Skip to content

El cisma liberal

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

El nuevo eje separaría dos bloques: las ciudades metropolitanas globales frente al entorno rural y las ciudades en decadencia.

El pasado martes, en un evento de European Students For Liberty,  Tom G. Palmer, senior fellow del Cato Institute y vicepresidente ejecutivo de Programas Internacionales en Atlas Network, recibió una pregunta que me hizo reflexionar sobre el futuro del liberalismo. La pregunta es sencilla: ¿cree usted que el mundo ha avanzado hacia el liberalismo (o hacia una situación de mayor libertad) en los últimos diez años? La respuesta fue aún más sencilla: en general, no. ¿Nos encontramos entonces ante el fin del liberalismo?

Los liberales tendemos al optimismo, insistiendo en la increíble reducción de la pobreza a nivel mundial que hemos presenciado en los últimos 50 años. Sin embargo, este optimismo no puede cegarnos a la hora de observar el desarrollo de la política en la última década. Desde los años 70, la política a nivel global ha estado centrada en el papel del Estado principalmente en dos planos: el económico y el social. Estos son precisamente los ejes que encontramos en el famoso diagrama de Nolan. ¿Quiere esto decir que la política se reduce esencialmente a dos cuestiones? Evidentemente no, el espacio político tiene muchas más dimensiones. Como explica el historiador Stephen Davies, director de Educación en el Institute of Economic Affairs, si hiciésemos una lista con cuestiones políticas importantes, es probable que cada persona tuviese un conjunto de respuestas único. Sin embargo, la opinión pública tiende a alinearse en torno a uno o dos temas especialmente relevantes, en torno a los cuales se generan dos polos ideológicos que llamamos izquierda y derecha, cuya definición depende precisamente de cuáles son esos temas centrales. Por lo tanto, cada polo está formado por alianzas entre distintas ideologías con objetivos comunes en ese momento histórico concreto. La cuestión primaria o dominante de esta época ha sido la economía. En torno a este tema, conservadores y liberales, unidos por un escepticismo frente a la redistribución económica y el apoyo a la economía de mercado, se han aliado a pesar de sus diferencias ideológicas. De la misma manera, socialistas y socialdemócratas, han conformado el otro polo ideológico a escala global. En torno a estas dos posiciones se configuró un centro político que ha logrado importantes avances en cuanto a libertad económica y social, pero esta era parece estar llegando a su fin.

En la última década hemos sido testigos del auge del populismo reflejado en el auge de figuras como Orbán, Bolsonaro, Duda, Salvini, Trump o Le Pen, y el surgimiento de nuevos partidos a nivel mundial como el Brexit Party, Vox o el Movimiento 5 Estrellas. Esto es frecuentemente representado como el declive del centro político, la polarización de la política. La tesis del doctor Davies es muy distinta. El historiador británico sostiene que nos encontramos ante el surgimiento de un nuevo eje primario, la identidad. Este nuevo eje separaría dos bloques: las ciudades metropolitanas globales frente al entorno rural y las ciudades en decadencia; la apertura o cosmopolitismo frente al localismo y nacionalismo; la identidad escogida frente a la identidad prescrita; el dinamismo y la innovación frente a la estabilidad y el orden. De esta forma no nos encontraríamos ante el fin del centro sino ante la creación de un nuevo centro en un espacio político definido por el eje primario de la identidad y el eje económico, que sería ahora eje secundario.

