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El Estado maternal

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El advenimiento de la nueva política no es más que la culminación de la vieja política, perfeccionando y culminando el gran hermano estatal.

La fiesta de la democracia ha terminado con nuevos ocupantes de las poltronas municipales, algunos de ellos son viejos conocidos de la política que se presentaban con nuevas siglas. No importa tanto si hasta el momento lideraban asociaciones buscadoras de rentas públicas o eran militantes históricos del partido comunista; no, lo que importa ahora es que las siglas con las que se presentaban eran nuevas y por tanto alternativa a los tradicionales partidos políticos.

El discurso de la nueva alcaldesa de Madrid me llamó la atención por su referencia a la política de los cuidados, el fragmento en cuestión es el siguiente:

…vamos a trabajar con la política de los cuidados (…) la cultura de las mujeres, ha llegado el día de que las mujeres trabajemos con la cultura de las mujeres (…). Esa cultura de los cuidados se centra en el valor social, cuando recursos, procesos y políticas se combinan para mejorar la vida de los ciudadanos (…) El valor de los cuidados es una reivindicación feminista muy importante del futuro.

Ya estábamos acostumbrados al buenismo pero esta declaración de intenciones encierra algo preocupante, el Estado paternalista antipático ha sido superado por el Estado cuidador que empobrece al contribuyente mientras mece su cuna. Y debería preocuparnos porque ante el Estado rudo que nos quitaba de mala manera los impuestos resultaba más fácil oponerse y rebelarse; ahora, en cambio, ¿quién osará defender al contribuyente frente a su cariñoso Estado cuidador?

Sin duda esta idea es la que se esconde tras el Estado del Bienestar, trabajar más de la mitad del año para el Estado a cambio de recibir unos cuidados mínimos, ese “bienestar”. El bienestar al que se refieren, claro, es al de los políticos y burócratas que mientras tanto hacen y deshacen planificando por nuestro bien nuestras vidas. El guante de hierro de la arrogancia socialista enfundado en el guante de seda que tras fisgar en nuestra cartera nos acaricia.

Pueden ir preparándose a pagar más impuestos, estos cuidados saldrán de sus impuestos o se postergarán en el tiempo en forma de deuda que las próximas generaciones soportarán como odiosa hipoteca. Nada nuevo entonces en estos cambios que solo traerán mayor control político mejor presentado y por tanto, blindado ante las críticas. O lo que es lo mismo, dejando más desprotegido de lo que estaba hasta ahora el puntual contribuyente.

El advenimiento de la nueva política no es más que la culminación de la vieja política, perfeccionando y culminando el gran hermano estatal. Siempre por nuestro bien, porque nos cuida y mima como lo haría una madre.

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