Skip to content

El sueño americano sigue vivo

Compartir

Compartir en facebook
Compartir en linkedin
Compartir en twitter
Compartir en pinterest
Compartir en email

"… Que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". La Declaración de Independencia de los Estados Unidos dice, nada menos, que estas verdades son evidentes. La sonoridad de la frase ha retumbado en las mentes y en los corazones de los estadounidenses durante generaciones, y han hecho suyas esas palabras. Pero como son un pueblo práctico, las han llevado a cabo con denuedo. Han buscado su propia felicidad, han labrado su prosperidad en una sociedad que, por libre, les ofrecía todas las oportunidades de conseguir lo que querían. Cualquier persona con la suficiente iniciativa y perspicacia, con trabajo duro y contención en el consumo, podía convertirse en una persona adinerada. Es el sueño americano.

Desde una perspectiva socialista, el sueño americano resulta una amenaza. Si, en principio, cualquier persona puede labrarse un buen futuro para sí y su familia sin más que someterse a las normas del sistema capitalista (perspicacia empresarial, trabajo, ahorro, cumplimiento de los contratos y de la palabra dada, etc.), ¿para qué queremos el socialismo? Si sólo tenemos que mirar a nuestro entorno para ver que ese sueño se cumple a diario, ¿por qué contentarnos con el socialismo, que al fin y al cabo es una eterna promesa de un esplendoroso futuro que nunca llega? Si todos podemos burlar a la diosa Fortuna y coger por nuestra mano, por nuestra voluntad y nuestro empeño, al menos retazos de nuestros sueños, ¿dónde está la injusticia de las sociedades libres?

El socialismo tiene la ventaja de que la realidad no le importa, porque quiere sustituirla por otra cosa, de modo que no ve ningún problema en negarla. Y se ha esforzado en negar que el sueño americano se cumple. Pero la realidad es tozuda, y quienes no tengan miedo de encontrarse con ella podrán ver que, aún hoy, el derecho de todo hombre de procurarse su felicidad tiene en los Estados Unidos un refrendo permanente.

¿Estamos atados a nuestra condición económica como los siervos de la gleba a la tierra que cultivan? ¿Los ricos son ricos porque una vez instalados en la abundancia no hay quien les mueva? Una encuesta elaborada por la consultora TNS Financial Services revela que el 80% de los millonarios estadounidenses (quienes tienen un patrimonio de un millón de dólares o más) han conseguido su fortuna en una sola generación. Es decir, que la han creado ellos mismos; no la ha heredado. Tampoco es un fenómeno nuevo. Los mayores expertos en Estados Unidos sobre los millonarios, Thomas Stanley y William Danko, se refieren a un estudio de 1892 que encuentra que el 84% de los millonarios de entonces han alcanzado su fortuna sin herencia previa.

Tampoco es necesario alcanzar una fortuna de un millón de dólares para ser feliz, ni cualquier progreso es vano si no se alcanzan tales cotas. Un estudio que abarcaba la evolución de las rentas en Estados Unidos tomando una muestra de 1975 a 1991 revelaba que si se dividía a la gente por grupos de niveles de renta, lo que se obtenía era aproximadamente la misma división por grupos de edad. Es decir, que las rentas más bajas corresponden a las edades más tempranas y las mayores a las más avanzadas. Y simplemente para evitar la pobreza (teniendo en cuenta que la pobreza de verdad apenas si existe en Estados Unidos) hay que seguir normas muy sencillas, como "terminar el instituto, no tener niños hasta haberse casado y esperar al menos hasta los 20 para casarse".

Sí, en Estados Unidos no sólo tienen el derecho de buscar su propia felicidad, sino que aún cuentan con una sociedad que lo permite.

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos

Historia de Aragón (V): Sancho Ramírez

En 1068, Sancho Ramírez viajó a Roma, donde el Papa le concedió el título de Rey de Aragón. Aragón pasó a ser vasallo de la Santa Sede, a cambio de 500 mancusos de oro al año,

La revolución conservadora de Margaret Thatcher

En sus notas para aquel discurso de 1991, Margaret Thatcher concluía advirtiendo a sus amigos del CPS que la gran tentación de la política era «perder de vista las verdades eternas y elegir la solución popular y rápida».