En este momento histórico, los liberales han de encontrar sus nuevas posiciones, y quizá nuevas alianzas. No es la primera vez que sucede, liberales y conservadores se encontraban en polos ideológicos opuestos cuando la relación entre el Estado y la religión era el principal debate político, pero se aliaron una vez este debate pasó a un segundo plano. El eje de la identidad parece estar dividiendo al liberalismo, tanto en España como en el resto del mundo. En este contexto, es importante adaptarse a la realineación política cuanto antes para evitar perder toda relevancia. Los liberales debemos volver a nuestros principios y tomar posición en el nuevo panorama político con base en estos en vez de dejarnos guiar por nuestras alianzas actuales, que ya tienen fecha de caducidad. Los liberales creemos ante todo en el individualismo frente al colectivismo, en la libertad frente a la coerción y en la tolerancia frente a la tiranía. Por ello, debemos defender el derecho del individuo a conformar su propia identidad y debemos entender los beneficios del libre intercambio económico y social, como ya hicieron nuestros predecesores. Desde sus inicios, el liberalismo separa preferencias personales, como la religión, de imposiciones políticas, como la prohibición de otras religiones. En la cuestión identitaria debemos ser igual de firmes, aceptando y reconociendo la legitimidad del patriotismo, pero rechazando las imposiciones nacionalistas de cualquier tipo. Defendiendo la tolerancia y la apertura al comercio frente al nacionalismo social y el nacionalismo económico o mercantilismo. Es momento de posicionarse guiados no por nuestros prejuicios, amistades o siglas políticas preferidas hasta ahora, sino por nuestros principios.

6 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo. Guiándome
    Estoy de acuerdo. Guiándome por mis principios liberales y no por mis prejuicios, afirmo que España debe salir de la UE cuanto antes. Supongo que esta idea les pondrá los pelos de punta a aquellos de nosotros que creen que la UE nos salvará. Pero les pido que reflexionen sobre los hechos, no sobre sus deseos. ¿Cómo le ha ido a España en la UE, culturalmente, comercialmente, industrialmente? ¿En el sector agrícola, España es hoy un país más liberal o menos liberal que antes de entrar en la UE? ¿Y el Euro ha sido bueno o malo, dieciocho años después? ¿Tenemos más o menos libertad financiera y empresarial con el Euro en España?
    No digo que simplemente dejando atrás el desmadre socialdemócrata que siempre ha sido la UE vayamos a estar mejor automáticamente. Pero mi sospecha es que para tengamos alguna posibilidad de mejorar es necesario salir. No suficiente, pero sí necesario.
    Estamos esclavizados. Hay que romper esas cadenas.
    Epimeteo era el hermano tonto de Prometeo. Tenía que esperar a ver cómo salían las cosas para tomar decisiones. Epimeteo diría, después de haber visto el desastre moral que ha causado la socialdemocracia europea, que sería recomendable cambiar de rumbo y decirle a la gente que olvide sus ideas preconcebidas, aquellas que les han machacado en la educación obligatoria, y se apresten a redescubrir la verdadera naturaleza humana: hay que ahorrar, hay que aprovechar, hay que ser generoso con los generosos y cruel con los crueles, no hay que exigir de los demás más de lo que nos pueden dar, y debemos fomentar el crecimiento físico y moral de la gente. No nos haremos ricos así, pero viviremos con la conciencia muy tranquila. Es un gran error dejar la justicia, la seguridad, la educación, la cultura, la producción, la distribución y el dinero en manos de monopolistas sociopáticos con claros signos de TOC.
    Los principios son muy claros: nadie tiene una receta mágica para organizar la vida humana. Hay que ir paso a paso, descubriendo el camino, ganando pequeñas escaramuzas y protegiendo lo valioso de los lobos.

    Hay seguridad en la libertad.

  2. Más que un cisma o división
    Más que un cisma o división en el mundo liberal/libertario yo lo que veo son dos cosas: (a) grupos que se autocalifican de «liberals» (sobre todo en el mundo anglosajón, pero no solo…) pero son en realidad estatistas, pues colaboran en la estrategia gramsciana para acabar y suplantar las instituciones ‘de adscripción voluntaria’ que han surgido espontaneamente en, y son el verdadero eje de, las sociedades (que son plurales por naturaleza): https://mises.org/es/wire/antonio-gramsci-el-mayor-estratega-politico-de-la-historia ); y (b) un justo descorazonamiento al ver cómo ha avanzado sin ningún freno y sin apenas ninguna crítica la BRUTAL OFENSIVA ESTATISTA asociada a la epidemia del Coronavirus (y que además es presentado como la nueva normalidad).

