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El último discípulo de Carl Menger: En memoria de Antal Fekete

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Carl Menger fue uno de los economistas más importantes del S. XIX. Conocido por ser considerado el padre de la Escuela Austríaca de Economía, también fue uno de los líderes, junto a Walras y Jevons, de la revolución marginalista la cual rechazó la teoría de valor trabajo iniciada por Adam Smith y continuada por David Ricardo y Karl Marx. Su gran aporte al mundo económico fue la utilidad marginal de la cual derivó el fundamento del análisis monetario moderno: la liquidez. Para Menger, la liquidez se mide por el spread de un bien, es decir, la diferencia entre al precio máximo al que está dispuesto a pagar el comprador marginal y el precio mínimo al que esta dispuesto a deshacerse de él el vendedor marginal.

A pesar de la genialidad de Menger a la hora de plantear una teoría sobre el surgimiento del dinero mediante la explicación de la liquidez llevándola a sus últimas consecuencias, la Escuela Austríaca se desvía de Menger en temas monetarios adoptando visiones más monetaristas que se pueden observar claramente en Ludwig von Mises. Estas ideas están influidas por la tradición monetaria de David Hume y David Ricardo. Obviamente estas ideas no forman parte del legado de Menger y por tanto no pueden considerarse de austríacas.

Antal Fekete retoma la tradición mengeriana sobre la teoría de dinero para completarla donde Menger la dejó. Y es que a pesar de que Menger elabora una teoría del dinero sólida, este no trata de ninguna manera el crédito. Fekete fusiona la teoría monetaria de Menger con la Doctrina de las Letras Reales de Adam Smith, siempre adaptándola mediante el uso de la subjetividad y la liquidez. Así, al igual que el dinero es un bien líquido, existirán algunos bienes de consumo cuya liquidez será también muy alta debido a su gran demanda estacional, esto es, su liquidez es sólo temporal durante un período corto de tiempo. Por tanto, durante la temporada en la que estos bienes conserven su gran liquidez, pueden servir de colateral para letras reales (pagarés) y ser usados como medio de cambio. Estos pagarés derivan su liquidez de los bienes de consumo líquidos que los respaldan.

El surgimiento de este crédito circulante desplaza al dinero como medio de cambio. De esta manera, gran parte de los intercambios dejan de efectuarse con dinero en efectivo para realizarse con estas promesas de pago. Además, es probable que, al vencimiento, estas mismas promesas de pago no se conviertan en dinero, sino que se intercambien por otras promesas de pago diferentes que son temporalmente más demandadas en el momento del vencimiento. Lo que quiero decir es que, aunque la suma monetaria de estas promesas de pago se mantuviese estable, los bienes de consumo sobre las que están respaldadas van rotando debido a los diferentes bienes demandados según se transcurre el año. Las mercancías se han intercambiado contra mercancías y no contra dinero, dejando así al dinero la función de reserva de valor y al crédito como medio de intercambio.

La banca adquiere aquí una función extra, la de ente certificador de la calidad de estas promesas de pago. Ella será la encargada de aceptar o no el descuento de estas letras y por ello deberá ser consciente de su liquidez. El nuevo negocio de la banca será el descuento de letras, y su beneficio el tipo de descuento. Sin embargo, la banca puede verse tentada a prestar a largo plazo a cargo de estas promesas de pago a corto plazo. Así obtiene un beneficio mayor porque el tipo de interés de largo plazo (casi) siempre será mayor al tipo de descuento en este corto plazo. El banco deteriora su liquidez produciendo un descalce de plazos financiero que será el germen del ciclo económico.

Como se mencionó antes, las mercancías se están cambiando por mercancías y no por dinero. De esta manera, para detener la retroalimentación en la que queda atrapada el sistema financiero una vez los bancos se dedican al descalce de plazos, el dinero juega un papel fundamental. Es la convertibilidad de los pasivos bancarios en dinero la que detiene este bucle. La habilidad del dinero contante y sonante de ser el instrumento definitivo para extinguir deuda es quién impone rigidez al sistema bancario. El dinero, por ser el bien más líquido, actúa de reserva última de liquidez y a su vez, como no es pasivo de nadie, permite a los consumidores escindirse del sistema financiero.

Antal Fekete consiguió desarrollar una teoría del crédito circulante de la que andaba huérfana la Escuela Austríaca a la vez que complementa a la teoría del dinero de Carl Menger. Por todo esto, Fekete debería ser considerado uno de los mejores economistas monetarios con los que nos ha obsequiado la Escuela Austríaca. Él fue el más mengeriano de los seguidores de Menger y el artífice de la unión del dinero y el crédito desde unos principios subjetivistas propios de nuestra escuela de pensamiento.

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