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El retorno a la simetría política

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Mi cita favorita de Ayn Rand es aquella en la que afirma que no puede existir una cosa, legal o moral, que esté prohibida al individuo y permitida a la muchedumbre. La desigualdad ante la ley entre los grupos numerosos y los individuos es una asimetría política que nace del desequilibrio de fuerzas entre ambos agentes. El liberalismo intenta corregir esta asimetría por medio de una filosofía moral que aumente el poder del individuo frente al grupo. Se ha tenido un éxito razonable, teniendo en cuenta que se trata de equilibrar un poder físico real con uno moral abstracto, lo que exige instituciones complejas y frágiles, pero queda mucho camino por andar.

Por otro lado, en Occidente llevamos algunos lustros sufriendo una asimetría menos común: la supremacía de la moralidad de izquierda en el debate público. Esto ha llevado a la inestabilidad social en la que estamos inmersos, la aparición de nuevos grupos políticos heterogéneos cuyo fin es oponerse al statu quo, y la reacción de las élites, que, en su afán de no renunciar a su situación de privilegio, están acelerando su deriva autoritaria.

En este escenario, con las particularidades sociales españolas, se encuadra la reciente polémica política que se dio en el Congreso de los Diputados. En ella se puede ver diferentes posturas políticas:

  1. El convencimiento de que, si algo le es permitido a un lado del espectro político, por muy soez que sea, su utilización es legítima por parte de todos (VOX)
  2. La crítica a comportamientos inmorales analizándolos de forma aislada al contexto, por simple señalización de virtud (PP o Ciudadanos).
  3. Sobreactuación ante un comportamiento que empleas contra tus contrarios cuando eres la víctima del mismo, con el fin de cohesionar a tu grupo y mantener la ficción de que la ofensa solo es tal si la emplea el contrario (PSOE y Podemos).

A todos nos puede disgustar el tono grueso en el debate político, pero nuestros gustos no moldean la realidad. A los hechos no les importan tus sentimientos, y eso también incluye nuestra sensibilidad al conflicto.

Se puede argumentar, no obstante, que no criticar la postura 1 llevaría a una escalada que nos podría perjudicar a todos. Creo que es un razonamiento erróneo, ya que pone el foco en la reacción a un hecho, en vez de a la acción que lo provoca.

La asimetría política es inestable por naturaleza. Históricamente, sólo se ha podido sostener por medio de la violencia. Y por mucho que haya degenerado nuestras élites, estamos lejos de que estén en posición de hacer uso de la misma para mantener a raya a una reacción que lleva años fraguando y que no se va a detener fácilmente.

La simetría va a volver, ya sea de la mano de un multimillonario al que le gustan los memes, o de un partido político que quiere devolver los insultos. No va a ser agradable, pero eso no puede ser excusa para ponerse del lado del que desequilibró el tablero en primer lugar. Bastante trabajo vamos a tener con vigilar que en el nuevo equilibrio de poder no seamos todos menos libres.

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