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El realismo científico desde la perspectiva liberal

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A menudo nos topamos con afirmaciones de que algo es (o no es) “científico” o que está (o no está) “comprobado científicamente”. El contexto puede ser cualquiera, desde un círculo académico, pasando por algún artículo periodístico o debate mediático, hasta una tertulia con amigos. La actual carrera de vacunas por la covid-19 –así como toda la coyuntura de la pandemia-, no ha hecho más que exacerbar la ubicuidad de este tipo de proposiciones.

Decir de una proposición que es “científica”, o que está “comprobada científicamente”, suele tener, en la enorme mayoría de los casos, una connotación positiva, en el sentido de que esa calificación le añade autoridad a la proposición. Ahora bien, si nos atrevemos a preguntarnos por qué esto es así, pronto nos adentraremos en profundas cuestiones epistemológicas y ontológicas que forman parte de una de las áreas esenciales de la filosofía de la ciencia: los debates en torno al realismo científico. El realismo científico puede ser caracterizado como “una actitud epistémica positiva hacia el contenido de nuestras mejores teorías y modelos, que promueve la creencia tanto en los aspectos observables como en los no-observables del mundo descripto por las ciencias”[1][2]. Los argumentos en contra del realismo científico pueden ser agrupados bajo la denominación antirrealismo científico.

Desde una perspectiva liberal, cabe preguntarnos cuál es el efecto sobre las libertades individuales según la actitud que uno adopte respecto del realismo científico. Para ser más concretos, consideremos las siguientes afirmaciones que caracterizan la posición de realismo científico[3]:

  1. Existe un mundo físico independiente de nuestras mentes, y ese es el mundo que los científicos estudian (afirmación metafísica).
  2. Las proposiciones científicas son literalmente verdaderas, y no simplemente útiles para predecir fenómenos (afirmación semántica).
  3. Las teorías científicas constituyen conocimiento (afirmación epistemológica).

¿Cuál es la actitud más liberal? ¿Aceptar estas afirmaciones (o alguna de ellas) o rechazarlas?

Riesgos del realismo científico

Un riesgo que podemos correr al aseverar con firmeza que el conocimiento científico constituye la Verdad es el de caer en un nuevo dogmatismo, que simplemente reemplaza a los dogmatismos religiosos precedentes. Para evitarlo, o minimizarlo, debemos por un lado abordar el complejo concepto de verdad, y por el otro, intentar determinar lo que la ciencia aporta como paradigma cualitativamente distinto a los demás.

Las conceptualizaciones de la verdad pueden ser muchas, y por tanto, es importante aclarar qué es lo que se quiere decir cuando se afirma que un hecho científico es “verdadero” (o “cierto”). Pensadores como Hegel, Nietzche, Whitehead o Foucault han puesto énfasis de una manera u otra en el aspecto relativo o pasajero del concepto de verdad. En los ataques de esos autores a la posibilidad de la verdad por medios científicos, por momentos encontramos vetas de antirracionalismo. Por su lado, Hume y posteriormente Popper han denunciado la irracionalidad de la inducción. En estos filósofos -a diferencia de los otros mencionados-, podemos advertir un escepticismo deseoso de evitar el irracionalismo[4]. Ambas vertientes[5] nos pueden servir para prevenirnos de entronizar las teorías científicas en un estatus sagrado.

La atemperación del fervor realista-científico es aconsejable porque:

  • Las aseveraciones científicas no dejan de ser falsificables y reemplazables por otras[6].
  • Promueve la verificabilidad intersubjetiva como principio científico esencial.
  • Predispone a una mejor detección de problemas metodológicos, tales como la crisis de replicación (las dificultades de replicar estudios científicos).
  • Nos ayuda a evitar caer en intentos de diseño social, tan propios de los totalitarismos. Hayek trazaba este grave error cientificista a lo que llamaba racionalismo constructivista, la concepción cartesiana basada sobre la creencia en una razón humana autónoma capaz de diseñar la civilización y la cultura fundándose en la justificación racional de los valores, a la vez que rechazando la tradición y el comportamiento convencional[7].

