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El Norte de África une a los tiranos de todo el mundo

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Oriente Medio y el norte de África son las regiones que mayor número de sátrapas concentran en sus gobiernos. Su casta política busca el enriquecimiento personal al tiempo que a la población le niegan el binomio bienestar-libertad. Practican una ostentación y un lujo que contrasta que la miseria de buena parte de los estratos sociales. En ocasiones, se usa la religión como pretexto; en otras, el burdo y manido recurso al neocolonialismo.

La sociedad civil ha dicho basta y ha arremetido. Mubarak cayó, no sin antes cometer un fraude electoral mayúsculo, que quizás, por paradojas de la vida, fue el detonante de su final. El estrafalario Gadafi, de momento, resiste. Veremos por cuánto tiempo y en qué condiciones queda el país, sea cual sea el resultado final.

Mientras tanto, la comunidad internacional "seria", esto es, aquella que apuesta por el Estado de Derecho, sigue sin saber muy bien cómo afrontar esta situación. Las advertencias al libio han caído en saco roto, quien de una forma cínica acusó a Al Qaeda de estar detrás de las revueltas, cuando realmente se está enfrentando a un pueblo que carece de medios para la lucha armada y que sólo cuenta con la fe en sí mismo para derrotar al tirano.

En cierta forma, está siendo un levantamiento romántico; de ahí que el régimen libio se esté cebando a la hora de aplacarlo. El resultado momentáneo es que las víctimas civiles proliferan. Con independencia de la solución final, será complicado que las heridas cicatricen en el corto y medio plazo.

Por otro lado, la otra parte "folclórica" de la comunidad internacional, esto es, el populismo, dice tener la receta para poner fin a los problemas. Ahí entra en juego el ínclito Hugo Chávez, quien fue uno de los valedores principales del dictador libio en los últimos meses, pues desde su punto de vista ambos estaban unidos frente al imperialismo…

La propuesta de "Comisión de Paz" defendida por el venezolano contó con el aval del gran dictador, aunque retirado, Fidel Castro. Éste sigue contemplando el mundo como si estuviéramos en plena guerra fría. Habla de la OTAN como organización maléfica. Habla de expolio de petróleo a Libia y, sobre todo, el cubano es cínico cuando sostiene que el mundo occidental tiene miedo a la democracia en el norte de África. Esto último lo afirma alguien que tiene a su pueblo bajo el yugo de la tiranía desde hace más de 50 años y donde los derechos humanos son una utopía.

Uno y otro, Chávez y Castro, hablan sin pudor de "evitar una guerra imperialista en Libia", sin echar un vistazo al panorama doméstico que tienen. No menos cínico es el punto de vista de esa organización fantasmagórica llamada ALBA, que da su apoyo y solidaridad al pueblo libio. Como diría un castizo, "a Dios rogando y con el mazo dando".

De la misma manera, es evidente que esta ola democrática amenaza con extenderse y no sólo en el contexto geográfico inmediato, sino más allá. Buen ejemplo de la veracidad de esta tesis es que Corea del Norte y China ya toman medidas. Kim Jong Il trata a toda costa de mantener el hermetismo de su país, aquel que le permite que la población sufra hambrunas y bombardear a su antojo submarinos y el territorio de Corea del Sur.

En cuanto a China, el "gigante amarillo" no está pasando por sus mejores momentos a nivel económico. Un problema con el que su capitalismo planificado no contaba se está cebando con ella en los últimos tiempos: la inflación. Curiosa la interpretación que ha hecho el gobierno de Pekín de lo que sucede en el norte de África, hablando de "caos" frente a la "estabilidad" que había con los tiranos previos y actuales. En función de este análisis, en China hay barra libre para cualquier intento de alterar el orden establecido.

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