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El nacimiento del capitalismo en Europa

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Ha sido una agradable coincidencia terminar de escribir estas líneas después del Comentario de mi compañero de columna José Carlos Rodríguez sobre El triunfo del capitalismo. Yo voy a referirme ahora al inicio de este sistema, a propósito de un reciente libro del profesor Agustín González Enciso con el título que les señalo, y que fue presentado en un Seminario Bibliográfico de la asociación AEDOS (sobre lo que recuerdo haberles escrito en alguna otra ocasión).

Quería contarles lo primero de todo que me llamó la atención el título, que me sugería esta pregunta: ¿por qué escribir sobre el capitalismo, cuando aparentemente ya no está de moda una reflexión sobre esto?

Al mismo tiempo, he disfrutado con una revisión sobre la historia y sobre algunos conceptos de economía que hacía tiempo no escuchaba. Y es que la mayoría de la profesión académica sigue con sus modelos econométricos y los supuestos macro, que nunca se cumplen; y andan corriendo para explicar una crisis que suele ir por delante de sus previsiones. Pues bien, creo que resulta saludable la postura de desmitificar esa economía: con el ejemplo de la cercana erupción de un volcán irlandés (que paralizó inesperadamente el transporte aéreo en media Europa), el autor reflexiona sobre la improbabilidad de la predicción económica. Algo que, fuera de entornos como éste que Uds. tienen la paciencia de seguir, no es demasiado frecuente escuchar. A partir de aquí, se inicia un recorrido histórico por la sociedad estamental de la Edad Media, el nacimiento del espíritu del capitalismo y del espíritu de empresa, o la consolidación del Estado moderno y la burguesía mercantil.

También me ha gustado su análisis desmitificador de la organización social y económica de la Edad Media. Estamos aburridos de oír explicaciones sobre las clases sociales y sus luchas dialécticas: lo que sigue siendo la versión oficial en cualquier estudio de carácter histórico (en la Universidad; y también en muchos colegios!). De manera que es valiente, pero sobre todo mucho más cercana a la realidad, esa reivindicación del modelo estamental que aparece bien precisado en sus cuatro momentos: los dominios señoriales (después de la caída de Roma y hasta el siglo VIII), el feudalismo, los reinos medievales (siglos XIII al XV) y los estados modernos.

Cada vez estoy más de acuerdo con una afirmación sobre el "esplendor" de la Europa medieval y moderna. Hay que poner en su sitio (que no es el pódium de los ganadores) la Revolución Francesa. Y particularmente quiero protestar públicamente, en esta efemérides de nuestra Guerra de Independencia, y Cortes de Cádiz, contra Napoleón Bonaparte, su aureola de estadista y personaje histórico: desde luego que tuvo un enorme protagonismo en ese tránsito del siglo XVIII al XIX: pero un protagonismo nefasto.

En mi intervención, la única sugerencia que le proponía al autor fue la incorporación de ideas y puntos de vista de la Escuela Austríaca de economía, recordando algunas vías de reflexión en torno al "capitalismo" que han planteado estos autores. Quizás, la más representativa sea el libro El capitalismo y los historiadores, editado por F. Hayek y que recoge algunas de las intervenciones sobre este asunto en el entorno de la Mont Pelerin Society: del propio Hayek, Thomas Ashton, Louis Hacker, Ronald Hartwell o Bertrand de Jouvenel.

Aunque es verdad que su objetivo principal, una revisión de las interpretaciones sobre el "capitalismo" y la Revolución Industrial, no es directamente tratado en el libro que estamos comentando (el profesor González Enciso quiere ceñirse más bien a un "nacimiento del capitalismo" previo a esa industrialización). En este sentido, también discurren otros autores "liberales" que les comento brevemente, como Mises: Seis lecciones sobre el capitalismo; John Chamberlain: Las raíces del capitalismo (si bien este autor dice que pretende acudir a sus orígenes, lo cierto es que solo se remonta a finales del siglo XVIII, cuando Adam Smith publicaba La riqueza de las naciones y Thomas Jefferson redactaba la Declaración de Independencia); o Arthur Seldon: Capitalismo. Aquí, además de tratar del capitalismo en un debate contra el socialismo (y arrancando de nuevo desde la industrialización), nos propone algunas definiciones que podemos destacar un momento: Seldon dice que es el sistema más eficaz en la promoción de la riqueza de las masas, sin menoscabo de las libertades individuales. Y lo precisa como un "sistema de mercado, de derechos de propiedad privada, de poder descentralizado y de responsabilidad individual por el comportamiento humano".

A estas definiciones añadiría una famosa y provocativa sentencia de Hayek en La fatal arrogancia: "si nos preguntamos qué debe la mayoría de las personas a las prácticas morales de los llamados capitalistas, la respuesta es: nada menos que su vida".

De todos los autores austríacos, seguramente sea Murray Rothbard quien se acerque más a las preocupaciones del profesor González Enciso en torno al nacimiento del capitalismo. Sin embargo, en su Historia del pensamiento económico nos encontramos más bien un análisis histórico sobre los fundamentos de la teoría económica, con una clara y reconocida postura liberal-austríaca.

Con todo, resulta interesante descubrir, ya desde la Edad Media, aquellos principios sobre los que se construye el sistema capitalista: la formación del precio justo como el precio corriente en un mercado abierto (hoy diríamos de oferta y demanda); la lógica fluctuación de la moneda según las cantidades de ésta y de bienes a adquirir (o sea, la teoría cuantitativa del dinero); la defensa de la propiedad privada o una teoría del valor basada en la raritas, utilitas y complacibilitas.

En seguida Rothbard pasa a estudiar la Escuela de Salamanca, como madurez de estas intuiciones (que llama "escolástica hispana tardía", pero no hablaremos ahora de ello). Me interesaba destacar solamente, por lo escaso del tiempo, un capítulo sobre los calvinistas y luteranos, en el que trata de "la tesis de la vocación" (beruf o calling: "llamada") al trabajo: el éxito económico como prueba de la predestinación del alma. Aquí manifiesta su desacuerdo con Max Weber, señalando además que "el capitalismo moderno no comenzó con la revolución industrial, sino en la Edad Media y en las ciudades-estado italianas" indicando en seguida que "todas eran católicas".

En fin, ya verán que estudiar los orígenes del capitalismo es un sano ejercicio de reflexión histórica, aplicada a la teoría económica. Para lo que espero haberles propuesto un suficiente e interesante elenco de lecturas.

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