han llevado al exterminio de millones de personas, pero la soberbia intelectual que gastan es estremecedora. ¿De verdad se creen en condiciones para dar lecciones a alguien? En resumidas cuentas: Reagan follaba mal, era tonto y supersticioso.

[4] El mismo Fontana reconoce lo siguiente, “Es verdad que en los Estados Unidos tan solo fueron ejecutados los Rosenberg, lo que contrasta con las sangrientas purgas de Stalin en la Europa del este, pero el daño causado por la caza de brujas en Norteamérica fue mayor de lo que se suele creer. En 1953 el FBI había investigado a 6 millones de norteamericanos, valiéndose de 5000 informantes pagados, y había establecido una lista de 26 000 personas que debían ser detenidas si ocurría una emergencia” (Fontana, 2011, pág. 86). Asesinatos en masa vs listas negras. ¡Empate!

[5] Curiosamente, es un modelo político comunista, y capitalista en lo económico.

[6] Ya tendrán la excusa perfecta para argüir por qué fracasó.

[7] “Despite efforts to prevent it, the land seizures were accompanied by many acts of senseless violence: the landlords’ cattle were sometimes slaughtered, the landlords’ houses, barns or stables destroyed” (Nove, 1993, pág. 42).

6 Comentarios

  1. Gran lectura. Muy bien escrito. Damos gracias.

    Me queman los euros en el bolsillo y quiero comprar el libro ya mismo. Avise cuando esté disponible.

    Ahora una broma. Humor negro, ya sabe. Al ver el título pensaba que el texto versaría sobre el estado de israel*, pues dado que las personas somos el más importante recurso económico, y las economías planificadas malemplean y destruyen los recursos económicos en general, y como compruebo que el estúpido estado israelí actual no ha hecho sino perjudicar a sus ciudadanos con comunistadas y otras infamias (como ya pasara hace un siglo en lo que se llamaba entonces palestina y en otros lugares más lejanos), me esperaba un artículo de actualidad.

    Pero he comprobado que no, que el artículo no va de actualidad, sino de historia. A mí me resulta más agradable leer historia que leer actualidad. Aunque sea esta historia.

    Ahora en serio.

    McCarthy tenía razón, había infiltrados por todas partes. Pero aunque era enemigo de los comunistas, no era amigo de la libertad. De ahí, sus errores e iniquidades. Hay que tener los principios claros.

    Quiero preguntar al señor Audet si ha estudiado a Ludwig Erhard, gran luchador contra toda forma de sovietismo y de nazismo, y si tiene pensado escribir sobre su vida y obra. Estos días quiero leer sobre personas como Erhard. Seguro que hay muchos en muchos lugares.

    En España tenemos a Juan Velarde («ninguna metáfora funciona en economía»), quien laboró mucho en su día para ayudar a nuestro país a superar los desastres planificados del falangismo. Es otro héroe desconocido por el gran público. Tiene que haber al menos uno de estos en cada país grande.

    Saludos

    *he puesto en minúscula el nombre propio solo para fastidiar, que siempre viene bien.

    • Gracias por su generoso mensaje. Por lo pronto, libro no habrá, pero si tanto le queman no tengo problema en abrirme un patreon y satisfacer sus demandas. Sea como fuere, no entiendo qué tiene que ver Israel en todo eso, de hecho, hace muchos años que abandonaron las políticas económicas de «izquierdas». Mis artículos suelen ir enfocados a cuestiones de historia e historia económica, aunque siempre procuro que guarden relación con el presente. Sobre McCarthy, en ningún caso he dicho que fuera amigo de la libertad, pero tampoco fue ni el gulag occidental ni una especie de nazi. Gracias por las referencias, que tenga buen día.

  2. Buenas tardes,

    Cuando Carlos Marx, escribió el Capitalismo, puso nombre y apellido a las acciones económicas humanas, como por ejemplo: la plusvalía.
    Si otro Economista lo quiere llamar con otro nombre, esta bien, pero las acciones humanas son las que se estudian.

    En cambio el capitalismo, no le importa mucho ponerle nombre a dichas acciones, lo que si quisieran los capitalistas es que nadie entienda que significa la plusvalía. Y la gente viva en ignorancia, eso si tiene precio. Muchas Universidades ni siquiera ven ese capitulo en los 6 años de estudio.

    Algo muy importante que salió a luz con Carlos Marx, es que cantidad pesa más entre la inversión capitalista y el Capital humano. Y hasta el día de hoy este tema se debate, buscar el equilibrio es una meta real en la vida.

    Saludos desde Quito Ecuador,
    Cristian Borja.

    • Buenas noches, Borja. Gracias por tu mensaje, si te interesa la teoría valor-trabajo, escribí un artículo al respecto hacer unos meses. Saludos.

  3. [5] Curiosamente, es un modelo político comunista, y capitalista en lo económico.

    Obviamente se refiere Vd. al sistema Chino; a ver, salvo honrosas excepciones ( Mises dixit) , en general , el problema con los historiadores es que no tienen ni puñetera idea de economía en sentido estricto; de economía positiva o verdadera a lo Bohm Bawerk-Menger; mas aun, el sistema chino es una mera aproximación al sistema de competencia imperfecta monopolística neoclásico con ramificaciones Keynesianas y mercantilistas (la famosa y fantasmagorica tercera via); lo mismo ocurre con la Rusia de Putin y en menor medida con el resto de Occidente; esto es lo que hay y todo lo demas es pura filfa especulativa y diletante. Hay muchos historiadores que sin darse cuenta acaban incurriendo una y otra vez en el rancio historicismo aleman de finales del siglo XIX y principios del XX; da igual la forma que adopten, la literaria o la econométrica; es una perdida de tiempo y un intento de negar que hay leyes económicas insoslayables que, ademas, son autoimpositivas y que si haces caso omiso de ellas acaban produciento efectos indeseables frente a terceros; salvo para los cretinos neopositivistas como Popper que exigen «falsaciones» o refutaciones basadas en fenomenos complejos historicos que por definicion son eventos unicos que no forman parte de ninguna clase como ocurre en las ciencias naturales.

    • Buenas tardes, Andrés. Sí, me refería al modelo chino. Por supuesto que se trata de un comentario de «brocha gorda». Me basaba en que, a finales de los 70s, China emprendió las llamadas ZEE, las cuales fueron expandiéndose por todo el territorio dado que tuvieron un éxtio notable. Sea como fuere, el artículo no era sobre China. Reciba un saludo cordial.


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