    Así lo señala Jeff Deist en el artículo: «Entendiendo mal el liberalismo»: https://mises.org/es/wire/entendiendo-mal-el-liberalismo
    «Esta preocupación surgió en mi entrevista de 2018 con Hazony, donde sugerí gentilmente que había malinterpretado superficialmente a Mises como un avatar del homo economicus hiperracional. De hecho, MISES SE ESFORZÓ a lo largo de su trabajo EN VALORAR LA CULTURA, EL IDIOMA, LA NACIONALIDAD, LA RELIGIÓN Y LAS INSTITUCIONES INTERMEDIARIAS que se interponen entre los individuos y los mercados indiferentes.»

    • Daniel Ajamian: Antonio
      Daniel Ajamian: «Antonio Gramsci: El mayor estratega político de la historia»

      Hay un propósito detrás de esto (los varios adoctrinamientos culturales, el discurso políticamente correcto, cancelar la cultura, la auto-flagelación, una lucha por la medalla de oro en las olimpiadas de la opresión; … y si no estás de acuerdo con algo de esto, eres un fascista), una estrategia. […] una estrategia política diseñada para despojarnos de nuestra libertad. […] A sabiendas o no, los que están llevando a cabo esta estrategia están usando el libro de jugadas del pensador marxista más exitoso de la historia.

      Antes de empezar, debo advertirle de dos puntos: Primero, gran parte de este libro marxista se parece mucho a los deseos de los libertarios simplistas—libertarismo para los niños, como un buen amigo lo etiquetó una vez.

      Gramsci encontró que la lógica de Marx al encontrar su hogar en Lenin era inútil y contradictoria. ¿Era de extrañar que el único estado en el que el marxismo se afianzaba era el que lo mantenía unido por la fuerza y el terror? Sin cambiar esa fórmula, el marxismo no tendría futuro.

      Una cultura común, basada en el cristianismo, siempre se interpondría en el camino, requiriendo un terror cada vez mayor… o requiriendo un camino diferente. El camino de Gramsci. Murray Rothbard notó la «larga marcha a través de nuestras instituciones» de Gramsci en 1992, escribiendo tan coloridamente: «¡Sí, sí, USTEDES PODRIDOS PROGRESISTAS HIPÓCRITAS, es una guerra cultural!»

      Transforma al enemigo en el soldado que necesitas; él hará el resto. El método de Gramsci sería más maquiavélico…

      Destruir las viejas leyes, las formas de vida acostumbradas; inculcar nuevas formas de pensar y hablar—en esencia, introducir un lenguaje completamente nuevo. El lenguaje es la clave para el dominio de la conciencia.
      El lenguaje puede lograr lo que la fuerza nunca pudo. Reformar la moral; reformar el intelecto. De esta manera, la gente que de otra manera nunca pasaría un minuto en tales cosas se convertirá en los soldados más rabiosos.

      El sistema educativo era la clave. El camino de Gramsci hacia la revolución llevaría mucho más tiempo que el propuesto por Marx o Lenin, pero sería mucho más completo y exitoso.

      El método se describiría como seducción, a diferencia de la violación aconsejada por Marx y cometida por Lenin y Stalin. Esto subvertiría la cultura occidental; se redefiniría a sí misma sin necesidad de pelear con ella.

      La secularización en las iglesias católicas y protestantes ayudaría y aceleraría esta reforma. Todo es material; nada es trascendente.[…] ¿qué podría ser más secular que las iglesias cristianas cerrando durante la Semana Santa—la semana que da sentido a la totalidad del cristianismo? Qué patéticos debemos parecer a los cristianos de los siglos pasados, que consolaron a los enfermos durante las verdaderas pandemias.

      Tim Cook de Apple dio un discurso que fue precisamente en esta línea: la dignidad y los derechos del hombre. […] lo que Cook describe es un sistema totalizador, un sistema que incluye todo—excepto el cristianismo.
      Del discurso de Cook, sólo hay dos valores que importan: inclusión total, y no se oponen al sistema. La inclusión total significa que no hay fronteras: ni físicas—ni estatales, ni de propiedad privada—ni mentales, ni emocionales. Ni siquiera de tu cuerpo. Si no abrazas la inclusividad total, por definición te opones al sistema; por lo tanto debes ser excluido. Este fue el mensaje de Gramsci y es el de Cook.

