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El antitotalitarismo en la Biblia

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Las raíces históricas del liberalismo entroncan fuertemente en la tradición judeocristiana, como el fundamento moral que nutre y permite la existencia de sociedades libres con gobiernos limitados. La Escuela de Salamanca hizo una aportación trascendental en el terreno de la Economía Política, con sus estudios sobre la teoría subjetiva del valor, los principios del librecambismo y las bases de una política monetaria respetuosa con la propiedad privada y la libertad individual.

Pero profundizando más en los orígenes cristianos del capitalismo, se puede llegar hasta los textos bíblicos, algunos de cuyos pasajes ilustran también la existencia de un impulso primigenio en el cristianismo antiguo en contra del totalitarismo del poder político. Se trata de una sugestiva línea de investigación, que en la actualidad tiene en el profesor Alberto Mansueti a uno de sus principales exponentes. Sus trabajos sobre el capitalismo bíblico, como él mismo denomina a su empresa intelectual, más allá de su carácter apologético, que busca conciliar los principios capitalistas con la tradición cristiana, contrarrestando con ello la fuerte intoxicación marxista que ha infectado amplios cuerpos de la Iglesia Católica, tiene un gran interés incluso en el plano del puro cultivo doctrinal, por cuanto nos permite contemplar interesantes enseñanzas sobre temas capitales como la libertad individual, la propiedad privada o la necesidad del gobierno limitado, vistos ya con gran claridad en el primer cristianismo.

Algunos ejemplos pueden aclarar con más nitidez esto que decimos.

En el capítulo 21 del primer libro de Reyes, el relato bíblico cuenta cómo Acab, Rey de Samaría, pretende comprar unos terrenos colindantes con sus viñas. El propietario se niega a vender y los agentes del Rey acaban arrebatándole sus bienes a través de sucios manejos que terminan con su vida. Jehová castiga con toda dureza al rey por haber atentado contra la propiedad privada de un súbdito, cuyo derecho prevalece sobre la autoridad temporal del monarca. Es difícil no ver aquí una crítica severa a la capacidad actual de expropiar bienes privados, concedida a los poderes públicos en virtud del evanescente concepto de “interés general”, válido para justificar cualquier tropelía de los poderosos.

En 1 Samuel 8, se puede encontrar otro juicio interesante sobre el gobierno limitado. Aquí, el pueblo judío exige a Samuel que les permita elegir un Rey, no conforme con el sistema de arbitrar los asuntos públicos a través de un sistema de jueces. El alegato de Samuel es una advertencia sobre los riesgos de otorgar poderes absolutos a un monarca, y la fuerte tentación a disponer de los bienes de sus súbditos para sus empresas políticas hasta derivar inevitablemente en tiranía.

En Exodo 22-3 se establece el principio de que la primera obligación que ha de ser impuesta a quien roba o daña la propiedad del prójimo, es restituirle inmediatamente lo robado, que es una de las demandas actuales de la teoría liberal en el terreno de la justicia.

En Romanos 13, Jueces 9, en varios capítulos del Deuteronomio etc., se contienen también abundantes sentencias absolutamente compatibles con la teoría capitalista moderna. Es por ello que los totalitarios socialistas, vaga la redundancia, no pueden justificar sus desmanes en ningún principio cristiano, a pesar de las estúpidas connivencias de algunos sectores de la jerarquía católica. En esencia, Jesús, a pesar de lo que digan intelectuales marxistas de la talla de Chávez, no pudo ser jamás ni socialista ni revolucionario, pues entonces hubiera traicionado todas las enseñanzas de su padre al pueblo judío, del que él mismo procedía.

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