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El antiliberalismo por interés

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A todos nos gusta teorizar mucho sobre el impacto de las ideas de la izquierda o la derecha en las corrientes de opinión. Que si el socialismo deriva de ciertos sentimientos generales… O cómo el conservadurismo influye en el devenir de la sociedad. Pero la realidad es que cuando uno habla con la gente de la calle, se da cuenta de que generalmente las personas se comportan como los políticos: no les importa cambiar de ideas si casualmente le viene bien a sus intereses. O al menos lo que ellos creen que son sus intereses.

Retocando la famosa cita, se podría decir que las personas tienen ciertos ideales, pero si a las circunstancias no les gustan, tienen otros.

Es una de las principales razones de que el liberalismo no sea más popular. ¿Quién va a adoptar unas ideas que no se pueden cambiar en unas circunstancias desfavorables?

Pongamos por caso que un funcionario de la clase A tiene ciertas simpatías por el liberalismo. Paga bastantes impuestos y es una persona con ciertos conocimientos económicos, al que le parece correcto recortar el Estado y dar más margen para la iniciativa privada.

Hasta ahí sus ideales. Ahora, cuando le preguntas si considera que su sueldo es alto te explicará que no, ya que si estuviera trabajando en el sector privado, cosa que puede hacer, estaría ganando mucho más.

El argumento parece sólido, y no entra en contradicción con el liberalismo. A fin de cuentas, si cobra por hacer su labor pública menos que en el sector privado, parece evidente que no es necesario recortarle el suelo, ni mucho menos privatizar sus funciones.

El problema es que un liberal de verdad sabe que eso no se sostiene. Si esta persona se estuviera sacrificando cobrando menos que en el sector privado, poca gente se presentaría a las oposiciones para cubrir las plazas de su ocupación. Y los que ya tuvieran plaza se irían en su gran mayoría al sector privado a cobrar más.

La realidad es justo la contraria. Las oposiciones para ser funcionario de clase A no solo no están desiertas, sino que no suele caber un alfiler. A eso hay que sumarle que miles de personas no solo se presentan al examen, sino que se preparan durante años para el mismo. Con el coste personal y económico que ello conlleva.

¿A qué se debe esto si en el sector privado podrían cobrar más? ¿Son los aspirantes a funcionarios hermanitas de la caridad que se sacrifican por el bien común?

Pues evidentemente no. Puede que el sueldo sea mayor en el sector privado (a igualdad de puesto), pero las condiciones de trabajo, y la posibilidad de perderlo, no son ni por asomo las mismas. Y como cualquier persona debería saber, las condiciones laborales influyen en el sueldo. Por lo tanto es lógico que el sector privado compense con más salario beneficios que difícilmente podría dar.

Por tanto a los funcionarios se les puede recortar el sueldo, al menos hasta que las oposiciones empiecen a quedarse sin cubrir plazas. Sería lo que cualquier empresa haría para ajustar el salario de sus empleados.

Por supuesto decir esto te lleva a que la inmensa mayoría de los funcionarios van a dejar de mirar con simpatía el liberalismo. Una cosa es estar a favor del libre mercado y pagar menos impuestos, y otra distinta apoyar que se les acabe el chollo a ellos mismos.

Por supuesto nadie lo va a reconocer. Hay trampas intelectuales para estas ocasiones y simplemente dirán que tomar esa medida degradaría un servicio público, que aunque sea reducido, tiene que existir.

Y si insistes con la evidencia de que si las oposiciones no rebajan su dureza los perfiles contratados serán tan capaces como antes, se inventaran cualquier otra cosa. Muy poca gente será capaz de reconocer la evidencia si ésta va contra sus intereses.

Y esto nos lleva a la pregunta de siempre. ¿Es necesario endulzar el liberalismo para que pueda llegar a toda gente sin espantarla?

Mi opinión es que no. No hay manera humana de aplicar la lógica para contentar a todo el mundo. Ni siquiera para que contente a la mayoría. La lógica se aplica y punto. Si la mayoría se niega a aplicarla cuando le desfavorece habrá que aprender a convivir con ello.

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