Virtudes del realismo científico

Si nos atenemos a la caracterización más general del realismo científico como una “actitud epistémica positiva”, podemos identificar algunos puntos favorables a la libertad que difícilmente habrían surgido en ausencia de dicha actitud:

  • La Ilustración fue incitada en gran medida por la ciencia. El liberalismo, como la ciencia, tiene aspiraciones racionales y empíricas. Éste no es el caso en los absolutismos políticos y religiosos, ni tampoco en el cinismo radical de algunos posmodernos.
  • La ciencia va contra el tribalismo y la preferencia personal, promoviendo reglas metodológicas que son universalmente inclusivas (cualquiera puede hacer ciencia).
  • Algunos de los pensadores que suelen estar más asociados con la defensa de la solidez del método científico entienden la “objetividad científica” como la “intersubjetividad del método científico”[8]. Bajo esta óptica de la aspiración a la verdad mediante hipótesis, la ciencia constituye una actividad comunitaria dependiente de la revisión por pares. Asimismo, promueve una ética de la crítica y de su protección legal.
  • Para hacer viables las opiniones políticas, necesitamos concebir la existencia de hechos sobre los cuales basarlas.[9]
  • La vertiente deductivista escéptica de la inducción, que por un lado parece atentar contra la ciencia, a la vez parece partir de prejuicios favorables a ella como paradigma de búsqueda de la verdad. Si bien es filosóficamente problemática –y para algunos críticos, errada[10]-, este escepticismo ha fomentado diversos refinamientos argumentativos que se han constituido en intentos de evitar posturas dogmáticas.
  • Las investigaciones de la epistemología bayesiana reafirman la importancia del método hipotético-deductivo (falsabilidad). Además, podrían extender la aplicación de las leyes de la lógica deductiva a grados de creencia (razonamiento probabilístico: deducción aplicada a métodos inductivos). Esto alienta la esperanza de continuar profundizando en el conocimiento de manera anti-dogmática.

Conclusiones

La relación entre ciencia, verdad y libertad es de gran complejidad. Las breves conclusiones que podemos incluir aquí pueden constituir disparadores para una larga investigación filosófica, y también hipótesis para estudios científicos.

En primer lugar, decir que no es necesario aceptar plenamente las tres afirmaciones (metafísica, semántica, epistemológica) del realismo científico para tener una predisposición positiva hacia el contenido de nuestras mejores teorías y modelos, aunque más no sea sobre los aspectos observables del mundo descripto por las ciencias[11]. Para ello, una opción es el agnosticismo respecto de esas afirmaciones: no respecto de lo que proponen las afirmaciones, sino de la posibilidad de determinar de manera concluyente si lo que proponen tiene sentido o no.

Si esto último es posible, podemos relevarnos de pronunciarnos a favor o en contra de esas afirmaciones, al menos a los efectos de nuestras metas liberales. Esta posición comparte con el instrumentalismo científico el énfasis en el uso de las teorías científicas por sobre su valor de verdad, pero, a diferencia de éste, se abstiene de proclamarse en contra de la posibilidad de que esas teorías se relacionen con una verdad objetiva. En todo caso, el valor moral de muchos de los cuestionamientos a la ciencia desde perspectivas socio-históricas relativistas es dudoso, ya que éstos no parecen haber logrado mejoras para los supuestos excluidos (los pobres, las minorías, etc.)[12]. Pero por contrapartida, también cabe dudar respecto de si realmente se gana algo tangible (pensemos específicamente en términos de libertades individuales) al proclamar el estatus de “hechos” a los resultados científicos. ¿No es esta proclama superabundante, y basta simplemente con hacer ciencia? Obsérvese que las acusaciones de dogmatismo cursan en ambas direcciones.

Nuestra actitud positiva para con la ciencia provendrá entonces no tanto de nuestra metafísica, semántica, o epistemología, sino (curiosamente) de la aplicación de la inducción en la observación de que: (1) la tecnología derivada de la ciencia nos ha brindado utilidad, y (2) las instituciones científicas han promovido la predisposición anti-dogmática a exponerse a prueba.