      Considere todos los sistemas de creencia y pensamiento que encuentran una causa común con la gran estrategia de Gramsci: humanismo secular, materialismo, progresismo, los nuevos ateos, varias religiones de la nueva era, la teoría crítica, el postmodernismo, incluso aquellas vertientes libertarias que encuentran un enemigo en el cristianismo y en las normas tradicionales.

      Jeff Deist describe a tales libertarios, que creen que
      “la libertad funcionará cuando los humanos finalmente se deshagan de sus viejas y obstinadas ideas sobre la familia y la tribu, se conviertan en librepensadores puramente racionales, rechacen la mitología de la religión y la fe, y abandonen sus anticuadas alianzas étnicas o nacionalistas o culturales por el nuevo credo hiperindividualista. Necesitamos que la gente abandone sus anticuados complejos sexuales y valores burgueses, excepto el materialismo.”

      Le pediré que vuelva a leer esta cita, pero sustituya la primera palabra, «libertad», por la palabra «comunismo». La frase funciona perfectamente para Gramsci.

      De Piccone: “Gramsci consideraba que la constitución de la individualidad resultante del proceso revolucionario era un desarrollo irreversible que impedía cualquier desintegración posterior. Para Gramsci, el ego totalmente individualizado no es el punto de partida de la revolución sociopolítica, sino el resultado.”
      Gramsci entendió exactamente lo que Deist y Hoppe describen. Gramsci creía que la destrucción de estos valores tradicionales llevaría al comunismo; muchos libertarios creen que la destrucción de estos mismos valores llevará a la libertad. ¿Quién cree que lo sabe mejor?

  3. El abismo (más que cisma)
    — El abismo (más que «cisma») liberal… al que nos enfrentamos, viene inducido a partir del punto central de lo expuesto por Daniel Ajamian: «El método de Gramsci sería más maquiavélico: Transforma al enemigo en el soldado que necesitas; él hará el resto. […] EL SISTEMA EDUCATIVO ERA LA CLAVE.»
    Comentar que NO ENTIENDO CÓMO la mayoría de la población ha/HEMOS ACEPTADO sin rechistar que nos encasqueten un MONOPOLIO EDUCATIVO obligatorio. No hay nada más contrario al liberalismo que eso. Los resultados, los estamos viendo…

    Aclaración: Cuando Ajamian habla de «Hay un propósito detrás de esto (los varios adoctrinamientos culturales, el discurso políticamente correcto, cancelar la cultura,…», este último comentario veo que quiere referir a la ‘cultura de la cancelación’, la tendencia que puede destruir a uno en pocos minutos: https://www.infobae.com/sociedad/2020/07/11/que-es-la-cultura-de-la-cancelacion-la-tendencia-que-puede-destruir-a-alguien-en-pocos-minutos/

    — El artículo de Yoram Hazony «El desafío del marxismo» citado por Jeff Deist (al leerlo comprendes su perplejidad) se encuentra resumido aquí: https://latribunadelpaisvasco.com/art/13675/el-desafio-del-marxismo
    Aunque no comparto bastantes de sus puntos de vista, sí que creo muy acertada su visión sobre “ESTE MOMENTO HISTÓRICO” (momento histórico en referencia al cual Andrés Moral comienza el último párrafo como preludio para pasar a “solicitar” un realineamiento de los liberal/libertarios… con el calificable fin de «evitar perder toda relevancia») .

    «»En pocas palabras, el marco marxista y la teoría política democrática se oponen entre sí por principio. […] Es por eso que la idea misma de que una opinión disidente, — una que no sea «progresista” o “antirracista”– pudiera considerarse legítima ha desaparecido de las instituciones liberales («liberals», en sentido americano) a medida que los marxistas han ganado el poder. […] Esta fue la dinámica que provocó la eliminación de los conservadores de la mayoría de las principales universidades y medios de comunicación de Estados Unidos.

    Pero, en el verano de 2020, esta tendencia ha seguido su curso. En los Estados Unidos, los marxistas son ahora lo suficientemente fuertes como para exigir que los liberales se les sume en prácticamente cualquier tema que consideren urgente.

    […] cuando Donald Trump fue elegido presidente, la conversación sobre su ser «autoritario » o»fascista ” se utilizó para desacreditar el punto de vista liberal tradicional, según el cual un presidente debidamente elegido, el candidato elegido por la mitad del público mediante procedimientos constitucionales, debería gozar de legitimidad. En lugar se llamó a la “resistencia”, llamamiento hecho para deslegitimar al presidente, a quienes trabajaban con él y a quienes lo votaban.

    Sé que muchos liberales creen que este rechazo estaba dirigido solamente a Donald Trump. Creen, como me escribió recientemente un amigo liberal, que cuando este presidente en particular sea destituido, Estados Unidos podrá volver a la normalidad.

    Pero nada de eso va a suceder. Los marxistas se han apoderado del control de los medios de producción y difusión de ideas en Estados Unidos y no pueden, sin traicionar su causa, conferir legitimidad a ningún Gobierno conservador. Y no pueden otorgar legitimidad a ninguna forma de liberalismo que no sea supino (que no se arrodille) ante ellos. Esto significa que la «resistencia ” no va a terminar. Acaba de comenzar.

    Con la CONQUISTA MARXISTA DE LAS INSTITUCIONES liberales, hemos entrado en una NUEVA FASE EN LA HISTORIA de Estados Unidos (y, en consecuencia, en la historia DE TODAS LAS NACIONES DEMOCRÁTICAS). Hemos entrado en la fase en la que los marxistas, habiendo conquistado las universidades, los medios de comunicación y las grandes corporaciones, buscarán aplicar este modelo a la conquista de la arena política en su conjunto.

    No exigirán solo la deslegitimación del presidente Trump, sino de todos los conservadores. […] los acostumbrará al próximo RÉGIMEN DE PARTIDO ÚNICO, en el que los liberales tendrán un papel espléndido que desempeñar, si están dispuestos a renunciar a su liberalismo. Sé que muchos liberales están confundidos y que todavía suponen que hay varias alternativas ante ellos. Pero no es cierto. «»

  4. Resumen:
    Tres referencias básicas:
    – Daniel Ajamian «Antonio Gramsci: El mayor estratega político de la historia»: https://mises.org/es/wire/antonio-gramsci-el-mayor-estratega-politico-de-la-historia
    – Yoram Hazony «El desafío del marxismo»: https://latribunadelpaisvasco.com/art/13675/el-desafio-del-marxismo
    – Jeff Deist «Entendiendo mal el liberalismo»: https://mises.org/es/wire/entendiendo-mal-el-liberalismo

    En resumen: Que nos han comido la tostada (y no solo a los liberales, sino a todo aquel que no sea consciente y voluntariamente marxista).
    Esto es, no estamos ante la crisis del Coronavirus, sino ante el fin de una época: el final del juego marxista y el fin de las democracias liberales.


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Dos críticas relevantes al positivismo jurídico: Lon L. Fuller y Friedrich A. Hayek

Las críticas al positivismo jurídico persisten, bien porque el derecho positivo podría no ajustarse al ideal regulativo del Estado de Derecho, bien porque supone aceptar como jurídicos únicamente los preceptos deliberadamente «puestos» por alguna autoridad estatal, en desmedro del derecho generado de forma espontánea por la sociedad.

Historia de Aragón (V): Sancho Ramírez

En 1068, Sancho Ramírez viajó a Roma, donde el Papa le concedió el título de Rey de Aragón. Aragón pasó a ser vasallo de la Santa Sede, a cambio de 500 mancusos de oro al año,

La revolución conservadora de Margaret Thatcher

En sus notas para aquel discurso de 1991, Margaret Thatcher concluía advirtiendo a sus amigos del CPS que la gran tentación de la política era «perder de vista las verdades eternas y elegir la solución popular y rápida».