No obstante ello, es menester evitar el cientificismo y el intervencionismo progresista en nombre de la ciencia. Por otro lado, se debe ejercitar el análisis conceptual en pos de una constante clarificación de lo que se quiere decir, ajustando las hipótesis y operacionalizando las variables. También debemos estar atentos a usos abusivos del calificativo “científico” y apelaciones a la autoridad científica con la mera intención de exaltar o adornar cualquier proposición. Esto es especialmente importante en contextos de divulgación masiva, y vale tanto para las ciencias naturales como para las sociales. En lo que atañe a la ciencia, lo suyo es atenerse a la máxima wittgensteineana: “Lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar, hay que callar”[13].

[1] https://plato.stanford.edu/entries/scientific-realism/#:~:text=Scientific%20realism%20is%20a%20positive,world%20described%20by%20the%20sciences.

[2] Para mayor claridad en el contexto de este breve artículo, diremos que cuando hablamos de “ciencia” nos referimos a las naturales y a las sociales, excluyendo a las formales.

[3] https://www.youtube.com/watch?v=i3DlhNgeqZk&ab_channel=Carneades.org

[4] Popper ha sido un duro crítico de Hegel y de la sociología del conocimiento que relativiza los logros de la ciencia. No obstante ello, admite que el racionalismo se funda en última instancia en una fe irracional, que, a pesar de todo, es preferible a una fe irracional en cualquier otro tipo de paradigma (Popper, Karl. The Open Society and Its Enemies, Volume 2 Hegel & Marx, Routledge, London, 1992, pp. 232-240).

[5] Y también otras, como la de los pragmáticos estadounidenses.

[6] Las que no son completamente falsificables, como la mecánica cuántica, al menos hacen predicciones observables probabilísticas, y por lo tanto son pasibles de ser reemplazadas por otras teorías con mejores porcentajes de éxito predictivo.

[7] https://isi.org/intercollegiate-review/hayek-on-the-role-of-reason-in-human-affairs/#:~:text=Hayek’s%20argument%20is%20primarily%20directed,socially%20autonomous%20human%20reason%20capable

https://www.marcialpons.es/libros/la-contrarrevolucion-de-la-ciencia/978…

[8] Popper, Karl. The Open Society and Its Enemies, Volume 2 Hegel & Marx, Routledge, London, 1992, pp. 217. Popper propone el experimento mental de imaginarnos a un Robinson Crusoe que llega a resultados científicos por sus propias experimentaciones y medios en soledad. Popper aun distingue a esta “ciencia revelada” crusoniana de la verdadera ciencia, que requiere una comunidad para replicar los experimentos.

[9] Hannah Arendt, Between Past and Future. New York: Viking Press, 1961. Revised edition, 1968, p.238 (https://plato.stanford.edu/entries/arendt/):

“La libertad de opinión es una farsa a menos que se garantice la información fáctica y los hechos en sí no estén en disputa. En otras palabras, la verdad fáctica informa al pensamiento político así como la verdad racional informa a la especulación filosófica.”

Caracterización de John Searle:

[10] Huemer, Michael. You Don’t Agree with Karl Popperhttps://fakenous.net/?p=1239

[11] La distinción de aspectos observables frente a no-observables es crucial, por ejemplo, para las teorías del constructivismo empírico de Bas Van Fraassen:

https://plato.stanford.edu/entries/constructive-empiricism/

[12] Un ejemplo. Timothy Ferris refiriéndose al trabajo crítico de Bruno Latour (1:08:23):

Otro ejemplo. John Searle sobre, nuevamente, Latour:

https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=4868&t=articulos

[13] “Was sich überhaupt sagen lässt, lässt sich klar sagen; und wovon mann nicht reden kann, daruber muss man schweigen.“ Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza Universidad, Madrid 1993, págs. 10-11 (Prólogo).

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